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La “externalización” de la #sanidad pública y el asqueroso bocadillo de atún

Sabemos que la privatización de la sanidad se disfraza de múltiples formas y se pone todas las máscaras: concierto, fundación, derivación, externalización, concesión y “Programa” con todo tipo de apellidos, desde el PPP de Prestación Privada hasta el VISC+ de venta de historias clínicas. En Barcelona, unos meses atrás, se debatió sobre los límites de la intromisión de lo privado en la sanidad pública y un ponente valoró que la externalización de los servicios de limpieza, incluyendo lavandería y cocina, eran lo menos reseñable. Quizás, en una estrategia necesaria de recuperación del carácter 100% público de la sanidad, podían no figurar dichos servicios. A otras asistentes les parecía fundamental no hacer exclusiones y recordaron cómo las compañeras de lavanderías privatizadas de Madrid no sólo habían perdido su puesto de trabajo o reducido su sueldo, sino que con razón se quejaban de la insuficiente limpieza “externalizada” de sábanas y toallas. Y se recordó también la importancia de una nutrición adecuada y fiable para la recuperación, mencionando una tortilla de color verde, sospechosamente mohosa, que se había corrido por las redes al servise en un Hospital de Navarra recientemente privatizado.
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Hoy recupero los argumentos de aquel encuentro, porque la comida insalubre es como la muerta de la curva que reaparece en todos los hospitales en vías de privatización, demostrando hasta qué punto (también con las externalizaciones de los servicios de cocina) nos jugamos la salud. Las denuncias de personal sanitario, pacientes y familiares sobre el deterioro del servicio y la calidad de la alimentación en las cocinas privatizadas de los hospitales públicos se han recogido en el magnífico trabajo de Martín Cúneo  y publicado en Diagonal
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Cena proporcionada por Mediterránea de Catering en el hospital público Morales Meseguer, en Murcia. Foto tomada por familiares de una paciente con cáncer.
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.Con la excusa de que la comida no tiene nada que ver con la sanidad, la Comunidad de Madrid pretende avanzar en la privatización de las cocinas en los hospitales públicos. Así lo denuncia el Sindicato Asambleario de Sanidad de Madrid (SAS Madrid), que ha lanzado un estudio y una campaña para enterrar esta generalizada idea.La privatización de la alimentación en los hospitales públicos, detalla el informe, se inició en julio de 2012, con la ley 4/2012, por la que el Gobierno de Esperanza Aguirre decretó la progresiva privatización de 26 servicios “no sanitarios”, entre ellos las cocinas. Desde entonces, la Comunidad ha entregado al sector privado los servicios de limpieza y lavandería, entre denuncias de gestión deficiente, despidos y rebajas salarias de hasta el 45%. Precisamente para evitar que esta “ola privatizadora” continúe con las cocinas, el SAS ha iniciado una campaña para destacar la importancia de la nutrición en la salud de los pacientes.Sin ir más lejos, según el estudio Predyces, el 23% de los pacientes ingresados en un hospital español se encuentra en riesgo de desnutrición. La malnutrición, defienden desde el SAS, compromete la recuperación del paciente, condiciona la tasa de reingresos prematuros, produce una mayor “susceptibilidad a la infección” y contribuye a aumentar la tasa de muerte y de enfermedades.

Según el SAS, la “mercantilización” de las cocinas no sólo pone en peligro “la calidad del proceso asistencial”, sino que no significa necesariamente un ahorro. Según un informe de la Cámara de Comptos de Navarra, de junio de 2014, sobre la externalización de las cocinas del Complejo Hospitalario de Navarra, si se hubiese mantenido el sistema público, se habría producido un ahorro de 676.314 euros.
Según el SAS, la “mercantilización” de las cocinas no sólo pone en peligro “la calidad del proceso asistencial”, sino que no significa necesariamente un ahorro

En el caso de la Comunidad de Murcia, la revista Interviú, bajo el título Precios “gourmet” para hospitales públicos, la empresa Mediterránea de Catering, subcontratada en varios hospitales públicos de esta comunidad autónoma, cobraba 4,60 € por un litro de leche, 3,6 € por una infusión y 3,40 € por un zumo.

Según destaca el SAS, también la calidad de la comida se ve comprometida. Los sistemas de control aplicados sobre el Complejo Hospitalario de Navarra han finalizado en tres expedientes sancionadores a la empresa adjudicataria por un importe de 75.000 euros después de que en 34 inspecciones se detectaran 84 anomalías relacionadas con la higiene, las temperaturas y los materiales empleados, según el informe de la Cámara de Comptos de Navarra.

Otro ejemplo: la privatización de las cocinas y la cafetería del Hospital de Villajoyosa (Marina Baixa), en junio de 2009, supuso, detalla el informe del SAS, “no sólo la reducción de la plantilla sino una importante rebaja de la calidad que dio lugar a numerosas quejas”.

Otra muestra de la degradación del servicio en las cocinas privatizadas tiene forma de sandwich: la foto de dos rebanadas de pan bimbo con un poco de atún saltó a las redes gracias a la familia de una paciente con cáncer en el hospital público Morales Meseguer, en Murcia. La concesionaria era una vez más Mediterránea de Catering, una empresa que recientemente se ha hecho cargo, denuncian desde el SAS, de la alimentación de los pacientes del hospital Infanta Leonor de Vallecas.

 
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Publicat per a 27 Setembre 2014 in Salut

 

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De errores flagrantes y errores insidiosos

En su artículo “CC(V) entre unos y otros” publicado en la sección de Opinión el día 17 de abril su autor, Xavier Sala i Martín, comete un error flagrante al atribuir la nacionalidad francesa a Arthur Cécil Pigou. Un mal día lo tenemos todos, como acababa de justificar Raúl, el delantero del Real Madrid, pero vale la pena aclarar que el economista británico nació en 1877 en Beachlands (Ryle, isla de Wight) y falleció en Cambridge en 1959. No hay nada en su biografía que permita cometer el error: fue discípulo de Marshall en el King’s College de Cambridge donde ocupó plaza de profesor desde 1904, y sucedió a Marshall en la cátedra de economía política hasta su jubilación en 1943. A mayores méritos británicos, fue incluso miembro del Chamberlain Comitte on Currency (1924-25), que llevó a la restauración del patrón oro en Gran Bretaña.
De hecho, no puede entenderse que el devenir de la economía inglesa nacida “clásica” con Adam Smith pudiera en parte recuperarse de los asaltos marginalistas y neoclásicos sin las aportaciones fundacionales de Pigou a la teoría del bienestar económico en una fecha tan temprana como 1912, cuando publicó Wealth and Welfare que constituiría la base para The Economics of Welfare de 1920. Todo ello dentro de la lógica y la historia del pensamiento económico británicos, incluidos los desacuerdos puntuales con Keynes por la defensa de Pigou de las ideas de su maestro.
El error insidioso es otro. En efecto, Pigou estudia en su obra de 1920 las consecuencias que una variación del nivel de precios tiene sobre la demanda del consumo privado cuando se produce un cambio en la riqueza o la renta real de los consumidores. En este sentido, cuando la empresa que contamina paga unos impuestos por hacerlo, según Sala el Estado debe compensar “la distorsión causada por la nueva tasa rebajando otros impuestos que ahora perjudican la actividad económica, como el IRPF”… Pues vaya, me parece algo insidioso llamar a las actuaciones de la política medioambiental “distorsión económica” cuando la externalización de los costes de contaminación no parece que lo sean para el profesor Sala i Martin, y me parece doblemente insidioso que se obligue a, por ejemplo, rebajar el IRPF “en compensación” cuando eso podría implicar, siguiendo a Pigou, un aumento de la renta real de los consumidores de manera que se podrían neutralizar “de facto” las medidas del impuesto ecológico.
Como dice el señor Sala i Martín, existe un gran espacio para el debate sereno y sosegado. Pero además, si procuramos evitar los errores (los flagrantes y los otros) , el debate ganará en calidad… O eso espero,
Àngels Martínez i Castells
Profesora de Política Económica de la Universitat de Barcelona

 
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Publicat per a 17 Abril 2007 in Benestar, Economia crítica

 

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