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Arxiu d'etiquetes: Lourdes Benería

Con Juan Torres, Lourdes Benería, Carmen Sarasúa, Shoshana Zuboff, Hanna Arendt…

Storming the Bastille

Publicaba ayer el amigo y compañero Juan Torres Lopez un artículo en el que denunciaba con claridad y contundencia las mentiras interesadas del FMI. En su último informe insiste de nuevo (a pesar de las terribles evidencias que sus políticas están suponiendo para Grecia y Portugal) en un nuevo saqueo en los salarios. La fabulación del FMI, de acuerdo con Juan Torres, es que las previsiones de la bajada de los salarios no crearán el empleo esperado, sino que deprimirán la demanda interna sin que un más que difícil incremento de las exportaciones pueda compensar el estropicio. Pero lo que más me irrita es esta visión estrecha, centrada en previsiones mágicas del comportamiento económico, dejando al margen el sufrimiento, la precariedad, la enfermedad y muerte que conllevan para la población. Las instrucciones del FMI sólo sirven para seguir cebando la bomba de las desigualdades que hace imposible la supervivencia para cada vez más persones. Destruye lo que se ha convenido en llamar “clases medias” y que son, sobre todo, personas con profesiones y oficios que se ganaban un salario que permitía llevar una vida digna, o pequeños emprendedores que, con sus familias o algunos asalariados, crean la red de comercio, la pequeña industria auxiliar, los talleres o los servicios que articulan y vertebran ciudades y sociedades. Y mientras, los arrogantes estultos que siguen ciegamente las instrucciones del FMI (con o sin capotes de la Virgen) destruyen los servicios públicos para que los grandes tiburones que no entienden (ni les interesa para nada) ni la salud ni nuestra sanidad, coloquen los excedentes de sobreexplotación duramente extraídos de tantas y tantas mujeres y hombres a quienes apenas se les permite respirar. En sentido literal. La mentira repetida, oficial, en mil facetas y matices, emponzoña el aire.

Miente el FMI, mienten los ministros. mienten los tertulianos a sueldo y, con más desfachatez cada día, las portadas de algunos periódicos que ahora pretenden recuperar para Rajoy con Gibraltar la “gesta” de Aznar en el islote de Perejil del 2002…. aunque perjudiquen, sobre todo, a los españoles que tienen su puesto de trabajo en el peñón. Pero, ¿qué les importa? De nuevo al alba, con fuerte viento de levante, asaltan con sus bravuconadas el Congreso, y se burlan de nuevo de Marruecos consiguiendo que (de Rey a Rey) los pederastas salgan de la cárcel por las rémoras absolutistas de un poder que se columpia en la justicia… Aparte de la prostitución de la política exterior, les remito a la denuncia de Rosa María Artal sobre los peligros de utilizar la política exterior para asuntos internos. (¡Menudo papelón, dicho sea de paso, para Juan Carlos!

Ante comparecencias como las de Rajoy y declaraciones como las del FMI no puedo olvidar que en marzo del 2009 Shoshana Zuboff, profesora de Administración de Empresas en la Harvard Business School, publicó en el BusinessWeek su artículo “Delitos Económicos de Wall Street contra la humanidad”. Y recuerdo también a otra mujer importante, Hanna Arendt que acuñó para situaciones parecidas el concepto de “la banalidad del mal”. Y aunque Shoshana Zuboff deja bien claro que la crisis económica no es el Holocausto, afirmó que este modelo económico en el que vivimos “produce el mismo tipo de alienación e inconsciencia, agravado por la supresión generalizada de los juicios morales. A medida que aprendemos más sobre el comportamiento de nuestras instituciones financieras, vemos que casi todo el mundo acepta un sistema duro e irresponsable que recompensa a sus “insiders” pero niega que tengan ninguna responsabilidad por las consecuencias de sus transacciones. Sienten desprecio por el “otro”, por los “outsiders”, y no parecen sentir ninguna emoción al privar de casa a tantas familias mediante el mecanismo de hipotecas, o sin ahorros por en engaño de las “preferentes”…”

Al igual que lo que sucede con las personas que se ven expulsadas del sistema sanitario público, el sufrimiento de una familia obligada a abandonar su casa o la de un jubilado expuesto a perder su pensión, parece (y es) invisible para los ”insiders”, y a efectos prácticos no existe. Pero sigue un hilo de rebeldía: “Desde los días de Eichmann en Jerusalén, nuestra comprensión de los derechos humanos ha evolucionado para incluir los derechos económicos, sociales y culturales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la ONU incluye “la promoción del progreso social y elevar el nivel de vida con mayor libertad”… y puede estar acabando, por tanto, los tiempos de IMPUNIDAD para los crímenes (también los económicos) contra la humanidad.

Me referí a estos temas hace ya hace algún tiempo, pero Juan Torrres (como en su momento hicieron Lourdes Benería y Carmen Sarasúa) lo vuelve a poner en primer plano. Para consternación del mundo, miles de hombres y mujeres encargados de nuestro bienestar económico están fracasando sistemáticamente en cumplir con las nomas básicas de una conducta civilizada y no parecen capaces de discernir entre el bien y el mal. Y lo que es peor, parece que no existen instancias jurídicas capaces de hacerles responder por sus acciones. La seguridad de millones de personas en todo el mundo ha quedado amenazada o destruida por cómo los responsables políticos abordan las políticas que imponen bajo el shock de la crisis (releer a Naomi Klein y a Susan George), y nadie que no sea “insider” (o lo que es lo mismo, una persona con grandes recursos económicos) parece estar a salvo.

La banalidad del mal se oculta dentro de un modelo económico ampliamente aceptado que puede poner a personas y pueblos en situación de precariedad y de riesgo., sin qiue nadie rinda cuentas por su conducta, y por los derechos que conculcan. Y la impunidad ya parece moneda de curso legal entre los políticos amparados por la corrupción, escondidos detrás de “los mercados”, guiados por la cobardía y la insolidaridad hacia las personas por las que se supone deben gobernar en aras del “bien común”.

Y ahora ya no cabe dudar de si son conscientes o no de los daños que provocan con las políticas que recomiendan. Como dice Juan Torres: “Recortando salarios se beneficia a los grandes grupos empresariales que no dependen de la demanda efectiva española, sino que operan también un otros muchos mercados internacionales. Mientras que con estas medidas se arruinará aún más y sin remedio no solo a los trabajadores sino también a los pequeños y medianos empresarios que viven de esa demanda, es decir, de la masa salarial.

El FMI es consciente de ello y de todo lo que hace. Sus economistas y directivos no pueden estar tan ciegos. Los seleccionan a propósito entre los más inteligentes así que saben perfectamente que ya en otras muchísimas ocasiones se han “equivocado” haciendo estas propuestas, como ellos mismos han tenido que reconocer más tarde. Nadie se puede equivocar tanto a favor siempre de los mismos casualmente.

Por tanto, no se puede aceptar que nos encontremos ante una propuesta accidental o de buena fe. Es una decisión consciente que se sabe que se toma a favor de alguien y a costa del sufrimiento de millones de personas. Debe ser considerada, pues, como lo que es, como una agresión, como un delito premeditado contra un pueblo. Por ello, no solo hay que desobedecer al FMI. Hay que denunciarlo, pedir responsabilidades a sus dirigentes y directivos y exigir que una legislación y tribunales internacionales las investiguen y condenen cuanto antes.”

Pues yo me apunto. Con Lourdes Benería, con Carmen Sarasúa, con Shoshana Zuboff, en un sentido parecido al que nos indicaba Hanna Arendt. Y si los Tribunales no admiten las quejas, siempre quedará la ciudadanía para condenarles.

 

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La crisis es una estafa y un crimen económico contra la humanidad

En marzo del 2009 Shoshana Zuboff, profesora de Administración de Empresas en la Harvard Business School, publicó en el BusinessWeek un artículo que, a pesar de su importancia –o quizás por eso mismo— apenas ha tenido repercusión. Con el título “Delitos Económicos de Wall Street contra la humanidad” denunciaba la falta de regulaciones y control que había hecho posible que determinadas empresas recibieran grandes ayudas y subsidios, a pesar de las consecuencias negativas que su actuación había tenido para millones de personas. La dureza del escrito se refuerza por el hecho de que Zuboff relaciona los estragos de la crisis que vivimos con lo que Hanna Arendt escribió para el The New Yorker sobre el criminal de guerra Adolf Eichmann cuando asistió a su juicio en Jerusalen. Arendt reflexionaba entonces sobre “la extraña interdependencia entre la irreflexión y el mal” que la llevó a acuñar su famosa fórmula sobre “la banalidad del mal”. Arendt no vio en el criminal de guerra Eichmann a nadie “pervertido ni sádico”, sino a un ser “terriblemente y aterradoramente normal”.

Shoshana Zuboff deja bien claro que la crisis económica no es el Holocausto. Pero, dicho esto, sí piensa que este modelo económico en el que vivimos “produce el mismo tipo de alienación e inconsciencia, agravado por la supresión generalizada de los juicios morales. A medida que aprendemos más sobre el comportamiento de nuestras instituciones financieras, vemos que casi todo el mundo acepta un sistema duro e irresponsable que recompensa a sus “insiders” pero niega que tengan ninguna responsabilidad por las consecuencias de sus transacciones. Banqueros y especialistas financieros participan de un modelo empresarial que celebra lo que es bueno para los “insiders” mientras se deshumaniza y distancia de todas las demás personas: los “outsiders”.

La autora calificaba este comportamiento de “narcisismo institucionalizado” y lo concretaba en el desprecio por el “otro” que se demuestra en su última expresión al privar de casa a tantas familias mediante el mecanismo de hipotecas de alto riesgo, o el negocio de derivados por el que no hay que rendir cuentas a nadie (o la destrucción de un sistema público de salud con todo el atentado a la equidad que supone, podríamos añadir con argumentos fundamentados). Al igual que lo que sucede con las personas que se ven desatendidas por el sistema sanitario, la autora nos explica que el sufrimiento de una familia obligada a abandonar su casa o la de un jubilado expuesto a perder su pensión, parece (y es) invisible para los ”insiders”, y a efectos prácticos no existe. Y continúa: “El proceso a Eichmann envió el mensaje al mundo de que los individuos deben responder por los criterios que adoptan, a pesar de las circunstancias institucionales tóxicas.” Lo que interesa destacar es que este mensaje no se limita a los horrores indescriptibles del asesinato en masa en tiempos de guerra, sino que “no se puede culpar al sistema por las cosas malas que cada uno ha hecho”. Desde los días de Eichmann en Jerusalén, nuestra comprensión de los derechos humanos ha evolucionado para incluir los derechos económicos, sociales y culturales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada por la ONU incluye “la promoción del progreso social y elevar el nivel de vida con mayor libertad”.

Para consternación del mundo, miles de hombres y mujeres encargados de nuestro bienestar económico están fracasando sistemáticamente en cumplir con las nomas básicas de una conducta civilizada y no parecen capaces de discernir entre el bien y el mal. Y lo que es peor, parece que no existen instancias jurídicas capaces de hacerles responder por sus acciones. La seguridad de millones de personas en todo el mundo ha quedado amenazada o destruida por cómo los responsables políticos abordan las políticas que imponen bajo el shock de la crisis (releer a Susan George), y nadie que no sea “insider” (o lo que es lo mismo, una persona con grandes recursos económicos) parece estar a salvo.

De acuerdo con Shoshana Zuboff, la crisis económica ha demostrado de nuevo que la banalidad del mal se oculta dentro de un modelo económico ampliamente aceptado que puede poner a personas y pueblos en situación de precariedad y de riesgo. Se pregunta si no deberían las empresas rendir cuentas por su conducta, y por los derechos que conculcan, pero también si no deberían hacerlo las personas cuyas acciones han desencadenado consecuencias tan devastadoras. Y entre ellas, creo yo, deberían estar los políticos amparados por la corrupción, escondidos detrás de “los mercados”, guiados por la cobardía y la insolidaridad hacia las personas por las que se supone deben gobernar en aras del “bien común”. Shoshana Zuboff cree (y yo comparto su convicción) que la crisis, la creciente evidencia de fraude y corrupción, los conflictos de intereses, la indiferencia ante el sufrimiento, el rechazo por asumir responsabilidades, y la ausencia sistemática del juicio moral individual está produciendo una masacre en la administración de la economía cuyas proporciones constituyen un auténtico crimen económico contra la humanidad.

Ver también el artículo sobre los crímenes económicos contra la humanidad de Lourdes Benería y Carmen Sarasúa.

 

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Imprescindible: Lourdes Beneria i Carmen Sarasúa parlen dels crims econòmics contra la humanitat

Si no ho varen poder veure ahir, avui no s’ho perdin!

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Lourdes Benería, Carmina, Angels Martínez Castells
(a la foto, la Lourdes amb la Carmina Olivé i amb mi mateixa, en els 10 anys d’EUiA)

Veure, de les autores: “Crímenes económicos contra la humanidad”
Políticas anti-déficit: políticas de desigualdad
La culpa del paro es de los trabajadores

I de Lourdes Benería: Crecimiento sin igualdad, no gracias
Repensar els treballs informals i la precarietat

 

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Políticas anti-déficit: políticas de desigualdad

lourdes-beneria.jpgMe gusta seguir lo que publica Lourdes Benería. Con Carmen Sarasúa reflexionan no tan a menudo como quisiera desde las páginas de El País sobre economía feminista. Dicen cosas tan sensatas que ponen en evidencia todo el montaje grandilocuente, falso y expoliador de la economía neoliberal al uso. ¿Se imaginan ustedes a Rajoy, por ejemplo, diciendo que en vez de proponer el programa de Cameron “a la española” (sin más valoraciones sobre cómo va a repercurtir en el empleo y el fomento de las desigualdades en pobreza y género) lo que va a impulsar son –como aconsejan Carmen y Lourdes– Presupuestos que valoren el impacto de género de las decisiones públicas para que se afirme la igualdad entre todas las personas, y por tanto, también entre mujeres y hombres?

Parece que cuesta demasiado entender que las políticas de igualdad de género significan mayor equidad en la sociedad donde se aplican, porque entonces no se habría hecho lo indecible para invisibilizar la palabra Igualdad que estaba en primer plano en un Ministerio, oscureciéndola en una Secretaría de Estado… Y no quiere entenderse tampoco que una sociedad con menores desigualdades es una sociedad más justa, democrática, saludable y feliz. Pero ya sabemos, además, que ciertos partidos y ciertos políticos son, además de ultraconservadores, los campeones del mal rollo… y ni siquiera se saben reír.

Lo que proponen Lourdes y Carmen va en el sentido contrario. Nada que ver con los programas de Cameron, de Merkel, de Rajoy, y mucho me temo que tampoco de Obama –después de oír ayer sus primeras palabras tras de la “paliza” electoral  del Tea Party financiado por grandes corporaciones, enemigas naturales de las políticas que fomenten la igualdad. Y aunque una no debe apartarse del hilo argumental, quiero decir que lamento que desaparezca del primer plano Nancy Pelosy, una mujer a la que me gustaba oír razonar y pelear por lo que consideraba justo. Estoy segura que otras mujeres, más tarde o más temprano, tomarán el relevo, conscientes de sus derechos y responsabilidades… y muy lejos de las Sarah Palin hechas por encargo con materiales de deshecho y barbies recicladas.

Dicen Lourdes y Carmen:

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Publicat per a 4 Novembre 2010 in Economia crítica, Gènere

 

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Crecimiento sin equidad ¡no, gracias!

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En relación a las diferencias de renta entre los países que forman la Unión Europea que ofrecía en mi post anterior –y que ofrecen una amplia gama de lecturas—sólo he recibido un largo comentario de HilarioIdeas (sic) que creo merece alguna puntualización. En esencia, en el comentario se afirma que si se quiere que el PIB crezca más que el de otros países de la U.E. hay que continuar la política de liberalizaciones y reformas estructurales que él atribuye al PP pero que de hecho surgieron mucho antes… El largo texto sólo contiene, de hecho, esta propuesta que hace dudar de lo acertado del seudónimo, ya que la idea ni siquiera es original: se viene repitiendo desde el conservadurismo económico hasta la saciedad, y encuentra su filón más importante comparando el comportamiento macroeconómico de los Estados Unidos con el de los países centrales de la Unión Europea. El argumento, en el fondo, nos dice que si optamos por más privatizaciones y mayor desigualdad social creceremos más. Por el contrario, cualquier política económica intervencionista y una red de protección social estructurada desde el sector público inducirán menor crecimiento e inflación.

Los abogados de esta simplificación que se encuentran en todos los periódicos, fundaciones neoliberales –y también en los lobbys de Bruselas– olvidan que por lo que al crecimiento económico se refiere, la realidad es contradictoria. Su modelo puede ayudar bajo determinados supuestos a incrementar el crecimiento, pero casi siempre a costa de incrementos mucho mayores –y más dolorosos—de la desigualdad. Y el crecimiento con igualdad es en general un objetivo preferible en las democracias que ganar carreras de aumento del PIB a costa de desgarro social. Por ejemplo, nos recordaba Lourdes Beneria que “el gran éxito de la industrialización y el crecimiento de los tigres asiáticos de los últimos cincuenta años (incluyendo el caso japonés) ha tenido lugar sobre una base social relativamente igualitaria. Por el contrario una región como América Latina, con unos niveles de desigualdad entre los más altos del planeta, no ha logrado un crecimiento económico que pueda compararse con el asiático.” Podríamos añadir además que en América Latina se habían realizado los procesos de privatización más importantes de los últimos tiempos, lo cual no ayuda nada a las tesis defendidas por los neo-conservadores. De forma similar, para los países con menor PIB per capita de la Unión Europea, parece preferible un proceso de convergencia más lento pero menos generador de desigualdades internas ya que también la mayoría de países que encabezan la lista –excluido Luxemburgo—gozan de un estado del bienestar envidiable.

No hay nada demostrado sobre la tesis que se pretende irrefutable de que el mercado sin intervenciones lleve a tasas de crecimiento mayores. Pero en cualquier caso, desde el punto de vista del bienestar social, es difícil aceptar que éste sea el primer objetivo de la política económica. Volviendo a L. Beneria: “La maximización del crecimiento es un objetivo economicista que ignora otros objetivos sociales fundamentales, En primer lugar no presta ninguna atención a las ideas asociadas con el llamado enfoque del desarrollo humano, el cual va más allá de lo económico y fija su atención en la expansión de las “capacidades” de las personas para “ser” y para “hacer.” Tal como inicialmente lo expuso el premio Nobel de Economia Amartya Sen y tal como ha sido desarrollado por otros autores e instituciones como el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), el impacto de este enfoque ha sido enorme y es difícil ignorarlo. Por otra parte la maximización del crecimiento económico como objetivo principal no puede ignorar el problema tan urgente de la sostenibilidad del sistema. A estas alturas de deterioro del medio ambiente y de los grandes riesgos en torno a la misma sobrevivencia de nuestro planeta, la búsqueda del mayor crecimiento económico sin tener en cuenta los problemas de sostenibilidad parece ya no sólo irresponsable sino altamente arriesgada.”

 
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Publicat per a 21 Desembre 2007 in Benestar, Economia crítica, Europa, Igualtat

 

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Repensar els treballs informals i la Precarietat

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Lourdes Beneria m’ha enviat l’adreça electrònica del llibre: “Rethinking Informalization: Poverty, Precarious Jobs and Social Protection” del que és autora i editora, juntament amb Neema Kudva.

Malgrat que la data de publicació és de maig del 2005 no ha tingut la difusió que es mereix, i seria massa injust que caiguès en l’oblit de les estanteries virtuals, com es pot jutjar per un resum de l’abstract que cito a continuació:

“La globalització, la reestructuració econòmica en profunditat i les polítiques neoliberals han transformat el món del treball tant en el Nord com en el Sud. Al contrari del que esperaven qui estudiava el “sector informal” en els anys 1970 i 80, l’economia informal segueix estenen-se i guanyant terreny. Aquesta edició recull les aportacions d’un grup interdisciplinari de persones dedicades a la investigació i a intervenir amb les seves actuacions repensant la informalització del món laboral. En conjunt exploren els processos i els motius que s’amaguen sota el creixement de les activitats informals i les possibilitats de generar treball decent i mercats de treball equitatius en les condicions actuals. En el llibre s’inclouen textos que examinen la diversitat de les activitats informals, els processos que generen el seu creixement i la manca de preocupació per les creixents desigualtats econòmiques i socials. Algunes de les contribucions es centren en la necessitat de repensar les proteccions socials del treball i la generació de treball digne. Altres vinculen els treballs informals amb la pobresa, i l’assaig que clou el volum es centra en els impactes del treball informal en la segmentació de l’espai urbà i la política”

Per a totes les persones que seguim treballant en les condicions de precarietat i salut a fi d’anar omplint de contingut la “Carta de Barcelona” i per a les estudioses de la qüestió de gènere, recomano sincerament que us baixeu el text perque la seva qualitat no és el menor element que el manté de molta actualitat.

 http://ecommons.library.cornell.edu/bitstream/1813/3716/1/Rethinking+Informalization.pdf

I bona lectura!

 

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