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Obama vence; Ana Botella ha perdido sus campañas

El mismo día que sabemos que la actuación personal y de su administración afrontando las consecuencias del huracán Sandy han podido ser decisivas para la reelección de Barack Obama,  es también evidente que, muchas millas por debajo en preparación, ideas, capacidad de comunicar pero, sobre todo, comprensión de lo que significa el servicio público, la incalificable actuación de Ana Botella en la desgracia del Madrid Arena le ha hecho perder todas sus posibles campañas de futuro. Cuando una Alcaldesa invoca la vida privada para no estar al lado de las víctimas de sospechosas decisiones políticas de su administración, la descalificación no puede ser mayor. Y muestra la real dimensión de Ana Botella, (tan pequeña como minúscula) y  su rémora  de supervisora frustrada de supermercado, clasificadora de peras y manzanas (que incluso un Tribunal Constitucional más afín que enemigo, pone en ridículo). Si las altas jerarquías del PP dominadas por la FAES y Aznar, la mantuviesen bajo los focos  hasta el final del mandato, lo pueden pagar muy caro en términos de credibilidad y votos en Madrid…. y ya sería hora.

.Escribí sobre esta señora en mayo del 2007, y el día 21 de diciembre del 2011, cuando la inocentada de Gallardón a los ciudadanos y ciudadanas de Madrid fue del peor gusto al auparla a la Alcaldía de la capital del Reino. Recupero textos que jalonan los avatares de una carrera política de una mujer que representa lo peor de las místicas de la feminidad. Porque si, aparte del pueblo de Madrid, alguien se siente especialmente traicionado con el encumbramiento de la cónyuge hasta la cumbre de los desatinos, esas somos las mujeres. Su elección entre pasar el fin de semana en un Spa en Lisboa, o quedarse en Madrid al lado de las personas y las familias que sufrían las peores consecuencias de una mala gestión (por decirlo suave) del Ayuntamiento que preside, demuestran hasta que punto no se puede aupar a la política quien tiene la cabeza a pajaritos.

¡Tenemos tantos motivos para avergonzarnos por Ana Botella!  No es así cómo las mujeres, como colectivo, pondremos nuestro nombre en la historia… con los comportamientos y los niveles demostrados por Ana Botella sólo se consigue algún pie de página en la historia mundial de los despropósitos y las infamias. Por género y por clase, Ana Botella va en el sentido contrario del camino de la igualdad. Y si tuviera algo más de sentido común, dimitiría para dedicarse -esa sí- a “sus” ignotas labores…

Y esto es lo que escribí, de forma premonitoria, cuando empezó a destacar su aciaga carrera “política”  hasta el desastre de Ana Botella.  bajo los requiebros de Gallardón (¡que vaya otro!):

La barbilla erguida, la mirada al infinito: un destino que cumplir. El rictus de boca, que podría ser simplemente feo, presagia pequeñas hecatombes. Esta versión de Norma Duval de grandes almacenes, esta ama de casa que se explaya en el Ayuntamiento de Madrid con la hija tan bien casada con un comisionista y el marido desatado en declaraciones de secta y taberna –que ella apoya– amenaza de nuevo al pueblo de Madrid, a las mujeres trabajadoras y a las clases subalternas en general con su ascenso al número 2 de las listas municipales del PP… Acebes reconoce en Ana Botella su pedigrí político: su antigüedad en el partido de la derecha reaccionaria española es superior al de su marido, y como capital público alardea de haber seducido a José Maria Aznar para la arena política. Nunca se lo podremos perdonar. .

Ana Botella es tan reaccionaria que ha vuelto a imponer un vetusto minué de cortejo político a Gallardón, obligado a decir de ella que “es la revelación de los candidatos” y agregar que su significativo segundo puesto demuestra “una cercanía” personal con él. Por exigencias de guión sucesorio Gallardón ha vuelto a los sonrojos de corte rancia, a las malicias de parvulario para que la clienta VIP de Loreal –ya saben, “porque tú lo vales”– aceptara un segundo puesto que era lo exigido después de los pies de su marido en la mesa de centro tejana de Bush y cuando ya está casi olvidada la boda semi-real de su hija. Espejo, espejito, ¿quién es la más hermosa y poderosa plebeya del reino? Rivalizando con Espe vestida de maja, Ana Botella, la comentarista de cuentos, sigue leyendo a Blancanieves con el mismo fervor que Camino.
 

Ver también al respecto lo que ha escrito Hugo Martínez Abarca

 
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Publicat per a 7 Novembre 2012 in Despropòsits, Gènere

 

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Los errores de Obama y la economía dual

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Es muy interesante oír hablar a los “insiders” lúcidos e informados sobre lo que está sucediendo en los Estados Unidos. Nada que ver, observaba con cierto enfado una amiga, con los tópicos y lugares comunes que se escuchan en algunas tertulias cuyos participantes sólo se han leído las instrucciones básicas y la lista de “buenos” y “malos” oficiales.

Reconozco que tengo dos hombres “insiders” preferidos (otro día hablaré de las mujeres). Ellos son Robert Reich y Paul Krugman, y he resumido lo substancial de sus análisis de ayer:

Según Robert Reich, no se puede hablar de una sola economía en los USA. Y además, su comportamiento es antitético: una se recupera y la otra se está viniendo abajo. Por eso, aconseja, la próxima vez que escuche a un economista o habitual de Wall Street hablar de la “economía estadounidense” haga por ver su cartera.

Wall Street se reconforta con la política monetaria que lleva a cabo Ben Bernanke en la Fed: tipos de interés de casi cero más la emisión de dinero con tanta rapidez como se atreve (y que supone dinero gratis para la economía de las grandes fortunas). Con ello se pueden recomprar acciones, aumentar los beneficios, pero también ir a por la fusión y adquisición de otras compañías… y por tanto, al despido de más hombres y mujeres de puestos de trabajo comprados o reabsorbidos.

Bernanke favorece un dólar depreciado para que las corporaciones estadounidenses aumenten sus ventas en el exterior (China ya se está quejando). Pero no es de ahora. “El cuarenta por ciento de las 500 corporaciones más grandes según S$P están realizando ahora más del 60 por ciento de sus negocios en el extranjero. Y las inversiones estadounidenses no se quedan atrás: la inversión en el extranjero reporta mejor retribución que invertir en los USA.” ¡Ya se sabe, el dinero siempre tan patriota!

Según una encuesta del Wall Street Journal que se dio a conocer el pasado el jueves, la remuneración global de los servicios financieros se incrementará en un 5 por ciento este año, y las personas responsables de la gestión de activos percibirán aumentos de salario o primas de un 15 por ciento.

Pero hay otra economía estadounidense, y no está en vías de recuperación. Se trata de la economía llamada “del trabajador medio” (siguiendo esta extraña costumbre de hablar también del “votante medio”) Por ejemplo, según el último informe de empleo del viernes se habían creado en el mes de octubre 159.000 nuevos puestos de trabajo en el sector privado, lo que significa un comportamiento del empleo mejor que en meses anteriores. Pero si tenemos en cuenta que se deberían crear 125.000 puestos de trabajo netos al mes sólo para acompañar el crecimiento de la fuerza de trabajo en los Estados Unidos, el “buen comportamiento” del empleo se reduce a la creación de 24 mil puestos de trabajo… Muy poco si tenemos en cuenta que se han perdido 15 millones de empleos desde el inicio de la Gran Recesión…. Y si agregamos el crecimiento de la fuerza de trabajo – incluyendo a las personas demasiado desalentadas para seguir contadas en la población activa – tenemos un déficit real de empleo que podemos cifrar en 22 millones de puestos de trabajo.

Una de cada ocho personas responsables de llevar ingresos a un hogar (breadwinners: quienes ganan el pan) no tiene trabajo. Pero además, según una reciente encuesta del Washington Post, más de la mitad de todos los estadounidenses – el 53 por ciento – están preocupados por seguir pagando su hipoteca. El porcentaje ha subido en dos años; cuando la recesión tocó fondo, el porcentaje de gente preocupada era del 37 por ciento… Y con razón, la morosidad está aumentando… Y a pesar de que los tipos de interés caen, el “trabajador medio” no puede refinanciar su casa. Los bancos no conceden créditos a los “trabajadores medios” porque su empleo está en precario, sus ingresos familiares se han reducido y el valor de su patrimonio (su vivienda) se ha desplomado.

Y mientras los nubarrones se ciernen sobre el “trabajador medio”, la victoria republicana ha llenado de júbilo a las grandes fortunas, convencidas de que se parará la regulación financiera y medioambiental –por no hablar de la sanidad– la disminución impositiva del anterior Presidente Bush cubrirá también al 1% más rico de la población… mientras que a los trabajadores les será cada vez más difícil afiliarse a sindicatos que les defiendan.

Los “trabajadores medios” están enojados y lo demostraron en las urnas, y Krugman da razones adicionales del por qué: El problema de Obama fue su falta de audacia. Al inicio de su administración se estableció un plan económico demasiado débil que se fue agravando a medida que le fue influyendo la retórica de sus enemigos.

Si hubiera sido más consiciente de que la principal secuela de las grandes crisis financieras es tener que hacer frente a varios años de desempleo muy alto, el plan de recuperación de la peor crisis desde la década de 1930 tenía que haber sido realmente ambicioso. Para ello Obama debería haber sido más valiente de lo que ha sido, presentando un paquete de medidas de gran alcance que si los republicanos hubieran torpedeado hubiera dejado claro dónde estaba la responsabilidad del fracaso.

En opinión de Krugman, Obama eligió lo aparentemente más seguro: un paquete de medidas de estímulo de tamaño mediano que no estaba a la altura de las circunstancias. Desgraciadamente, muchos economistas, entre ellos Krugman, ya lo venían advirtiendo de manera constante y hasta compulsiva desde principios del año 2009. Y Obama tuvo tiempo de reaccionar hasta finales de este mismo año, cuando ya era evidente la desproporción de las medidas con la crisis…. Sin embargo, él y sus funcionarios continuaron afirmando que su plan original era justo, y dañaron su credibilidad tanto como la economía de los Estados Unidos (aunque si ahora volvemoa a Reich, la economía dañada fue la del “trabajador medio”, no la del Big Money).

Y Krugman en parte parece reconocerlo al admitir que las políticas y la retórica de apoyo a bancos de la administración – dictadas por el miedo de dañar la confianza financiera – terminó alimentando la ira del “trabajador medio”, paradójicamente en beneficio de los republicanos, todavía más amigos de los bancos. Obama tampoco supo defender el papel del gobierno en una economía deprimida, como demostró en el primer debate sobre el Estado de la Nación, cuando declaró que “las familias de todo el país se están apretando el cinturón y tomando decisiones difíciles. El gobierno federal debería hacer lo mismo”…. aunque no fuera cierto. El gobierno debía recurrir al gasto precisamente porque el sector privado no podía hacerlo. Pero si el Presidente de los Estados Unidos no habla y defiende su filosofía económica, ¿quién lo hará?, se pregunta Krugman, que achaca el fracaso electoral de los demócratas a la falta de coraje de Obama a la hora de defender sus propias convicciones… en la reforma sanitaria, por ejemplo. Aunque en España podemos quejarnos de algo más, y todavía peor. Obama transmitió sus errores por teléfono en un momento crucial para las políticas españolas y la credibilidad de Rodríguez Zapatero.

La política económica de Obama ha acabado en desastre político precisamente porque trató de jugar sobre seguro. Es hora de que intentar algo diferente.

Les recomiento también que lean los análisis de Alberto Garzón sobre el tema.

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Publicat per a 6 Novembre 2010 in Economia crítica

 

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Barbara Ehrenreich y el papel de las izquierdas

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Barbara Ehrenreich aprovecha para polemizar en este artículo con Eric Alterman sobre el desarrollo del gobierno de Barack Obama y el papel de las izquierdas en los Estados Unidos. Me ha parecido interesante recoger sus argumentos fundamentales para Punts de Vista en la medida que todavía muchos comentaristas por nuestros pagos siguen poniendo la democracia americana como un ejemplo a imitar (leer a Barbara Ehrenreich al respecto es muy ilustrativo) y llegan incluso a poner la frustrada reforma sanitaria de los USA como un ejemplo para la europea en general y la española en concreto (copagos, mutuas privadas, primas, etc…)

El panorama que pinta Barbara Ehrenreich no es nada ilusionador. Nos dice, de entrada que “un hombre negro finalmente gana la presidencia sólo para descubrir que es tan útil como un sello de 32 centavos” Y en eso sí coincide con Eric Alterman: “el gobierno federal, avatar de la esperanza liberal durante al menos un siglo, se ha convertido en una institución irremediablemente antidemocrática, envenenada por la corrupción y devorada estructuralmente por las divisiones partidistas. Pobre Barack Obama, que sale a batear y se le entrega un bate de goma-espuma…”

El Gobierno, como lo describe Alterman de forma convincente, no sólo es caro y está “tumefacto”, etc., sino que se ha convertido en un esclavo del poder corporativo: es un salón de contratación donde los funcionarios que cumplen son seleccionados para puestos de trabajo del sector privado mucho más lucrativos, y es una reserva de dinero en efectivo de emergencia para cuando las grandes empresas atraviesan tiempos difíciles. No es de extrañar que tantos estadounidenses confundan, sin pensarlo dos veces, “gran gobierno” con “grandes corporaciones.” Este no es el tipo de gobierno que contrata a personas desempleadas para pintar las paredes de la oficina de correos. Pero, como todo el mundo sabe, cuando el banco decida embargar su casa, será un empleado público el que llamará a su puerta.

Todo lo anterior debería bastar para que los liberales desconfiaran en el gobierno como una herramienta para el cambio social progresista. Pero la situación, de hecho, es mucho peor de lo que reconoce Alterman. En los años transcurridos desde el gobierno estatal y local, así como federal, han abandonado amablemente su papel de agentes del cambio y han asumido el nuevo papel de superpoli: con más construcción de centros penitenciarios que se llenan de drogadictos, y acosando a personas negras y latinas en las calles. Las protestas no violentas han disminuido, pero no sólo por la persistente deferencia de los activistas hacia Obama, sino porque la respuesta de la policía ante cualquier acontecimiento en las calles se asemeja al asalto a la ciudad iraquí de Faluja.

Incluso los programas de gobierno más útiles se han convertido en agentes estatales para políticas cada vez más represivas. Las oficinas donde se reparten cupones para alimentos a los necesitados, los albergues públicos y los refugios para los sin techo se han convertido en cotos de “búsqueda y captura” para atrapar a personas a las que se les ha pasado por alto una cita en el juzgado por una deuda sin pagar. Los que habitan en albergues públicos deben someterse a test de drogas. En muchos estados, el proceso de solicitud para lo que queda del Estado del Bienestar (Asistencia Temporal para Familias Necesitadas) significa algo muy parecido a ser fichado por la policía, con fotografías de frente y perfil y la toma de huellas dactilares. No los encontrarán protestando por las redadas ni los cacheos urbanos, porque los miembros del Tea Party sí parecen haber entendido que se trata de acabar con el Estado del Bienestar, como demostró un cartel hecho a mano en la manifestación de diciembre Washington del año pasado donde podía leerse, por ejemplo: “Servicio Público de Salud = Pipí en una taza.

Y ¿quién mejor que un gobierno liberal para decidir el pasado mes de junio en la ciudad de Maywood, California, la disolución de casi todas las funciones municipales, externalizándolas? Suena como una pesadilla liberal, ¿no? Hasta que leí que el ahora extinto departamento de policía de esta ciudad fue acusado en el año 2009 por “insinuaciones sexuales continuadas, acoso, vulgaridad … y una falta total de respeto y sensibilidad cultural, racial y étnica”.

Alterman reconoce el problema sólo a título provisional, señalando que “se podría argumentar que esta fe [] demócrata en la capacidad del gobierno para mejorar la vida de las personas está fuera de lugar.” Claro que sí. El papel de la izquierda no debe ser la obligación de mantener o defender al gobierno, es decir, en estos momentos, defender el estado formado por Corpo-Obama-Geithner y Petraeus sino, por el contrario, cambiarlo, de manera drástica y desde el principio… Los miembros del Tea Party siguen recordándonos a su manera, desagradable y demente, que estos son tiempos revolucionarios.

Barbara Ehrenreich
12 de agosto 2010 | Del artículo publicado en la edición del 6 de agosto al 30 de setiembre del de The Nation.

 
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Publicat per a 24 Agost 2010 in Ciutadania/Política, Salut

 

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Noam Chomsky desenmascara a Barack Obama


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Estadounidenses en favor y en contra de Obama se manifiestan en Kailua, Hawai, donde pasa sus vacaciones. Foto Reuters

“Pacificación presidencial” en América Latina

Noam Chomsky

Barack Obama es el cuarto presidente estadunidense en ganar el Premio Nobel de la Paz y se une a otros dentro de una larga tradición de pacificación que desde siempre ha servido a los intereses estadunidenses.

Los cuatro presidentes dejaron su huella en nuestra pequeña región de allá, que nunca ha molestado a nadie como caracterizó al hemisferio el secretario de Guerra, Henry L. Stimson, en 1945.

Dada la postura del gobierno de Obama hacia las elecciones en Honduras de noviembre último, vale la pena examinar el historial.

Theodore Roosevelt

En su segundo mandato como presidente, Theodore Roosevelt dijo que la expansión de pueblos de sangre blanca o europea durante los pasados cuatro siglos se ha visto amenazada por beneficios duraderos para los pueblos que ya existían en las tierras en que ocurrió dicha expansión (pese a lo que puedan pensar los africanos nativos americanos, filipinos y otros beneficiados puedan creer).

Por lo tanto, era inevitable y en gran medida deseable para la humanidad en general, que el pueblo estadunidense terminara por ser mayoría sobre los mexicanos al conquistar la mitad de México”, además de que estaba fuera de toda discusión esperar que los (texanos) se sometieran a la supremacía de una raza inferior.

Utilizar la diplomacia de los barcos artillados para robarle Panamá a Colombia y construir un canal también fue un regalo para la humanidad.

Woodrow Wilson

Woodrow Wilson es el más honrado de los presidentes galardonados con el Nobel y posiblemente, el peor para América Latina. Su invasión a Haití en 1915 mató a miles, prácticamente reinstauró la esclavitud y dejó a gran parte del país en ruinas.

Para demostrar su amor a la democracia, Wilson ordenó a sus marines desintegrar el Parlamento haitiano a punta de pistola en represalia por no aprobar una legislación progresista que permitía a corporaciones estadunidenses comprar el país caribeño. El problema se remedió cuando los haitianos adoptaron una Constitución dictada por Estados Unidos, redactada bajo las armas de los marines. Se trataba de un esfuerzo que resultaría benéfico para Haití, aseguró el Departamento de Estado a sus cautivos.

Wilson también invadió República Dominicana para garantizar su bienestar. Esta nación y Haití quedaron bajo el mando de violentos guardias civiles. Décadas de tortura, violencia y miseria en ambos países fueron el legado del idealismo wilsoniano, que se convirtió en un principio de la política exterior estadunidense.

Jimmy Carter

Para el presidente Jimmy Carter, los derechos humanos eran el alma de nuestra política exterior. Robert Pastor, asesor de seguridad nacional para temas de América Latina, explicó que había importantes distinciones entre derechos y política: lamentablemente la administración tuvo que respaldar el régimen del dictador nicaragüense Anastasio Somoza, y cuando esto resultó imposible, se mantuvo en el país a una Guardia Nacional entrenada en Estados Unidos, aun después de que se habían perpetrado matanzas contra la población de una brutalidad que las naciones reservan para sus enemigos, según señaló el mismo funcionario, y en que murieron unas 40 mil personas.

Para Pastor, la razón es elemental: Estados Unidos no quería controlar Nicaragua ni ningún otro país de la región, pero tampoco que los acontecimientos se salieran de control. Quería que los nicaragüenses actuaran de forma independiente, excepto cuando esto podía afectar los intereses de Estados Unidos.

Barack Obama

El presidente Barack Obama distanció a Estados Unidos de casi toda América Latina y Europa al aceptar el golpe militar que derrocó a la democracia hondureña en junio pasado.

La asonada reflejó abismales y crecientes divisiones políticas y socioeconómicas, según el New York Times. Para la reducida clase social alta, el presidente hondureño Manuel Zelaya se había convertido en una amenaza para lo que esa clase llama democracia, pero que en realidad es el gobierno de las fuerzas empresariales y políticas más fuertes del país.

Zelaya adoptó medidas tan peligrosas como el incremento del salario mínimo en un país en que 60 por ciento de la población vive en la pobreza. Tenía que irse.

Prácticamente solo, Estados Unidos reconoció las elecciones de noviembre (en las que resultó victorioso Pepe Lobo); las que se celebraron bajo un gobierno militar y que fueron una gran celebración de la democracia, según el embajador de Obama en Honduras, Hugo Llorens.

El apoyo a los comicios también garantiza para Estados Unidos el uso de la base aérea de Palmerola, en territorio hondureño, cuyo valor para el ejército estadunidense se incrementa medida de que está siendo expulsado de la mayor parte de América Latina.

Después de las elecciones, Lewis Anselem, representante de Obama ante la Organización de Estados Americanos, aconsejó a los atrasados latinoamericanos que aceptaran el golpe militar y secundaran a Estados Unidos en el mundo real, no en el mundo del realismo mágico.

Obama abrió brecha al apoyar un golpe militar. El gobierno estadunidense financia al Instituto Internacional Republicano (IRI, por sus siglas en inglés) y al Instituto Nacional Democrático (NDI, por sus siglas en inglés) que, se supone, promueven la democracia.

El IRI regularmente apoya golpes militares para derrocar a gobiernos electos como ocurrió en Venezuela, en 2002, y en Haití, en 2004. El NDI se ha contenido. En Honduras, por primera vez, éste instituto acordó observar las elecciones celebradas bajo un gobierno militar de facto, a diferencia de la OEA y la ONU, que seguían paseándose por el mundo del realismo mágico.

Debido a la estrecha relación entre el Pentágono y el ejército de Honduras, así como la enorme influencia económica estadunidense en el país centroamericano, hubiera sido muy sencillo para Obama unirse a los esfuerzos de latinoamericanos y europeos para defender la democracia en Honduras.

Pero Barack Obama optó por la política tradicional.

En su historia de las relaciones hemisféricas, el académico británico Gordon Connell-Smith escribe: Mientras se habla de dientes para afuera en favor de una democracia representativa para América Latina, Estados Unidos tiene importantes intereses que van justo en la dirección contraria, y que requieren de la democracia como un mero procedimiento, especialmente cuando se celebran elecciones que, con mucha frecuencia, han resultado una farsa.

Una democracia funcional puede responder a las preocupaciones del pueblo, mientras Estados Unidos está más preocupado en coadyuvar las condiciones más favorables para sus inversiones privadas en el extranjero.

Se requiere una gran dosis de lo que a veces se conoce como ignorancia intencional para no ver estos hechos.

Una ceguera así debe ser celosamente guardada si es que se desea que la violencia de Estado siga su curso y cumpla su función. Siempre en favor de la humanidad, como nos recordó Obama otra vez en su discurso al recibir el Premio Nobel.

Traducción: Gabriela Fonseca

Visto en La Jornada de la UNAM.mex

 
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Publicat per a 9 gener 2010 in Pau

 

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Les delicades relacions internacionals i la premsa USA

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Les noves relacions internacionals, i com les veu la premsa dels Estats Units

L’amic Carles Acózar ha publicat al seu bloc El Colomí Missatger una sèrie d’informacions sobre el que succeeix als USA de Obama, Xina i Rússia que, qüestions de forma a banda, considero molt interessants. En concret, aquest matí es feia ressò d’una notícia donada per l’agència de Moscú, RIA Novosti en la que s’explicava que l’ambaixador nord-americà a Pequín (Jon Huntsman, amic íntim de Barack Obama) es va atrevir a expressar el seu malestar amb els mitjans de comunicació nord-americans. Novosti opina que es pot criticar una religió o una de les tantes sectes que abunden als EUA, es pot renyar als / es companys d’ofici com demostren els debats públics sobre l’Afganistan però, carregar contra els mitjans de premsa del stablishment, es pot considerar gairebé un suïcidi.

I tanmateix, Huntsman tot el que va fer va ser declarar que els mitjans d’informació nord-americana “no donen la importància que es mereix” al fet que les relacions xineses -americanes han aconseguit un avanç notable. En les seves paraules: “Les notícies publicades sobre el tema no tenien res a veure amb la situació real. Vaig llegir fins i tot uns comentaris sobre els problemes que encara no s’havien discutit”... Sobre això, tots els mitjans de comunicació s’acusen (molt cortesament) d’incompetència.

El fet és que l’acostament de l’administració USA a Xina no és cap política nova de Obama. També George W. Bush tenia previst estrènyer relacions amb la Xina, per entendre que l’època de confrontació amb aquell país ja ha passat a la història. Però els mitjans de comunicació nord-americans semblen renunciar a la realitat i a les filigranes de la diplomàcia; a l’altre cantó de la moneda, cal assenyalar que la premsa oficial xinesa i els mitjans d’Internet i Blocs (blogs), llegits per uns 380 milions de xinesos, van publicar una informació força objectiva de les negociacions.

Tampoc a Rússia s’informa bé

Novosti segueix explicant que des dels anys noranta, els mitjans de premsa russos fan el mateix que els nord-americans, sense que la situació millori. Hi ha poques publicacions que expliquen el perquè d’una o altra visita a un determinat país. Si no saps el que passa, és millor callar. Però aquesta ignorància és substituïda per mites que cultiven i divulguen els periodistes. El que passa ara als EUA s’assembla al que va passar en els temps de Gorbatxov i Ieltsin. Uns no veuen encara que Amèrica del Nord es va reestructurant, i altres ho entenen molt, massa bé.

Un exemple rellevant: La visita d’Obama al Japó va ser comentada de manera similar: en primer lloc els periodistes nord-americans van discutir per què el president dels EUA va fer una reverència tan profunda a l’Emperador del Japó, igual com en els anys vuitanta i noranta els mitjans de comunicació russos també exigien que el President rus no fes mai reverències. Segons sembla, es tornen a viure problemes semblants: avui dia els mitjans de comunicació poden fer seva en massa ocasions la frase “la mauvaise éducation, c’est moi!”

Pregunto, i en Carles Acózar em contesta…

Li confesso al Carles el meu interès per les relacions Xina-USA. No sóc massa original si repeteixo que el capitalisme representat ara per Obama i abans per Bush necessita el mercat xinès com a banda d’expansió necessària i urgent, i necessita també molta estabilitat econòmica. En aquest sentit, el secretari del Tresor d’Obama, Timothy Geithnerm ja es va haver de retractar per qualificar a la Xina de “manipuladora del mercat de divises” el passat gener. Tot i que els Estats Units temen i desitgen a la vegada aprofundir les relacions amb Xina, no hi tenen cap altre remei…

I en Carles em contesta que és clar que als USA els interessa mantenir bones relacions comercials amb Xina doncs, com a la resta del món, una bona part del comerç depèn dels seus preus ajustats. Sense els productes xinesos al mercat occidental les classes treballadores tindrien encara més minvada la capacitat adquisitiva i, tal com està ja, el conflicte social fora molt més violent. Però al mateix temps, aquesta dependència destrueix un mercat interior (ex.: les joguines i sabates a Valencia, Elx…) que no pot competir amb un yuan sostingut baix, pel recolzament que té, en reserves foranies de tot arreu i en bona part en miliards de dòlars, del Banc de la Xina.

Suprimir o minvar les importacions de Xina suposaria per occident, ara mateix, desabastiment i encariment brutal de molts productes bàsics, des de la roba o el calçat fins als estris de cuina o llar: només cal veure com ha desaparegut el petit comerç substituït pels basars xinesos. Altre tema a tenir en compte és l’equilibri d’interessos entre Xina, Rússia, India, Iran i Brasil. USA, malgrat els clams dels mercenaris, ja no és -si ho ha estat mai- la gran potència que pretenen que sigui.

El seu desprestigi i l’animadversió que reben arreu del món és cada vegada més gran i això afecta a les vendes i al consum, a part de que la qualitat de la seva tecnologia és cada cop menys competitiva, una bona mostra és el comerç i l’industria d’armes, on Xina i Rússia li van guanyant posicions. Però també a Rússia es queixen del fet incontenible de que les inversions xineses a l’Àsia Central són, de fet, una ampliació territorial i de influència. Ja es diu que el Kazakstán és xinés!

Penso que en pocs mesos Rússia, Xina i India podrien fer algun pas important en política monetària que podria alterar el tipus de canvi del dòlar. Rússia, Xina i la Índia sumen quasi la meitat de la població mundial, sense comptar els seus aliats i la nova àrea comercial duanera que va des de Bielorússia a Kirguizistan i Tayikistán, amb uns 500 milions més de clients potencials i amb economies emergents gràcies al seus jaciments imprescindibles. Un bon exemple d’aquesta forçosa complexitat pot ser aquest comentari de Ria: “Irán cuenta con que China y Rusia no arriesgarán sus intereses comerciales en la República Islámica respaldando una cuarta ronda de sanciones. Pekín importa un 15% de su petróleo de este país y Moscú usa su relación como carta negociadora con EE UU”.

 
 

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Gairebé perfecte, senyor President!

Almost Perfect, Mr. President

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(Photo: Pet Souza / White House)

  Scott Galindez, escriu a t r u t h o u t | Perspective que malgrat el discurs del  President Obama sobre el pla de salut va ser inspirat, i “gairebé perfecte”, cal lamentar que no deixès prou clara la necessitat de l’opció pública.  I opina també que malgrat el pragmatisme que li pot permetre arribar a acords, la majoria dels 45 minuts que va durar el discurs cridaven a intervenir en salut. El President Obama no va deixar cap dubte que la reforma del sistema de salut era per a ell una qüestió moral. I haguès estat perfecte si el cantó pragmàtic d’ Obama no haguès deixat d’assenyalar que l’opció pública és una part necessària de tot el pla. Però en el contingut va sortir de manera suficientment explícita i de fet, va quedar sobre la taula: ara es tracta de que la gent i els seus partidaris lluitin també per un sector públic a la sanitat. El president va deixar clar que està disposat a posar-se al front. Hi haurà prou gent que el segueixi?


Scott Galindez és Senior Editor de Truthout.

 
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Publicat per a 11 Setembre 2009 in Mitjans de comunicaci, Salut

 

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Barack Obama defiende ante el Congreso el plan de salud (y III)

La última parte de la intervención de Barack Obama donde reivindica la memoria del senador Ted Kennedy, fallecido hace pocos días, y auténtico impulsor de un sistema universal de salud para los Estados Unidos.

Por último, permítanme hablar de un tema que es motivo de gran preocupación (…) y es cómo tenemos que pagar este plan. En primer lugar, no voy a firmar un plan que añada un centavo a nuestros déficits, ya sea ahora o en el futuro. Y para demostrar que estoy hablando en serio, habrá una disposición que nos obligue a hacer más recortes en el gasto si los ahorros del Plan no se materializan. Parte de la razón por la que me encontré un billón de dólares de déficit cuando entré en la Casa Blanca se deben a la guerra de Irak y a exenciones de impuestos para los ricos. No voy a cometer el mismo error con la salud.

En segundo lugar, hemos estimado que la mayor parte de este plan puede ser pagado con ahorros en el sistema sanitario, que actualmente está lleno de despilfarro y abusos. En este momento, los ahorros duramente ganados y el dinero de los impuestos que gastamos en salud no nos hacen más saludable. Y esta no es mi opinión, sino la de los profesionales médicos de este país. Y esto es también cierto cuando se trata de Medicare y Medicaid.

De hecho, quiero dirigirme a las personas mayores un momento, porque Medicare es otra cuestión que ha sido sometida a la demagogia y la distorsión en todo este debate. Hace más de cuatro décadas, esta nación puso en pie el principio de que después de una vida de duro trabajo, nuestras personas mayores no deben luchar con un montón de facturas médicas. Así es como nació Medicare. Y sigue siendo un deber sagrado que debe ser transmitido de una generación a la siguiente. Por eso, ni un dólar del Fondo fiduciario de Medicare se utilizará para pagar este plan.

La única cosa que este plan hará es eliminar cientos de miles de millones de dólares en despilfarro y fraude, así como en subvenciones injustificadas de Medicare que van a las las empresas de seguros que hacen de todo para engrosar sus beneficios y nada para mejorar su atención. Y también vamos a crear una comisión independiente de médicos y expertos médicos encargados de identificar el despilfarro en los próximos años.

Con ello se asegurará que las personas mayores reciben los beneficios prometidos. Se asegurará que Medicare siga en pie para las generaciones futuras. Y podemos utilizar algunos de los ahorros para cubrir parte del desembolso en medicamentos recetados que las personas de la tercera edad pagan de su bolsillo. Eso es lo que este plan va a hacer por usted. Así que no preste atención a las historias de miedo sobre cómo sus derechos se reducirá sobre todo porque algunas de las mismas personas que están divulgando estos cuentos chinos lucharon contra Medicare en el pasado, y que este mismo año han apoyado un presupuesto que podía haber abierto el camino de la privatización de Medicare. Eso nunca va a pasar mientras gobierne. Voy a proteger a Medicare.

Medicare es una parte tan grande del sistema de salud que conseguir que sea más eficiente puede ayudar a marcar el comienzo de los cambios y reducir los costos para todos. Sabemos desde hace tiempo que en algunos lugares, como el Intermountain Healthcare en Utah o en el Sistema de Salud Geisinger, en la Pennsylvania rural, se ofrece una alta calidad de atención a costes inferiores a la media. La comisión puede contribuir a fomentar la adopción de estas prácticas de sentido común por parte de médicos y profesionales de la medicina a todo el sistema, desde reducir las tasas de infección hospitalaria hasta fomentar una mejor coordinación entre los equipos médicos.

La reducción del despilfarro y la ineficiencia en Medicare y Medicaid pagarán la mayor parte de este plan. Gran parte del resto se pagará con ingresos procedentes de las compañías farmacéuticas y de seguros que se beneficiarán de decenas de millones de nuevos clientes. (…) Si se suma todo, el plan que estoy proponiendo costará alrededor de 900 mil millones de dólares en diez años, menos de lo que hemos gastado en la guerras de Irak y Afganistán, y menos que los recortes de impuestos para los estadounidenses más ricos pocas que el Congreso aprobó a principios de la administración anterior. (…) Y si somos capaces de frenar el crecimiento de los costes sanitarios sólo una décima parte del uno por ciento cada año, podremos reducir el déficit en 4 billones de dólares a largo plazo. (…)
Pero quiero que sepáis eso: No perderé mi tiempo con los que han decidido que es mejor política acabar con este plan que mejorarlo. No me quedaré quiero mientras los intereses creados utilizan la misma vieja táctica de dejar las cosas como están. Y no aceptaremos el status quo como solución. No esta vez. No ahora.

Todo el mundo en esta sala sabe lo que sucederá si no hacemos nada, Nuestro déficit crecerá. Más familias irán a la quiebra. Más empresas cerrarán. Cada vez más estadounidenses perderán su cobertura cuando están enfermos y más lo necesitan. Y más morirán como resultado. Sabemos que estas cosas son verdad. Es por ello que no puedo fallar. Son demasiados los estadounidenses que cuentan con nosotros para tener éxito, los que sufren en silencio, y los que compartieron sus historias con nosotros en reuniones, en el correo electrónico, y en cartas. He recibido una de esas cartas hace unos días. La envió un querido amigo y colega, Ted Kennedy. La había escrito en mayo, poco después que se le comunicara que su enfermedad era terminal. Pidió que se entregara después de su muerte.

En la carta habla de lo felices que fueron sus últimos meses gracias al amor y el apoyo de familiares y amigos, de su esposa Vicki y de sus hijos, que están aquí esta noche. Y expresa su confianza en que este sería el año en que la reforma de salud “este gran asunto pendiente de nuestra sociedad”, finalmente se aprobaría. Repite la verdad de que la salud es determinante para nuestra futura prosperidad, pero también me recuerda que “se trata de algo más que de cosas materiales”. “Lo que estamos haciendo”, escribió, “es por encima de todo una cuestión moral, y lo que está en juego no son sólo los detalles de la política, sino los principios fundamentales de justicia social y del carácter de nuestro país”.

He pensado en esa frase en los últimos días. Una de las cosas únicas y maravillosas de los Estados Unidos ha sido nuestra confianza en nosotros mismos, nuestro individualismo, nuestra defensa feroz de la libertad y nuestro sano escepticismo. Y averiguar el tamaño adecuado y el papel del gobierno ha sido siempre una fuente de debate riguroso y, a veces enojado.

Para algunos de los críticos de Ted Kennedy, su liberalismo representa una afrenta a la libertad americana. En su mente, su pasión por un sistema universal de salud no era más que una pasión por un gran gobierno. Pero los que conocimos a Teddy y trabajamos con él, sabemos que le guiaba algo más. Su amigo, Orrin Hatch, lo sabe. Ellos trabajaron juntos para proporcionar a los niños con el seguro de salud. Su amigo John McCain lo sabe. Trabajaron juntos en un proyecto de ley de Derechos del Paciente. Su amigo Chuck Grassley lo sabe. Trabajaron juntos para proporcionar asistencia sanitaria a los niños con discapacidades.

En temas como estos, la pasión de Ted Kennedy no nacía de una ideología rígida, sino de su propia experiencia. Fue la experiencia de tener a dos niños enfermos de cáncer. Nunca olvidó el terror y la impotencia que cualquier padre siente cuando un niño está muy enfermo, y fue capaz de imaginar lo que debe ser para padres que no tenían seguro, lo que es tener que decir a una mujer, o a un niño o un padre que está envejeciendo, que hay algo que podría mejorarlos, pero simplemente no pueden permitírselo.
Esa preocupación y consideración por el sufrimiento de los demás no es un sentimiento partidista. No es ni republicano ni demócrata. Es, también, parte del carácter americano. Nuestra capacidad para ponernos en el lugar de otras personas. El reconocimiento de que todos estamos juntos, que cuando la fortuna se vuelve contra uno de nosotros, otros están ahí para echar una mano. La creencia de que en este país, el trabajo duro y la responsabilidad deben ser favorecidos con alguna medida de seguridad y juego limpio, y el reconocimiento de que a veces el gobierno tiene que intervenir para ayudar a cumplir esa promesa.

Esta ha sido la historia de nuestro progreso. En 1933, cuando más de la mitad de nuestras personas mayores no podían mantenerse por sí mismas y millones de ellas habían visto desaparecer sus ahorros, hubo quienes sostuvieron que la Seguridad Social conduciría al socialismo. Pero los hombres y mujeres del Congreso se mantuvieron firmes, y ahora todos se lo agradecemos. En 1965, cuando algunos sostenían que Medicare representaba que el gobierno tomaba por asalto la atención de la salud, los miembros del Congreso, demócratas y republicanos, no dieron marcha atrás, sino que se unieron para que todos pudiéramos entrar en nuestros años dorados con un mínimo de tranquilidad.

Nuestros predecesores entendieron que el gobierno no puede ni debe resolver todos los problemas. Entendieron que en ciertos casos lo que se gana en seguridad con la acción del gobierno no merece lo que se pierde en libertad. Pero también entendieron que el peligro de demasiado gobierno se corresponde con los peligros de muy poco, que sin una política prudente los mercados pueden colapsarse, los monopolios pueden sofocar la competencia, y las personas vulnerables pueden ser explotadas. Y sabían que cualquier medida del gobierno, no importa lo bien hecha o beneficiosa que sea, puede ser objeto de desprecio; cuando cualquier esfuerzo por ayudar a las personas necesitadas es atacada como anti-americano; cuando los hechos y la razón son arrojados por la borda y sólo se considera sabia la timidez; y cuando ya no podemos ni siquiera participar en una conversación civil con los demás sobre cosas que verdaderamente importan, en ese punto no sólo perderemos nuestra capacidad de resolver los grandes retos. Perdemos algo esencial de nosotros mismos.

Lo que era verdad entonces lo sigue siendo hoy en día. Entiendo lo difícil que este debate ha sido. Sé que muchos en este país son profundamente escépticos acerca de que el gobierno esté velando por ellos. Entiendo que la decisión política más segura sería aplazar la reforma un año más, o una elección más, o un período más.

Pero eso no es lo que el momento requiere. Eso no es lo que vinimos a hacer aquí. No hemos venido a temer el futuro. Hemos venido aquí para darle forma. Sigo creyendo que se puede actuar, aun cuando es difícil. Todavía creo que se puede sustituir la acritud con la civilidad, y la parálisis por el progreso. Todavía creo que podemos hacer grandes cosas, y que aquí y ahora nos encontraremos con la prueba de la historia.

Porque somos quienes somos, y esa es nuestra vocación. Ese es nuestro carácter. ¡Gracias, Dios los bendiga y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América!

 
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Publicat per a 10 Setembre 2009 in Salut

 

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Barack Obama defiende ante el Congreso el plan de salud (II)

A medida que se conoce el impacto del discurso de Obama se conocen también las valoraciones populares y en los medios.  La popularidad del plan presentado, según la CNN, ha pasado de poco más del 50% a casi un 65% entre la población en general. Pero precisamente los más partidarios de Obama desde el principio, desde la gestación de la campaña del “Yes, we can”, son los más decepcionados con el discurso presidencial que siguió de este modo:

 

 

Si usted es uno de las decenas de millones de estadounidenses que actualmente no tienen seguro de salud, la segunda parte de este plan le ofrece finalmente opciones de  calidad y  asequibles. Si usted pierde su empleo o cambia de trabajo, usted tendrá cobertura. Si se establece por su cuenta, podrá tener cobertura. Crearemos un nuevo mercado de seguros donde los individuos y las pequeñas empresas podrán tener un seguro de salud a precios competitivos. Las compañías de seguros tendrán un incentivo para participar, ya que les permite competir por millones de nuevos clientes. Y como todos los grandes grupos. estos clientes tendrán una mayor influencia para negociar con las compañías de seguros para conseguir mejor precio y mayor calidad de cobertura. Así es  cómo las empresas grandes y los empleados públicos consiguen un seguro. Así es como todos en este Congreso disponemos de un  seguro. Y es hora de dar a cada estadounidense la misma oportunidad que nos hemos damos a nosotros mismos.

Para aquellas personas y pequeñas empresas que aún no pueden permitirse el menor precio de seguro ofrecidos en el intercambio, le proporcionaremos créditos fiscales en base a su necesidad. Y todas las empresas de seguros que deseen tener acceso a este nuevo mercado tendrá que cumplir las protección a los consumidores que ya he mencionado. Este proceso se llevará a cabo en cuatro años, lo que nos dará tiempo para hacerlo bien. Mientras tanto, para los estadounidenses que no pueden obtener un seguro a día de hoy porque no tienen condiciones médicas preexistentes, se le ofrecerá inmediatamente  cobertura a bajo costo que le protegerá de la ruina financiera si se enferma de gravedad. (…) Ahora bien, incluso si proporcionamos estas opciones asequibles, puede ser que personas jóvenes y sanas quieran asumir el riesgo de no tener cobertura.  Y todavía puede haber empresas que se niegan a hacer lo correcto por sus trabajadores. El problema es que esas conductas irresponsables cuestan dinero al resto de las personas. Si hay opciones asequibles y aún así  no se suscribe un seguro de salud, significa que los demás tenemos que pagar por las personas no aseguradas en situaciones de emergencia. Si algunas empresas no ofrecen los trabajadores de salud, el resto de nosotros tenemos que pagar la cuenta cuando los trabajadores enferman, y eso da a esas empresas una ventaja injusta sobre sus competidores. Y a menos que cada uno asuma la parte que le corresponde, no podrán lograrse la mayoría de las reformas que pretendemos, sobre todo exigir a las empresas de seguros que cubran las condiciones preexistentes.

Es por eso que con mi plan, todas las personas deben tener un seguro médico básico de  la misma manera que la mayoría de los estados requieren que un seguro de automóvil. Así,  las empresas tendrán que o bien ofrecer a sus trabajadores un seguro de salud, o tendrán que ayudar a cubrir el costo a sus trabajadores. Quedarán exentas las personas que aún no se puede permitir la cobertura y el 95% de todas las pequeñas empresas, debido a su tamaño y su margen de beneficios. Pero no podemos permitir que las grandes empresas y las personas que pueden permitirse la cobertura del sistema de juego, eludan su  responsabilidad  para con ellos mismos o sus empleados. Nuestro sistema de salud sólo puede funcionar si cada uno hace su parte. (…)

Muchas personas se han preocupado por las mentiras que  propagan aquellos cuyo único objetivo es matar a la reforma a cualquier costo. El mejor ejemplo es la afirmación hecha, no sólo por la radio y tertulias muestran cable, sino por  políticos eminentes,  de que tenemos la intención de crear grupos de burócratas con el poder de matar a la tercera edad. Esa acusación sería risible si no fuera tan cínica e irresponsable. Es una mentira, así de simple.

Hay también quienes afirman que nuestro esfuerzo de reforma asegurará los inmigrantes ilegales. Esto también es falso. Las  reformas que estoy proponiendo no se aplican a los que están aquí de manera ilegal. Y uno de los muchos malentendidos quiero aclarar es que bajo nuestro plan no se utilizará  dinero federal  para financiar abortos, y que las leyes federales sobre la objeción de conciencia se mantendrán en su lugar.

Mi propuesta de salud también ha sido atacada por algunos que se oponen a la reforma diciendo que el  “gobierno se queda” con todo el sistema de salud. Como prueba, los críticos señalan una disposición de nuestro plan que permite a los no asegurados y las pequeñas empresas elegir una opción de seguro público administrado por el gobierno como Medicaid o Medicare. Así que permítanme aclarar las cosas. Mi principio rector es, y siempre ha sido, que a los consumidores les va mejor cuando  hay elección y  competencia. Lamentablemente, en 34 estados, el 75% del mercado de seguros está controlado por cinco empresas o incluso menos. En Alabama, casi el 90% es controlado por una sola empresa. Sin competencia, el precio del seguro sube y la calidad baja. Y da muchas facilidades a las compañías de seguros para tratar mal a sus clientes y escoger a las personas más saludables y abandonar a las más enfermas, así como hacer pagar sobreprecio a las pequeñas empresas que carecen de poder negociador.
No tengo ningún interés en poner las compañías de seguros fuera del negocio. Proporcionan un servicio legítimo, y emplean a muchos amigos y vecinos. Sólo quiero que rindan cuentas. Las reforma que he mencionado haría exactamente eso. Pero un paso adicional que podemos tomar para asegurar la honestidad de las compañías de seguros es crear una opción pública, sin fines de lucro.  Permítanme dejar que sólo sería una opción para aquellos que no tienen seguro. Nadie estaría obligado a elegirla, y no afectaría a las personas que ya tienen seguro. De hecho, en base a estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, creemos que incluiría a menos del 5% de los estadounidenses. Pero aún así, a las compañías de seguros y a sus aliados no le gusta esta idea. Argumentan que las empresas privadas no pueden competir equitativamente con el gobierno. Y tienen razón, si los contribuyentes subsidian la opción de seguro público. Pero no  será así. He insistido en que, como cualquier compañía de seguros privada, la opción del seguro público tendría que ser autosuficiente y depender de las primas que cobra. Pero al evitar algunos de los gastos generales,  los excesivos gastos administrativos y los altos salarios de los ejecutivos, podría asegurar un buen trato a sus clientes y presionar a las aseguradoras privadas a mantener una política más abierta  y tratar mejor a sus clientes, de la misma manera que los colegios y universidades públicas brindan opciones adicionales y  competencia a los estudiantes sin que inhiban la existencia de un sistema muy vivo de colegios y universidades privadas.

Vale la pena señalar que una gran mayoría de los estadounidenses todavía está a favor de una opción pública como la que he propuesto esta noche. Pero su impacto no se debe exagerar por la izquierda, la derecha, o los medios de comunicación. Es sólo una parte de mi plan, y no debe ser utilizado como una excusa fácil para las batallas ideológicas habituales de Washington. A mis amigos progresistas, les recuerdo que durante décadas, la idea motriz de la reforma ha sido poner fin a abusos de las empresas de seguros y hacer que la cobertura sea asequible para los que carecen de la misma. La opción pública es sólo un medio para tal fin y debe permanecer abierta a otras ideas que lograr nuestro objetivo final. Y a mis amigos republicanos, les digo que en lugar de hacer afirmaciones disparatadas sobre el asalto del gobierno al sector de  la salud, debemos trabajar juntos para abordar las preocupaciones legítimas que puedan tener.

(…)

 
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Publicat per a 10 Setembre 2009 in Salut

 

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Barack Obama defiende ante el Congreso el plan de salud (I)

Barack Obama habló ayer ante el Congreso de los Estados Unidos sobre el proyecto de reforma de la atención en salud. Por su indudable importancia en el debate global sobre el tema, en “Punts de Vista” recogemos y traducimos en tres entradas consecutivas los principales argumentos esgrimidos.

Cuando hablé aquí el invierno pasado, esta nación se enfrentaba a la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Estábamos perdiendo un promedio de 700.000 empleos por mes. El crédito estaba congelado. Y nuestro sistema financiero estaba al borde del colapso. Como les dirá cualquier estadounidense que todavía está buscando trabajo o una manera de pagar sus cuentas,  no estamos en absoluto fuera de peligro. La recuperación total está a muchos meses de distancia. Y no voy a cejar hasta que los norteamericanos que buscan trabajo pueden encontrarlo, hasta que las empresas que buscan capitales y  crédito puedan prosperar, hasta que todos los propietarios responsables pueden permanecer en sus hogares. Ese es nuestro objetivo final. Pero gracias a las medidas audaces y decisivas que hemos tomado desde enero, puedo estar aquí con confianza y decir que hemos apartado a la economía del borde del abismo. (…)

Pero no hemos venido aquí sólo para hablar de  la crisis. Hemos venido a construir un futuro. Así que esta noche, vuelvo a hablar con todos ustedes sobre un tema que es central para ese futuro y esa es la cuestión de la atención de  salud.

Yo no soy el primer presidente en asumir esta causa, pero estoy decidido a ser el último. Ahora hace casi un siglo que Theodore Roosevelt intentó  reformar el sistema de salud. Y desde entonces, casi todos los presidentes y el Congreso, ya sea demócrata o republicano, han intentado abordar  este desafío de alguna manera. John Dingell Sr., en 1943, presentó un proyecto de ley para la reforma integral de  la salud. Sesenta y cinco años más tarde, su hijo sigue presentando ese mismo proyecto de ley al comienzo de cada período de sesiones.

Nuestra incapacidad colectiva para hacer frente a este reto año tras año, década tras década, nos ha llevado a un punto de ruptura. Todo el mundo entiende las dificultades extraordinarias que tienen las personas no aseguradas, las que viven cada día sólo a un paso de la quiebra por accidente o enfermedad. No se trata de personas acogidas a los servicios de bienestar. Se trata de  estadounidenses de clase media. Algunos no pueden obtener seguro en el trabajo. Otros son trabajadores por cuenta propia, y no pueden permitirse un seguro porque le cuesta  tres veces más que la cobertura que recibe de su empleador. Y a muchos otros americanos que están dispuestos y pueden pagar se les sigue negando a causa de enfermedades previas o de condiciones que las compañías de seguros deciden que cubrirlas suponen  demasiado riesgo o coste.

Somos la única democracia avanzada en la Tierra, la única nación rica que permite que millones de sus habitantes sufran todas estas dificultades.  En la actualidad hay más de 30 millones de ciudadanos estadounidenses que no pueden obtener cobertura. En sólo dos años, uno de cada tres norteamericanos se ha quedado sin cobertura de salud  en algún momento. Y cada día, 14.000 estadounidenses pierden su cobertura. En otras palabras, le puede pasar a cualquiera.

Pero el problema del sistema de atención de  salud no es sólo un problema de  los no asegurados. Los que carecen de seguro nunca han tenido menos seguridad ni estabilidad. Más y más americanos se preocupan porque si pierden su trabajo, o cambian de trabajo, perderán también su seguro de salud. Cada vez más estadounidenses pagan sus primas, sólo para descubrir cuando enferman que su compañía de seguros ha reducido su cobertura, o no quiere pagar el costo total de la atención. Sucede todos los días.

Un hombre de Illinois perdió su cobertura en medio de la quimioterapia debido a que su asegurador descubrió que no había informado de unos cálculos biliares que ni siquiera sabía que tenía. Se demoró su tratamiento, y murió. Otra mujer de Texas estaba a punto de conseguir una doble mastectomía cuando su compañía de seguros canceló su póliza porque se le olvidó declarar que había tenido acné. Cuando ha podido recuperar su seguro, el cáncer de mama en más del doble de tamaño. Estos casos son descorazonadores, son un error, y nadie debe ser tratado de esa manera en los Estados Unidos de América.

Luego está el problema del aumento de los costos. Gastamos  una vez y media  más por persona en salud que cualquier otro país, pero no estamos más saludables. Esta es una de las razones por las que las primas de seguros han aumentado tres veces más rápido que los salarios. Es por eso que muchos pequeños empresarios están obligando a sus empleados a pagar más por el seguro, o están disminuyendo su cobertura o la suprimen. Es por eso que muchos aspirantes a empresarios no pueden permitirse el lujo de abrir un negocio, y por qué las empresas estadounidenses que compiten a nivel internacional como los fabricantes de automóviles están en una desventaja enorme. Y es por eso que los que tenemos un seguro de salud también estamos pagando un impuesto oculto y creciente para aquellos que no lo tienen- cerca de  1000 dólares anuales que se pagan por emergencias y las atenciones gratuitas.

Por último, nuestro sistema de atención de salud es una carga insostenible para los contribuyentes. Cuando los costos de salud crecen a ese ritmo, ejercen mayor presión sobre programas como Medicare y Medicaid. Si no hacemos nada para frenar la escalada de los precios, será mayor el gasto en Medicare y Medicaid que en el resto de programas del gobierno. En pocas palabras, nuestro problema de salud es nuestro problema de déficit. (…)

Hay personas de izquierda  que creen que la única manera de arreglar el sistema es a través de un sistema de pagador único como en Canadá, limitando fuertemente  el mercado de seguros privados y con cobertura universal desde el gobierno. A la derecha, hay quienes sostienen que se debe poner fin al sistema de seguros de empresa y dejar que cada persona compre un seguro de salud por su cuenta. (…)

Nuestros esfuerzos globales han sido apoyados por una coalición sin precedentes de médicos y enfermeras, hospitales, grupos de ancianos e incluso compañías farmacéuticas,  muchas de las cuales se oponían a la reforma en el pasado. Y hay un acuerdo en esta sala al 80% sobre lo que hay que hacer, que nos acerca más a la meta de la reforma de lo que hemos estado siempre.  Pero hemos visto también en estos últimos meses un espectáculo partidista que  sólo incrementa el desapego que muchos estadounidenses sienten hacia su gobierno. En lugar de un debate honesto, hemos visto tácticas de miedo. Algunos se muestran  inflexibles en campos ideológicos que no ofrecen ninguna esperanza de compromiso. Demasiados han utilizado la reforma como una oportunidad para anotar  puntos a corto plazo de tipo político, incluso a costa de privar al país de una oportunidad para resolver un reto a largo plazo. Y ha reinado la confusión sobre esta tormenta de acusaciones y réplicas.

Bueno, el tiempo de las disputas ha terminado. El tiempo de los juegos ha pasado. Ahora es momento para la acción. Ahora es cuando tenemos que aportar las mejores ideas de ambas partes, y mostrar al pueblo estadounidense que todavía podemos hacer lo que nos mandataron.  El plan que estoy anunciando hoy cumple tres objetivos básicos:

Proporciona más seguridad y estabilidad a los que tienen seguro de salud. Proporcionará cobertura a los que no la tienen. Y el crecimiento de los costes sanitarios será menor para nuestras familias, nuestras empresas y nuestro gobierno. (…) Éstos son los detalles que cada americano tiene que saber acerca de este plan:

En primer lugar, si se encuentran entre los cientos de millones de estadounidenses que ya tienen seguro de salud a través de su trabajo, Medicare, Medicaid, o el VA, nada en este plan requerirá que usted o su empresario cambien de  cobertura o de médico. Permítanme repetir esto: no hay nada en nuestro plan  que cambie lo que usted tiene.

Lo que este plan va a  hacer es que su seguro mejore en su beneficio. Bajo este plan, las compañías de seguros no podrán negarle cobertura a causa de una condición preexistente. Tan pronto como que yo firme este proyecto de ley, será ilegal que las compañías de seguros le nieguen cobertura cuando  enferme o cuando más lo necesite. Ya no podrán poner un  límite arbitrario a la cantidad de cobertura que usted puede recibir en un año determinado o toda una vida. Y vamos a poner un límite a cuánto pueden cobrar adicionales, porque en los Estados Unidos de América, nadie debería ir a la quiebra porque  enferma. Y las compañías de seguros deberán cubrir, sin costo adicional,  chequeos de rutina y cuidados preventivos, como mamografías y colonoscopias, porque no hay razón para  contraer enfermedades como el cáncer de mama o el cáncer de colon cuando se pueden prevenir. Eso tiene sentido, se ahorra dinero y salva vidas.

Eso es lo que los estadounidenses que tienen seguro de salud puede esperar de este plan – más seguridad y estabilidad. (…)

 
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Publicat per a 10 Setembre 2009 in Salut

 

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Edward Kennedy a Newsweek

“L’atenció en salut, per a qui pugui pagar-la” és segurament la frase que millor reflecteix la inhumanitat i irracionalitat d’un capitalisme en crisi total: social, econòmica, i sobre tot, de valors. En el compliment de la seva promesa d’un servei de salut universal, Barack Obama es manté ferm. Necessita, però, tenir l’opinió pública al seu favor per fer aprovar la reforma sanitària. I necessita de manera especial el seu propi partit, el Partit Demòcrata, massa influit pels lobbies partidaris de deixar les coses com estan: amb 45 milions de persones als EUiA sense cobertura mèdica, i amb grans negocis privats de la salut reservada a les persones amb assegurança o amb molts diners.  I en el seu partit es troba a faltar el suport del Senador Edward Kennedy que està lluitant per la seva vida. Per això és especialment important aquest article publicat al Newsweek sobre el que Edward Kennedy no dubta en qualificar</p

La causa de la meva vida

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“El 1964, estava volant amb diversos companys a la Convenció Demòcrata de Massachusetts, quan el nostre petit avió es va estavellar i es va encendre. El meu amic i col•lega en el Senat, Birch Bayh, va arriscar la seva vida per treure’m de les restes. El nostre pilot, Edwin Zimny, i el meu assistent administratiu, Ed Moss, no varen sobreviure. Amb les vèrtebres fetes pols, costelles trencades i un pulmó col•lapsat, vaig passar mesos a l’Hospital Baptista de Nova Anglaterra a Boston. (…) Sabia que l’atenció era cara, però jo no me n’havia de preocupar.

Ara faig front a un altre problema mèdic. L’any passat em van diagnosticar un tumor cerebral maligne. Cirurgians del Duke University Medical Center han eliminat part del tumor, i he rebut la radiació de protons a l’Hospital General de Massachusetts( …)Una vegada més, he gaudit de la millor atenció mèdica que els diners (i una bona pòlissa d’assegurança) pot comprar.

Però la qualitat de l’atenció no ha de dependre dels seus recursos financers, o del tipus de treball … Tots els nord-americans haurien de poder tenir el mateix tracte que als EUA tenen dret als senadors.

Aquesta és la causa de la meva vida. És una de les raons fonamentals que em va fer desafiar la meva malaltia el passat estiu per parlar en la convenció Demòcrata a Denver i donar suport a Barack Obama, sinó també per assegurar-se que, com he dit, “que anem a trencar el bloqueig i garantir que tots els nord-americans … tindran una atenció decent, la qualitat de l’atenció de la salut com un dret fonamental i no només un privilegi. ” Durant quatre dècades, he servit aquesta causa, des del Senat dels Estats Units a qualsevol part d’aquest país. Mai ha estat merament una qüestió de política, sinó que va al cor de la meva creença en una societat justa. Ara la qüestió té més sentit per a mi -i més urgència que mai. Però sempre ha estat molt personal, perquè la importància de l’atenció de la salut ha estat una lliçó en la major part dels meus 77 anys.

Res del que estic suportant ara es pot comparar a que veure els meus fills greument malalts. El 1973, quan es lluitava en el Senat per a la cobertura universal, ens assabentem que als seus 12 anys, el meu fill Teddy tenia càncer d’ossos. Van haver d’amputar la cama dreta per sobre del genoll. L’informe patològic va revelar que, tot i així, hi havia poques opcions per evitar que es seguissin propagant. La seva millor oportunitat de supervivència era un assaig clínic que incloïa dosis massives de quimioteràpia. Cada tres setmanes, a l’Hospital Infantil de Boston, rebia un tractament de sis hores. (…)

Durant les moltes hores a l’hospital, vaig arribar a conèixer a altres pares de nens afectats per la mateixa malaltia mortal. Tots esperàvem que el nostre fill pogués salvar la vida amb aquest tractament experimental. En formar part d’un assaig clínic, cap de nosaltres va pagar. L’experiment va ser declarat un èxit i va concloure abans que alguns pacients acabessin els seus tractaments. Això significava que les famílies havien de tenir una assegurança que cobrís la resta o l’havien de pagar de la seva butxaca. La nostra família tenia els recursos necessaris, així com una excel•lent cobertura. Però altres pares completament desfets preguntaven als metges: Quines possibilitats té el meu fill si només puc pagar la meitat del tractaments? O dos terços? He venut tot. He hipotecat tot el que podia hipotecar…
Cap pare que ha de patir aquest turment. No en aquest país. No en el país més ric del món…

Tot l’article, en anglès, a Newsweek

 
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Publicat per a 24 Juliol 2009 in Salut

 

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