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Gregorio Morán sobre Jordi Pujol: La insolencia del Padrino

La insolencia del Padrino, de Gregorio Morán en La Vanguardia, visto en Caffe Reggio el 4 octubre, 2014

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SABATINAS INTEMPESTIVAS

Casi todos se lo deben todo, porque, como muy bien expresó su señora, la Generalitat era su casa

Algún día alguien convertirá en un gran guión cinematográfico la comparecencia del exhonorable Jordi Pujol en el Parlamento. Primero un largo travelling en el coche oficial que le lleva; cara adusta y un desprecio que le sale por los poros. ¡Qué se habrán creído estos payos! Y ahí la superposición de imágenes de su poder omnímodo, de sus intervenciones parlamentarias sin réplica posible, de su humillación permanente a los plumillas sobre cuándo toca y cuándo no toca, y sobre todo la escena espectacular del balcón de la Generalitat, aquella tarde de mayo de 1985, cuando exonerado de una de las estafas más escandalosas de la historia bancaria de Catalunya, dijo con voz solemne, un tanto agrillada por la emoción: “A partir de ahora seremos nosotros los que hablemos de moral y de ética”. Y las masas embebidas ante el líder, como si se tratara de un documental de Leni Reifenstahl.

De ahí la secuencia empalma con la entrada en el Parlament donde sumisamente, como corresponde a un Padrino que va a encontrarse con un subalterno, la presidenta Núria de Gispert recibe al expresident en el umbral y le conduce a las salas altas. Le ha invitado a comer. No creo que haya precedentes en la historia parlamentaria de Europa que un político delincuente haya tenido el privilegio de compartir mesa y mantel con quien va a dirigir el debate. (A partir de ahora, cada vez que me cite un juez le pediré respetuosamente a su Señoría que tenga el detalle de invitarme a desayunar; al fin y al cabo yo siempre he pagado más impuestos que el exhonorable, y la justicia se sostiene de eso). ¡Qué gentil es la clase política catalana y qué encantadores son sus comentaristas!

El filme continúa. La intervención emotiva de por qué un buen hombre se ve obligado a estafar por el bien de sus herederos, y a su vez enseña a su hijo cómo en los tiempos oscuros es mejor robar a que te roben; una enseñanza que marcará el destino de este hombre providencial. Una pequeña herencia, entonces suculenta, testimonio más falso que un duro sevillano. Luego la pantalla va desgranando las intimidadas declaraciones, reflejando el respeto que les merece el Padrino, que apenas los mira. Casi todos se lo deben todo, porque, como muy bien expresó su señora, modelo de mujer y esposa, al decir de las masas, una Evita Perón con floristería: la Generalitat era su casa. Y la voz un tanto quebrada de los líderes de la oposición -eché a faltar la zapatilla del líder de la CUP que exhibió ante Rato, que en este caso yo hubiera sugerido una Chiruca de las de antes, pero le dijo algo conmovedor: le negaba un asiento en el inminente viaje a Ítaca-. Estupefacto debió quedar el exhonorable.

Y entonces llegó el gran momento de este actor de provincias, que no pronuncia bien pero que como la gente le tiene muy visto y muy oído, puede reconstruir las frases sin demasiado esfuerzo. Le salió bordada la insolencia al Padrino. “Yo no soy un corrupto”. Incluso salió Felipe González de avalista, ¡con el pedigrí que le garantiza! La casta se protege y los padrinos más; aunque la zona de tu influencia no sea la misma, compartes pasados y trampas y hasta cosas más gordas que la autocensura evita que se escriban. Bastaría con ese momento de la entrevista de Mónica Terribas a Artur Mas: “¿Está usted limpio, president?”. No hacía falta un detector de mentiras ante lo inseguro de la respuesta.

Pero sigamos con el filme. El Padrino de Catalunya, antiguo presidente, expresa una idea genial, un retrato de su personalidad: “Yo me he desnudado”. A inventarse una historia para tontos creyentes sobre una supuesta herencia antes de que le cayera la Hacienda, y la Policía, y los Tribunales; al taparrabos de sus vergüenzas lo llama “desnudarse”. Es toda una concepción del mundo. Fue entonces cuando pensé por primera vez que no estábamos ante el redentor de unas clases sociales complacientes con la Dictadura que él había redimido gracias a un panfleto que redactó pero que no tiró en el Palau, y por el que pasaría cárcel, en la que tuvo la fortuna de poder solicitar que fuera Zaragoza, cerca de casa, modesto privilegio que miles de antifranquistas no soñaron. En el texto se denunciaba al Caudillo de corruptor de la sociedad catalana, la lucha por la libertad aún no estaba del todo presente y menos en el Palau. Digo, que cuando escuché la insolencia del exhonorable President, pensé por primera vez en la posibilidad de que más que un redentor se tratara de un impostor. Aquí termina el filme y empieza la historia.

Cuando dio por terminada la sesión, que él mismo programó en día y hora, se evidenció que no tenía ganas de seguir representando aquella pantomima. Un Padrino no se somete a sus empleados políticos. Son subalternos y de eso se encargó ese tipo de aspecto definitorio que es Jordi Turull, un sacristán untuoso y servil como un personaje de Goldoni, que ayudó a la misa del Padrino, desdeñoso con aquella feligresía. Ni siquiera agotó el turno que le quedaba. No merecía la pena ni gastar saliva.

¿Y si Jordi Pujol Soley siempre hubiera sido un impostor? El hombre que salió de la cárcel para crear un Banco, no un Partido; cosa insólita en la historia de la humanidad. Un banco que quebró y fraudulentamente, y que gracias al respaldo de una parte de la sociedad catalana, logró envolverse en el patriotismo y la bandera para evitar la humillación de asumir una estafa de la que él salió beneficiado no sólo políticamente sino económicamente.

Dónde fueron a parar todas aquellas boberías sobre Mounier y Charles Péguy, a los que probablemente ni leyó ni le interesaron nunca un carajo. A mí llegó a decirme que lo último que había leído en su vida era a Mounier. Lo dudo. Liquidó todo lo que podía tener de integrador la Enciclopedia Catalana, llevó a Ediciones 62 al colapso, creó un periódico, El Observador, que merecería un estudio sobre la instrumentalización política a costa del erario. Consiguió el control de los medios de comunicación en Catalunya, absolutamente.

Todo lo que tocó en la cultura fue para domesticarla y luego comérsela. ¿A qué periodista, escritor, personaje de la cultura no invitó a charlar con el señuelo de haber escrito un artículo brillante, un libro agudo o una reflexión interesante? La vanidad profesional quedaba colmada porque uno encontraba su libro o su artículo encima de la mesa del exhonorable, convenientemente subrayado, a partir de lo cual se desarrollaba la más surrealista de las conversaciones: un monólogo del Padrino. No era sólo un manipulador sino un comprador de conciencias. ¿Qué político del PSUC o de lo que fuera, y que aceptara someterse, no conseguía un buen cargo como historiador o editor o comentarista? Vasallaje y discreción. Lo único importante era la Familia, como los Padrinos. ¿Qué puede hacer un hombre sin familia? Y en verdad que él alimentó de modo suculento a la suya. No fue un político corrupto, fue el jefe de los políticos corruptos.

En octubre de 1999, a punto de la última victoria casi pírrica del president Pujol que cerraría los 23 años de poder absoluto, el hombre que había logrado reintroducir el miedo en la sociedad catalana y en sus medios de comunicación, escribí un artículo que las circunstancias no consintieron su publicación. Ahí iban unos párrafos que ahora, con el derecho que me otorga el tiempo y la razón, convendría repetir: “La doblez pujoliana es uno de los hallazgos de la historia contemporánea de este país. Ha conseguido hacer de la doblez una moral. Entre el personaje real y el que la gente se quiere creer hay tal diferencia que el resultado es un producto genuino: él es él y su doblez”.

“Y esta doblez pujoliana, que es el privilegio mejor guardado del Olimpo, ha cimentado el denominado oasis catalán. En casi veinte años se ha creado un sindicato de intereses del tal envergadura, que al final se impone como moral social la propia doblez pujoliana: no somos como somos sino como creemos que somos”. El artículo, ¡ay!, se titulaba “Las trampas del redentor”.

 

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Al PP le sobra la ciudadanía

El magnífico artículo de Rosa María Artal sobre las mujeres del PP que les recomiendo leer sin demora, se complementa con las reflexiones de Kerman Calvo publicadas en InfoLibre y que reproduzco en parte para que se animen a leer todos sus argumentos. Dos trabajos fundamentales que ilustran la caverna que nos gobierna y toda la involución en derechos y civilización que nos quieren imponer. Quienes peor paradas salimos, como siempre, las mujeres, algunas tristemente retratadas en este papel tristísimo de aplaudidoras de un maltrato que atenta nuestra vida y dignidad. Pero algo tenemos que decir y oponer las otras mujeres, la inmensa mayoría, que tan duramente conseguimos escaparnos de la esfera privada de las “idénticas” para aguzar nuestros perfiles y nuestros derechos en la igualdad y la ciudadanía. ¡Que ningún Rajoy ni Gallardón de tres al cuarto, por más coros de la sección femenina revividos que los asistan, pueda vencernos!

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PP y El PP y la confusión entre privilegios y derechos

Parece que nos atascamos un poco en la comprensión de las políticas morales, esas que regulan las decisiones personales de la gente y sus estilos de vida, y que están ganando un nuevo protagonismo en la España de Rajoy. ¿Por qué se propone excluir precisamente a las mujeres lesbianas del sistema público de inseminación artificial en España, cuando el ahorro anticipado de esta media es bajísimo? O, también, ¿por qué no se aprueba una ley nacional de parejas de hecho? Y, desde luego: ¿Por qué se propone una radical transformación de la legislación en el tema del aborto? Nos cuesta a veces encontrar el sentido a estas políticas por la sospecha de su posible dependencia del proselitismo evangelizador de líderes e Iglesias; quizás el fanatismo lleve a los gobernantes a tomar decisiones irracionales desde el punto de vista de la lógica política convencional. Podría ser. No obstante, sería un error insistir demasiado en estas posibles peculiaridades.

Sin ir más lejos, los votos también cuentan aquí. No es descabellado pensar que la propuesta del ministro Gallardón, que criminaliza de nuevo el aborto al recuperar su categoría como comportamiento ilícito salvo si concurren determinadas circunstancias, busque contentar al ala más conservadora del electorado del PP (ese grupo formado en torno al millón de ciudadanos que, según diversas estimaciones, constituiría el núcleo más duro del apoyo electoral del PP).

Pero voy a ir más lejos. Veo en el caso concreto del Gobierno actual del PP, y su nueva agenda moral, no un ejemplo de la peculiaridad de las políticas morales, sino de lo contrario. Pienso que la política del aborto, pero también la gestión de la dependencia o los ajustes en la cartera de servicios sanitarios básicos, por poner solo unos ejemplos, son todos síntomas de una misma enfermedad: al PP le sobra la ciudadanía.

Esto es radicalmente nuevo. Sorprenda o no, lo cierto es que, hasta fechas muy recientes, el PP raramente se había presentado en España como un obstáculo para la extensión de los derechos de ciudadanía, al menos en el plano de las representaciones públicas; los derechos eran sagrados, la ciudadanía modernizaba y conectaba con Europa. Nunca faltaba ciudadanía.

Permítanme que precise: no estoy afirmando que el PP no haya buscado excusas en el pasado para retrasar la extensión de muchos derechos, particularmente en el terreno de la moral sexual. Muy al contrario, este partido político ha demostrado sobrada pericia precisamente en buscar excusas para forzar tales retrasos. Lo que sostengo es que, ahora, se empieza a negar la existencia misma de tales derechos, cuestionándose, por lo tanto, la futura posición de los reclamantes en el seno de la comunidad política a la que se aspira a participar.

¿En qué me baso? Pues en la transformación de la postura del PP ante las quejas de diversos grupos sociales que insistían en que determinados comportamientos (abortar, divorciarse, contraer matrimonio entre dos mujeres, inscribir al hijo concebido por gestación por sustitución, etc.) estaban íntimamente asociados a la dignidad de la persona; es decir, eran derechos. En radical oposición a la postura de otros partidos conservadores en países como Estados Unidos, Francia o Reino Unido, la respuesta del PP, hasta momentos muy recientes, nunca fue negar la existencia de tal derecho (a divorciarse libremente, a cambiar de sexo en la sanidad pública, a imponer unas cuotas equilibradas de género en las listas electorales).

La abstención / oposición descansaba siempre sobre un argumento técnico; el matrimonio entre personas del mismo sexo, no era malo: era técnicamente inconstitucional. La ley de Igualdad no era mala, era técnicamente deficiente. La ley de parejas de hecho no era mala, era presupuestariamente inabarcable. Se buscaban, por lo tanto, excusas, no razones.

Pero ha llegado la hora del cambio. Empleando las palabras de Carmen Quintanilla (PP), en la actualidad presidenta de la Comisión de Igualdad del Congreso, el Gobierno ve ya la necesidad de acabar con la “confusión entre derechos y privilegios”. Con otras palabras, parece que ha llegado la oportunidad de oponerse al reconocimiento de nuevos derechos como la mejor y única solución para determinados problemas. En el contexto actual, se afirma, se ha de distinguir entre lo que sí es irrenunciable en tanto que ciudadano y lo que, al parecer, no lo era (pero que se podía tolerar gracias a la bonanza económica y política).

El PP empieza a insistir en los límites de su modelo de ciudadanía, un modelo que jibariza la importancia de la extensión de derechos al supeditar tal medida a la evolución de otras variables, como la economía o las necesidades de “cohesión” del cuerpo social. Si uno presta atención a muchas declaraciones recientes, llega rápidamente a la conclusión de haber vivido “muy por encima de nuestras posibilidades”, también en el terreno de los derechos.

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Daniel Cirera: Reflexiones desde París

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Mi amigo Daniel Cirera, secretario general del consejo científico de la Fondation Gabriel Péri, me acaba de enviar estas reflexiones desde París que traduzco rápidamente (mientras la izquierda está pidiendo ahora mismo que se suspenda el debate de la reforma en el Senado):

Estimada Angels,
Acabo de leer tu blog. Este tipo de intervención (como la de Toni en la Ratera) es muy importante: ayuda con claridad y de forma simple a entender lo que sucede en Francia. Estamos construyendo un movimiento profundo y duradero.

El movimiento ha tenido que hacer frente desde el principio a dos retos estratégicos: ampliarse, hacer mayor el apoyo d ela opinión –lo cual no es contradictoria con la combatividad– y mantener la unión sindical. (En este sentido puede ser útil indicar que desde el principio del 2009 las movilizaciones se realizan en base a llamamientos unitarios de todas las organizaciones sindicales, de la CGT a la CGC (cadres) lo cual no tiene precedentes en Francia desde la IIGM.  Para ello es decisivo anclar la protesta en las realidades, lo más cerca posible de las preocupaciones de las personas asalariadas y de la población en general.

Se comprenden entonces los esfuerzos del poder y la derecha para desalentar, dividir, provocar. Y la insistencia de los titulares de los medios sobre “el hundimiento del movimiento”, “las fisuras en el frente sindical”… todos desmentidos por la realidad. Lo cual no significa que todo sea simple y mecánico. Con el bloqueo del poder y sus provocaciones hace falta imaginación mucha voluntad unitaria y una visión lo más clara posible sobre la evolución de la opinión y la correlación de fuerzas para acertar en las decisiones que se tomen.

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La entrada de los jóvenes en el movimiento ha marcado un punto de inflexión, como habeis observado. La participación de los jóvenes de los institutos ha agudizado la atención del público y de los medios (con una fuerte campaña de intimidación). El tono de desprecio hacia ellos ha tenido un efecto de rebote muy visible en los slogans que adoptan. Sorprende su madurez ante provocaciones violentas y la fuerza de sus argumentos. A los que les dicen que la cuestión de la jubilación no les concierne, responde que el gobierno repite que “es para ellos que se hace esta reforma”, y declaran que dentro de 30 o 40 años no quieren tener que trabajar hasta los 70 años, A los que les dicen que no tienen nada que hacer en la calle les responden que se puede ir a la ´carcel a partir de los 13 años (una ley promulgada por Sarkozy), que pueden crear una empresa con 16, y que no tienen derecho a votar hasta los 18. Hay que saber también que en Francia, en la actualidad, uno de cada dos estudiantes tiene que trabajar para pagar sus estudios (trabajos a horas, en precario, etc.) Ya no estamos en 1968.

les-femmes-etaient-nombreuses_mode_une.jpgEs importante insistir también en el momento decisivo que ha representado la entrada en la lucha de las mujeres a partir de sus propios problemas (carreras truncadas, precariedad, desigualdad salarial, discusión de los derechos de maternidad, etc,) Una de las características de las manifestaciones es la participación de estudiantes y la importante presencia de las mujeres jóvenes (asalariadas en su mayor parte). Este compromiso de las mujeres a partir de su situación concreta ha tenido un efecto de palanca, ha dado otra dimensión al movimiento, y ha puesto al poder mucho más a la defensiva.

En otro sentido, la participación de los asalariados del sector privado, donde sabemos lo difícil que es muchas vecez ir a la huelga (por presiones de la patronal, pérdida de salario, precariedad, etc.) significa también un punto de anclaje popular del movimiento. Y hay que tener en cuenta también la dimensión nacional, es decir, las muy fuertes movilizaciones en todo el territorio, y no sólo en las grandes ciudades. Cuando en un pueblo de 800 a 1000 habitantes se produce una manifestación de 500 es que sucede algo muy profundo.

Uno de los objetivos de las manifestaciones del sábado pasado era permitir que pudieran participar estos asalariados, las mujeres, con sus familias. Así, en principio, no fueron exactamente los mismos manifestantes los que salieron a la calle este sábado, lo cual quiere decir que son millones de personas, y no siempre los mismos, los que se manifiestan… y muchas de estas personas es la primera vez que se movilizan. El sondeo de Libération dice también que un 59% de las personas entrevistadas dan su apoyo a un movimiento que perdure.

Y dos últimas observaciones:

– En la prensa se lee: no saldrá nadie vencedor, pero sólo es una falsa escapatoria. Aunque las Asambleas voten el proyecto, el plan político de Sarkozy ya ha perdido. Ha perdido la batalla de la opinión pública (donde está una parte importante de su propio electorado). Naturalmente, para los que se comprometen en la lucha hace falta un resultado disttinto del que dan los “brazos de hierro” que se levantan de los escaños. Pero es importante observar que el voto en la Asamblea Nacional no se haya traducido en una disminución del número de manifestantes, contrariamente a lo que esperaba el poder.

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– Se trata de un movimiento duradero, que va más allá de las evoluciones coyunturales. Va más allá de la cuestión de las jubilaciones, aunque este tema esté en el centro y sea el catalizador de temas extremadamente sensibles (la relación del trabajo con la vida, el sentido del trabajo (para quién, por qué, cómo). El movimiento toca dos cuestiones de “clase” que la crisis agudiza: la revuelta contra una sociedad injusta (en la que todo está al servicio de los ricos y el dinero) y la exigencia por otro tipo de distribución de la riqueza.

Seguiremos…

Una abraçada,
Daniel

 
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Publicat per a 20 Octubre 2010 in Economia crítica, Gènere, Igualtat

 

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Entrevista sobre el copago sanitario

 
El copago sanitario. Entrevista
 
13/06/10
 

El pasado 10 de Junio se realizó en Barcelona una jornada contra el copago sanitario en la que se expusieron argumentos contra esta nueva ofensiva por parte de algunos sectores de la patronal así como de algún sector de los gobiernos catalán y español. Sergi Raventós entrevistó para Sin Permiso a Àngels Martínez Castells, economista, feminista y una de las fundadoras de la organización en defensa de la sanidad pública Dempeus, una de las organizaciones convocantes de la jornada.

¿Qué es el copago sanitario? ¿En qué consiste y por qué se plantea?

Tal como lo defienden los grupos de intereses de la sanidad privada y determinadas autoridades sanitarias se trata de una medida que representa de hecho un nuevo impuesto o tasa sobre la enfermedad, con el pretexto de contribuir a reducir el déficit de la sanidad y “moderar su demanda”. Se barajan distintas modalidades posibles, todas ellas lesivas para la ciudadanía, desde un ingreso nuevo por prestación: visita al médico de cabecera, atención en urgencias, un incremento de lo que ya constituye copago por medicamentos, extensión de dicho copago a las personas jubiladas que pertenecen a la Seguridad Social, no a Muface, y que están exentas de cualquier pago, hasta un menor ingreso por desgravación al incitar a ciudadanos y ciudadanas a contratar los servicios de una mutua privada, deduciendo posteriormente su importe a la hora de hacer la desgravación de la renta.

¿Cuáles son los argumentos que se dan? ¿Se cree que la gente abusa del sistema sanitario?

El argumento formal que se da es el incremento del coste de la factura sanitaria por mayor población a la que se debe atender y mayor gasto de las prestaciones (tecnología empleada más costosa, tratamientos más sofisticados…). Con ello se obvia la responsabilidad de gestión de las autoridades sanitarias, desplazando la responsabilidad hacia las personas enfermas a las que se las culpabiliza, además, de manera sesgada: las personas inmigrantes, se dice, colapsan los servicios de salud (si tuvieran que pagar no lo harían), las personas jubiladas despilfarran en medicamentos (como si no respondiera su acceso a recetas que se deben emitir por protocolos desde los CAPS correspondientes, o como si España no fuera de los países con menor tasa de utilización de genéricos, o como si los envases no contuvieran por lo general dosis mayores de las necesarias…) y a las personas con enfermedades crónicas, por mucha frecuentación de los establecimientos sanitarios (como si ello no respondiera a las necesidades de atención de unas enfermedades con las que es difícil convivir y para las que muchas veces se programan, de manera escalonada y reiterativa que obliga a numerosos desplazamientos, distintas pruebas diagnósticas o de control que multiplican las visitas a los centros hospitalarios o de atención primaria…).

No puede generalizarse en absoluto la afirmación de que la gente abusa del sistema sanitario. A nadie le gusta padecer una enfermedad, o estar meses y años en algunos casos, con innumerables visitas al médico o probando distintos fármacos, sin un diagnóstico o tratamiento concluyente. Si ello fuera así, también supondría revisar su estado de salud mental. En cambio, el sistema sanitario sí abusa y en algunos casos maltrata incluso a determinados pacientes a los que expulsa de la atención pública por las largas listas de espera que debe soportar, la hipermedicalización a la que les somete, el abuso del modelo biomédico curativista y hospitalocéntrico, o la poca adecuación de sus instalaciones a sus necesidades reales. Estoy pensando en las personas con sensibilidad química múltiple para las que no existe un área absolutamente estéril para ser recibidas y tratadas

¿Hay diferentes versiones propuestas del copago sanitario? Si es así, ¿estás de acuerdo con alguna?

En absoluto, y menos en tiempos de crisis. La única manera de resolver en equidad el mayor gasto sanitario consiste en asumir (por derecho humano y de ciudadanía) que todas las personas que residen en un país –al margen de su legalización formal– deben tener pleno derecho a la atención sanitaria. Para ello, el Ministerio y las autoridades autonómicas correspondientes deben disponer en los Presupuestos las partidas suficientes en base a un sistema fiscal que cumpla una función realmente redistributiva. Por el lado del gasto, la experiencia nos demuestra que las privatizaciones en la salud, los conciertos con el sector privado, la entrega al sector farmacéutico, la no existencia o deficiencias en investigación y formación desde el sector público, encarecen de manera desmesurada e incontrolada el gasto sanitario, al tiempo que son responsables de una peor atención sanitaria que llega, en muchos casos, a suponer graves riesgos para la salud de las personas atendidas. En atenciones a la salud toda intervención necesaria que se demore o se haga de forma incorrecta acabará pasando factura, irremisible y a veces irreversiblemente, tanto en términos de salud como económicos y sociales. España está todavía muy por debajo del gasto sanitario medio de los países de la UE y es absurdo hablar de copagos (que de hecho significan repagos) cuando desde los Presupuestos queda mucho trecho todavía para alcanzar la media europea (por no hablar de la racionalización del gasto, contención de las transferencias al sector privado, etc…)

En estos momentos de ajustes económicos por parte del gobierno y de ofensiva de la patronal española agrupada en la CEOE, ha vuelto con virulencia este debate. ¿No es así?

El debate sobre el copago se ha recrudecido con la crisis económica en la medida que los servicios públicos, y en concreto sanidad y enseñanza, se han constituido en un auténtico botín que va más allá de los cruentos ataques por una redistribución de la renta a favor de los más poderosos. La disminución de plantillas, las privatizaciones y el copago significan un ataque a la base de sustentación de los servicios públicos nucleares del Estado del Bienestar con el que se pretende acabar para suplantar los últimos vestigios de un pacto social europeo surgido de la II GM en una correlación de fuerzas que se olvida demasiado a menudo, por el “modo de vida americano” que no es otra cosa que el “modo de explotación” americano, con derechos sólo para los ricos, y salud para quien se la puede pagar. La crisis se usa también de manera oportunista para debilitar las resistencias sindicales y las defensas civilizadas organizadas. Desde Dempeus per la Salut Pública afirmamos que la salud es un derecho y no una mercancía. Aceptar medidas como el copago va en sentido totalmente distinto.

¿Que dice la OMS sobre el copago?

En la propia OMS se encuentra abundante bibliografía que demuestra que el copago reduce el acceso a los servicios tanto a las personas para consultas que no son imprescindibles como de las personas para las que sí es absolutamente necesario acudir a los servicios de los profesionales de la sanidad. Los “ahorros” sociales de algunas visitas no del todo necesarias no compensan en manera alguna el riesgo personal y social en que se incurre por la barrera clasista y económica que supone el copago. En este sentido, consideramos que la OMS debe recuperar, en materia de salud, su preeminencia sobre otras organizaciones internacionales que pretender imponer sobre la inmensa mayoría de la población el dictado de las patentes y el supuesto “librecomercio” (OMC) o de las finanzas tal como se entienden en el neoliberalismo (FMI).

¿Qué propuestas alternativas hay?

Una racionalización de este sistema “mixto” que supone la parasitación del sistema público para lucro del privado y que implique la progresiva redimensión a la baja del sector privado. La inclusión de un sistema de prevención asequible, público, y muy pegado al terreno y a las necesidades reales. El acompañamiento de la atención médica, la formación de personal profesional y la investigación basada en la realidad sanitaria y la aparición de nuevas enfermedades, muchas de ellas provocadas por la insalubridad del sistema económico y el agravamiento del medio ambiente… Pero  mucho más concretamente, la desaparición de las Mutuas Patronales que entorpecen y añaden opacidad al sistema (al tiempo que manejan altas y bajas con criterios que responden más a la rentabilidad empresarial que a la necesaria recuperación de la persona enferma)… En concreto, Muface representa el mayor de los sinsentidos en la medida que las personas funcionarias, sólo por opción explícita, pueden utilizar los servicios públicos. La creación de un sector público potente en la producción, indicación prescriptora y suministro de productos farmacéuticos u otras variables terapéuticas… y tantas más, que no excluyen la elevación de los tipos de gravamen sobre las rentas personales y de capital más altas para conseguir mayores –y más justos—ingresos fiscales… Y puedo seguir con la imposición de las SICAV, la persecución del fraude fiscal, el retorno de los capitales “refugiados” en los paraísos fiscales… ¿sigo?

Lo importante es que cada día es más evidente para la sociedad que el copago es de hecho un repago que sólo beneficia a la industria privada de la sanidad, y en este sentido vale la pena difundir la Declaración que se aprobó el pasado día 10 de Junio en Barcelona bajo los auspicios de las organizaciones Dempeus per la Salut Pública (http://dempeus.nireblog.com/) y la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública, y que dice:

En estos momentos en que el gobierno de España ha impulsado un plan de austeridad con congelación de las pensiones, rebaja de las políticas sociales, recorte de sueldos al funcionariado y demás trabajadores y trabajadoras del sector público, con la intención de alargar la edad de jubilación de los 65 a los 67 entre otras medidas restrictivas contra las clases trabajadoras, han vuelto a surgir con más fuerza las voces favorables a la privatización de empresas y servicios públicos y a favor del copago en la sanidad pública.

….seguir leyendo en Sin Permiso

 
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Publicat per a 13 Juny 2010 in Salut

 

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