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APUNTES DEL SIGLO XIX PARA UNA “DIRECTIVA EUROPEA SOBRE TIEMPOS DE TRABAJO”.

21 jul.

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Cuando desde la economía política se tratan en una misma argumentación los temas de vida humana y tiempo podemos leer definiciones que vuelven hoy como una amenaza de futuro inmediato. Por ejemplo, en el Libro I de El Capital se lee: “El obrero no es más que tiempo de trabajo personificado”. Y ya en las primeras páginas del primero de los Manuscritos –y a pesar de que su autor reconoce que la naturaleza humana presenta unas necesidades que no pueden satisfacerse con las agotadoras e intensas jornadas de los inicios de la industrialización– podemos leer la afirmación de que “El trabajo se presenta en la Economía Política únicamente bajo el aspecto de actividad lucrativa”. El joven Marx sigue explicándonos como la Economía Política (el capitalismo) esclaviza y embrutece a las personas. En sus propias palabras:

Pero la Economía Política sólo conoce al obrero en cuanto animal de trabajo, como una bestia reducida a las más estrictas necesidades vitales. Para cultivarse espiritualmente, con mayor libertad, un pueblo necesita estar exento de la esclavitud de sus propias necesidades corporales, no ser ya siervo del cuerpo. Se necesita, pues, que ante todo le quede tiempo para poder crear y gozar espiritualmente. Los progresos en el organismo del trabajo ganan este tiempo (…) El tránsito del trabajo manual complejo al sistema fabril presupone una descomposición del mismo en operaciones simples. Pero por ahora sólo una parte de las operaciones uniformemente repetidas le corresponde de momento a las máquinas, otra parte le corresponde a los hombres. De acuerdo con la naturaleza de las cosas, y de acuerdo con experiencias concordantes, una tal actividad continuamente uniforme es tan perjudicial para el espíritu como para el cuerpo; y así pues, en esta unión del maquinismo con la simple división del trabajo entre más numerosas manos humanas tenían también que hacerse patentes todos los inconvenientes de esta última. Estos inconvenientes se muestran, entre otras cosas, en la mayor mortalidad de los obreros fabriles… Esta gran diferencia de que los hombres trabajen mediante máquinas o como máquinas no ha sido observada.”

Por lo que a la presencia de las mujeres en la naciente industria textil en desarrollo en aquellos años se refiere podemos leer lo siguiente: “En las hilaturas inglesas están actualmente ocupados sólo 158.818 hombres y 196.818 mujeres. Por cada 100 obreros hay 103 obreras en las fábricas de algodón del condado de Lancaster y hasta 209 en Escocia. En las fábricas inglesas de lino, en Leeds, se contaban 147 obreras por cada 100 obreros; en Druden y en la costa oriental de Escocia, hasta 280. En las fábricas inglesas de seda… muchas obreras; en las fábricas de lana, que exigen mayor fuerza de trabajo, más hombres… También las fábricas de algodón norteamericanas ocupaban, en 1833, junto a 18593 hombres, no menos de 38.927 mujeres.”

No resultaría nada descabellado atribuir de modo ahistórico a los observadores de estas estadísticas una reflexión parecida a la que tan frecuentemente se hace en la actualidad sobre “la revolución de las mujeres en el mundo del trabajo… Y también, en lectura actual, conviene recordar las siguientes estadísticas que nos da Marx para el trabajo infantil de las hilaturas inglesas movidas por vapor y por agua en 1835: 20558 entre 9 y 10 años, 35.867 entre 12 y 13 y por último 108.208 entre 13 y 18 años. Poco después explica: “Los grandes talleres compran preferentemente el trabajo de mujeres y niños porque éste cuesta menos que el de los hombres”. El motivo no puede ser de mayor actualidad: conseguir ser competitivos en las industrias y los negocios ya que como Marx explica, la industria fabril se encuentra en una situación parecida a la guerra de conquista. Para ello, son necesarios ejércitos numerosos “que pueda acumular en un mismo punto y diezmar generosamente”. Pero la recompensa al esfuerzo no son ni honores militares ni medallas de hojalata. Todo lo contrario: “Cuanto más largo, penoso, y desagradable sea el trabajo que se les asigna, tanto menos se les paga; se ven algunos que con un trabajo de 16 horas diarias de continua fatiga apenas pueden comprar el derecho de no morir.”

Parece que vuelven lo tiempos en que la vida del trabajo remunerado determina la vida total de la persona, aunque cabría hacer ahora la observación de que con el desarrollo del capitalismo el género no sólo representa una diferenciación de trabajos sino también de uso de los tiempos y por tanto de redimensión de la vida.

 
1 comentari

Publicat per a 21 Juliol 2008 in Economia crítica, Europa, Gènere, Igualtat

 

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One response to “APUNTES DEL SIGLO XIX PARA UNA “DIRECTIVA EUROPEA SOBRE TIEMPOS DE TRABAJO”.

  1. Judith Hombravella

    1 gener 2010 at 0:42

    Moltes gràcies per aquesta entrada!

     

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