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Arxiu d'etiquetes: José María Mena

Margarita Robles y otras reacciones al fraude pujolista

imageLa magistrada del Tribunal Supremo Margarita Robles, que formó parte del tribunal que archivó el caso de Banca Catalana, ha recordado que solo ocho magistrados, entre ellos Robles, pidieron el procesamiento de Pujol –motivo por el cual recibieron “grandes críticas”– y considera que “el tiempo pone las cosas en su sitio”.

Según ha precisado la magistrada, la declaración hecha estos días por Pujol sobre unos hechos que evidencian, a su juicio, “una conducta insolidaria hacia la ciudadanía y un engaño sin paliativos hacia la misma”, le traen a la memoria el procedimiento seguido en su día ante la Audiencia Territorial de Barcelona, de la que ella era entonces parte integrante como magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona. Concretamente, Robles reivindica “el gran trabajo” realizado por los fiscales Carlos Jiménez Villarejo y Jose María Mena: “Parece que en este caso se ha hecho realidad aquello de que el tiempo pone las cosas en su sitio y por eso creo que es imprescindible reivindicar ahora el gran trabajo hecho por los fiscales Carlos Jiménez Villarejo y Jose María Mena que fueron ferozmente criticados por la querella detalladísima que presentaron respecto a actuaciones desarrolladas en Banca Catalana”.

También indica que es el momento de “hacer autocrítica y reconocer los errores que pueden cometer en ocasiones los tribunales de Justicia”. Según precisa, solo ocho magistrados de los componentes del Pleno formularon entonces Voto particular, entendiendo que “procedía el procesamiento de Jordi Pujol, por hechos que treinta años después se han manifestado en los términos en que lo ha hecho”. Y recuerda que por ello recibieron “grandes críticas por lo que algunos consideraban ataques a Catalunya”.

No es extraño que todavía le duela la reacción “oficial” catalana a la Magistrada: en el blog de un “arqueoleg glamurós” apasionado por la historia, podemos leer:

“El 31 de Mayo de 1984 una masa muy enfadada de Consellers, Regidors o simples Caciques, y simpatitzantes, con comparsas de su muleta y fiel palangana ERC, se manifestaron desde Plaça Sant Jaume hasta el Parlament para pedir que la justicia no investigase y dejase impune la corrupción del patriarca nacionalista Jordi Pujol, por el caso de Banca Catalana, desde donde habían desaparecido centenares de millones de pesetas. Se dedicaron a gritar y agredir con insólita violencia a diputados del PSC i del PSUC. Nadie fue detenido, a diferencia del Sitio al Parlament de 2011. Pujol se dirigió a la masa de seguidores lobotomizados que esperaban sedientos las palabras de su Mesías:

“Somos una nación, somos un pueblo y con un pueblo no se juega. A partir de ahora, cuando alguien hable de ética y moral seremos nosotros”

(Seguir leyendo aquí. Y no se pierdan tampoco los “mil demonis” que se llevan a Lluis Bosch)

imageEste recuerdo de la historia de la infamia catalana sólo debe servir para ayudarnos a crecer y madurar. Si todavía alguien idealizaba la burguesía dirigente catalana (después del “affaire” del Palau de la Música) es hora de que entienda que los pozos de aguas negras no pueden irse llenando infinitamente con corrupciones “nostradas”, y deben vaciarse por salud pública. Pero, en este caso, no para volverse a llenar, sino para que fluya financiación pública, limpia y transparente para nuestra sanidad, para el personal docente, para las personas con discapacidad… Para que pueda cuidarse y atenderse a todas las personas que lo necesitan. Porque es su derecho, nuestro derecho, vivir en una sociedad honesta, y en la que nadie se sienta abandonado o se le niegue atención o medicinas. Y para eso hay que acabar con la corrupción y la mentira, y mandar a nuestro basurero particular todos esos los prohombres del país a los que sólo les interesa engrosar sus cuentas en paraísos fiscales. Para ellos, el pueblo sólo cuenta para que puedan subirse a sus espaldas, y así parecer más altos…

La vertiente bufa de todo el fangal la encontramos en la carta parafraseada con la que nos deleita hoy Juan J. Tortosa en Público, no apta para la hinchada fundamentalista convergent. Pero, al fin y al cabo, una sonrisa siempre puede ser signo de inteligencia… Y volviendo a lo “serio”, Margarita Robles espera que los años transcurridos y los “errores que hay que lamentar”, no impidan las respuestas políticas, sociales y judiciales que en aquel entonces no se supieron o pudieron abordar y que “a lo mejor hubieran impedido conductas que tuvieron lugar” y que rechazaron.

Más trascente todavía, Valentí Puig, cree que el de Pujol no es un final inmerecido o injusto. “Al contrario, la dilación en el reconocimiento de la falta acumula toda la irresponsabilidad moral y política legitimada a partir de una idea heroica de la Cataluña irredenta, excepcional e intransferible. Montesquieu hablaba de la virtud como principio fundacional del gobierno y de la vida pública. Era la virtud, pero no referida a una cualidad moral de los individuos, sino al respeto de las leyes, porque “cada ciudadano debe tener con el bien público un celo sin límites”. Ciudadano Pujol: Algo huele a podrido en su Cataluña.”

Por mi parte, espero que cada vez seamos más las personas en Catalunya que rechacemos el pensamiento mágico, las fórmulas simples, el culpabilizar de manera tan infantil como acéfala a los demás de lo que nos pasa, y nos alejemos de los mitos de pies enfangados. Espero que seamos capaces de decidir un futuro sin falsas coartadas, un mañana solidario y digno.

 
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Publicat per a 28 Juliol 2014 in Ciutadania/Política

 

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Miquel Caminal, Mena, Garzón y el malestar de la democracia española

En la sala de actos de CC.OO en Via Laietana se celebró el pasado martes un acto de apoyo al juez Baltasar Garzón en el que participaron el ex-fiscal José Maria Mena, la periodista Montserrat Armengou y el profesor de Derecho Constitucional y director hasta hace pocos meses del Memorial Democràtic, Miquel Caminal. No fue un acto de palabras blandas ni contemporizaciones. Aquí les reproduzco algunos extractos de las intervenciones del ex fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), José María Mena, que no dudó en calificar al recientemente desaparecido Manuel Fraga como “verdugo de Grimau” y “asesino de Vitoria”. Y siguió opinando: “Fraga, dicen ellos, llevó a los franquistas, más o menos resignados, a convivir con la democracia, y era su mérito. Yo más bien creo que llevó la democracia a convivir con el franquismo aún no derrotado”.

Miquel Caminal ​desgranó, un magnífico discurso del que recojo la parte final:

“No puede haber reconciliación democrática sin memoria democrática. Podemos, y creo que debemos, defender una democracia abierta a todos, incluidos los recién llegados y a los que hasta ayer se alineaban con el autoritarismo. Pero en ningún caso podemos aceptar el accidentalismo político en la historia, ayer dictadura hoy democracia y mañana quien sabe. Tampoco podemos tolerar que se confundan hechos con opiniones. El hecho es que fue la derecha la que conspiró desde el primer día contra la Segunda República, el hecho es que fue Franco y los generales fascistas los que se sublevaron contra la República y provocaron el horror de la guerra civil, el hecho es que Franco, Hitler y Mussolini, es decir el fascismo internacional, ganaron por las armas e impusieron un régimen de terror y de exterminio, con una planificada persecución contra todos los republicanos. Esto son hechos, no opiniones subjetivas. Y no puede haber justicia sin la necesaria explicación de la verdad, la reparación moral y material y el reconocimiento para todas las personas que sufrieron injusticia y represión.

También se desnaturaliza la democracia cuando se impone desde el poder una determinada memoria histórica. Es el caso, por ejemplo, del enfoque patriótico de algunos memoriales, en forma de pueblo escogido, por lo que tiene de manipulación histórica por parte del poder, por lo que tiene de utilización de las víctimas del pasado a los intereses de la política del presente. Tampoco comparto una concepción de la memoria encadenada siempre al discurso negativo, porque hace el juego a aquellos que la quieren disecar, petrificar. Un ejemplo gráfico de este sesgo es la decisión de enviar la sede del Memorial Democrático al Castillo de Montjuïc. Esta localización es perfecta para identificar la imagen negativa de la memoria. Un castillo-fortaleza que mira al mar pero dispara contra la ciudad, que reúne una historia de terror y represión vigilante sobre Barcelona. Con el historial que acumula sería mejor destruirlo que no convertirlo en la sede del Memorial Democrático, con cínico oportunismo. Evidentemente, es un espacio desgraciadamente muy importante de nuestra memoria colectiva, que debe ser conocido y explicado de una manera muy diferente a la imagen turística que se le ha dado hasta hoy. Otra cosa son el monumento de Tortosa, incomprensiblemente aún no retirado, de apología bélica a los combatientes de la Batalla del Ebro, o el faraónico Valle de los Caídos. En este caso, lo recomendable es dejar que la naturaleza proceda a su metamorfosis, porque todas las falsas soluciones que se han ido dando forman parte de un juego de disparates. La memoria democrática sólo tiene un deber insoslayable en este punto: el apoyo a la voluntad de los familiares de los republicanos allí enterrados forzadamente.

cartells d'Antoni Tàpies

El discurso de la memoria democrática debe ser crítico y positivo si queremos promover una sólida cultura democrática como garantía de futuro. Debe ser crítico hacia un pasado con la voluntad de afrontar las injusticias y las violaciones de los derechos humanos, sean cuales sean los responsables. En este sentido, todas las dictaduras son condenables y perderíamos la razón democrática si aceptáramos excepciones, ni que fuera una sola. De igual manera, hay que denunciar todos los crímenes contra víctimas inocentes, sea cual sea la justificación ideológica que les ha amparado. Una de las características del juez Garzón es que se ha metido en campos ideológicamente minados, lo que le ha comportado desencuentros que no tienen justificación. La violencia y el terrorismo son siempre incompatibles con la democracia. La denuncia y reparación de las injusticias son condición necesaria para construir un futuro de paz y libertad. Al mismo tiempo también, se deben tener presentes las conquistas democráticas del pasado, como referentes en la lucha colectiva para avanzar hacia sociedades más libres y solidarias. En este punto, es necesario rendir homenaje a Antoni Tàpies y a su compromiso antifranquista, con motivo de su muerte.

En verdad, y gracias a Baltasar Garzón, estamos hablando no ya de memoria democrática sino de justicia y calidad democrática. En pleno proceso de degradación de las democracias europeas, y de la nuestra en particular, no podemos aceptar que el esfuerzo hecho en los últimos años para recuperar la memoria democrática sea anulado y combatido por los gobiernos conservadores de Catalunya y España. Cuando Baltasar Garzón afirma en la película-documental de Isabel Coixet que corrupción y democracia son incompatibles, o proclama ante el tribunal que “la única razón de Estado es la razón democrática de los ciudadanos”, está yendo al núcleo de lo que sostiene la verdad democrática. No hay justicia que prevalezca sobre la democracia. La justicia se inscribe dentro -y no al margen o por encima- del estado social y democrático de Derecho. Desde este postulado, el Tribunal Supremo no puede dar la espalda a los crímenes cometidos bajo el régimen totalitario anterior. Por tanto, no es legítima una justicia que antepone la continuidad del ordenamiento jurídico estatal a la razón democrática”. (…)

La periodista Montserrat Armengou, pidió también la “absolución de Garzón”.

 
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Publicat per a 9 febrer 2012 in Memoria Historica

 

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