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Paul Krugman no ve luz al final del túnel

09 oct.

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Paul Krugman publicó el pasado 7 de octubre, en The New York Times uno de sus artículos más amargos. En él hablaba de lo que había sido en otros tiempos su país: los Estados Unidos que habían creado el canal Erie, la presa Hoover o toda el sistema de interestatal de autovías. Reafirmaba su convicción de que los proyectos públicos visionarios no sólo fromaban parte de la tradición americana, sino que habían jugado un gran papel en el desarrollo económico de su país.

De nuevo, según Krugman, es tiempo para mejorar las infraestructuras públicas de su nación, como los ferrocarrilles, el y sumnistro de agua y alcantarillado, entre otros, porque un millón y medio de obreros de la construcción están en el paro y darles trabajo supone contribuir a la recuperación de la economía a un precio nada desorbitado: el tipo de interés de la deuda federal está en sus mínimos históricos y nunca ha sido un mejor momento para endeudarse en inversiones a largo plazo.

La lógica de Krugman parece no tener fallos. No sólo ha demostrado anteriormente su eficacia, sino que sus “efectos secundarios” desables suponen –además del relanzamiento económico– trabajo y esperanza para un millón y medio de desempleados… simplemente (y eso no lo dice Krugman) que con una fuerte disminución del paro los salarios podrían tender a situarse en un nivel más digno… y los fondos que ahora se dedican a la especulación y el enriquecimiento en manos privadas se destinarían a obras útiles para la sociedad (aparte de crear empleo). Esta función útil del capital la anatemizan como el efecto “crowding out” y en vez de asumir con lucidez y algo menos de egoísmo todo lo que puede tener de positivo, la venden a la opinión pública como contraria al interés de “los mercados”, amenazando con males peores de manera totalmente irracional.

Así lo han hecho los políticos que se han opuesto al modesto plan de infraestructuras del plan Obama, como el gobernador de New Jersey que ha cancelado el proyecto de obra pública más importante en estos momentos: el túnel para el ferrocarril que debía construirse por debajo del río Hudson. Un proyecto absolutamente imperscindible y cuya necesidad nadie discute, ya que el túnel actual está muy por debajo de las necesidades de transporte. New Jersey con casi 1,200 personas por milla cuadrada es el estado más densamente poblado de los Estados Unidos, y supera a cualquier nación europea importante. Y muchas personas que residen en New Jersey trabajan en Nueva York: la no adecuación del tunel condena a muchas de esas personas a renunciar a un transporte público rápido y seguro para recurrir a un medio de transporte privado.

Krugman no duda en calificar esta decisión del gobernador de New Jersey de destructiva e increiblemente desafortunada en múltiples aspectos, pero confiesa que ya no le ha sorprendido. Reconoce que han dejado de ser la nación que asombraba al mundo con proyectos visionarios para convertirse en una arena donde los políticos parecen competir para demostrar quién se preocupa menos por el futuro y quién sirve mejor su miope egoísmo. Pero esa ideología que mina el futuro de su país –y que comparten los republicanos con algunos demócratas– parece remunerar bien, en términos de votos, su obstruccionismo.

Fíjense en la terrible contradicción: al negarse a financiar una obra pública absolutamente imprescindible los políticos perpetuan el paro y sacrifican el crecimiento a largo plazo… Y, sin embargo, ello parece que les permite, a corto plazo, renovar su mandato porque ir contra los intereses de la mayoría se ha convertido en una estrategia electoral ganadora.

Krugman acaba su artículo lamentando no poder decir nada optimista y reconociendo que no ve ninguna luz al final del túnel… Sin embargo, todavía podría ver las cosas peor si viviera en España, donde los políticos no sólo parece que pueden ser recompensados en votos por sus políticas contra la mayoría, sino además recibir un bono extra en las urnas a pesar de la corrupción.

 

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2 responses to “Paul Krugman no ve luz al final del túnel

  1. Elena Alvarez

    9 Octubre 2010 at 11:29

    Molt interessant com sempre, y en Krugman té una lògica aplastant, però primen els interessos del gran capital. No volen aplicar una política keynesiana que a més de proporcionar serveis públics, remonta la economia i dona treball a molta gent. No volen perque entre altres coses un dels objectius dels neocons és desmontar l’estat de benestar. Y tant si aquesta política dona vots, com si no, els polítics la duen a terme. Mira aquí els cas del Zapatero que ha retallat els drets dels treballadors, els serveis públcs, els sous del funcionaris i dels jubilats i no ha estat per obtenir vots, no perque en perdrà un munt, sino perque li han ordenat fer-ho.

     
  2. elena martin alcón

    10 Octubre 2010 at 8:50

    Lo de primar con votos políticas en contra de la mayoría en nuestro país viene de lejos,así como la corrupción que también “mola”,contra más corrupto es un partido más “caché ” tiene , recordemos al Don por execelencia Felipe González ,que se permite dar lecciones de no se que y de escribir libros de no se como .Salut Angels.

     

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