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¿Quién teme a Yanis Varufakis? Contesta Christian Salmon (Mediapart)

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Hoy reproduce InfoLibre una larga entrevista del periodista de Mediapart Christian Salmon a Yanis Varoufakis. Todos los aspectos que trata son interesantes, pero destacaría, junto a las declaraciones que he seleccionado, las preguntas que se hace Salmon sobre su entrevistado y que, por ellas mismas, ya son un apasionante desafío. Por ejemplo:

¿Cómo es posible que este hombre que había hecho su irrupción en el panorama política hacía menos de un mes despertase tanto odio entre los dirigentes europeos y los medios de comunicación hegemónicos? ¿Qué tipo de homo politicus es? ¿Estamos ante un brillante economista perdido en la política? ¿Un pobre negociador que ha fracasado en su intento por convencer a sus socios europeos? ¿Está dando lecciones? ¿Es un provocador, tal y como han apuntado en largos artículos los medios de comunicación hegemónicos? ¿Cómo se puede distinguir el hombre real del hombre ficticio, Varufakis de su fake? ¿Es un excelente economista, pero un mal político según las propias palabras de Alexis Tsipras, de quien la historia dirá si fue mejor político? ¿Es un marxista heterodoxo, como se definió él mismo en un ensayo autobiográfico escrito mucho antes de su nombramiento y publicado por The Guardian en febrero pasado? ¿Por qué este hombre que ha hecho su irrupción en el panorama mediático hace menos de un año ha despertado tanto odio entre los dirigentes europeos y los medios de comunicación hegemónicos? ¿Quién teme a Yanis Varufakis?

Sólo en relación a esta última pregunta, quién puede temer a Varukakis, tenemos bastantes pistas en este trozo que he seleccionado…

“Estoy aquí porque lo que nos ha sucedido está sucediéndoles también a ustedes. Grecia es un campo de batalla en el que se ha ensayado una guerra contra la democracia europea, contra la democracia francesa… estoy aquí porque nuestra primavera de Atenas ha sido aplastada, como lo fue la de Praga en su día. Por supuesto, no con tanques, sino con los bancos. Tal y como apuntó Bertolt Brecht en una ocasión: ‘¿Por qué enviar a asesinos cuando podemos recurrir a agentes judiciales’. Por qué dar un golpe de Estado cuando se puede enviar al presidente del Eurogrupo a decirle, al nuevo ministro de Finanzas de un Gobierno que acababa de ser elegido, tres días después de su toma de posesión, que tenía la opción de decantarse por el programa de austeridad previo, que sumió al país en una enorme depresión, o por el cierre de sus bancos nacionales? ¿Por qué enviar tropas cuando las visitas mensuales de la troika pueden controlar las diferentes áreas del Gobierno y escribir todas y cada una de las leyes del país?”.

Para Varufakis, Grecia ha sido el laboratorio de esta estrategia de choque de la que hablaba Naomi Klein y que se aplicará, si nada lo remedia, en toda Europa. “A los que piden “más Europa” y abogan por una “unión política”, les digo: ‘¡Desconfíen! La Unión Soviética también era una unión política’. La cuestión es, qué tipo de unión política? Un reino democrático de prosperidad compartida o una jaula de hierro para los pueblos de Europa?”.

Podemos referirnos a su estrategia de negociación, salvo que se piense como él mismo demostró en numerosas ocasiones que no ha habido tales negociaciones y que ha hecho lo único que podía, lanzar un llamamiento a la opinión pública, arrojando luz, informando, poniendo punto y final al carácter secreto de las deliberaciones, mientras se esforzaba por crear una opinión pública europea. “Nuestras largas negociaciones de cinco meses fueron un conflicto entre el derecho de los acreedores a gobernar un país deudor y el derecho democrático de los ciudadanos de esta nación a ser autogobernados. Nunca ha existido negociación alguna entre la UE y Grecia como Estados miembro de la UE. (Véase Cómo Europa ha estrangulado a Grecia.)

Con sus declaraciones y sus artículos, Varufakis ha arrojado una luz descarnada sobre el funcionamiento de la casa Europa. Aunque no ha podido doblegar a la troika, ha desmontado el engranaje de su poder como nadie antes lo había hecho. Arrojó luz en el escenario de la “deuda”, un escenario confuso en el que se mezclan los rostros impotentes de los gobernantes y el poder sin rostro de la troika, los acreedores voraces, los funcionarios de Bruselas, instancias anónimas, los “mercados” a los que se invocan como divinidades. Destapó las contradicciones existentes entre el FMI y la Unión Europea bajo influencia alemana, un conflicto entre el neoliberalismo anglosajón (desregulación, intervención del Estado, financiarización) y el ordoliberalismo alemán (imperio de la “norma”, de la falta de endeudamiento, el rigor presupuestario reparador…). Desmitificó la creencia colectiva de las élites burocráticas en la performatividad de las normas jurídicas contenidas en los tratados europeos. El imperio de la “cifra” y de la “norma” que sustituye a las lecciones de la historia económica de los rituales de obediencia y de sacrificios. Una gramática del vilipendio y del castigo que estructura el lenguaje de las élites burocráticas y mediáticas. “Una de las grandes ironías de esta negociación es la inexistencia de discusiones macroeconómicas en el seno del Eurogrupo. Todo se basa en reglas, como si las reglas fuesen un don de Dios y como si las reglas pudiesen imponerse a las reglas de la macroeconomía. ¡Insistí en hablar de macroeconomía!”.

Si Yanis Varufakis martirizó a los profesionales de la política, estamos ante el primer líder político en entender que la política europea no puede sobrevivir a la opacidad de sus deliberaciones, y asumió las consecuencias. El modelo de los partidos nacionales representados en Bruselas se ha quedado obsoleto. El Eurogrupo es una institución sin existencia legal, un grupo informal que pilota la Eurozona sin control democrático. La institución encargada de hacer aplicar las sacrosantas reglas ordoliberales funciona sin reglas.

En el curso de una reunión del Eurogrupo, cuenta Varufakis, el Dr. Schäuble declaró: “Las elecciones no pueden cambiar nada. Si cada vez que se celebran elecciones cambiasen las reglas, la Eurozona no podría funcionar”. Al volver a tomar la palabra, Varufakis respondió: “Si es verdad que las elecciones no pueden cambiar nada, deberíamos ser honestos y decírselo a los ciudadanos. Quizás tendríamos que introducir enmiendas en los tratados europeos e incluir una cláusula que suspenda el proceso democrático en los países obligados a recurrir a la troika. Pero, ¿está de acuerdo con esto Europa?, inquirió a sus colegas ministros. “Nuestros pueblos han votado para eso?” ¡Una réplica digna del agrimensor de Kafka! Varufakis sería el agrimensor de un imperio hechizado, gobernado por sortilegios y por el pensamiento mágico, que tampoco es el encargado de medir las distancias reales en un mundo real, sino de especular en un mundo hechizado. “Subraya una argumentación que usted ha trabajado muy bien –para asegurarse de que es lógica y coherente–, y se encuentra frente a miradas vacías”. Una mecánica particularmente perturbadora “para alguien que está acostumbrado a los debates académicos”, confiesa el economista.

A medida que iban pasando los días, fuimos siendo conscientes de que Yanis Varufakis no solo ha sido el efímero ministro de Finanzas del primer Gobierno de Tsipras, sino un fantástico explorador del panorama político europeo. Se trata de un heredero de la tradición de las Luces convencido de las virtudes de la deliberación democrática y del debate racional. Altera los códigos de la política europea con su forma inédita de negociar, aludiendo a la opinión pública, poniendo el acento en la racionalidad en las negociaciones. Economista por accidente, marxista heterodoxo, político muy a su pesar, Varufakis pertenece a esta nueva generación política de denunciantes que sustituyen a los militantes ambiguos de la acción humanitaria y del derecho de injerencia. Los Julien Assange y los Edward Snowden, acusados como él de alta traición, porque están dispuestos a trasgredir las reglas del secreto en nombre de un interés más elevado, el de la democracia.”

(…)

“Toda la entrevista, sin desperdicio, en InfoLibre

 

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Antisindicalismo y privatizaciones en Wisconsin

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En su columna de hoy en The New York Times Paul Krugman retoma las ideas de Naomi Klein para aplicarlas a lo que está sucediendo en el estado de Wisconsin. Aunque no cree que pueda compararse de hecho con lo sucedido en El Cairo, si ve bastantes similitudes con lo que sucedió en Bagdad – y no hoy, presisamente, cuando las revueltas contra la corrupción y por el acceso a los bienes públicos esenciales está sumando Irak a las revueltas del Norte de Africa y Oriente Medio, sino el Irak que en 2003 la administración Bush puso bajo el mandato de los funcionarios elegidos por su lealtad y confianza política en lugar de su experiencia y competencia.

Como muchos lectores recordarán, nos dice Krugman, los resultados fueron espectaculares – en el peor de los sentidos. En lugar de centrarse en los problemas urgentes de la sociedad y de una economía destruida que pronto caería en una guerra civil asesinos, los enviados de Bush estaban obsesionados con imponer una visión ideológica conservadora. De hecho, mientras los saqueadores seguían acechando por las calles de Bagdad, L. Paul Bremer, el virrey estadounidense, dijo a un reportero del Washington Post que una de sus prioridades era la de crear “sociedades anónimas y privatizar las empresas estatales” y “sacar de la cabeza de la gente la idea de que el estado puede hacerlo todo.”

La historia de la Autoridad Provisional obsesionada con las privatizaciones es la pieza central del libro de Naomi Klein “La doctrina del shock”, como parte de un patrón más amplio. Del Chile de la década de 1970 en adelante, sugiere, los ideólogos de derecha han aprovechado las crisis para impulsar una agenda que no tiene ninguna relación con la resolución de las crisis, y sí mucho que ver con la imposición de su visión más dura, más desigual, de una sociedad menos democrática .

Krugman cree que lo que está sucediendo ahora en Wisconsin es el despliegue de la doctrina del shock. En las últimas semanas, Madison ha sido escenario de grandes manifestaciones contra el proyecto de Presupuestos del gobernador, en el que que niega los derechos de negociación colectiva a los trabajadores del sector público. El gobernador Scott Walker afirma que debe aprobar su proyecto de ley para hacer frente a los problemas fiscales del estado. Pero su ataque a los sindicatos no tiene nada que ver con el presupuesto. De hecho, los sindicatos ya han manifestado su voluntad de hacer importantes concesiones financieras… y el gobernador ha rechazado su oferta,

Lo que realmente sucede en Wisconsin, nos cuenta Krugman, es el intento de explotar la crisis fiscal para destruir el último gran contrapeso al poder político de las corporaciones y de los más poderosos. Y la toma de poder va más allá de represión sindical. El proyecto de ley en cuestión tiene 144 páginas, y oculta muchas cosas en lo más profundo.

Por ejemplo, el proyecto utiliza un lenguaje que permitiría a los funcionarios nombrados por el gobernador para hacer recortes drásticos en la cobertura de salud para familias de bajos ingresos sin tener que pasar por el proceso legislativo normal.

Y luego está esto: “No obstante, el departamento puede vender cualquier instalación de propiedad estatal de energía, refrigeración o calefacción, y podrá contratar con una entidad privada la instalación de cualquier servicio de esa índole, con o sin solicitud de ofertas, por cualquier cantidad que el departamento determine que es en el mejor interés del Estado.” (…)

¿A qué responde esa propuesta? De hecho, el estado de Wisconsin posee una serie de plantas de suministro de calefacción, refrigeración y electricidad en las instalaciones estatales (como la Universidad de Wisconsin). Según el proyecto de presupuestos, el gobernador puede privatizar cualquiera de estas instalaciones a su antojo. No sólo eso, podría venderlas sin dar lugar a ofertas públicas, a cualquier persona que elija. Y esta venta sería, por definición, “de interés público”.

Krugman nos pregunta que si esto nos parece un mecanismo perfecto para el amiguismo y la especulación – ¿no nos recuerda también los miles de millones desaparecidos en Irak? Y nos consuela añadiendo que no estamos solos, que hay suficiente gente que sospecha lo peor hasta el punto que los hermanos multimillonarios propietarios de las Koch Industries, y que están jugando un papel importante en impulsar el antisindicalismo del gobernador Walker, se vieron obligados a desmentir que estuvieran intereados en comprar ninguna planta de energía. Y Krugman nos pregunta si nos quedamos tranquilos con eso.

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La buena noticia de Wisconsin es que el aumento de la indignación pública – con la ayuda de la maniobra de los demócratas en el Senado del Estado, que se ausentaron de la sesión para que no hubiera quórum – ha obligado a poner la maniobra al ralentí. Si lo que Walker quería era impulsar su proyecto de ley a toda prisa, antes de que nadie tuviera la oportunidad de darse cuenta de sus verdaderos objetivos, su plan ha sido frustrado. Y lo que está sucediendo en Wisconsin hace retroceder las maniobras de otros gobernadores republicanos que tenían planes similares.

Pero Krugman nos advierte: que nadie espere que ni Walker ni su partido se apartan un ápice de sus objetivos antisindicales y partidarios de las privatizaciones. Estas siguen siendo sus prioridades, y no cejarán en sus esfuerzos para colarlas de contrabando en nombre del equilibrio presupuestario.

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Ver también La globalización de la insurgencia

 

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