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Cuando la vida tiene precio….

Considera el Gran Wyoming que “cuando la vida tiene precio urge otro modelo”. Diría que mucho antes, porque la deriva de una sociedad dominada por los “des-valores de mercado” ha ido abarcando productos básicos para la vida, reduciendo y prohibiendo su acceso, hasta intentar convertir salud y enseñanza en mercancías prostituidas en manos de amigotes, sectas y buitres. Urge otro modelo porque ya hemos entrado en caída libre en la liquidación de los valores reales de convivencia europeos, como que hacer política por el bien común implica priorizar una mejor redistribución de la renta y la riqueza (y no el carnaval de la desigualdad que se hipertrofia en nuestro día a día). O la apuesta por la igualdad de oportunidades, aunque sólo sea para devolver empleo digno a las generaciones más jóvenes, o investigación a las Universidades, o derechos y responsabilidades sin sesgo de género ni de clase para mujeres y hombres en un contrato social que no sancione esta crisis-estafa en vergonzosas enmiendas constitucionales. Y hay que recurrir a las mejores y más descarnadas denuncias para que todo el mundo lo entienda. Las televisiones públicas deberían asumir su función, incluida y en lugar destacado TV3, y poner en horario de prime-time PSICO, de Michael Moore, pero también “La salut, el negoci de la vida” de SICOM… Así entenderíamos mejor las consecuencias de esa piratería obscena que Boi Ruiz nos niega. Por todo ello, textos como el que sigue (y el próximo número de cafeambllet) deberían ser leídos, discutidos y utilizados para defender una convivencia digna y preservar la salud de los buitres que monopolizan Sovaldi u otros fármacos, y de los CAPIO de turno….

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(Ante el error del paciente que abre su boca al máximo, el médico le aclara que lo que debe abrirle es su cartera…)

“Los partidarios y promotores de eso que llaman colaboración público privada, también llamada PPP (Public Private Patnership), han tocado techo. Bajo esa lógica de cooperación que adquiere múltiples formas se esconde también la cesión por parte de la Administración de todo aquello que pueda enriquecer a las grandes empresas en detrimento del bolsillo de los ciudadanos.

Resulta obvio pensar que la iniciativa empresarial sólo “colaborará” con la Administración en aquellos proyectos en los que obtenga beneficio, claro, pero el rédito que obtiene la Administración en esos proyectos, puesto que de colaboración se trata, es más complicado de entender y, en cualquier caso, esa colaboración debería tener un límite, alguna línea roja.

Yo vengo de un mundo donde los grandes descubrimientos científicos pasaban a ser patrimonio de la humanidad al instante. Gracias a ello, muchos de los que defienden a ultranza desde la política y los medios de comunicación la falta absoluta de control por parte del Estado en los negocios irían con muletas a trabajar por no haber tenido acceso en su día a la vacuna de la polio, o no habrían sobrevivido a enfermedades como la viruela, actualmente erradicada, o a infecciones que hoy no suponen el menor riesgo gracias a los antibióticos. ¿Alguien se imagina el precio que podría haber alcanzado en el mercado negro la penicilina si su uso no se hubiera universalizado?

Recuerdo ahora la película El tercer hombre, luego convertida en novela, de Graham Greene, donde el malvado Harry Lime se dedicaba, precisamente, a eso, a hacer negocio con la precaria salud de los austriacos en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial vendiendo medicinas en el mercado negro. Se consideraba entonces el más execrable de los crímenes.

Ahora es un negocio legal. En la moral del siglo XXI es guay. Nadie duda del legítimo derecho en una sociedad llamada de libre mercado a obtener beneficios de una inversión, pero la falta de intervención del Estado en favor del interés general o, mejor dicho, la intervención del Estado para procurar el máximo beneficio a la industria farmacéutica, que en Estados Unidos quita y pone presidentes a través de eso que llaman lobbies, que no es otra cosa que la compra de voluntades desde el mundo del dinero, ha llegado a convertir en cotidiano, a legalizar de hecho, la especulación criminal, dicho en el sentido más literal del término: una especulación que mata. Que priva del recurso necesario para seguir viviendo al que padece una enfermedad crónica. Me refiero, como muchos habrán comprendido, a la hepatitis C. Llamo especulación criminal a lo que sucede porque el precio al que se vende el fármaco nada tiene que ver con la inversión realizada en la investigación para su descubrimiento, sino con la efectividad del mismo y la exclusividad de una marca a la hora de ponerla en el mercado que no deja elección posible. Si tienes dinero, te salvas. Si no, te mueres. Así de sencillo. Esa es la filosofía. Es la ley del libre mercado. Es el paradigma de los que pregonan que la intervención de Estado en la regulación del mercado es un atentado contra la libertad y una forma perversa de totalitarismo. Para los neoliberales es un dogma.

Según varios informes, ya se habría amortizado con creces el gasto en la investigación del fármaco. El alto coste del tratamiento, que se planteaba en 60.000 euros por enfermo, teniendo en cuenta que es una enfermedad que afecta a millones de personas –los cálculos en EEUU estiman en 3,2 millones los que la padecen sólo en aquel país– obliga a la búsqueda de una solución sin demora y sin que tengan que seguir muriendo de forma gratuita miles de seres humanos por la codicia de unos negociantes sin escrúpulos. De demagogia tachan cualquier propuesta los defensores del tráfico de vidas humanas que, dicho sea de paso, ignoran si padecen la enfermedad, ya que pueden pasar hasta veinte años sin que afloren los síntomas.

Hay que indemnizar al propietario de la patente por un precio razonable, ahora que todavía no se ha aprobado el Tratado de Libre Comercio, el famoso TTIP, donde contemplarían en ese pago el “lucro cesante”, es decir el negocio que hubieran hecho si no interviniera el Estado, y poner el fármaco a disposición de los médicos.

Hay que recordarles a los que se escandalizan cuando se plantean estas medidas que el laboratorio propietario de la patente del fármaco no fue el que la descubrió, sino que la compró a los que dieron con él, con la sana intención de forrarse a costa de la vida de los ciudadanos. Pues eso mismo es lo que tenían que haber hecho las Administraciones Públicas si miraran por el interés del personal en lugar de pasarse el día engrasando las puertas giratorias. Así de sencillo. Se enteran de cuánto han pagado por esa patente y se les da un dinero, vamos lo que se llama una expropiación, que es lo que hacen con las propiedades de los paisanos cuando se traza una carretera, una vía del tren o Eurovegas. Ahí no tienen problemas.

La gente está muriendo. Esta cuestión no es broma ni motivo de rifirrafe ideológico; pone en cuestión la esencia de la utilidad del Estado. Con la excusa de salvar la vida de los ciudadanos dilapidamos fortunas en medidas preventivas sintetizadas en la compra de armamento, medidas que se hacen más incomprensibles ahora que el software de nuestros arsenales se queda obsoleto enseguida.

Sólo la lucha del colectivo de afectados por esa enfermedad, que ha desenmascarado la injusticia social, moral, política y religiosa que supone esta verdadera masacre llevada a cabo con la colaboración de nuestros gobernantes, nos ha hecho tomar conciencia de hasta dónde están dispuestos a llegar. Si se hubieran muerto en silencio, sin hacer ruido, como pretende el actual ministro de Sanidad cuando afirma que las acciones de este colectivo son perjudiciales para la negociación, no se hubiera evidenciado en manos de quién estamos y de qué lado están.

Este no es un caso aislado. Es sólo un ejemplo que nos ayuda a comprender el empeño de estos señores neoliberales por exterminar la investigación científica tal y como siempre la habíamos concebido, como un empeño colectivo al servicio de la Humanidad.

Son muchas las investigaciones llevadas a cabo con un gran esfuerzo de dinero público que cuando están tocando a su fin son vendidas a la empresa privada para que exploten los resultados.

Ellos han tocado techo en su desprecio por la vida de los ciudadanos. Nosotros fondo.

No queda otra, a pesar de la apocalíptica imagen del terror y las amenazas de los organismos internacionales “neutrales”, tecnócratas y apolíticos que dirigen nuestras vidas, que tomar impulso y salir a la superficie.”

 
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Publicat per a 14 gener 2015 in Mitjans de comunicaci, Salut

 

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El Gran Wyoming contra el TTIP: “Que viene el lobby!”

imageTodos los medios de comunicación están ocupados casi exclusivamente con los casos que cada día nos proporciona la corrupción. Son, en efecto, noticiables tanto las tramas que organizan esos puntuales administradores de lo público, como le gusta reducir el tema al presidente del Gobierno, obviando que esos casos puntuales están en la cúpula, son sus estrechos colaboradores, como los métodos que utilizan los responsables de estos escándalos para solucionar esta lacra y asumir responsabilidades, métodos ligados a nuestra educación católica y que se reducen a confesar el pecado y pedir disculpas, tras lo cual se recibe la absolución de la sociedad.

Mientras estamos entretenidos en esto, ellos no se están quietos, van tres pasos por delante.

Entre Estados Unidos y la Unión Europea se está negociando el TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) que en castellano se diría Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión. Este tratado va a cambiar el sistema tal y como lo conocemos y, desde luego, va a transformar nuestras vidas en tanto restringe de forma irreversible nuestra capacidad de decisión en temas que nos afectan, y que se resumen en ¿podemos decidir en qué mundo queremos vivir? Hasta ahora nos decían que con nuestro voto podíamos influir. Si se cierra este tratado, que se hará de forma colectiva, se firmará cómo UE y los diferentes Estados no podrán introducir enmiendas, se acabó el cuento.

En primer lugar sorprende que se lleven las negociaciones a espaldas de los ciudadanos. Los documentos que se van filtrando llevan el membrete de “secreto” y los señores que están decidiendo nuestro futuro no tienen la menor intención de informarnos de las enormes ventajas que este tratado nos va a aportar. Se está hurtando el debate imprescindible en una sociedad democrática porque lo que es bueno es bueno y no estaría bien que la ignorancia del pueblo pusiera palitos en las ruedas de la máquina que manejan nuestros benefactores.

Aparte de este punto que nos lleva de nuevo al despotismo, donde el pueblo pasa a ser el objeto pasivo de las decisiones de los ilustrados, son varias las críticas que suscita este tratado, para algunos, abominable, impresentable, peligrosísimo.

Una vez firmado, las reglas que rigen en cuanto al control de los gobiernos a las grandes corporaciones serán homogéneas a ambos lados del Atlántico, es decir, que regirán las mismas normas de control o descontrol en EEUU que en la UE. Así, las grandes multinacionales que se dedican, por ejemplo, al tema de la sanidad, la educación, o cualquier otro servicio público, podrán exigir al Gobierno español que deje de proteger con los Presupuestos estos servicios porque esa decisión iría contra sus legítimos intereses lucrativos y podrían exigir indemnizaciones millonarias por competencia desleal. Es decir, el Estado deja de dar prioridad a aquellas cuestiones de organización social que priman el interés general, el bienestar de la ciudadanía, para poner en el mismo platillo la calidad de vida de sus ciudadanos y los intereses económicos de las grandes corporaciones.

Un sistema de arbitraje privado

Una cosa alucinante es que, en caso de conflicto, para evitar que la Justicia de los diferentes estados fallara a favor de su Administración correspondiente, no fuera del todo objetiva, estas cosas ya no las decidirán los tribunales nacionales ni internacionales, sino un sistema de arbitraje privado formado por estos tecnócratas apolíticos que ya conocemos. ¿Quién nombrará a estos señores árbitros? No hay que ser muy listo para deducirlo, pero la influencia de los grandes grupos de presión, eso que llaman lobbies, que tienen la pasta de todo el planeta, será importante. Resumiendo, los Estados no podrán frenar las ansias expansionistas de las grandes multinacionales aunque vayan contra los intereses de los ciudadanos o choquen frontalmente con la legislación vigente que pasará a ser de un orden inferior. El reciente caso de Coca-Cola, cerrando la fábrica más importante de Europa, ubicada en Madrid, con unos beneficios espectaculares, ante el silencio de los medios de comunicación porque dependen de los pagos que esta empresa les hace en publicidad, es un ejemplo de lo que nos espera. De momento, los tribunales están fallando a favor de los trabajadores, pero tras la firma de este tratado no podrán intervenir.

Esa es otra, estos tratados incluyen restricciones de los derechos de los trabajadores, como no podía ser de otra manera.

Con respecto a los artículos que consumimos, ancha será la manga que los controle. Este tema con el que los ecologistas se ponen tan pesados advirtiéndonos sobre el comercio de los alimentos transgénicos, del control de la alimentación del ganado, la cosa de las hormonas y todo eso, actualmente regulado por la UE, quedará suprimido. Ya no serán los productos los que tengan que demostrar su inocuidad antes de salir al mercado, superando los mecanismos que establecen nuestros controles sanitarios, sino que deberá ser el Estado el que defina su incuestionable peligrosidad para los ciudadanos, cosa harto compleja por lo sencillo que es generar controversia con científicos a sueldo de las empresas. Recordemos que todavía quedan científicos que niegan, por ejemplo, el cambio climático.

Por cierto, un tema que entra en estas cuestiones es el de las compañías energéticas. Como sabemos, en EEUU el fracking se desenvuelve sin problemas, en la UE está por decidir qué se hace. ¿Quién ganará esta partida? ¿Prohibirá EEUU el fracking por imposición de la UE o será la UE la que ceda? A mí no me cabe duda del resultado final.

Del tema ecológico, conservación de la naturaleza, etcétera, mejor no hablar, pero habrá que hacerlo algún día. ¿Serían tan amables de contárnoslo?

¿Cuáles son las bondades del tratado? Las de siempre: creación de empleo y desarrollo de la economía.

En cuanto a la primera cuestión, los diferentes tratados de libre comercio que ya operan en función de esta ventaja no sólo no han conseguido ese propósito sino que han destruido empleo tras su entrada en vigor y, además, ¡oh sorpresa!, el que se crea es precario, como consecuencia de la abolición de los derechos colectivos. Este tratado podría tener ventajas si se cumplieran las reglas del mercado libre, si este mercado fuera ideal, pero la historia ha demostrado que los países han marcado sus tramos de desarrollo, precisamente, cuando han tenido leyes proteccionistas que defendían a los ciudadanos del expolio y el apetito desenfrenado del mercado exterior, trabajando a favor de sus intereses y no de los de las grandes corporaciones. Véase los casos recientes de Bolivia o Ecuador.

Con respecto al desarrollo de la economía, este factor no lo discute nadie, pero los beneficios de esta economía neoliberal llegan cada vez en menor medida a los ciudadanos, la sociedad es cada vez más desigual, más asimétrica, la concentración de capital es cada vez mayor y serán las grandes multinacionales las principales beneficiarias de esta política internacional. Si no, ¿para qué lo plantearían? Llevan años negociando este tratado y ya somos lo suficientemente adultos para saber el tipo de altruismo que les mueve. Han condenado al hambre a la mayoría del planeta para satisfacer su voracidad lucrativa y expansionista.

De momento dicen que PP, PSOE, CIU y UPyD están de acuerdo en firmar este TTIP. Si no es así, que se manifiesten sin necesidad de que tengamos que recurrir a la ouija, porque será un tema muy importante a la hora de decidir a quién se vota.

Estamos a tiempo de pararlo, si es que no nos conviene, exigiendo que se nos informe sobre el contenido exacto de estas negociaciones y sus consecuencias. Pido disculpas de antemano por si en algún aspecto lo que comento no es exacto, pero me gustaría que las autoridades competentes nos contaran qué es eso de lo que hablan a puerta cerrada exigiendo que actúen en secreto a los negociadores que hemos votado y, supuestamente, nos representan, para que podamos hablar con más propiedad. De momento lo hago por boca de terceros, expertos en la materia. Para evitar desinformación e imprecisiones, pongan las cartas sobre la mesa antes de cerrarlo y, desde luego, permitan el debate ciudadano para someterlo a referéndum. Es importante, y no sólo para los que viven de la puerta giratoria. Al otro lado somos más.

Visto en InfoLibre

 
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Publicat per a 4 Novembre 2014 in Economia crítica, Europa

 

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Wyoming veraz y valiente: el oxígeno necesario.

El-Gran-Wyoming-en-una-imagen-_54130950864_51347059679_342_226En 20minutos.es publican una magnífica entrevista al Gran Wyoming. Les recomiendo que la lean toda linkando aquí. Pero si hay que convencerles, o tienen poco tiempo, reproduzco la parte referida a temas sociales…. Y deseo que lo disfruten tanto como yo mientras hacía la selección y oía la comparecencia de Fátima Báñez, mintiendo una vez más con esta cara sin expresión, que parece cartón-piedra… Y sólo estaba deseando que llegue la noche para recibir mi ración diaria de oxígeno en La Sexta.

‘El Intermedio’ está batiendo récords de audiencia, y subiendo, ¿a qué cree que se debe?
Creo que es una mezcla de varias cosas: la cosecha de un trabajo de mucho tiempo, el descontento social y que la gente busca programas de contenidos que le den cierta credibilidad. Damos por hecho cosas que no son admisibles en una democracia. La maniobra del Gobierno con la televisión pública es algo que en Europa no se consiente: todos los que no son ‘adictos’ al Gobierno, a la calle. No existen espacios críticos en toda la televisión pública, es ridículo. Por eso los programas críticos se convierten en referencia. Debería haber veinte como El Intermedio.

¿No los hay por miedo, quizás?
No, por orden de la autoridad competente. La gente no tiene miedo, la echan a la calle. El problema es el desprecio: lejos de felicitarles por haber multiplicado la audiencia, no tuvieron la deferencia de avisarles de que se iban a quedar sin trabajo, simplemente no les renovaron el contrato. Así es el autoritarismo, el despotismo, sin más. Y el 80% de la gente que echaron a la calle de Radio Nacional era de centro, trabajaba para los ciudadanos. Es lo mismo que ocurre en Telemadrid: llevamos años y años pagando el órgano de propaganda de un partido, o más bien, de una señora. Es horrible.

¿Y qué ocurre con las cadenas privadas?
Ocurre que la libertad de información no es real, ni la libertad de expresión, que significa que uno puede dar su opinión sin consecuencias. Y en España las tiene, y muy duras, eso es una vergüenza. Por eso tampoco tenemos una democracia real. (…)

¿Por qué siente ese impulso de luchar contra la injusticia?
Este es un país que me duele, como decía Unamuno. Haber llegado a esta situación es algo premeditado y estratégico. La democracia está totalmente deteriorada, se está hundiendo desde arriba, con un latrocinio generalizado. El mapa de corrupción de España es absolutamente impresentable. Todas las comunidades de España tienen problemas de corrupción y los municipios se cuentan por cientos y cientos. Cuando se habla de la imagen de España, diciendo que las manifestaciones y las huelgas hacen daño… No sé si es que el cinismo ya no les cabe: un hecho que yo constato cada vez que salgo de este país, es que este es un país de mangantes.

¿Cómo se podría solucionar?
Aquí la justicia tiene que echarnos una mano a la ciudadanía, tiene que poner orden. No es de recibo que una red como el caso Gürtel, en el que hay decenas de miles de folios de fechorías, lo único que se haya saldado es con la expulsión de la carrera judicial de la persona que ha investigado esa trama. Pasamos por alto muchas cosas. Somos el único país en el que los partidos se financian ilegalmente. Yo por supuesto me indigno y siempre que tengamos una ventana para contarlo, lo vamos a contar.

Hay gente que piensa que es un radical de extrema izquierda. ¿Lo es?
Sí, mucha gente lo dice, pero lo cierto es que cuando hablo ni siquiera digo lo que pienso; lo que pienso es muchísimo peor. Lo que digo es la sensatez pura y dura. Esto es lo que pensaría cualquier hombre de derechas en cualquier país centroeuropeo. Nos comparan con Alemania, cuando en Alemania han quitado al ministro de Defensa porque copió en la Universidad. Y con el caso Bankia no va a pasar nada, con todo lo que han falseado sus cuentas. Esta es la desgracia de nuestro país, que vamos a estar pagando durante muchísimo tiempo. Eso de que hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades es una mierda, el problema es lo que han robado los de arriba. El liberalismo económico es una auténtica estafa: cuando se eliminaron los controles del mercado financiero hace unos años, comenzó una gran estafa que ha hundido a muchísimos estados, entre otros España. Han dejado el paso abierto para que todo el que quiera robar lo haga con impunidad.

¿Siente la responsabilidad de denunciar todas estas cosas?

Nosotros damos un repaso a los medios y hacemos una visión crítica de cómo se cuentan las cosas. Y realmente es alucinante cómo existe un coliseo mediático, de trama de información, para ocultar lo que está ocurriendo y para dar la razón a los que están robando. Esto lo tiene que decir alguien, ojalá otros medios también lo dijeran. Mira lo que ha pasado con la sanidad. Los médicos no van a consentir que una serie de señores, entre ellos el marido de la señora Cospedal, se lucren con este cambio en la sanidad, y con su trabajo. Cualquier trasplante de médula en Estados Unidos vale dos millones de euros. Aquí son gratuitos.

¿Se siente en una isla ideológica en La Sexta, con total libertad para decir lo que piensa?
Sí, es una isla ideológica dentro de los medios, pero no en la sociedad, porque la mayoría de la gente piensa como nosotros, lo que pasa es que la masacran cuando sale a la calle a defenderlas. Se está desvirtuando todo. Te pondré un ejemplo: ahora están estudiando privatizar el metro de Madrid. ¿Alguien se imagina que El Corte Ingles nombrara a un administrador, y este vendiera la empresa a un amigo? Pues eso es lo que están haciendo con nuestro patrimonio. Los túneles del metro los hemos pagado los ciudadanos; las vías, los alicatados, los vagones, las taquillas, todo. Y lo siguiente es el Canal de Isabel II. No hay derecho a que, porque uno tenga mayoría absoluta, coja ese patrimonio, que es nuestro, y se lo venda a un colega. Telefónica, que era la primera empresa de este país en facturación, se vendió al señor Villalonga, compañero de pupitre de Aznar; Repsol se vendió al señor Cortina, íntimo de Aznar; Argentaria, a otro íntimo de Aznar, Francisco González… ¿Dónde está aquel dinero? Ya se gastó hace mucho. ¿Qué beneficios ha traído para los ciudadanos? Ninguno. ¿Cómo nos vendría que tuviéramos ahora una red de teléfonos pública para pagar pensiones y tapar agujeros? ¿Ha aumentado la competencia y han bajado los precios de la gasolina, como nos prometieron, por haber vendido Repsol? Es mentira, están condenados sistemáticamente por el tribunal de la competencia por ponerse de acuerdo para subir los precios.

¿Dentro del programa tienen alguna clase de cortapisas?

No, no, jamás nos han dicho nada, pero es que por desgracia este es un país que da muchísimo juego. Todos los días nos sobra contenido. Es triste, pero es verdad. Me estoy acordando de una: el primer moroso en impagos de comunidad de vecinos es la banca, todos los pisos que desahucian no pagan comunidad de vecinos. Y saben que como jurídicamente reclamarles implica un proceso muy largo… ¿Cómo van a exigir el pago de nada, si son los primeros que no pagan? Así vivimos.

¿Cree que da más juego un partido conservador en el poder o da igual quién esté en el Gobierno?
No, no da igual. No tiene nada que ver, además esta derecha se diferencia de otras derechas democráticas de Europa por su especial crueldad. No vienen de la socialdemocracia ni de la democracia cristiana, vienen del fascismo que tuvimos aquí durante 40 años. Poner el poder en sus manos ha sido un auténtico suicidio, pero eso es lo que la gente ha decidido… Algún día saldremos de la crisis, por supuesto, pero ¿qué va a haber aquí detrás de la crisis? Lo malo no es la crisis sino lo que van a dejar con la excusa de la crisis. La diferencia con otros años de crisis que he vivido es que antes los pobres eran los que no tenían trabajo, ahora son pobres hasta los que están trabajando, y no llegan a fin de mes. Nos estamos convirtiendo en un país del tercer mundo, laboralmente hablando, muy goloso para las multinacionales .(…)

¿El hecho de mostrar las cosas como son puede llegar a suponer un peligro para la gente en el poder?

No, la gente en el poder goza de una impunidad total porque hay un sector de la ciudadanía que les ampara.

¿Se ha planteado alguna vez marcharse a otro país?

No me lo planteo porque tengo hijos; si no, es muy probable. Puede que antes España fuera el mejor país para vivir, ahora es el mejor país del que marcharse. Hay cosas que se me hacen absolutamente insoportables, como que suba el voto de los partidos corruptos en los municipios donde ha habido corrupción. Ya no echo la culpa a los gobernantes, sino a los que los sustentan. (…)

 

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