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Lourdes Benería i Carmen Sarasúa parlen d’atur, salaris i desigualtat

01 des.
Amb el títol “La culpa del paro es de los trabajadores”  El País va publicar el passat dia 24 aquest treball de dues amigues i excel.lents investigadores. Es tracta d’una autèntica lliçó de teoria econòmica, de les que rarament s’aprenen a les aules, i que dóna bon suport argumental a la manifestació convocada pels sindicats pel proper dijous, 3 de desembre a les 18h, des de la Ronda de St. Pere fins al Foment del Treball.

Una bona unió de teoria i de pràctica, perquè encara queda molt per aprendre, analitar i comentar en relació a la crisi, el paper dels salaris i el frau social. Moltes es podien aprender en el Manifest de Saramago. Altres, en aquest text. Agraeixo doncs, molt especialment a les autores que permetin que es segueixin difonent les seves idees i propostes a través d’aquest bloc.

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En épocas de crisis, la caída de los beneficios afecta al conjunto de cada empresa, pero los que pierden el trabajo suelen ser los más débiles. Quizá sea hora de plantearse reducir los sueldos de los altos ejecutivos

Tres hoteles de la cadena Hyatt Hotels Corporation de Boston, en Estados Unidos, despidieron recientemente a casi 100 trabajadores de la limpieza, que cobraban 15 dólares por hora y tenían seguro médico, en su mayoría mujeres negras e inmigrantes, que llevaban 20 años en la empresa. A través de una empresa de trabajo temporal, Hyatt ha contratado a nuevas limpiadoras a 8 dólares la hora y sin seguro médico. A las despedidas se les encargó enseñar gratis a quienes iban a reemplazarlas, que les fueron presentadas como sustitutas para vacaciones. La empresa alega que la crisis ha reducido sus beneficios y les obliga a tomar esta medida. Las trabajadoras denunciaron el despido a un sindicato, que ha organizado una formidable campaña de boicoteo a la empresa, a la que exige readmitir a los despedidos. A la campaña se han sumado desde la Asociación de Taxistas de Boston a organizaciones profesionales que están dejando de utilizar estos hoteles, respaldados por el propio gobernador de Massachusetts y el Ayuntamiento de Boston.

La noticia no es que se despida a trabajadores en tiempos de crisis. Ni que se despida a trabajadores veteranos y formados y se les reemplace por jóvenes sin formación. Tampoco es nuevo el secretismo en los despidos, ni obligar a quienes van a perder su trabajo a enseñar gratis a quienes les reemplazan. Lo novedoso es que frente a unos despidos se levante una ola de indignación que ha llegado a los políticos y al mundo académico. La International Association for Feminist Economics (IAFFE) afirma que si la empresa trataba de reducir costes para compensar la caída de beneficios hubiera conseguido una reducción mayor recortando un 1% los salarios de los altos ejecutivos que despidiendo a 100 de los empleados peor pagados.

En todos los países se aprecia un rechazo creciente a las enormes diferencias de ingresos entre los ciudadanos, que con frecuencia no responden a la cualificación ni al trabajo realizado. En España es fácil encontrar titulares denunciando El sueldo escandaloso de los banqueros. En EE UU, sus desorbitantes primas han llevado a The New York Times a afirmar que “no tienen vergüenza”. También los salarios de los altos ejecutivos han generado un debate nacional, culminando con el anuncio del Gobierno de Obama de limitar el sueldo de 175 personas que dirigen empresas rescatadas por el Gobierno. El rechazo social a estos ingresos escandalosos no debería quedarse en una censura coyuntural. La crisis hace políticamente inaceptable la miseria creciente, las desigualdades en las rentas y en el nivel de vida de las personas. Unas desigualdades que durante las últimas décadas de políticas económicas neoliberales han aumentado, no disminuido, como nos prometieron. En nuestra opinión, la indignación contra las diferencias abismales no debe taparse ni desactivarse, sino, al contrario, convertirse en una oportunidad para repensar cómo explicar las desigualdades.

¿Cómo se asignan los salarios? ¿Cómo se decide lo que cobra la gente -los directivos de bancos y empresas, los empleados, los políticos? Una rápida ojeada a cómo ha explicado la Teoría Económica la formación de los salarios desde hace 250 años muestra una combinación de conceptos primarios que seguimos oyendo cada día en boca de los representantes de la patronal y de instituciones del Estado: hay que abaratar el despido, reducir los subsidios al desempleo, bajar los salarios y las cotizaciones a la Seguridad Social, los convenios colectivos y las cotizaciones son los culpables de que no se contrate más… Aunque estos argumentos tienen sentido bajo ciertas circunstancias, es importante que analicemos la teoría que los justifica.

La primera teoría con la que se explicó la formación de los salarios fue la de los “salarios de subsistencia”, sostenida por Malthus a finales del siglo XVIII, y por Ricardo a principios del XIX. Para el párroco Malthus, los trabajadores debían recibir unos salarios equivalentes a lo necesario para cubrir sus necesidades básicas. Cuando se les pagaba de más tenían más hijos, en pocos años aumentaba la oferta de trabajo, había más trabajadores que empleos, y la ley de la oferta y la demanda hacía que los salarios cayesen, provocando hambre y mortandad. Esta visión fue rechazada más tarde por Marx, para quien el que hubiera más trabajadores que empleos no sólo no era negativo para el capitalismo, sino que era lo que garantizaba sus beneficios, al constituirse en un ejército de reserva de fuerza de trabajo que permitía al patrono reemplazar a los trabajadores por otros más baratos. Sólo la negociación colectiva y la unión de los trabajadores en sindicatos podían contrarrestar el juego.

A finales del XIX, y en su afán por justificar la desigualdad salarial, la revolución marginalista explicó el salario como equivalente a la “productividad marginal” del trabajo. Es decir, los salarios igualaban el valor del producto neto que producían, y el desempleo era el resultado de que los trabajadores “costaban” más de lo que “valía” su productividad. En otras palabras, ganamos lo que vale nuestro trabajo. Si los directivos ganan mil veces el salario medio es porque producen mil veces el valor que nosotros producimos. ¿Que han arruinado a su empresa y perdido el dinero de los inversores… y siguen ganando mil veces más que usted? Aun así, dirá un economista ortodoxo. Naturalmente que la crisis económica disminuye el valor del producto marginal de los trabajadores, pero también el de los ejecutivos. La producción de una empresa representa el esfuerzo de muchos trabajadores. ¿Cómo distinguir entre los “productos marginales” de cada uno? Como en el caso de las limpiadoras de los hoteles Hyatt, las pérdidas son del conjunto de la empresa, pero quienes pierden el empleo suelen ser los más débiles.

Además, la teoría económica ortodoxa ignora lo que Lester Thurow ha llamado “the sociology of wage determination”, los factores sociales y políticos que afectan a la remuneración del trabajo, como la existencia de sindicatos, las políticas de promoción de las empresas, o los salarios mínimos. Por el lado del capital, el acceso privilegiado a la información y a relaciones con las élites económicas y políticas, y los privilegios heredados, benefician su capacidad de negociación y sus múltiples fuentes de ingresos. La teoría económica tampoco explica por qué las mujeres y los negros (hombres y mujeres) ganan siempre menos que los hombres blancos. Porque el valor de lo que producen es menor, dirá un economista ortodoxo. Ellas han decidido estudiar menos y en consecuencia están peor formadas, o trabajan menos horas, o insisten en emplearse en sectores menos productivos. Estas explicaciones economicistas prefieren ignorar el racismo, las normas patriarcales o la profunda desigualdad de oportunidades entre grupos sociales.

En definitiva, la teoría económica al uso prefiere no tener en cuenta las diferencias de poder entre trabajadores, y entre éstos (que aceptan lo que les ofrecen porque su subsistencia depende de ello) y el capital (que impone sus condiciones puesto que puede no ofrecer el empleo). Si usted fuera más productivo ganaría más. Las injerencias de sindicatos o gobiernos sólo empeoran las cosas: a cambio de que unos pocos ganen más muchos perderán su empleo, o muchas empresas cerrarán, incapaces de hacer frente a los costes. Sobre los salarios que se asignan a sí mismos estos ejecutivos, directivos, empresarios, sobre cómo pactan sus primas, bonus, incentivos, blindajes, exenciones fiscales…, silencio.

La teoría económica lleva 200 años explicando la asignación de salarios como un proceso eficiente; intentando convencernos de que hay que dejar actuar al mercado. Pero la crisis económica nos está invitando a dudar de ella. La imposición de límites salariales a algunos ejecutivos por parte del Gobierno de Obama plantea el debate de qué consideramos un “salario justo”. Entidades financieras como Credit Suisse están cambiando sus formas de pago y ejecutivos como Kenneth D. Lewis, del Bank of America, renuncian al sueldo (aunque cobrará 60 millones de dólares cuando se jubile en diciembre). No es que estas propuestas solucionen nada, pero reflejan la presión social. Si las empresas fueran más democráticas, los trabajadores podrían negociar y sugerir cambios sin tener que depender del Estado para proteger su empleo y su salario. Las directivas de organizaciones como la OIT son también un punto de partida para un mundo laboral más justo. Si dejamos de considerar aceptables las desigualdades brutales, si dejamos de aceptar que los salarios reflejan lo que vale nuestro trabajo, si presionamos como ciudadanos para que nuestros gobiernos asuman el objetivo político de un trabajo digno para todos, esta crisis se habrá convertido en oportunidad. En todo caso, estos esfuerzos deberán incluir el objetivo de reconstruir una teoría económica fosilizada.

Lourdes Benería es profesora de Economía en la Universidad de Cornell y Carmen Sarasúa es profesora de Historia Económica en la UAB.

Si us interessa el tema: Apuntes del siglo XIX para una directiva europea sobre tiempos de trabajo.

 
9 comentaris

Publicat per a 1 Desembre 2009 in Economia crítica, Gènere

 

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9 responses to “Lourdes Benería i Carmen Sarasúa parlen d’atur, salaris i desigualtat

  1. Jaime

    1 Desembre 2009 at 21:49

    No esperaba gran cosa de la Ley de Economía Sostenible pomposa de nombre y corta de contenido. Su lectura pone en evidencia dos cosas,la incapacidad del Gobierno de aplicar medidas capaces de rebajar sustancialmente el desempleo durante el próximo semestre y la insistencia en no modificar los parámetros que regulan la distribución de rentas. Sus limites técnicos andan parejos a su conciencia política.No hay modelo alternativo,la única esperanza la tienen puesta en que la UE se recupere,vuelvan a llenar nuestras playas nuestros vecinos del norte y podamos venderles las viviendas actualmente vacías.
    Una economía sostenible se fundamenta en una educación optima y desgraciadamente la situación de la educación en España es pésima.
    Poco antes de morir Manuel Sacristán publicó una carta al Director de El País en la que las consecuencias de los planes educativos que se fraguaban. Ahora sabemos que eran necesarios para domesticar ciudadanos y convertirlos en consumidores que es lo que el Mercado precisa.

     
  2. Marta

    1 Desembre 2009 at 22:48

    Interessantíssim article, que posa en evidència la ineficàcia de l’Estat a l’hora d’aportar solucions en aquestes qüestions referents a les desigualtats salarials i l’interès per alguns (els més beneficiats) en defensar la Teoria Econòmica més ortodoxa per tal de justificar els seus interessos.
    És realment indignant veure com es permet aixecar una societat d’aquesta manera tan injusta, tan enganyosa, tan primitiva, fent creure que el salari el determina el valor del treball, però el més trist és deixar que això passi mentre una generació s’esforça estudiant i aprenent, creient innocentment que això els permetrà en un futur no gaire llunyà gaudir d’una retribució competitiva d’acord amb la formació adquirida, perquè això és el que venen ales joves il.lusions i promeses del món laboral, quan realment el que hi ha a aquest pais és una inmensa majoria de llicenciats mileuristes desencantats i frustrats pel que després troben en el món laboral… quin sentit té saber per a les actuals generacions joves que amb la seva formació i estudis guanyaran el mateix o inclús menys que un respectable treballador d’ofici sense ambicions ni inquietuds…
    sistema salarial basat en l’amiguisme, i en la condició i categoria professional que suposadament paga el valor del treball…
    i no diguem ja de les diferències salarials per raons de gènere..!!

     
  3. marisol

    1 Desembre 2009 at 23:52

    Però Àngels, la directiva de Defensa Nacional 1/2004 ens deixa en una total indefensió com a ciutadans. He anat al trackback del post on parles sobre el tema; es de febrer de 2008 i no he seguit el desenvolupament, però em temo que no haguéssim avançat gaire, cosa que és d´allò més esfereïdor.

     
  4. àngels

    2 Desembre 2009 at 12:00

    Jaime, tan a punto el recuerdo de Manuel Sacristán… si oyera las propuestas de economía sostenible del actual Ejectuvo, le daba de nuevo algo… Confío en tus críticas en cuestiones económicas. Y atención, que ahora viene el Euromemorándum de los Economistas Europeos por una Alternativa Democrática. Un abrazo!

     
  5. àngels

    2 Desembre 2009 at 12:04

    Marta, et recordo perfectament a classe el dia que va venir la Lourdes a parlar de globalització. M’alegra saber que amb els anys segueixes amb el mateix esperit… no et creguis els que diuen alló de que als 40 el que toca és ser de dretes… ho diuen per amagar que una senilitat avançada. Un petó, maca, i estic segura que a la Lourdes li agradarà llegir les teves reflexions…

     
  6. àngels

    2 Desembre 2009 at 12:05

    Marisol, tens raó, no sols no hem avançat sinò que en alguns aspectes importants hem retrocedit. Ara a veure si les mobilitzacions d’aquests dies ens permeten –com a mínim– creure’ns que podem fer algun pas endavant en la defensa dels nostres drets i de les condicions salarials i laborals en general. Una abraçada!

     
  7. Antoni Barbarà

    3 Desembre 2009 at 10:52

    Estimades amigues, i especialment estimada Lourdes: És un veritable plaer llegir-te, ja que no podem escoltar-te “en directe”. És un magnífic article que demostra un cop més que les brutals desigualtats sempre poden empitjorar, que les situacions de crisis permeten a les grans patronals “desmaquillar” formes i llenguatge, i que la salut no es pot preservar en/amb aquestes condicions.
    Una abraçada i segueix il·lustrant-nos, ni que sigui a distància. Salut ! Toni Barbarà

     
  8. Annalí

    4 Desembre 2009 at 11:39

    Lourdes y Carmen, muchas gracias por el texto y Àngels, muchas gracias por ponerlo en el blog. Estoy totalmente de acuerdo con las ideas expuestas. Creo que el hecho de que la teoría económica no es inmune a la ideología (como quieren hacernos creer) es cada vez más evidente. Lo peor en este sentido es que los planes de estudio de las universidades (creo que especialmente los planes de estudio de la carrera de economía) son menos neutrales aún. No sólo nos venden las teorias marginalistas o las teorias de incentivos, en definitiva el modelo neoclásico, como verdades absolutas, sino que además no nos dejan contrastarlas con ningún otro modelo económico: no nos enseñan NADA de Marx y creo que exageraría si dijera que nos dan un par de pinceladas de Keynes.
    Por lo que refiere a la defensa que haceis de la democracia en las empresas, creo que un punto muy importante. Aunque no entenderia democracia como el derecho a votar en ciertas desiciones sinó que también aquí defendería la democracia participativa y qué mejor participación que el hecho de que los trabajadores participen de los beneficios de las empresas y que compratan la propiedad de la misma? Efectivamente, como os habeis dado cuenta, creo que una empresa realmente democrática es una cooperativa. En este sentido es muy interesante la experiencia de las Emresas de Producción Social (EPS) que surgieron en varias partes de América Latina, sorbre todo en Argentina después de la crisis de 2001. De todos modos, en mi opinión personal, creo que la mejor fórmula es una empresa de propiedad compartida entre los trabajadores (todos) y el estado.
    Como vosotras, también creo que la crisis, llevada con un buen nivel de lucha, puede convertirse en una oportunidad. Desgraciadamente si no existe esta lucha la crisis puede representar, sin duda, una bomba al Estado del Bienestar y a los derechos ciudadanos ganados con tanto esfuerzo. La lucha ciudadana es, pues, clave en estos tiempos. En este sentido, pienso que son importntes dos niveles de lucha. Por un lado, la lucha de los ciudadanos y ciudadanas en cada país que esté coordinada a nivel mundial. Por otro lado, y dado el mundo global en el que nos encontramos en el que es cada vez más evidente la brecha entre paises del centro y de la periferia, creo que una unión a nivel no sólo ciudadano sinó estatal de los paises de la periferia los dotaria de mucho más poder de negociación. Por eso experiencias como el ALBA son especialmente importantes en estos tiempos.
    Para terminar, y siendo ahora un poco más egoísta, espero que así como las crisis del 29 y de los 70 abrieron el mundo académico a nuevas ideas (a veces desafortunadamente): el keynesianismo y el neoliberalismo respectivamente, la crisis actual abra también las facultades de economia a nuevas ideas y a nuevas personas que (como yo) no encagen en los moldes en los que la universidad actual (al menos la mia) nos quiere hornear.

     
  9. àngels

    4 Desembre 2009 at 11:54

    Toni, Annalí, molts gràcies pels vostres comentaris… com que van dirigits clarament a la Lourdes, li escric per si pot contestar ella mateixa. (Annalí, el que plantejes és fonamental, i sols per això –si no eixsteix ja– s’hauria de crear una xarxa d’estudiants per una economia crítica!)Una abraçada!

     

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