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Si gana SYRIZA empieza el fin de las políticas de austeridad

Dentro de poco sabremos las primeras estimaciones de las elecciones griegas, pero ya ayer hablaba del artículo que el Financial Times Deutschland publicó aconsejando “resistir al demagogo” (Alexis Tsipras) y rechazar el Partido de Izquierda Radical SYRIZA. En cambio, la publicación conservadora aconsejaba votar por la (vieja)Nueva Democracia de Samaras. Parecía que no se podía ir más lejos en la campaña impresionante de miedo y chantaje contra el derecho democrático de la ciudadanía. Pero no era así, aún se podían transgredir más las formas. Por ejemplo, leo en The Guardian que tanto Angela Merkel como el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, han pedido a los griegos que voten de “manera correcta”. Esta intervención directa en el proceso democrático de un Estado soberano sigue a un gran número de amenazas y rumores, secretos y mentiras, diciendo a la gente que si votan a favor de Syriza, el país será expulsado del euro y las catástrofe que sufrirán será incalculables.

¿Por qué nadie parece indignarse con esta intromisión? Según The Guardian, la razón es simple: Si los griegos votan un gobierno de Syriza, la UE y el FMI tendrán que cambiar drásticamente las políticas de austeridad que han creado los desastres económicos que padecen distintos países GIPSI en Europa, y una auténtica crisis humanitaria.

El pasado 6 de mayo, Syriza dio el salto en las urnas del 4% al 17%, mientras que la Nueva Democracia y los partidos del Pasok, que había alternado en el gobierno con un total combinado de 80% de los votos en los últimos 40 años, se desplomaron. El 7 de mayo, algunos alemanes “bienpensantes” tuvieron que empezar a admitir que los griegos habían sido castigados de manera desproporcionada, y que las políticas de austeridad no funcionaban y debían mitigarse. Hoy, 17 de junio, la victoria Syriza sería la primera derrota de la austeridad en Europa y sus repercusiones irián más allá de la Unión Europea.

Estos son los resultados de la política de austeridad que han tenido que admitir los “expertos” del FMI: más del 20% de contracción de la producción en cuatro años, el 22% de desempleo y 54% de desempleo juvenil, un incremento de 24 puntos en el índice de pobreza, y una reducción del 50% en los sueldos y pensiones de los funcionarios. El segundo memorandum afecta también al sector privado con la abolición de la negociación colectiva y otras protecciones básicas de la legislación laboral, reducicción del salario mínimo y de las prestaciones de desempleo hasta un 32%.

The Guardian ha documentado también la catástrofe humanitaria: Comedores de beneficencia para la clase media, un gran incremento de personas sin vivienda y un salto enorme en la incidencia de las enfermedades mentales y suicidios diarios. Junto a ello, la falta de medicinas básicas, pacientes con cáncer que no encuentran la medicación que necesitan ni en las farmacias ni en los hospitales, que no pueden atender a las personas enfermas por falta de suministros básicos.

Lo que se decide este domingo no es la opción entre el euro y la dracma, sino entre la continuidad de las políticas de austeridad (que no tienen nada que ver ni con el déficit ni con la Deuda: son sólo una excusa para desmantelar las políticas de bienestar y hacer, de lo que es de todos, el botín de unos cuantos) o la salvación de la mayor destrucción que un pueblo haya experimentado en tiempos de paz.

El manifiesto con el que Syriza se ha presentado a las urnas promete una inmediata derogación de todas las leyes promulgadas por el gobierno griego después de los rescates y que en algunos casos van incluso más allá de lo exigido por la “troika”. Después de eso, iniciarán negociaciones para conseguir una reducción sustancial de la deuda, seguida por una moratoria en el servicio de la misma, hasta que la economía vuelva a crecer.

En una medida altamente simbólica, el salario mínimo y las prestaciones por desempleo volverán a sus niveles anteriores a la austeridad.

Explica The Guardian que a lo largo de la historia, las revoluciones han tenido éxito cuando un sistema se vuelve históricamente obsoleto. El colapso de la élite política griega es un ejemplo clásico de cómo la necesidad histórica se combina con el deseo popular de un cambio radical. Si Syriza gana este domingo, un nuevo tipo de socialismo habrá entrado por la puerta grande en la escena europea.

Pero ¿por qué votan a Syriza personas que nunca han pertenecido a la izquierda? La respuesta se encuentra en la resistencia popular de los últimos dos años, en particular las ocupaciones de Syntagma y otras 60 plazas en toda Grecia. La multitud de las plazas estaba formada por amplios sectores sociales, con un deseo común de deshacerse de la corrupción y las políticas de austeridad que profundizaban en el desastre.

Gente de SYRIZA ha participado en las ocupaciones, sin tratar de liderar o dirigir. Syriza es, de hecho, una coalición de 12 grupos con igualdad de derechos en la formulación de políticas, donde se permiten los desacuerdos. La organización interna de SYRIZA es muy cercana a la democracia directa de las plazas. Y lo que sucedió es muy simple: el 6 de mayo, toda la ciudadanía que estaba en las plazas acudieron a las mesas de votación… y votaron masivamente por Syriza. Así es, también, como se producen las revoluciones.

Hoy, domingo, los griegos tienen una cita con la historia. Y la victoria de Syriza puede ser el principio del fin de la tragedia griega y un mensaje de esperanza para el resto del mundo.

 
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Publicat per a 17 Juny 2012 in Europa

 

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El Financial Times juega fuerte contra Syriza

No sólo en la guerra tradicional, con bombas y morteros, la primera víctima es la verdad. También en las contiendas electorales los medios de comunicación juegan duro para servir los intereses que les financian. Pero deben tener cuidado: una presión desmesurada de la prensa internacional en contra de Syriza puede acabar provocando el efecto contrario de lo que pretende, y acabar decidiendo el voto de una parte de la población todavía indecisa a unirse a la izquierda radical… Ese parece ser el caso del editorial del Financial Times Deutschland que el pasado día 14 recogía la posición monetarista más neoliberal de Berlín y aconsejaba a los griegos a “resistir la demagogia de Alexis Tsipras y Syriza”. No parece que la ciudadanía griega acepte la amenaza de que si se equivocan a la hora de votar y no tiene posibilidades de formar gobierno alguno de los partidos que aceptan los términos de los acreedores internacionales, Grecia tendrá que abandonar el euro.

En este punto, como en otros, el Financial Times miente. Entre otras cosas, porque no es ese el programa de Syriza, sino la renegocación del Memorándum. Y porque oculta que de hecho NO le interesa para nada a la troika absolutista gobernante que empiecen a caer las fichas de un dominó que ha demostrado hasta qué punto reparte juego favorable a los poderosos del “centro” de la eurozona. El superávit de Alemania no se hubiese logrado sin los déficits impuestos y fuertemente manipulados de los GIPSI, y una periferia que la enriquece y le permite seguir con unas políticas neoliberales (y suicidas) que sólo conducen al abismo.

Desprovisto de rasgos humanos por la prensa conservadora, el líder de Syriza es de nuevo “un fantasma” que conmociona Europa…

Si se sigue el consejo del Financial Times de votar masivamente por Nueva Democracia su líder, Antonis Samaras -el fiel y obediente político conservador que más agrada a la canciller Merkel- podría formar gobierno, aunque sea en coalición con el Pasok. Pero el texto del FT no deja de ser contradictorio, porque también reconoce que ND ha sido responsable, durante décadas, de las peores políticas que han asolado Grecia y es, de hecho, co-responsable de la miseria de hoy. Aun así, “Europa debe cumplir con su deber”, decía el Financial Times en otro títular de primera página.. y el “deber” consiste en acatar los compromisos firmados -bajo el todopoderoso ojo de Goldman Sanchs- por los corruptos que arrastraron a la sociedad griega a la miseria…  ¡Este es el sentido más clásico de la tragedia griega incorporado a la vida económica para beneficio de los especuladores de Wall Street y el Bundesbank!

De hecho, el pulso que se juega este fin de semana puede acabar desmontando toda apariencia democrática que quede en la eurozona. La nueva conquista de Europa por parte de los capitales con sede en Alemania ha utilizado el euro como medio de expansión y colonización, y 17 de los 27 Estados de la Unión Europea (los que forman la zona del euro) deben seguir aceptando su dominio o reaccionar. Y hacerlo empieza por no dar por sentado que sólo hay una política económica que justifica la existencia de una moneda única. Que eso no es verdad y que la política monetaria puede y debe rendir cuentas ante las distintas poblaciones europeas (no sólo las élites alemanas), y que puede humanizarse con políticas fiscales distributivas y de apoyo a la creación de empleo. La moneda debe servir a las personas, ser un medio que facilite los aspectos sociales, comerciales y económicos de su vida, no un dios vengativo que cuesta dolor, alienación y vidas… Y si todavía alguien no me cree, entren en esta página de The Guardian y vean el video sobre la realidad del sector de la sanidad a la que debe hacer frente el pueblo griego.

 
 

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Alejandro Nadal: Amenazas veladas sobre Grecia y Europa

La titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, ha dirigido una clara amenaza a los votantes en Grecia. O se someten a la política de austeridad fiscal que el FMI les ha impuesto como condición para recibir el paquete de rescate, o sufrirán las consecuencias. No está claro cuáles son esas consecuencias, pues los tratados de la unión monetaria no contemplan la expulsión de un país. Pero el ultimátum es tajante y busca amedrentar al electorado griego de cara a las elecciones en junio. El objetivo de esta amenaza es frenar el aumento de popularidad de la coalición de izquierda radical Syriza y de su líder Alexis Tsipras.

La salida de Grecia del euro y el efecto que esto tendría sobre el sistema financiero en España, Portugal e Italia es la pesadilla de los centros de poder financiero en Europa. El rescate de Bankia por Madrid ya elevó el costo del refinanciamiento de la deuda española a niveles que podrían detonar el colapso del frágil entramado financiero. A ese paso el gobierno de Rajoy pronto suplicará de rodillas al FMI para que le prepare un paquete de rescate al estilo Grecia.

El abandono del euro por parte de Atenas podría hacer insostenible la situación del sistema bancario en países clave de Europa. Esa es la pesadilla de Lagarde y compañía. Por eso, para ella todo se vale si se trata de amenazar a ese país, para desafiar a una nación entera, incluso romper las fronteras de la decencia más elemental.

The Guardian preguntó a la titular del FMI:¿cómo hace usted para no pensar en las madres en Grecia que carecen de recursos para pagar una partera o en los enfermos que no tienen acceso a medicinas para curar enfermedades mortales? Sin titubeos, Lagarde respondió: Es fácil pienso mejor en los pobres niños de un pueblo en Níger que sólo reciben dos horas de clase al día, compartiendo una silla entre tres niños. Todos quieren una educación. Los tengo en mi pensamiento; ellos necesitan más ayuda que la gente de Atenas.

La entrevista continuó: ¿Está usted insinuando que el pueblo griego disfrutó y se la pasó bien durante un tiempo y ahora es el momento de pagar por ello? La respuesta vino fulminante: Eso es correcto.

El mensaje de la señora Lagarde es claro: el pueblo griego debe someterse a los dictados de la troika (FMI, Unión Europea y Banco Central Europeo). Es hora de pagar y, como en los tiempos del tributo de guerra, vamos a cobrarles sin compasión. La amenaza de la señora Lagarde va dirigida al pueblo griego y a toda Europa: tenemos el poder y ustedes deben someterse.

Para rematar, la funcionaria afirma que ella piensa por igual en los ciudadanos griegos que sufrirán por los recortes y los que evaden impuestos: Los padres de familia griegos deben hacerse responsables de los recortes en el gasto social frente a sus hijos y deben comenzar a pagar impuestos. El insulto es doble. Los trabajadores han pagado sus impuestos porque siempre han sido causantes cautivos. Los que no pagan impuestos son los privilegiados que han sido protegidos de los gobiernos corruptos en Atenas por décadas (con la complicidad de los que ahora claman por la austeridad).

La Lagarde indicó que el FMI no aceptará una renegociación sobre el paquete de rescate ya aprobado. El desplome en el nivel de actividad económica ya ha conducido al colapso en la recaudación, el desgaste de las finanzas públicas y el deterioro del coeficiente de endeudamiento. Es decir, la austeridad será un eficaz freno para el crecimiento y socavará la capacidad de pago de toda la economía. Ya en los primeros 20 días del mes de mayo la recaudación del gobierno griego se contrajo 20 por ciento con respecto al nivel del año anterior. Esto significa que por lo pronto hay que revisar las metas sobre déficit fiscal pues el faltante proyectado para este año es de más de 1,350 mil millones de euros. Entre otras cosas, el agujero se debe a una caída de 330 millones de euros en la recaudación del impuesto sobre la renta debido al recorte de salarios y pensiones y una reducción de 320 millones por impuestos al consumo y al valor agregado. Un resultado vaticinado por cualquier economista capaz de analizar lo que entraña la austeridad en tiempos de recesión.

Las amenazas y rumores han provocado ya un retiro masivo de euros de los bancos en Grecia. La coalición de izquierda Syriza le regresó al FMI y a los centros de poder financiero en Europa el desafío. Su rechazo al paquete de austeridad y, al mismo tiempo su negativa a salir de la esfera del euro redefine los términos del debate económico y político. Syriza está enviando un mensaje: el pueblo trabajador no hizo la crisis y no debe pagar los costos a través de un ajuste macroeconómico que sólo conduce a la depresión. En eso consiste el trabajo político, en mostrar que existen derroteros alternativos y en desmontar aquella narrativa que indica que no hay otras opciones. El liderazgo de Syriza podría consolidarse si persigue esta vía con valor y lucidez.

Publicado originalmente por Alejandro Nadal el 30 de mayo del 2012en La Jornada de México.

 
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Publicat per a 30 Mai 2012 in Ciutadania/Política, Europa

 

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Henry C.K.Liu: Las causas de fondo de las recurrentes crisis financieras globales

Sigo en el intento de recoger trabajos significativos sobre la crisis desde una óptica no convencional. Hoy me ha parecido extremadamente interesante este artículo visto en Sin permiso de Henry C.K. Liu, analista económico y político que escribe regularmente en Asia Times, en la medida que incluye en su análisis, de manera decisiva, las normas establecidas por el Consenso de Washington, cuyas repercusiones en esta crisis no reciben todo el protagonismo que quizá debieran.

Liu es consejero del Roosevelt Institute norteamericano, y forma parte del equipo rector de la revista New Deal 2.0.

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Graves crisis financieras globales se han venido sucediendo década tras década: el desplome de 1987, la crisis financiera asiática de 1997 y la crisis crediticia de 2007. Esa recurrente pauta ha sido generada por la total desregulación financiera a escala planetaria. Pero las causas de fondo han sido la hegemonía del dólar y el Consenso de Washington.

El caso de Grecia

Siguiendo un malhadado asesoramiento neoliberal y fundamentalista de mercado, Grecia abandonó su moneda nacional, la dracma, a favor del euro en 2002. Este paso, críticamente cargada de consecuencias, permitió al gobierno griego beneficiarse de la fortaleza del euro –no derivada, huelga decirlo, de la fortaleza de la economía griega, sino de la fortaleza de las economías más fuertes de la eurozona— para contratar préstamos a tasas de interés más bajas, respaldadas con el colateral de activos griegos denominados en euros. Con nuevo crédito disponible, Grecia se emborrachó con el gasto financiado por la deuda, con proyectos de elevado perfil, como las Olimpíadas de Atenas 2004, que dejaron a la nación griega con una enorme deuda soberana no denominada en su moneda nacional. Estos empréstitos públicos en tiempos de auge significaban una manifiesta distorsión de las políticas económicas keynesianas de financiación del déficit, consistentes en enfrentarse a las recesiones cíclicas respaldándose en los excedentes acumulados en los ciclos de auge. Lo que hizo Grecia, al revés, fue acumular masivamente deuda mientras se hinchaba su burbuja económica inducida por la deuda.

La trampa del euro

Al adoptar el euro, una moneda gestionada por la política monetaria del super-nacional Banco Central Europeo (BCE), Grecia abdicó voluntariamente de su soberanía en materia de política monetaria nacional, y eso en la confianza, falsamente confortable, de que una política monetaria super-nacional diseñada para las economías más robustas de la eurozona funcionaría también para una Grecia endeudada hasta las cejas. Como Estado miembro de la eurozona, Grecia puede ingresar y tomar prestados euros sin verse afectada por tasas de cambio, pero no puede emitir euros aun a costa de inflación. La incapacidad de emitir euros expone a Grecia al riesgo de quiebra de la deuda soberana en caso de déficit fiscal prolongado, y la deja sin las opciones abiertas a una solución monetaria nacional independiente, como la devaluación de la moneda nacional.

A despecho de la verborrea sobre el euro como incipiente alternativa al dólar como moneda de reserva, el euro no es en realidad sino otra moneda derivada del dólar. A pesar de que el PIB de la Unión Europea es mayor que el de los EEUU, el dólar sigue dominando los mercados financieros en todo el mundo como moneda de referencia a causa de la hegemonía política del dólar, que exige la denominación en dólares de todas las mercancías básicas. El petróleo puede comprarse con euros, pero aprecios sujetos al valor de cambio del euro en relación con el dólar. Ocurre, simplemente, que la Unión Europea, no posee el poder geopolítico que los EEUU vienen teniendo desde el final de la II Guerra Mundial.

La hegemonía del dólar y el Consenso de Washington

El crecimiento económico bajo la hegemonía política del dólar exige que las naciones que participan en los mercados sigan las reglas del Consenso de Washington, un término acuñado en 1990 por un economista del Institute of International Economics, John Williamson, para resumir la sincronizada ideología de los economistas del establishment radicados en Washington, una ideología que reverberó a escala planetaria durante un cuarto de siglo como evangelio de las reformas económicas indispensables para el crecimiento en una economía de mercado globalizada. Esa ideología ha metido a buena parte del globo en crisis financieras recurrentes.

Inicialmente aplicado a América Latina, y finalmente a todas las economías en vías de desarrollo, el Consenso de Washington ha terminado por ser sinónimo de la doctrina del neoliberalismo globalizado o fundamentalismo de mercado y a describir, en un angosto marco de limitaciones ideológicas, un conjunto de prescripciones políticas universales fundadas en principios de libre mercado y disciplina monetaria. Promueve para todas las economías control macroeconómico, apertura comercial, medidas microeconómicas favorables al mercado, privatización y desregulación en beneficio de una fe ideológicamente dogmática en la capacidad del mercado para resolver más eficientemente cualesquiera problemas socio-económicos. Con el obscurantismo dogmático va también la resuelta negativa a admitir la obvia contradicción entre la pretendida eficiencia teórica del mercado y la empírica incapacidad para erradicar la pobreza o las crecientes desigualdades de ingresos y riqueza.

Vuelve la pugna entre el capital y los salarios

El crecimiento del capital financiero ha de lograrse a expensas del crecimiento del capital humano. El equilibrio monetario sin perturbaciones inflacionarias ha de lograrse manteniendo los salarios bajos a través del desempleo estructural. Las bolsas de pobreza en la periferia se consideran en el precio necesario para la prosperidad del centro. Dogmas de ese jaez confieren al desempleo y a la pobreza, verdadera catástrofe económica, una inmerecida aura de respetabilidad conceptual. La intervención del Estado ha sido traída a colación sobre todo para reducir el poder de los trabajadores en el mercado a favor del capital y favorecer mecanismos de mercado descaradamente predatorios.

El conjunto de reformas prescritas por el Consenso de Washington se compone de 10 directrices: 1) disciplina fiscal; 2) reorientación del gasto público hacia áreas que ofrezcan rendimientos económicos elevados; 3) reformas fiscales para bajar los tipos marginales y ensanchar la base fiscal; 4) liberalización de los tipos de interés; 5) tasas de cambio competitivas; 6) liberalización del comercio; 7) liberalización de la inversión exterior directa (IED); 8) privatización 9) desregulación; y 10) afianzamiento de los derechos de propiedad privada.

Los Estados abdican de sus responsabilidades

Esas directrices vienen a sumarse por doquiera a una reducción generalizada del papel central del Estado en la economía, de su primaria obligación de proteger a los débiles frente a los fuertes, de fuera y de dentro. El desempleo y la pobreza son entonces vistos como fenómenos temporales, morralla transitoriamente caída en el proceso de selección natural de los mercados, efectos inevitables de una evolución económica que, a largo plazo, generará una economía más robusta.

Los economistas neoliberales arguyen que el desempleo y la pobreza, plagas económicas letales en el corto plazo, pueden traer consigo beneficios macroeconómicos en el plazo largo. Hay gente para todo: también algunos historiadores arguyen perversamente que la Peste Negra (1348) tuvo consecuencias beneficiosas a largo plazo para la sociedad europea.

La resultante escasez de fuerza de trabajo empujó, a corto plazo, al alza los salarios a mediados del siglo XIV, y el súbito incremento de la mortalidad trajo consigo una sobreabundancia de bienes, lo que hizo que se desplomaran los precios. Esas dos tendencias provocaron causalmente un incremento del nivel de vida de los supervivientes. Sin embargo, la escasez de mano de obra causada por la Peste Negra forzó a los terratenientes a frenar el proceso de liberación de los siervos y a extraer más trabajo de ellos. En reacción a eso, los campesinos se sirvieron en muchos frentes de su acrecido poder de mercado para exigir un tratamiento más equitativo o para aligerar las cargas soportadas. Frustrados, los gremios se rebelaron en las ciudades y los campesinos se rebelaron en el campo. La Jacquerie francesa de 1358, la Revuelta Campesina en la Inglaterra de 1381, la Rebelión Catalana de 1395, así como muchas revueltas en Alemania, muestran hasta qué punto llegó la mortalidad a quebrantar las relaciones económicas y sociales tradicionales.

El neoliberalismo ha generado en el último cuarto de siglo una situación que se traduce en violentas protestas políticas en todo el globo, siendo la forma más extremista de las mismas el terrorismo. Pero al menos la plaga bubónica fue desencadenada por la naturaleza, no por una idea fija ideológica humana. Y el neoliberalismo mantiene a los trabajadores en el desempleo, pero vivos, con ayudas de subsistencia, al tiempo que conserva una perpetua reserva de trabajo excedente para evitar que los salarios suban a causa de escasez de fuerza de trabajo, lo que monta tanto como eliminar hasta los crueles beneficios a largo plazo de la Peste Negra.

Encogimiento del Estado

El Consenso de Washington ha venido siendo caracterizado como un “encogimiento del Estado” (Informe anual de la las Naciones Unidas, 1998) y un “nuevo imperialismo” (M Shahid Alam, “Does Sovereignty Matter for Economic Growth?”, 1999). Pero el daño real provocado por ese Consenso dista aún por mucho de ser comúnmente reconocido: en lo que realmente consiste es en un conjunto de prescripciones para generar Estados fracasados entre las economías en vías de desarrollo que participan en los mercados financieros globalizados. Incluso en las economías desarrolladas, el neoliberalismo genera un síndrome, tan peligroso como generalmente inadvertido, de Estado fallido. [1]

NOTA: [1] Véase mi artículo del 3 de febrero de 2005: World Order, Failed States and Terrorism, señaladamente la primera parte (de 10): The Failed State Cancer. El presente artículo resume un trabajo extenso publicado en Asia Times.

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

 
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Publicat per a 24 Mai 2010 in Economia crítica

 

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Paul Krugman: La tragedia española

La tragedia española
Paul Krugman · · · · ·
 
08/02/10
 

La deuda pública como porcentaje del PIB (Fuente OECD)

Cuando Europa se ve enturbiada por temores asociados a la deuda, importa percatarse de que la crisis en el mayor de los países PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, España) no tiene nada que ver con la irresponsabilidad fiscal. Al romper la crisis, España tenía superávit presupuestario; sus deudas, como puede verse en el cuadro de arriba, eran pequeñas en relación con el PIB.

¿Qué pasó, pues? España es materia para una lección sobre los problemas que entraña una unión monetaria sin integración fiscal y laboral. Primero hubo un gigantesco auge en España, en buena medida espoleado por una burbuja inmobiliaria (y financiado por flujos de capital procedentes de Alemania). Ese auge trajo consigo la subida de los salarios. Luego estalló la burbuja, dejando al trabajo español sobreapreciado en relación a Alemania y Francia y disparando el desempleo. Provocando también enormes déficits presupuestarios, sobre todo a causa del colapso de los ingresos, pero también debido a los esfuerzos hechos para limitar el incremento del desempleo.

Si España dispusiera de moneda propia, sería la ocasión de devaluar; pero no es el caso.

Por otro lado, si España fuera como Florida, sus problemas serían harto menos graves. El déficit presupuestario no sería tan grande, porque los gastos de seguridad social vendrían a cubrirse desde Bruselas, como la Seguridad Social y Medicare vienen de Washington. Y habría una válvula de seguridad en materia de desempleo, porque muchos trabajadores emigrarían a regiones con mejores perspectivas. (Tampoco los salarios habrían subido tanto al comienzo: la inmigración lo habría evitado.)

El caso es que nada de eso tiene que ver con un gobierno manirroto; lo que pasa es que España refleja los problemas inherentes al euro, que ahora más que nunca aparece ante nuestros ojos como una unión monetaria llevada demasiado lejos.

Paul Krugman fue Premio Nobel de economía en 2008

Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F. Nyerro


http://krugman.blogs.nytimes.com/2010/02/05/the-spanish-tragedy/

 
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Publicat per a 8 febrer 2010 in Economia crítica

 

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