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Manuel Menor: la clase A y la Caja B

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En el colegio, no era lo mismo ser de una clase que de otra. La secuencia alfabética ocultaba la clasificación del alumnado: los del grupo B mostraban dificultades para el aprendizaje y solían ser más torpes en algunas de las cualidades que más estimaba  el profesorado dirigente del centro de estudios. Me temo que desde los años cincuenta hasta hoy, esta pauta etnográfica sigue vigente, sin que –salvo muy honrosas y escasas excepciones- se haga nada –o casi nada- para suplir las diferencias. A lo largo de mi vida docente, pero especialmente en los últimos cursos, he visto de manera creciente cómo esta selección cualitativa seguía ahí: muchas veces he tenido que atender a grupos B, un año incluso con la explícita función –que las actas de algún claustro podrían corroborar- de evitar problemas al “buen orden del centro”: aquel curso, la policía venía cada dos por tres a preguntar por algún alumno (en un centro situado al lado del parque del Retiro). En el momento actual, con tanto recorte en la organización interna, esta diferencia es ahora mismo manifiestamente observable: no es éste un asunto de “caja negra”, invisible o difícilmente asequible a la mirada de cuantos se ocupan y preocupan por nuestro sistema educativo, dual por constitución.
 
En la vida real –como en el colegio-, los de la clase A no sólo han interiorizado la clasificación, sino que se han creído naturalmente diferentes y ejercen como tales. A esto conduce la vieja –y probablemente también la nueva- selección temprana de la calidad  y excelencia estudiantil que algunas políticas educativas propugnan. Han considerado, incluso, que los de clase B eran indignos de verse como sus iguales y que tan sólo contaban como carne de cañón, abobada, entretenida, manipulable, laboralmente reformable hasta la nada, ninguneable, capaz de votar cada cuatro años religiosamente, pero indefensa para entender cuál era su función social más allá de servirles de excusa y pretexto para sus propios enjuagues. Ellos, sin embargo, son de hecho los que, con su trabajo –aunque sea hoy escaso- han aportado y aportan los recursos para que –sin su consentimiento ni conocimiento- se constituyan las bolsas o cajas B que acabarán volando al extranjero, a Suiza o a otros paraísos fiscales, a cuentas secretas de los miembros de la clase A. Es curioso que la cotidianidad última de que nos vienen hablando los periódicos especialmente estos días -y más particularmente el pasado 28 de enero- repita de nuevo, inalterada, la constatación que, de pequeños, nos hicieron interiorizar de manera casi inconsciente: siempre hay clases. Lo que no habíamos visto todavía es que los elitistas de clase A, además, se hubieran acostumbrado al latrocinio descarado como forma institucional de existencia: después de haber sido mejor tratados, considerados y alabados –han estudiado en mejores colegios y mejores carreras, han copado mejores puestos y casi todos los consejos de administración-, no se han contentado con limitar, recortar, disminuir las prestaciones que los de la clase B habían logrado, sino que, además, han considerado imprescindible ampliar el libre mercado  de sus beneficios acopiando una buena parte de la riqueza amasada en la gestión de lo que es de todos, retirándolo del control del fisco y llevándoselo para confirmar inalterable o acrecer la asimetría de su selecto orden exclusivo.
 
compi-pupitreLas cajas B cumplen, de este modo, una clara función social: dejar que todo siga en la desigualdad natural en que nacimos; que prosiga y aumente, incluso. Véase, además, cómo la amnistía fiscal viene a confirmar esta teoría, según la cual el esfuerzo y trabajo honrado de toda una vida no vale nada ante la suerte que tiene el que es “listo”, “espabilado” y “emprendedor” o cacique, sin otra moral que la de la ganancia fácil: la pela es la pela y no tiene más regla que la de no arredrarse ante la posibilidad de acrecentarse… La otra función que cumplen, y que no nos habían enseñado explícitamente –pues lo que nos cuentan es muy distinto- , es la de proporcionarnos, de facto, magnífica información acerca de los objetivos que pretende el nuevo currículum de la LOMCE. Esa es la razón, por ejemplo, de la supresión de asignaturas o campos cognitivos que pudieran interferir con el resultado pretendido. Asumir una “Educación para la Ciudadanía –en sus inicios de los años ochenta conocida como “Educación para la Convivencia”- donde se pudiera poner en cuestión lo que dice la legislación, las carencias que tenga, su contraste con la legislación internacional más desarrollada respecto a derechos y libertades ciudadanas, y con lo que diariamente suceda -para ver las carencias o desnudeces que tuviéramos-, podría resultar arriesgado: mejor edulcorarla o suprimirla. Mejor también fortalecer unas sesiones de catequesis en el sentido más rancio del catolicismo histórico: con nada de liberación y con mucho de sumisión, como en los tiempos decimonónicos anteriores a la Rerum novarum de León XIII, cuando toda expectativa de mejora –socioeconómica, cultural y social- era encomendada al más allá…; para eso era el meritorio sufrimiento ante las durezas providenciales que el orden constituido proporcionaba a la Clase B. El Jesús que ahora predica la Conferencia Episcopal de Rouco Varela no sabe nada de la expulsión de los mercaderes del templo y sí mucho de la etérea evasión espiritual que suscita el vivir en este valle de lágrimas: una especie de  suerte que redundará en confirmar que no hay mal que por bien no venga.
 
Lo que es difícil de soslayar en las noticias que nos inundan últimamente es el modelo. Esos egregios representantes de la gestión política en versión Clase A –descendientes en el mejor de los casos de quienes en los años cincuenta iban “en berlina”, la sección de los autobuses mejor acondicionada- y que ahora van en bussines o en clase preferente  cuando viajan, y disponen de múltiples otros privilegios consentidos, descubrimos ahora palmariamente que abusan de su posición encomendada. Hasta han llegado a utilizar con plena normalidad durante años, no sólo a la Clase B, sino también cajas B para evadir lo que es de todos –previamente trasvasado a su circuito privado y privativo. Éllos constituyen el modelo de estudiante que adelantaba la LOMCE cuando planteaba objetivos de “mejora” sistémica. Aquel prólogo tan ilustrativo en que se absolutizaba la “competencia” y la “excelencia” educativas –simbiotizando simplonamente ambas cualidades esencialistas-, apenas ha sido corregido en el último borrador. Estas modificaciones suenan, además a falsas: recogen aspectos muy manidos de la “educación integral”, como quien recoge un tópico sin saber muy bien qué significa o a qué compromete. Véase, si no, cómo se sostiene una drástica reducción de las materias de carácter humanístico -como si de algo meramente distractivo y, por tanto, despreciable y soslayable se tratara, en aras de lo principal, que sigue intacto. Y obsérvese, también, cómo se mantiene el esquema ampliado de reválidas selectivas –una obsesiva vuelta de tuerca reiterativa hacia los tiempos anteriores a la Ley General de 1970- , que confirme oficialmente que la naturaleza no nos ha hecho a todos iguales: unos somos de Clase A y otros de Clase B, lo que  ayudará, además, a que haya otras subclases o grupos bien diferenciados: si la naturaleza manda –viene a decirnos este proyecto glorioso-, la política educativa debe apoyarla, no modificarla como pretenden las pedagogías de la diversificación o cuantos propugnen una escuela pública con dignidad. Lo que digan los expertos del llamado Foro de Sevilla y cuantos hayan apoyado su reciente Manifiesto por otra política educativa (Madrid, Morata, 2013), riega fuera de tiesto: nada que ver con la sofisticada radicalidad wertiana.
 
Lo que nuestros profesores explican con delectación es la ejemplaridad de nuestros queridos conciudadanos de Clase A y enseñarles –a los jóvenes estudiantes- a lucrarse lo más posible, como tan modélicos seres, de las circunstancias volubles que la vida les ponga por delante. ¿Cómo, además, podríamos restitituir el preciado lugar social que otrora tuvieron algunas virtudes sociales y que los libros de buena educación pregonaban condignamente? Donde estén la caridad, la beneficencia y la filantropía solidarias, estorba cuanto tenga que ver con la justicia distributiva y sus peculiares exigencias de impuestos progresivos… Caigan todos en la cuenta de que es un gran adelanto poder revivir en pleno siglo XXI las características de vida agradecida que siempre tuvieron que llevar los de Clase B, entretenidos desde el neolítico con poder tener un mal trabajo, en condiciones miserables o esclavistas, a diferencia de muchos otros que no tenían absolutamente nada, ni eso. Vean, por otro lado, que están ante una coyuntura reformista que en este momento difícil tiene un alto valor educativo: fomentar el apartamiento de cualquier veleidad favorable a la lectura crítica, y que  todo propicie el significativo aprendizaje de las maneras mejores del servilismo.
 
Todas las menudencias de las Cajas B son, pues,  dignas de encomio. Es más: hemos de dar gracias a los responsables del Ministerio de Educación actual –y a quienes les secundan desde las comunidades autónomas de orientación más moderna- por desdecir nuestros torpes empeños de estos años pasados y, sobre todo, por iluminar las vidas futuras de nuestros hijos e hijas: sus designios sintonizan coherentemente con lo que nuestros próceres más excelsos nos enseñan con humildad ejemplar –tanta que rehuyen mostrárnosla palmariamente. Conscientes de esta conjunción tan lograda, no hemos de desconfiar de que el sistema educativo vaya a alterar lo más mínimo lo que el nacimiento nos ha regalado o que vaya a propalar lo que algunos moralistas y profesores de ética pregonaron como inmoral, indecente e, incluso, como tiránico. Más vale así, sin contradicciones por fin:  cada pájaro en su nido y que cada palo aguante su vela –sin restricciones mentales, objeciones abstrusas ni “radicales envidias igualitarias”. Esto es lo que hay: paciencia y resignación, si eres Clase B; privilegio e impunidad si puedes usar la Caja B para medrar como Clase A.  Y “amén”, que –con mayoría absoluta- quiere decir: así sea.

 
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Publicat per a 3 febrer 2013 in Igualtat, Serveis Públics

 

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Desigualdades en educación y abandono escolar

Estoy acabando de escribir la ponencia que me ha encargado la Federación Regional de Enseñanza de Comisiones Obreras de Madrid para su XI FORUM de la Educación Madrileña que se inaugura esta tarde. y que este año trata sobre La Equidad y la excelencia, los Recortes Educativos y la Desigualdad de oportunidades. Se trata de un espacio para el debate y el análisis de distintos aspectos de la enseñanza, la cultura y la sociedad que pueden tener influencia en la práctica docente, y por ello agradezco de manera especial que pueda sugerirles algunas ideas el próximo jueves sobre la crisis económica y su incidencia en la educación pública y la igualdad de oportunidades. Por si quieren más información, se celebran en el Auditorio “Marcelino Camacho”, c/Lope de Vega, 40 de Madrid y pueden consultar el programa aquí.

En esta fase de la redacción de un texto que casi siempre concluye con la actualización de cifras, me encuentro con un artículo publicado en catalán en el Diari de Girona, que creo que vale la pena compartir, sin más comentarios, también en el blog.

Tan sólo un 20,6% de los jóvenes catalanes de entre 15 y 24 años completan su formación tras la educación secundaria y previa a la universidad. Así lo refleja un estudio elaborado por la Comisión Europea sobre desigualdades en educación entre las regiones de la UE (Mind the Gap. Education inequality Across EU Regiones), que sitúa Cataluña como la quinta región con más abandono escolar, con un 79,4% de alumnos que no cumplen el bachillerato o los ciclos de formación profesional. De hecho, España encabeza este listado europeo con ocho regiones entre las diez primeras, acompañadas de Malta y Lituania. Al frente se encuentran las Islas Baleares, con un 83,9% de abandono escolar, muy lejos del 11,9% de la provincia de West-Vlaanderen, en Bélgica.

Este informe, que pretende señalar los desequilibrios que existen en el campo de la educación en toda la Unión Europea, también tiene en cuenta otras variables. En este sentido, en Cataluña, un 55,12% de la población por encima de los 15 años tiene tan sólo estudios de primaria y secundaria, un 20,46% finaliza su educación con los estudios no obligatorios de bachillerato o formación profesional, y un 23,24% tiene titulación universitaria. Cataluña se encuentra por tanto muy lejos de Londres, que tiene un 41,84%, aunque pertenece al segundo grupo de regiones europeas con un porcentaje más elevado de titulados universitarios.

Las elevadas cifras de abandono escolar podían explicarse, antes de la crisis económica, por la gran oferta laboral que no exigía formación avanzada y que para muchos jóvenes resultaba más atractiva que finalizar la educación secundaria . Actualmente, sin embargo, la situación es mucho más difícil, y así lo dicen los datos de paro juvenil del INE: entre el 2008 y el 2011, la tasa de jóvenes parados de entre 16 y 19 años en Catalunya pasó del 35,15% al ​​62,37%, y con los de entre 20 y 24 años iba del 16,19% al 39,61%.

 
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Publicat per a 18 Setembre 2012 in Serveis Públics

 

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Por un gran 15S: tod@s a Madrid: ASí NO SE PUEDE SEGUIR

El ministro De Guindos ya se ha quitado la careta:  dice que para salvar el Estado de bienestar ‘hay que crecer y crear empleo’. Mientras, su gobierno sigue gobernando por decreto eliminando derechos de los trabajadores, suprimiendo servicios sociales, recortando prestaciones…  ¿Cómo se va a crear empleo si se inclina ante los empresarios para abaratar el despido y facilitarles el fraude fiscal y la huída de capitales?

Es preciso una movilización democrática de indignación y propuesta alternativa radical.  La MARCHA A MADRID DEL 15S  debe ser masiva. No podemos seguir más tiempo por este camino. El próximo ataque de los neocons es el sistema público de pensiones, el último baluarte en muchas casas para no caer en la precariedad más absoluta o en la miseria: 422.000 pensionistas son el único sustento de otras tantas familias en España. Este Gobierno tiene que dimitir porque gobierna contra toda la ciudadanía…. incluso contra la misma gente que, confiando en que cumplirían su programa, les votó. Ahora se ve claramente lo que son: incompetencia, humo, vacilaciones, y una rendición a las directrices de la Troika que aplasta con la nefasta bota de las desigualdades y la ruina a buena parte de Europa. Hay que plantarse. Hay que decir NO. Hay que defenderse… Hay que echarles!

DECLACIÓN DE LA CUMBRE SOCIAL

Cuando en la segunda mitad de 2008, la economía productiva de Estados Unidos y Europa se empieza a contagiar del enorme fraude iniciado en el sistema bancario norteamericano con la emisión de unos sofisticados productos financieros por valor de billones de dólares, los dirigentes políticos europeos no se pusieron de acuerdo sobre el impacto de la crisis. Unos negaron reiteradamente que la crisis financiera llegara a adquirir la dimensión de crisis económica y productiva internacional; otros agitaron en sus respectivos países el deterioro de los grandes indicadores macroeconómicos para arremeter contra sus adversarios políticos en el Gobierno y acusarles de incapacidad e insolvencia. Reclamaron desde la oposición las conquistas del Estado de bienestar y proclamaron solemnemente su compromiso con los derechos sociales y laborales.

Unos y otros desoyeron las iniciativas de voces autorizadas de la economía y  fundamentalmente del movimiento sindical, exigiendo otra política para salir de la crisis y medidas para la reactivación económica, el empleo y la cohesión social. Después de vagas promesas de inversión pública dirigida a activar la creación de empleo, los mandatarios de todo el mundo abrazaron la misma política que había provocado la crisis: fuerte desregulación de derechos, incompatibilidad entre el Estado social y el equilibrio de las cuentas públicas, y máxima prioridad para contener el déficit en el menor tiempo posible. Tras cuatro años de liberalismo en estado puro el resultado no admite dudas: más crisis, más recesión, más desempleo, menos cohesión social, menos Estado e incremento sostenido de la injusticia y la exclusión social. La política y la democracia empezaron a ser derrotadas por la economía especulativa y los mercados financieros.

Un fraude democrático

En España, la situación se nos antoja paradigmática. Los que gobernaron ayer acabaron asumiendo “por responsabilidad” los postulados del neoliberalismo. Los que lo hacen hoy ganaron las elecciones con un programa y gobiernan con otro. Un descarnado ejercicio de fraude democrático que en el caso del Gobierno de Mariano Rajoy parece no tener límites. En poco más de seis meses ha acabado con la arquitectura del derecho laboral que surgió de la transición democrática; hace más difícil la vida a las personas en paro; empobrece a la inmensa mayoría de asalariados y pensionistas; se muestra hostil con la inmigración; niega el presente y el futuro de los jóvenes; ensancha el territorio de la desigualdad entre géneros y vuelve a negar el derecho de las mujeres a decidir sobre el aborto; corta de raíz la cooperación al desarrollo; penaliza la actividad de los autónomos; ningunea la investigación y la ciencia; abandona a las personas dependientes y a quienes les atienden; arrincona la cultura; deteriora los servicios públicos y asesta un duro golpe a la educación y sanidad públicas; cuestiona y/o niega derechos y libertades en una acusada deriva autoritaria; exhibe una voluntad enfermiza de perseguir a los sindicatos y colectivos de representación ciudadana; se obsesiona con el déficit; olvida la inversión pública, la actividad económica y el empleo; camina   inexorablemente hacia los 6 millones de parados a finales de 2012. Y todo ello para tratar de encontrar la confianza de los mercados financieros y de la Unión Europea, que no solo no logra, sino que recibe a cambio humillación y desprecio.

Ha llegado el momento de decir basta.

Así lo demuestran miles de ciudadanos y ciudadanas que salen a la calle en distintos puntos del país -quizás por primera vez en mucho tiempo- para defender sus derechos. El 19 de julio fueron millones de personas las que llenaron las calles de España para rechazar los recortes del Ejecutivo. Y en agosto volverán a salir manifestarse a pesar del periodo estival.

No vamos a parar

En septiembre, las organizaciones que hemos participado en la Cumbre Social nos proponemos intensificar la movilización social y democrática para hacerla más contundente y masiva. Recurriremos a todos los instrumentos que la Constitución pone en nuestras manos y expresaremos el firme rechazo de la mayoría de la sociedad a unas medidas que arruinan la economía, contraen el consumo y quiebran el modelo de convivencia de los últimos 35 años. El 15 de septiembre centenares de miles de ciudadanos y ciudadanas marcharán a Madrid desde todos los rincones de la geografía española para decir NO a tanta injusticia. De inmediato emplazaremos al Gobierno a que no prolongue ni profundice una política tan ineficaz como injusta y convoque un referéndum para que la ciudadanía se pronuncie sobre las medidas aprobadas. Si no lo hiciera, seremos las organizaciones de la Cumbre Social las que llevemos a cabo la convocatoria de una CONSULTA POPULAR y con el resultado de la misma actuaremos en consecuencia.

ASÍ NO SE PUEDE SEGUIR

Da argumentos de género Lidia, por el rescate ciudadano Luis no respeterá el sabbat, Antonio y argumenta movilizaciones desde la educación Ventanas. Sigan más voces por un 15S contundente y masivo en IloveIU

 
 

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La muchacha del velo

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Pues ya son muchos los blogs de amigos y amigas que hablan del tema, y ya son algunos los comentarios que he hecho… Inés, Kabila, D. Ricardo, Viul y Antoine Martí, casi sin excepción, enfocan el problema, con mayor o menor acidez, desde el punto de vista ideológico-religioso. Seguramente algunas personas se sorprenderán de que haga un giro de 180 grados en mi enfoque, y me ponga del otro lado: el de la muchacha del velo, y desde un enfoque personal… Muchas veces sólo se pueden entender y abordar bien los grandes problemas si bajamos al nivel de lo cotidiano (por ejemplo, las mujeres economistas solemos explicar mejor la macroeconomía partiendo de sus consecuencias de género, clase, y también vida cotidiana en la microeconomía).

Un caso parecido al de Pozuelo sucedió en Girona hace unos tres años, y se resolvió aceptando que lo fundamental era la escolarización (en aquel caso, de una niña de 9 años que según su madre llevaba velo por presiones de su abuela). No sé si la niña en cuestión sigue asistiendo a clase con velo, pero francamente, lo dudo. En cualquier caso, he dicho ya en diversos comentarios que yo misma tuve serias dudas sobre cómo actuar si, cuando era profesora de la Facultad de Económicas en ejercicio, entraba en mi clase alguna estudiante universitaria con velo y la cara semi-tapada.

Creía entonces –y sigo opinando lo mismo– que una cosa es usar el velo en el seno de una sociedad donde es práctica común, y otra hacerlo en una sociedad donde su uso no es ni habitual ni pasa para nada desapercibido. Naturalmente, comparto que lo primero es el derecho a la enseñanza, pero mucho me temo que esta frase se queda muy por encima de las tensiones que puede esconder el uso del velo por parte de chicas jóvenes, y ni las desvela, ni ayuda a resolverlas. De hecho, esta práctica en nuestra sociedad puede ser un elemento que indique algunas anomalías de fondo que como ciudadanos y ciudadanas no deberían sernos indiferentes. Nunca expulsaría a nadie de ningún sitio por usar esta prenda, pero sí creo que sería obligado, tanto en clave pedagógica como incluso humana, hablar en un clima de mucha confianza con la joven que lo utiliza. Sé que no es fácil, pero debería crearse la empatía necesaria para saber hasta qué punto el uso del velo responde a su voluntad y valores (o incluso su capricho) o es la muestra visible de algún tipo de violencia cultural impuesta… y que puede esconder otras prácticas rotundamente condenables (mutilación genital, trabajo infantil clandestino, boda obligada, etc…). Y saben ustedes que no me invento nada.

En estos casos, como en muchos otros, pondría (y escucharía) a la persona por encima de las normas… No sé si en el caso de Pozuelo, pero sí les aseguro que en muchos barrios y ciudades descubriríamos que tenemos como sociedad mucha tarea de género que hacer, y con demasiada frecuencia… (e incluso urgencia). Y ésta es también tarea para las izquierdas, que no puede quedarse sólo con los principios ideológicos.

Bueno, alguno de ustedes ya me conocen… tantos años de profe, para bien o para mal, tenían que salir por algún lado, ¿verdad?

 
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Publicat per a 21 Abril 2010 in Ciutadania/Política, Gènere

 

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