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Baja el paro, se agravan las condiciones laborales, aumenta la precariedad

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Los datos sobre empleo y paro del mes de abril destacan por la caída del desempleo hasta 118.923 personas y una subida de la afiliación en 175.495 cotizantes. Rajoy puede presumir que (por segunda vez desde que gobierna) el número de parados es menor
que a comienzos de la legislatura en 89.343 parados registrados menos que en diciembre de 2011, cuando el PP llegó al poder, aunque sigue por debajo el número de cotizantes. En concreto, son 221.626 cotizantes menos.

Por Comunidades Autónomas, baja el desempleo en todas, especialmente en Catalunya (-18.681), Andalucía (-14.425) y Madrid (-12.160). Por sectores, la subida es también generalizada, aunque con protagonismo de la hostelería, por el repunte en contratación que supone la Semana Santa.

Y cuando veo en el desglose el lugar tan destacado de la hostelería, recuerdo el magnífico artículo de Ernest Cañada que leí hace pocos días, y en el que el autor insistía sobre las pésimas condiciones laborales del sector ( y en concreto, de las mujeres que trabajan como camareras). Aquí está su texto, y juzguen ustedes si hay mucho (o algo) de lo que presumir:

Camarera de piso, un trabajo cada vez más precario

Los recortes de plantillas y el recurso a empresas subcontratadas está provocando un grave endurecimiento en las condiciones laborales del servicio de habitaciones en los hoteles.

El trabajo de las camareras de piso es esencial para el funcionamiento de los hoteles. Se trata de un trabajo hecho por mujeres, que se dedican a limpiar las habitaciones de estos establecimientos y en la mayoría de casos también sus áreas comunes, como la recepción, las escaleras, las salas o los baños de uso público. Habitualmente constituyen entre un 20% y un 25% de sus plantillas laborales. Su función es una de las que más tienen en cuenta los clientes, para los que es esencial que las habitaciones estén limpias y ordenadas. Y a pesar de su importancia, son prácticamente invisibles para la mayoría de huéspedes y de la población en general.

El trabajo de las camareras de piso siempre ha sido duro, pero en los últimos años, con la crisis, sus condiciones laborales se han deteriorado mucho. El paro masivo y las reformas laborales han permitido que muchas empresas ajustaran costes por la parte más débil, la del trabajo de estas mujeres.

Tres son los factores que fundamentalmente están provocando que sus condiciones se hayan degradado tanto: el incremento desmesurado de la carga laboral, el empeoramiento de las condiciones contractuales y, finalmente, el impacto que esta forma de organizar el trabajo tiene en su salud, tanto física como psíquica.

Más trabajo, siempre corriendo

Estrella tiene unos cincuenta años y hace 25 que trabaja como camarera de piso en Lloret de Mar, tantos como hace que vino de Andalucía. Explica que cada vez se le hace más difícil acabar las tareas que le asignan: “Yo he llegado a hacer 25 habitaciones. Y cuando tienes habitaciones con 4 camas y tienes que sacar 5 y 6 bolsas de basura de cada habitación, no hay quien acabe. Y esto es un día y otro, y otro”.

Ana Belén también vive en este municipio de la Costa Brava desde hace más de veinte años. Nació en Jaén. Describe así el trabajo que hace: “El horario es de las 8 y media de la mañana a las 4 y media de la tarde. Cada mañana subimos a las plantas y preparamos los carros, repartimos la ropa y nos ponemos a hacer las habitaciones. Yo tengo asignadas 26 habitaciones entre dos plantas. Hay veces que solo con 5 habitaciones de salida ya vas de puto culo. Este es un trabajo en el que no te puedes distraer, como hagas 10 minutos de más en una habitación ya lo arrastras el resto de la jornada. Y hay días que no nos da tiempo ni de cambiarnos la compresa o de ir a mear, porque no tenemos baños para nosotras en cada planta. Siempre tienes que correr “.

Esta percepción de sobrecarga de trabajo es compartida por la gran mayoría de las camareras de piso en todas partes. No solo tienen que hacer mucho trabajo sino que, además, éste se realiza bajo un ritmo muy intenso, para que se puedan entregar las habitaciones libres, o aprovechar el tiempo que los clientes están fuera. Lourdes, vecina de la Barceloneta, donde ha vivido toda la vida, tiene 31 años y lleva 8 trabajando como camarera de piso en diferentes hoteles de Barcelona. Explica que la presión es siempre constante: “Si el de recepción pide más habitaciones, te meten caña ti. Hay días que haces todas las habitaciones libres, porque te las están pidiendo, y luego cuando ves la hora que es aún te quedan por hacer todas las de los clientes que están alojados en el hotel y tienes que ir a mil por hora”. Además, añade, es una tarea que tiene que hacerse bajo la vigilancia constante de las gobernantas.

Muy a menudo la estructura arquitectónica de los hoteles, el mobiliario de las habitaciones o las reformas que se hacen en ellos no facilitan el trabajo de limpieza. Tampoco la reducción de personal que antes las descargaba de algunas tareas que ahora tienen que asumir ellas, tal como explica Lourdes: “En el primer hotel donde empecé a trabajar, en 2006, teníamos mucha ayuda. Estaban los valets que te subían la ropa a tu planta y la ponían en el office, y tú solo tenías que ponerla en los carros. También te controlaban los minibares de las habitaciones. Luego, cuando bajabas la ropa sucia ellos la sacaban y te devolvían el carro vacío. Ahora muchos hoteles han suprimido los valets y todo su trabajo lo tenemos que hacer nosotras”.

Una contratación cada vez más irregular

El colectivo de las camareras se encuentra muy segmentado. Además de las fijas y fijas discontinuas, que tienen cierta estabilidad laboral, hay otras situaciones contractuales que generan una mayor vulnerabilidad y que les obliga asumir cualquier tarea por miedo a ser despedidas o que no las vuelvan a contratar. Así, la contratación eventual y a tiempo parcial está especialmente extendida.

Lourdes cuenta que siempre ha sido eventual: “Me contrataban de año en año”. En uno de los establecimientos estuvo trabajando más de cinco años y pensaba que en un momento u otro la harían fija, pero siempre la despedían y la volvían a contratar poco después. Más adelante la emplearon a tiempo parcial en otro hotel: “El contrato era de 5 horas pero cada día hacía 8 o 9, porque me ponían 18 y 20 habitaciones, ir a la lavandería, mirar el minibar, y todo eso en 5 horas. Era imposible, no podía terminar, y todas esas horas de más no me las pagaban. Era problema mío, me decían. Pero por muy rápido que hiciera las habitaciones era imposible en 5 horas hacer todo este trabajo. Allí estuve un año. Aguanté porque no me tenía otra cosa”.

Lucía es amiga de Lourdes. Se conocen de toda la vida porque son vecinas de la Barceloneta. Explica que ha hecho muchos trabajos pero que en los últimos años ha trabajado como camarera de piso, también eventual. Mientras Lourdes explica que cada día tienen que hacer más horas, Lucía asiente y al final añade: “el problema es que tú tienes un horario, pero en realidad la jornada finaliza cuando terminas tus habitaciones. Y así todos los días, porque es imposible hacer en 6 horas las habitaciones que te ponen. Cada día le estamos regalando a la empresa de 2 a 3 horas. Es muy injusto “.

En los últimos años, además de las contrataciones a tiempo parcial o a través de Empresas de Trabajo Temporal (ETT), cada vez son más los hoteles que recurren a la subcontratación de empresas de servicios. Esto hace que las trabajadoras queden bajo un convenio distinto al de la hostelería, sea el de limpieza o uno particular de la empresa de turno, y esto hace que sus salarios sean muy inferiores a pesar de hacer el mismo trabajo.

Iliana llegó de Cuba en 2008. Ahora tiene 34 años. Desde que llegó ha trabajado como camarera de piso en muchos hoteles de Barcelona. Ahora está en el paro porque se le acabó el contrato hace poco, pero dice que ya no puede volver al último hotel donde estuvo porque recientemente “despidieron a todas las trabajadoras del departamento de pisos, incluidas la gobernanta y las supervisoras, y subcontrataron a una empresa externa, y la nueva empresa no se ha querido quedarse con ninguna de las camareras antiguas y ahora les pagan mucho menos”.

La expansión de las subcontratas está haciendo que en las plantillas de los hoteles puedan convivir personal de diferentes empresas, lo que provoca una división creciente entre sus trabajadoras.

Trabajar gracias a las pastillas

Una de las consecuencias de trabajar de esta manera es el cansancio, el dolor constante y la necesidad de medicarse para poder aguantar la jornada laboral, tal como relata Lourdes: “Yo tomo Enantyum cuando me duele mucho la lumbalgia, porque el ibuprofeno ya no me importa. Puedes ser muy fuerte pero este trabajo te acaba pasando factura. Solo tengo 31 años pero muy a menudo me siento como si tuviera más edad, por los dolores que tengo. Salgo del trabajo demacrada”.

Iliana dice que “casi todas las camareras sufrimos dolores de hombro, por todo el peso que tenemos que cargar y por los movimientos que tenemos que hacer cuando hacemos las camas”. Al igual que Lourdes también se medica de forma habitual: “Yo no sé si aún tengo hígado, debo tenerlo destrozado, porque cada día tomo ibuprofeno, aparte de las cremas antiinflamatorias y una faja ortopédica. Si no ya no podría ir a trabajar del daño que me hace”.

Todo esta forma de trabajar hace que el estrés y la ansiedad se conviertan en una constante y sufran insomnio. Iliana explica que es muy normal ver a las camareras llorando. “Cada día ves chicas llorando. Porque no terminan el trabajo, porque les hablan de mala manera, porque las insultan, por la angustia y por la rabia. Por ejemplo es común que te cambien los días de fiesta, y una a lo mejor tiene sus planes o necesita descansar. El contrato que firmas dice que trabajas cinco días y que tienes dos días de descanso, pero yo he llegado a trabajar 21 días seguidos, sin descansar, y eso te hace sentir muy mal”.

Estrella, de Lloret, resume muchos de los problemas de salud que son frecuentes entre las camareras de piso: “A mí me han operado del túnel carpiano, tengo las rodillas muy mal, y una hernia discal, y eso me lo he hecho trabajando. No es de estar en casa en el sofá. Yo ya estoy amargada perdida “.

El trabajo en los hoteles cada vez se está haciendo más precario, y para muchas camareras de pisos ir al trabajo se ha vuelto un infierno cotidiano.

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Les cambreres no es jubilen als 65 anys

 

imageDr. Joan López Ferré: “Encara no he vist cap cambrera de pis arribar a jubilar-se als 65 anys”

ERNEST CAÑADA | ALBA SUD / REL-UITA
Metge de família a un Centre de Salut a la costa de Llevant de Mallorca, atén quotidianament treballadores que fan feina com a cambreres de pis a molts dels hotels de la zona.

Joan López Ferré, d’origen català, és des de fa 11 anys metge de família al Centre de Salut de Felanitx. Intensivista d’especialitat, durant molts anys va ser cap de servei d’un hospital. A la zona on ara treballa, la costa de llevant de Mallorca, hi ha una forta presència de l’activitat hotelera, per la qual cosa és molt habitual que atengui a treballadores que fan feina com a cambreres de pis. “Jo veig quaranta o cinquanta pacients cada dia, moltes d’elles cambreres de pisos, i tinc l’experiència d’haver-les d’atendre dels problemes derivats de la feina que fan”, afirma el doctor López Ferré. Aprofitem el contacte diari que té des del sistema públic de salut, per parlar sobre les dolències i problemes mèdics que presenta aquest col·lectiu laboral.

Pràcticament totes les cambreres de pisos amb les que he parlat els darrers mesos es queixen de forts problemes de salut derivats de la feina que fan. A la teva consulta es repeteix aquest patró?

imageLes persones que duen molts anys fent aquesta feina estan fetes pols, estic parlant de dones de 50 anys per amunt. Tenen unes exigències de feina molt dures. Hi ha cambreres de pis que estan fent 20 i 25 habitacions, o n’hi ha que encara en fan més. Això és tremendo! En alguns hotels han d’anar amb el carretó per amunt i per avall. A més tenen uns horaris infernals i moltes vegades ho tenen difícil fins i tot per venir al metge. O sigui unes condicions molt dures.

Quines repercussions té això en la seva salut?

Quasi sempre pateixen malalties derivades de la columna vertebral. Acaben amb unes contractures musculars cròniques, amb artrosi, que és el desgast de les articulacions òssies prematures, i que en persones que fan un altre tipus de feina o que no la fessin d’aquesta manera tant exagerada potser apareixerien més tard. Després hi ha persones de les que tracto que els hi faig fer ressonàncies magnètiques i es veu que tenen hèrnies discals. Algunes d’aquestes hèrnies comprometen la medul·la espinal i fan mal no només al lloc de la compressió. Tenen també molts problemes amb el túnel carpià.

I la repercussió psíquica per la manera com s’està treballant?

El tractament d’aquests pacients és molt difícil perquè a més de sofriment purament físic i orgànic hi ha un sofriment psicològic. Perquè? Per l’estrès, que si han que fer 25 habitacions han de fer 25 habitacions, no en poden fer 24. Si una es posa malalta sovint no la substitueixen i la feina es reparteix entre les que queden, de manera que moltes vegades han de fer la feina que tenen establerta més la que una ha deixat pendent perquè no ha anat a fer feina. A més estan tractades com els darrers de l’escala professional dels hotels, amb una feina poc reconeguda. Tot això fa que visquin en una permanent crisi d’ansietat que s’acaba convertint en depressions cròniques.

I quan arriben a casa seva també tenen els seus problemes, com tothom, però si un arriba a casa rebentat i estressat i pensant que demà li espera el mateix, tot es fa molt més difícil.

Imagino que amb les condicions contractuals en les que moltes d’elles treballen no és tan fàcil que vinguin al metge, penso sobretot en les eventuals

Les cambreres que són fixes, que són les més velles, són les que venen a la consulta. Les eventuals, en general més joves, no venen, perquè molts cops a l’estiu no els hi donen un dia lliure. I amb els contractes que tenen molt sovint si agafen la baixa les acomiaden immediatament. Moltes vegades venen fetes pols i em trobo que els hi ofereixo la baixa i no la volen.

Moltes d’elles em diuen també que prenen tot tipus de pastilles per poder treballar i aguantar el dolor, i també per front a l’estat d’ansietat que molts cops tenen.

Fan ús i abús dels analgèsics, i a més no poden fer rehabilitació, fisioteràpia, que els hi aniria molt bé, per incompatibilitat dels horaris. També fan un abús dels psicofàrmacs per l’ansietat, que en alguns casos acaben en depressió, perquè l’ansietat i la depressió són les dues cares del mateix procés.

Quins són els possibles afectes de la sobre automedicació que estan fent aquestes treballadores?

Prendre anti-inflamatoris un moment donat, si un té mal de queixal i pren un antibiòtic i un anti-inflamatori està perfecte, no hi ha cap problema. Ara bé prendre’s durant vint anys seguits ibuprofè cada matí per poder anar a fer feina, per poder aguantar, i després prendre’s un alprazolam, el famós tranquimazin, perquè els hi pega l’ansietat al migdia, i al vespre alguna cosa per poder dormir, perquè van estressades, doncs això és un problema.

Prendre anti-inflamatoris de forma crònica afecta l’estómac, puja la tensió arterial, afecta també els ronyons,… I l’alprazolam, per exemple, que és un ansiolític, crea addicció. I en dones com aquestes que el prenen durant mesos o anys, com totes les addiccions necessites cada vegada més dosis. Quan intentes llevar-lis és una feinada, costa molt, perquè estan ja habituades.

Quins són els medicaments més habituals?

Pel dolor prenenparacetamol, ibuprofè, enantyum, diclofenac o nolotil. I quan això ja no és suficient es passa als opiacis dèbils, derivats llunyans de la morfina, com són el tramadol o la codeïna. Per l’ansietatcomencen prenent valeriana i després alprazolam. I després prenen per poder dormir, perquè l’estrès que duen no les deixa dormir. Es desperten a mitja nit i l’endemà han d’anar a fer feina cansades. Per dormir prenen diazepam, lormetazepam, tots aquests hipnòtics. I després n’hi ha que prenen anti-depressius, com la paroxetina, que és el que prenen les cambreres ja veteranes, que duen anys i anys.

Parlant amb alguns metges d’empresa em deien que fonamentalment hi ha una problema de mals hàbits posturals de les mateixes treballadores, què en penses d’això?

Si fa 10 anys per dir una data feien 14 o 15 habitacions, després van passar a fer-ne 18 i ara 24, aleshores que els metges d’empresa parlin d’hàbits posturals em fa riure. Els metges d’empresa, com el seu nom indica, són metges retribuïts per l’empresa, aleshores defensen l’empresa, així de clar t’ho dic. Igual que els metges de les mútues.

No són ben tractades a les mútues?

Quan una pacient té un accident de treball l’atenen, no dic que no l’atenguin, però la mútua la dóna d’alta tant aviat com pot i si la malaltia es cronifica se la treuen del damunt i l’envien al sistema de salut convencional. La mútua és qui paga al treballador mentre està de baixa, quan se suposa que la malaltia és secundària a la feina, però moltes vegades és fa molt difícil atribuir-ho.

Què passa aleshores amb les baixes laborals?

Les baixes laborals estan molt malament. Hi ha moltes joves que tenen aquests “contractes basura” i que si s’agafen la baixa les acomiaden. Per tant no hi ha baixes en aquest grup perquè les treuen. En aquest sentit les fixes estan millor, estan fatal físicament però en aquest aspecte contractual no. Però la majoria de les joves no es poden permetre cap luxe. Només les al·lotes que viuen amb son pare i sa mare, i que van a fer feina una setmana i ja no tornen, que diuen que se mati un altre treballant així.

I pels inspectors mèdics del sistema de salut la baixa d’una cambrera de pis és una baixa sospitosa. Perquè és té la impressió que totes se queixen, que a totes els hi fa mal l’esquena. No hi ha compassió.

Vols dir que se les menysprea també des del sistema de salut?

Per molts metges són malaltes cròniques, i els malalts crònics cansen, sempre és el mateix, que si em fa mal l’esquena, que si ja s’ha pres l’ibuprofè, que ara un injectable de cortisona o anti-inflamatoris per poder tirar. Són malalts que incordien. Són mal vistos també pels inspectors del sistema de salut per les baixes i mal vistos per les mútues. I és molt difícil de convèncer a un tribunal metge pel grau d’incapacitació parcial o total. O sigui, ho tenen tot en contra.

Pel que estic veient, no em trobo pràcticament amb treballadores que arribin a jubilar-se a l’edat que els hi correspon.

Jo crec que encara no he vist cap cambrera de pis arribar a jubilar-se als 65 anys. En deuen haver, però jo no n’he vist. No poden. Que si l’atrosi prematura, les protrusions discals, el síndrome del túnel carpià, l’«hombro doloroso», tendinitis… Moltes vegades acaben que les han d’operar d’una cosa i després d’una altre. Després tenen ansietat, i algunes depressió, i arriba un moment que dels 6 ó 8 mesos que han de fer feina n’estan de baixa 4 ó 5, i arriba a un moment que a l’empresa li surt més a compte que la incapacitin i jubilar-la, i contractar a una dona jove. Total, que les cambreres de pisos no es jubilen al 65 anys i els hi fan un sopar d’homenatge d’empresa.

Descrius una situació molt dura.

El que més greu em sap és que són persones que pateixen molt i que estan menyspreades per tothom. I menyspreades en primer lloc pels hotelers, que les consideren xusma. La patronal pensa que si aquesta està malalta i no torna ja en posarem una altra, i si una està malalta i no bé les altres ja faran la seva feina.

Els anys 60 els hotelers de Mallorca se n’anaven per Andalusia i reclutaven gent que estaven sense feina i els duien cap aquí. Aquestes persones dormien als sòtans dels hotels, on els tenien allotjats en unes condicions infrahumanes. La cosa va anar millorant al llarg dels anys fins que ara amb la crisi tornem enrere.

 
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Publicat per a 2 febrer 2015 in Drets Humans, Gènere, Salut

 

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