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Arxiu d'etiquetes: derechos de las mujeres

Cruzada fundamentalista: insulto a la democracia

Protesta europea contra la cruzada anti-aborto de la derecha española

 
 
Continua Dempeus per la Salut Pública informando sobre las reacciones a la reforma de la ley del aborto propuesta por el PP en la prensa internacional. L’Humanité recoge una entrevista hecha por Cathy Ceïbe a Àngels Martínez Castells, que traducimos a continuación.
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Londres dice ‘no’ a la nueva ley del aborto del Estado español

Cada día se suceden en toda Europa manifestaciones en contra del proyecto Ruiz-Gallardón que pone en cuestión el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo (aborto).  Para el 1 de febrero está prevista una gran manifestación en Madrid.

Al declarar la guerra a los derechos de las mujeres, el gobierno español del Partido Popular (PP) no tenía ni idea de que iba a levantar una onda incluso en las filas conservadoras. Desde la presentación, el 20 de diciembre de 2013, del proyecto de reforma de la ley del aborto por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, las manifestaciones se suceden en España. “Libres para decidir“, reclaman estas movilizaciones. Es revelador: las manifestaciones contra la puesta en cuestión del derecho al aborto en España se llevan a cabo todos los días en Europa, principalmente en las grandes ciudades francesas. Una Manifestación europea tendrá lugar el 1 de febrero en Madrid, donde convergirán los trenes de la libertad organizados por grupos de mujeres y feministas españolas en diferentes regiones del territorio. Asociaciones, partidos políticos y organizaciones europeas entre las cuales la Planificación familiar francesa tomarán parte en la marcha.

Uno de los proyectos de ley más regresivos de Europa

Este proyecto de ley es una vergüenza, un terrible asalto contra los derechos de las mujeres. Sólo la curia católica masculina está acuerdo con esta ley. Estoy indignada por tanta estupidez que busca negar derechos despreciando los valores fundamentales. Esta ley es un contrasentido“, manifiesta Angels Martínez, experta en economía, feminista y miembro de la plataforma catalanaDempeus per la salut pública. Mientras el país se debate en un marasmo socio-económico sin nombre, el ejecutivo ¿busca desviar la atención librando un combate retrógrado a los ojos de la mayoría de los españoles? Sólo los fundamentalistas están en su elemento. El proyecto de ley anti- aborto es de hecho considerado como uno de los más regresivos de Europa.

Este texto invoca la ” protección de la vida del feto”, es decir, del no nacido, en detrimento de las mujeres y su derecho a disponer de su cuerpo. Desde 2010, la ley hecha por el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero permitió  las españolas abortar durante las primeras catorce semanas de embarazo. Las menores también podían optar por el aborto sin autorización paterna. Esta legislación había puesto fin a las restricciones de otra época. Es por tanto una batalla de retaguardia que libra la derecha, con ganas de restringir el uso del aborto a dos circunstancias: la de una violación o la de una amenaza grave para la vida o la salud física y psicológica de la madre. La derecha tiene como objetivo incluso prohibir el aborto en casos de malformación del feto.

El retroceso de civilización es tal que incluso en el campo conservador se escuchan voces disidentes. “Esta legislación es una concesión a los sectores más reaccionarios del partido y de la iglesia, como siempre, desprecian y pisotean a las mujeres y sus derechos. El fundamentalismo es un insulto a la democracia en nuestro país y también en toda Europa “, continúa diciendo Àngels Martinez. La encuesta de Metroscopia publicada el domingo en el diario El País ha tenido el efecto de una bomba. Su cruzada contra el aborto está debilitando a los conservadores porque por segunda vez desde las elecciones generales de 2011, el PP pasaría detrás del Partido Socialista Obrero Español (PSOE ) según la intención de voto. Un promedio del 80 % de los encuestados rechazan este regresivo proyecto de ley. El 78 % cree que no era necesario y el 75 % cree que no se corresponde a ninguna demanda social. Entre los electores del PP, considerados por tanto conservadores y tradicionalistas, el 57 % cree que este proyecto de ley no debería haber nacido. Son casi el 68 % quienes consideran que una mujer embarazada debe tener la libertad de decidir si continuar o no su embarazo. Una bofetada para Alberto Ruiz- Gallardón, que sostiene sin pestañear que su reforma es un avance “para la libertad de las mujeres.”

El debate español se ha impuesto en la agenda del Parlamento Europeo a iniciativa de los diputados de la Izquierda, de los socialdemócratas y de los Verdes. Quedan los hechos: la Unión Europea , que impone la hoja de ruta económica para los Estados miembros, rechazó, hace más de un mes, la propuesta de la socialista portuguesa Edite Estrela, que pedía la generalización del derecho al aborto. El fundamentalismo y el sexismo se conjugan para lo peor. No sólo en España.

Fuente : L’Humanité

Traducción de Elena Álvarez para Dempeus.

 

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Gallardón desafía a la OMS y legisla contra las mujeres

aborto seguroNos han transportado, sin quererlo, a tiempos de Cruzadas contra infieles, a una Edad Media que se cree especialmente fría porque las supersticiones y los prejuicios no dejaban alumbrar ni la ciencia ni la razón. Nos quieren persuadir que la vida es cruel, porque es manifiesta la crueldad de quienes nos gobiernan. Los ministros del PP, con Gallardón en cabeza y Rajoy sin identificar por Bruselas, se mostraron ayer de nuevo insensibles a los incrementos de enfermedades mentales, a la menor esperanza de vida registrada, a las mayores tasas de suicidio, y fueron con saña a por las mujeres embarazadas que reclaman el derecho a su propio cuerpo: fingiendo horror por lo que dicen es sacrilegio (en quienes no son sus hijas ni pertenecen a su familia), guiñan un ojo a su electorado más reaccionario mientras escupen sobre las mujeres. En un gesto especialmente cruel porque es gratuito, Gallardón promueve una ley machista, clasista y que en si misma es violencia de género. Una ley, además, que atenta contra la salud pública.

Publico nos recuerda que según advertencias hechas por la Organización Mundial de la Salud, el aborto inseguro es una de las cuatro causas principales de mortalidad y morbilidad materna. En la guía para “Aborto sin riesgos” podemos leer:

“Las causas de las muertes maternas son múltiples. Las mujeres mueren como consecuencia de complicaciones del trabajo de parto y del parto que no son reconocidas o que son tratadas inadecuadamente. Mueren de enfermedades tal como la malaria, que se agravan durante el embarazo. Mueren porque algunas complicaciones se desarrollan en etapas tempranas del embarazo, a veces aun antes de que la mujer se entere de su embarazo, como por ejemplo en el caso de un embarazo ectópico, y mueren porque buscan interrumpir embarazos no deseados, pero carecen de acceso a los servicios apropiados. (…) A pesar del notable aumento de uso de anticoncepción en las últimas tres décadas, se estima que 40-50 millones de abortos ocurren anualmente, cerca de la mitad en circunstancias inseguras. Globalmente, alrededor del 13% de todas las muertes maternas se deben a complicaciones de abortos inseguros.” Y más adelante añade: “Casi todas las muertes por el aborto inseguro ocurren en países donde el aborto está rigurosamente prohibido por la ley. Cada año, aproximadamente 47.000 mujeres mueren debido a complicaciones del aborto inseguro”

Pues bien, Alberto Ruiz-Gallardón, el ministro de Justicia de este Gobierno que ya se ha convertido en una camarilla indeseable de sospechosos habituales, hace caso omiso de las recomendaciones de la OMS. ¿Por qué debería ser más respetuoso con la salud publica que su compañera de Gabinete, Ana Mato, alias “la ciega del Jaguar”? Ambos se han dejado envolver en los cantos gregorianos de la Conferencia Episcopal y los Foros de los No-dos para restringir la ley del aborto a términos que devuelven a las mujeres a hace más de 30 años. Y aunque ya sé que la responsabilidad fóbica es de Gallardón que en versión desplegable es un meapilas misógino, no puedo por menos que considerar a Ana Mato (que a fin de cuentas cobra por hacer ver que ejerce de Ministra de Sanidad) su cómplice necesaria.

Puede que Gallardón aún se arrepienta de haber incluido el supuesto de violación, (hasta las 12 semanas de gestación), puesto que ya algún cafre ordenado afirma que no se puede concebir si la violación no es consentida, pero bien que se ha ocupado de inventar obstáculos para el supuesto de riesgo de salud física o psicológica de la madre, donde se incluye la malformación fetal siempre y cuando el embrión sea inviable y ello pueda suponer trastornos psicológicos para la gestante. Y todo ello con “consentimiento informado” y permiso paterno si se trata de una menor, y con la opinión de dos equipos médicos diferentes de los que (si se supera la carrera de obstáculos al ejercicio de los derechos de las mujeres) lleguen a practicar la interrupción del embarazo (de preferencia, en la sanidad privada).

“Las políticas deben orientarse a respetar, proteger y cumplir los derechos de las mujeres para alcanzar resultados de salud positivos”, sigue diciendo la OMS. Pero Gallardón y Ana Mato desprecian (en nombre del PP) al común de las mujeres. Quieren obligarnos a parir con dolor, a vivir en la precariedad cuidando de todas las personas dependientes a los que ellos abandonan sin ayudas, sin atención sanitaria en muchos casos, y a morir en una dolorosa agonía. Para su casta de intocables se reservan el derecho a burlar todas las leyes, a gozar de todos los privilegios conseguidos a base de intentar desposeer de dignidad al resto de los mortales. Suena especialmente irónico, cuando se tienen que sufrir día a día los atentados a la razón de esta cuadrilla del PP, que la OMS insista en que “Se requiere un entorno regulatorio y político propicio para garantizar que cada mujer tenga un acceso sencillo a servicios de aborto de buena calidad. Las políticas deben orientarse a respetar, proteger y cumplir los derechos humanos de las mujeres para alcanzar resultados de salud positivos”.

La OMS alerta sobre todas las tácticas dilatorias cuando una mujer ha decidido abortar (pero Gallardón se inventa multiplicar los informes dilatorios previos). La OMS reconoce que no es saludable para la mujer, en muchos casos, tener que pasar por la verguenza de reconocer que ha sido violada para poder abortar. Pero Gallardón insiste en humillarla para demostrarlo. Y Gallardón y Mato saben perfectamente que obligan a llevar a término el embarazo de un feto con malformaciones que después será abandonado a su suerte, sin ninguna atención especial por parte de las autoridades incompetentes.

Vuelven los tiempos de los abortos clandestinos, de los viajes al extranjero (si se puede) para abortar, de que la sensación de pecado y culpa impida vivir, amar, sonreir y sentirse libres. Este Gobierno del PP no nos condena sólo a la precariedad laboral, a contar cada céntimo de euro, a escoger entre comer o medicarnos, a andar por las casas (si aún pueden pagarse) casi a oscuras y ateridas de frío… este Gobierno del PP quiere acabar con nuestrros derechos, nuestra dignidad y que nos podamos despertar cada mañana con una sonrisa. Si ellos no disfrutan de la vida (basta ver la cara de Fernández Díaz o de Soraya Sáez de Santamaría para entenderlo) nadie pueda sentirse feliz por estar vivo. Y en esta cacería a la felicidad, como siempre, los niños y las mujeres, primero.

Gallardón tiene que ser consciente que ni las mujeres (ya muy al límite) ni la ciudadanía responsable, aceptarán esa contrarreforma del aborto. Como gritaban ayer por las calles de toda España: “Recuerda que somos las nietas de las brujas que nunca pudiste quemar”.

 
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Publicat per a 21 Desembre 2013 in Gènere

 

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Una denuncia perdurable del machismo

Conviene y aún sorprende que de vez en cuando se encuentren denuncias de autoría masculina del machismo –desde el cotidiano al violento– como la que nos ofrece el amigo Joaquín Chipola en su blog de arte, un blog que siempre vale la pena visitar.

Sólo les ofrezco unas pocas notas a modo de incitación para que vean la entrada completa en su blog. Pero quería decirles que he descubierto un retrato del machismo que no ha perdido fuerza después de tantos años, y lo que todavía es más importante, una pintora excepcional (ignorada e invisible -por el hecho de ser mujer, que no por la calidad de su arte- para una inmensa mayoría de personas entre las que me incluyo). Vale la pena conocer no sólo la obra sino también la vida de Artemisia Gentileschi, ya que en su tiempo fue (y sigue siendo, por desgracia, todavía) un ejemplo de respeto propio, valentía y denuncia. Mujeres así deben ser conocidas y reconocidas, y agradezco sinceramente a Joaquín Chipola que me permita compartir su entrada.

El relato parte de este detalle que reproduzco:

susana-y-los-viejos.jpg

y que se trata de un tema muy presente en la historia de la pinturaSusana acosada por los viejos libidinosos. Pero estoy de acuerdo con Joaquín con que  nunca estuvo tan bien reflejado como en este caso en el que la artista es esa mujer extraordinaria, ARTEMISIA GENTILESCHI, 1593/1653.

No quiero desvelar aquí –si no lo saben ya– por qué esta pintura expresa un desagrado tan profundo y visceral que nos llega perfectamente pese al paso de los siglos y nos interpela con tanta fuerza… Vale la pena que viajen al blog original para conocer el desarrollo y el final de la historia.  Sigan leyendo en Chipola, y estoy segura de que lo agradecerán.

 
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Publicat per a 18 Juliol 2010 in Gènere

 

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Mujeres de Afganistán (y II)

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Cuando Zeinab se vertió encima gasolina y encendió un fósforo, sintió cómo si se tratara de la única decisión que había tomado jamás por sí misma. Nacida en una familia pobre pashtún en el oeste de Afganistán, Zeinab nunca aprendió a leer ni a escribir. Se casó a los 16 años, a instancias de su familia. Los abusos de su marido eran cada vez más frecuentes y díficiles de soportar, pero Zeinab no tenía idea de que era posible para buscar ayuda. Sólo se enteró más tarde, cuando los médicos y enfermeras luchaban para salvar su vida en el único centro dedicado de quemados del país, en el Hospital Regional de Herat.

“Es como si…” -y Zeinab hace un gesto con la mano vendada, como buscando a tientas las palabras- “es como si yo no supiera que había un mundo fuera de mi casa. Pero lo que he aprendido en estos últimos tres meses, desde que me ingresaron en el hospital, es más de lo que había aprendido en toda mi vida. “

La mayor preocupación de Zeinab son sus hijos: uno de 4 años y una hija de 2 años. A no ser que regrese a su hogar, probablemente los perderá. “Cuando mi hija me mira y ve mis cicatrices, tiene miedo”, dijo. “Eso es lo más duro de todo lo que me pasa.”

Para muchas mujeres afganas, hechos que en Occidente también representa un duro golpe pero que tarde o temprano se superan – una mutilación, una enfermedad grave, la pérdida del cónyuge – puede abocar en Afganistán a una pobreza de la que ya no puede salirse. Muchos de las personas que mendigan en las calles de Kabul son mujeres en burka, que desafían el tráfico como fantasmas vestidos de color azul.

“No puedo decirte cuán terrible era mi vida en las calles”, cuenta Qamargul, de 40 años, cuyo marido la obligó a mendigar cuando se supo que era infértil. Tomó otra esposa más joven y no le permitían entrar a dormir si no entregaba cada día las escasas monedas que le habían dado. Si no tenía nada, la obligaban a dormir fuera, hiciera calor o frío.

Una fundación occidental pudo rescatar a Qamargul después que una salvaje paliza de su marido la llevara al hospital. Ahora está aprendiendo un oficio y espera poder vivir de forma independiente. Pero su petición de divorcio no prospera en un sistema jurídico que sigue considerando que poner fin a un matrimonio sigue siendo prerrogativa del hombre. En una vista reciente, el juez, exasperado, le preguntó: “¿Por qué no hace simplemente lo que debe hacer, y vuelve a casa a su marido?”

En Afganistán, como en cualquier lugar, hay muchos matrimonios felices. Pero para las mujeres menos afortunadas, el contrato de matrimonio se utiliza como medio de dominación. Se obliga a contraer matrimonio a niñas de 8 años. La violación y la violencia en el hogar son endémicas. La venta o intercambio de mujeres y niñas son una práctica rutinaria para cumplir con las obligaciones del clan, una práctica que es técnicamente ilegal, pero ampliamente tolerada.

“Le pregunté a mi padre: ¿Por qué me vendes?” nos dice Obeida, de 13 años que fue vendida cuando tenía 8, y se convirtió en criada de quien la compró, a la espera de poder ser vendida más tarde como “novia”.

“Lloraba todo el tiempo y llamaba a mi madre”, nos dice. Pero su hermana mayor, Maryam, que fue vendida a los 11 años, logró alertar a las autoridades antes de que Obeida fuera obligada, como Maryam, a casarse con un hombre mayor. Obeida vive ahora en Kabul y por primera vez en su vida va a la escuela.

La vi una mañana, hace poco. Iba vestida con su uniforme escolar, y sus ojos brillaban con ilusión. “Siento que mi vida ha comenzado de nuevo”, me dijo.

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Nazira, la alumna de Kabul, dice que no puede imaginar una vida sin poder estudiar. (…) La directora de la escuela, Arifa Jalal, explica cómo funcionaba su escuela en la clandestinidad, durante el régimen talibán. Cuando los militares llamaban a la puerta, tenía que explicar la presencia de las niñas en su salón, e inventaba una relación familiar con cada una.

Ahora, el mayor problema, nos explica, es la falta de financiación, junto con la enorme demanda. Incluso aquí en la capital, la escuela no tiene agua corriente. Las chicas tienen que traerse botellas de agua. Y la escuela está tan llena que deben estudiar por turnos. “Pero sé que vamos a enviar a muchas chicas a la universidad”, dijo Jalal.

Jalal sabe que ella y sus estudiantes tienen suerte por la relativa seguridad que disfrutan en Kabul. En algunas zonas rurales donde quienes mandan son los insurgentes, las escuelas de niñas son habitualmente quemadas y bombardeadas, y se aterroriza a las profesoras y alumnas.

Nazira tiene compañeras a las que sus padres prohibirán seguir yendo a clase una vez que lleguen a la pubertad, argumentando que están en peligro cuando salen de casa, aunque sea para ir andando hasta la escuela. Pero sus padres le han prometido que ella seguirá sus estudios porque creen que los libros son como un pasaporte en esta vida.

Estos son los éxitos de la era post-talibán: Las mujeres jóvenes llenan las aulas universitarias. Las mujeres tomen parte en el gobierno. Mujeres dan las noticias en la televisión, desafiando las amenazas. Las mujeres han demostrado ser buenas empresarias, y han impulsado el sector de la pequeña empresa. Por ejemplo, Homaira tiene un salón de belleza en el centro de Kabul donde las mujeres ya podían cortarse el pelo en secreto bajo los talibanes, y no lo hacía sólo como un medio de vida, sino también como un gesto de desafío. “Tengo buenas manos y estoy orgullosa de no tener que depender de nadie”, dijo. “Pero, para mis hijas, quiero más”.

Los apoyos para que las mujeres avances vienen a veces de sectores inesperados. En un distrito rural en las afuerar de Kabul, un granjero llamado Haji Qudbuddin tiene 10 hijas. Dos se han casado y se han ido de casa, pero todas las demás están en la escuela. Y él quiere que se casen con quien les plazca cuando sean mayores.

Qudbuddin, que es el malik, o jefe, de un grupo de 10 aldeas, dijo que llegó a opinar de este modo después de aprender a leer y escribir, algo que no sucedió hasta después de que que pasara su juventud luchando primero contra los soviéticos y después contra los talibanes. “Las mujeres tienen derechos”, nos dice. “Pero hasta que me eduqué, no lo sabía”.

Mina es una modelo delgada, de 18 años, vestida con pantalones vaqueros ajustados y una chaqueta de corte asimétrico. Su hermana mayor, Nasreen, está a punto de casarse con un hombre que es un virtual desconocido para ella, y se irá a vivir al extranjero. Y cree que también ella puede labrarse su propio destino.

“Mi vida está en mis manos”, dice. “Voy a ir a la escuela, voy a trabajar … pero tal vez tenga que salir de Afganistán para conseguirlo.”

Leila, de 41 años de edad, empleada del Gobierno, viste una falda larga vaquera, y nos dice. “Necesito que mi marido me dé permiso para ir a cualquier parte, incluso para venir a trabajar”, aunque cuando mira hacia atrás, a los años de prisión en su casa bajo el régimen talibán, poder salir le parece una especie de milagro.

“Y espero más libertad todavía”, dice. “Y con sólo desearlo, ya me siento un poco más libre”.

El original, en inglés, de Laura King, se publicó en Los Angeles Times y lo hemos visto en Truthout

Ver también, sobre este tema: Karzai mercadea los derechos de la mujer a cambio de votos chiitas, en Amanece que no es poco

y en Kabila ¿Qué hacemos defendiendo este miserable gobierno?

Y en este mismo bloc: Mujeres de Afganistán (I) y Y se argumenta que con la intervención…

 
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Publicat per a 16 Agost 2009 in Gènere, Pau

 

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Mujeres de Afganistán (I)

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“Somos como pájaros que han salido de la jaula, pero con nuestras alas aún recortadas”, nos dijo una estudiante de Kabul. Las mujeres disfrutan de una vida mucho mejor que con los talibanes, pero todavía se enfrentan a limitaciones de otros tiempos

Zeinab, de 22 años, creyó que sólo con la muerte podría huir de las despiadadas palizas de su marido. Así que ella misma se prendió fuego, y aunque sobrevivió, un tercio de su cuerpo está cubierto por ampollas y cicatrices. Quedará desfigurada y, a menos que regrese con un marido que abusa de ella, perderá probablemente a sus dos hijos.

El aula donde estudia Nazira, de 12 años, es una tienda sofocante, y su escritorio un tapete de plástico en el suelo. Pero sus maestros dicen que es uno de sus alumnas más brillantes, y animada por su madre y su padre, desea aprender todo lo que pueda. Sus ojos brillan cuando nos revela su ambición: ser médico.

Casi ocho años después de la caída del movimiento de los talibanes, las mujeres afganas viven en la cúspide del triunfo de la tragedia. La vida es mejor de lo que era bajo el régimen talibán, cuando se les prohibió salir de casa sin un pariente varón, se las pegaba por “infracciones” tales como reírse, se las privaba de escolarización y empleo, y tenían que cubrir siempre su rostro en público. Pero decenas de niñas y mujeres entrevistadas durante varios meses en hogares y mezquitas, en parques y en cárceles, en los mercados callejeros y en las aulas, transmiten la angustiosa sensación de que lo que se ha conseguido no es lo que habíamos esperado. Que después de todo este tiempo, de todo este esfuerzo, la vida debería ser diferente. Y mucho mejor.

“Es una especie de libertad, sí,” dijo una universitaria llamada Zarifa, que como otras mujeres entrevistadas no querían ver publicado su nombre completo. “Somos como pájaros que han salido de la jaula, pero a las que han cortado las alas.”

Los sueños frustrados de las mujeres afganas reflejan un sentimiento palpable de desilusión en un país todavía roto, a pesar de los miles de millones de dólares en ayuda internacional y de la larga campaña militar de la OTAN en Afganistán.

Muchos afganos de ambos sexos describen cómo el embriagador optimismo que sintieron con la caída del gobierno talibán en el 2001 se ha ido substituyendo por una creciente inquietud en los últimos tres años, como la reaparición de la insurgencia, el incremento de la la violencia y la corrupción, mientras que la reconstrucción del país avanza demasiado lentamente.

A pesar de que los ataques del 11 de setiembre sirvieron para justificar la invasión liderada por Estados Unidos, se hizo creer que con ella las mujeres afganas se verían liberadas de un reino medieval de crueldad. Y se utilizó la situación de las mujeres para dar una poderosa base moral para la guerra.

“Creo que, de alguna manera, Occidente pecó de ingenuo” dijo Manizha Naderi, una activista de los derechos de la mujer. “Se creyó que cuando los talibanes se hubieran ido todas íbamos a librarnos de nuestro burkas y celebrarlo. Pero no ha sido así.” Y Maniszha lo atribuye a las tradiciones culturales profundamente arraigadas que son anteriores a los talibanes y que persisten por la pobreza, el analfabetismo y la creciente inseguridad del día a día.

Cuanto más se deteriora la seguridad, mayor es el número de mujeres vulnerables“, afirmó Sima Samar, que dirige la Comisión Independiente de Derechos Humanos. “No me gusta para nada esa palabra: vulnerables. Pero ésa es la realidad “. Para muchas mujeres afganas, el sentimiento de privación es todavía mayor con las elecciones nacionales programadas para el jueves. Sólo dos mujeres son cabeza de lista cuando se presentan unas 40 formaciones políticas. Y aunque son muchas más las mujeres que optan a escaños en las asambleas provinciales, la intimidación es algo común. Algunas mujeres han recibido amenazas de muerte simplemente por atreverse a mostrar su cara en los carteles de la campaña electoral. Y casi nadie cree ya que las elecciones puedan representar ningún cambio a mejor en la suerte de las mujeres.

El Presidente Hamid Karzai, que se espera gane las elecciones incluso si se ve obligado a una segunda vuelta, ha hecho numerosas concesiones a los elementos religiosos más conservadores a cambio de su apoyo político. Así, ha escandalizado que aprobara una controvertida ley que tolera la violación en el matrimonio… aunque se ha comprometido a revisarla.

“En estas elecciones apenas se debaten los derechos de la mujer en esta elección, no son ninguna prioridad“, dijo Samar. “Ninguno de los principales candidatos habla valientemente sobre el tema, que ha quedado totalmente desdibujado.”

El original, en inglés, de Laura King, se publicó en Los Angeles Times y lo hemos visto en Truthout

Ver también, sobre este tema: Karzai mercadea los derechos de la mujer a cambio de votos chiitas, en Amanece que no es poco

y en Kabila ¿Qué hacemos defendiendo este miserable gobierno?

 
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Publicat per a 16 Agost 2009 in Gènere, Pau

 

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