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¿PUEDE SOBREVIVIR LA DEMOCRACIA AL CAPITALISMO FINANCIERO?

11 des.

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Una de las respuestas obvias que no pueden faltar a la pregunta sobre la quiebra de la cultura democrática es el progresivo sometimiento de la política a la economía. En el proceso se han ido generando tensiones sociales y políticas, pero sobre todo se ha ido retorciendo en la explicación de la realidad, haciendo casi imposible no tropezar una y otra vez con los reflejos distorsionados de los espejos deformantes. Buena parte del montaje académico de la tergiversación se debe a la escuela de la Public Choice, galardonada con el Premio Nobel de Economía en 1986 en la persona de James Buchanan “por su desarrollo de las bases contractuales y constitucionales para la teoría del proceso de las decisiones económicas y políticas”

En tanto se iba afianzando el poder económico, monetario y militar de los Estados Unidos en Europa después de la II Guerra Mundial – con ayuda del Plan Marshall y el silencio sobre la extensión progresiva de las bases americanas– se procedía a la implantación de las políticas de bienestar que no trató a las mujeres en pie de igualdad. El proyecto beveridgiano que pretende acompañar al ciudadano “desde la cuna hasta la tumba” cuenta con el papel subalterno de la madre, esposa, e hija al lado del bebé y del enfermo disponiendo para ello de subsidios, ayudas por maternidad e hijos y compensaciones por rescisiones de contratos que apartarán a muchas mujeres del mercado de trabajo, o bien situarán a otras muchas en una posición inestable con pérdida de derechos económicos, en tanto se las instala en una precariedad precursora de la que después se postulará para el conjunto de asalariados y asalariadas. Con la complicidad remanente del código napoleónico, la manera que economía y política tratarán a las mujeres incidirá de forma clave en el propio desarrollo de la economía y la democracia de las naciones, como ha demostrado sobradamente con sus trabajos Anne Marie Daune-Richard (1991), comparando la evolución de Francia y Suecia a partir de los años 40 hasta este milenio, entre otras investigadoras.

Las ideas de Hayek permanecieron latentes y aparentemente estériles hasta la crisis económica de los setenta cuando empezaron a emerger las voces multiplicadas –cada vez más fuertes y atrevidas– a favor del Estado mínimo privatizador que debía amputar sus funciones de redistribución progresiva y abandonar las transferencias que aseguraban tanto las rentas en los tiempos de crisis como la necesaria Demanda solvente. Las honras fúnebres de las políticas keynesianas se celebraron con incrementos constantes de la inestabilidad y de las tasas de paro, y un factor añadido importante: por primera vez en la fase ascendente del ciclo económico los salarios no aumentan su participación en la distribución factorial de la renta. Este hecho nuevo significa ya el embrión explicativo de la gravedad de la crisis que atravesamos.

Al estancamiento de los salarios se unirá un fenómeno social de lectura doble: La mayor presencia de las mujeres en todos los ámbitos educativos, en especial en las Universidades, se traducirá en una mayor proporción –y visibilidad— de las mujeres en la población activa, con el afianzamiento y extensión de sus derechos individuales, sociales y económicos.

La aparición de la escuela de la “elección pública”

De manera soterrada, la política se había ido abriendo paso con el establecimiento del llamado Estado del Bienestar Keynesiano, y alcanzó el primer plano con la escuela de la “elección pública”. El neoliberalismo de inspiración hayekiana encontró en el ámbito específico de la política económica la valiosa compañía de Buchanan y sus seguidores que proyectaron el “homo economicus” al escenario político en el doble y contradictorio papel de votante miope con de memoria de pez y en el de experto futurólogo que sabe anticiparse a las políticas y neutralizarlas, con lo que las hace inútiles. Por tanto, prefiere que el Estado sea lo más reducido posible y pagar menos impuestos arriesgando su capacidad de consumo futuro por consumo presente. Ni le preocupan el medio ambiente, ni las externalidades. Así, el pensamiento único de la teoría económica se hizo acompañar del pensamiento único para la “única” política económica posible y el “único” procedimiento adecuado para la formación de dichas políticas, para las recomendaciones que de las mismas debían derivarse, y para el análisis y la valoración de sus efectos, preservando en todas y cada una de las fases y en la elección de los actores la invisibilidad de género y de clase.

Transmutado en agente de la democracia, la Public Choice supone que “el votante” escoge los programas políticos que le aseguran crecimiento de la renta, más empleo y menor inflación, aunque cuando se haya franqueado el muro de los noventa encontrará en la política propuestas de un mundo en el que le costará más reconocerse puesto que le propondrán la reducción del Déficit Público, la inflación y los tipos de interés, junto a la atractiva propuesta de estabilidad tipo de cambio (Tratado de Maastricht (1992) dixit.) Es decir, de darle elegir cada cuatro años entre propuestas económicas que respondían en buena medida a las necesidades económicas de las personas, se le cambia a un escenario político donde lo que importa es que vote a los partidos que mejor pueden defender los intereses concretos –casi diríamos que los mecanismos precisos—que permitirán la acumulación pura y dura del capital, sin darles siquiera maquillaje humano.

Así se produce un alejamiento doble y expreso de la economía y la política que ha corrido paralelo a dos procesos históricos antagónicos que generan enormes tensiones entre sí y que podríamos resumir en, por una parte,

– Progresivo deterioro de un modelo alternativo basado en la desaparecida URSS y su juego de equilibrios geo-estratégicos;
– Consenso de Washington y compromiso de las principales administraciones en el poder (de hecho o en potencia) con el programa neoliberal;
– Desarrollo de las liberalizaciones para los grupos oligopolísticos que han acabado por provocar (juntamente con la pérdida de poder adquisitivo de la clase obrera de los países desarrollados) la crisis económica actual.
– Deterioro progresivo del concepto y tratamiento económico y político de los “bienes públicos”.

Y por otra parte:

– el desarrollo histórico y controvertido de los derechos de ciudadanía a más personas que acceden a los derechos civiles, políticos, sociales y económicos y que finalmente entran ya en los derechos de cuarta generación (en concreto, la participación activa en la política) y que representan tensiones insostenibles en la medida que desafían los decorados de la democracia representativa, ya que la participación rompe el juego del monopolio de los políticos “que venden programas por votos” como ya había anticipado Schumpeter y repite con desenfado la escuela de la Public Choice.

El alejamiento (la alienación) de las necesidades de los oligopolios económicos y financieros convertidos en programas políticos obliga a las personas a atravesar una maraña de conceptos que les son completamente ajenos para cotejarlos con sus necesidades reales, puesto que ahora el crecimiento del empleo o de las rentas resultará ser un producto derivado, secundario e incierto del imprescindible cumplimiento de los nuevos “resultados-necesidades” que se imponen desde las Presidencias y las Direcciones Generales de las grandes empresas a los políticos democráticamente elegidos sin ningún rubor: desde la Sala de Juntas de la gran corporación, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, la precariedad en el empleo, la ruleta del paro, se presentan además como una especie de tierra prometida para que la economía no se hunda y a la que se llegará después de atravesar el árido desierto de los requerimientos de la moneda única, o de las exigencias del Fondo Monetario Internacional, o de satisfacer los atracos a mano armada de los grandes bancos y las empresas más importantes de cada sector. Todo lo cual implica postergar y sacrificar las necesidades reales de la inmensa mayoría de la población.

Así, finalmente, si los votantes de la elección pública despiertan del sueño del pensamiento único y se organizan como ciudadanía para defender sus intereses, se encuentran de hecho con la desligitimación de sus necesidades puesto que cualquier petición o reivindicación de normalidad democrática –una disminución del recibo del agua, reducción de la jornada laboral, incrementos de salarios, la gratuidad de las medicinas o un buen servicio público de atención y prevención de la salud, por ejemplo— atentan contra la lógica de las necesidades neoliberales establecidas en el sentido de que –según se alega– tendrían consecuencias inflacionarias, o incrementarían el déficit del Sector Público, o ambas cosas a la vez. Con el segundo esquema hemos llegado por tanto al desencuentro total entre las necesidades reales, básicas, de las personas, y las necesidades del neoliberalismo.

En los casos más extremos, también el capitalismo ha llegado a declarar las necesidades existentes como no existentes en una nueva forma de dictadura sobre las necesidades. En su forma manipuladora más refinada (Heller, 1985) el sistema reconoce las necesidades existentes pero no permite la producción de formas alternativas de vida, acabando por incrementar la neurosis y la violencia en la sociedad. Y, aún así, el esquema sigue diciéndonos que los políticos esperan conseguir buena nota de los grandes grupos económicos, y que los votantes cada vez menos ciudadanos les mantengan en el poder. En caso contrario, se dará luz verde a la oposición que, dentro del esquema de este trabajo, nunca podrá representar una alternativa real, sino una mera alternancia (por lo menos en lo que a política económica se refiere).

(extracto de la intervención para el sábado 13 de diciembre en la sesión organizada por la revista Sin Permiso y la Fundación Pere Ardiaca)

 

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2 responses to “¿PUEDE SOBREVIVIR LA DEMOCRACIA AL CAPITALISMO FINANCIERO?

  1. LIBERTAD

    12 Desembre 2008 at 0:26

    Buen debate, leche¡¡¡¡ como me gustaría poder asistir y participar en él.
    Espero que disfruteis. Un besazo.
    P.D.Gracias por tus palabras en mi blog.
    En algún momento triunfará el sentido común.

     
  2. Toni Barbarà

    12 Desembre 2008 at 10:04

    On queda demostrat que no cal discursos ni escrits kilomètrics (ni pesats !!) per explicar-se i per explicar-nos la “substància de la cosa”. Aquest és el veritable debat on tots i totes hauríem d’estar treballant i participant…en comptes de tantes i tantes altres tipus d’activitats para-pseudo-polítiques !! Mercès Àngels !!
    (I si et plau, segueix a la teva, no t’aturis…)

     

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