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La igualdad es buena para la salud

25 març

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Hace aproximadamente un año Richard Wilkinson y Kate Pickett publicaron The Spirit Level: Why More Equal Societies Almost Always Do Better donde explican que vivimos en un mundo de profundas desigualdades, y la distancia entre las personas ricas y las pobres es cada vez es mayor. En el mundo “rico” se piensa, en general, que éste es un problema que deberíamos abordar, pero que de hecho los beneficiarios de la solución serán los miles de milllones de personas que viven en la pobreza. Después de todo, es lógico pensar que la desigualdad tiene poco impacto en las vidas de los que están en lo más alto de la pirámide social…

Pues, bien, el epidemiólogo británico Richard Wilkinson no cree que la cosa sea así, y no es el primer trabajo que publica y en el que llega a las mismas conclusiones.

Wilkinson ha estudiado durante décadas por qué algunas sociedades son más sanas que otras, y ha descubierto que lo que las sociedades más sanas tienen en común no es que tengan más de todo —más renta, más educación, más riqueza—  sino que lo que tienen está repartido de una manera más igualitaria.

De hecho, ha descubierto que no sólo la enfermedad, sino todo un abanico de problemas sociales que van desde las enfermedades mentales hasta el uso de drogas empeoran en las sociedades desiguales. En su último libro, co-escrito con Kate Pickett, detallan los efectos perniciosos que la desigualdad tiene en nuestras sociedades: erosiona la confianza, incrementa la ansiedad y la enfermedad y fomenta el consumismo.

La buena noticia es que cuando se incrementa la igualdad se produce el efecto opuesto: las estadísticas muestran que las comunidades sin grandes diferencias entre ricos y pobres son más sólidas y resistentes, y las personas que las habitan viven vidas más largas y felices.

En el libro se analiza también la relación de las desigualdades en salud con esperanza de vida, enfermedades mentales, madres-niñas, violencia, población presa y drogradicción, y demuestra que la realidad no es “un poco peor” en las sociedades más desiguales, sino mucho peor cuanto más desigual es la sociedad. Explica que lo que hace es lo mismo que las personas que trabajan en epidemiología o en salud pública vienen haciendo desde hace tiempo, pero que su muestra no se detiene en la población que vive en pobreza relativa, sino que abarca todos los niveles de renta. E insisten en sus conclusiones que lo más importante no son los distintos niveles de renta, sino la desigualdad que existe entre ellos. Por ejemplo, dentro de los Estados Unidos o la Unión Europea, con un mismo nivel renta, si se vive en un estado más desigual, la esperanza de vida será menor. Y lo mismo sucede con todos los demás factores enunciados. Nos advierten, además, que la diferencia no es de un porcentaje que pueda oscilar entre un diez o un veinte por ciento. El número de niñas-madre se puede multiplicar por ocho, la tasa de homicidios puede multiplicarse por diez, las enfermedades mentales, por tres… Diferencias enormes que demuestran con toda claridad que estos problemas no están vinculados a la pobreza, sino a la estratificación de las rentas, es decir, a las diferencias relativas que existen dentro de una sociedad.

Una sociedad más desigual es una sociedad más enferma.

 
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Publicat per a 25 Març 2010 in Igualtat, Salut

 

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