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La paradoja de las luchas por la sanidad pública. Entrevista a Ana Martínez

Magnífica y esclarecedora entrevista publicada en Los mares del sur a la enfermera, investigadora, activista y gran persona Ana Martínez. En el texto se inserta toda la problemática de la sanidad y la salud en el amplio contexto de “las causas de las causas”, pero sin huir de los datos concretos que permiten ver, con igual claridad, los árboles y el bosque. Por ejemplo, qué significa el proceso que sufre (y así, sufrimos todas) el Hospital Clínic…. Para leer despacio, tomando nota!

imageAna Martínez nació en Barcelona en 1981. Trabaja como enfermera en el servicio de urgencias del Hospital Clínic de la misma ciudad. Es coordinadora, junto con Montse Vergara, del libro recientemente publicado, “Cómo comercian con tu salud” (Icària, 2014), en el que se plasma el trabajo de la primera fase del proyecto “Privatizando la sanidad. Impacto en la salud de la privatización de la sanidad en Catalunya”, impulsado por múltiples colectivos embarcados en la investigación, desvelamiento y denuncia del complejo proceso de privatización de la sanidad pública catalana, oculta bajo una ola desarticuladora que pretende invisibilizar las consecuencias y los mecanismos que la rigen. Nos saluda con su sonrisa indeleble en la puerta de su centro de trabajo, lugar de encuentro también para una tarde dominical, desde donde nos lleva a una terraza no muy lejana, donde, tras una mirada desconfiada a la grabadora, da rienda suelta a su discurso vivaz.

LMS. ¿Te definirías como enfermera o investigadora en salud?
AM. Ni lo uno ni lo otro me convence. Ahora mismo soy activista por la defensa de la sanidad pública. Es como si nos fuera la vida en ello (risas).

LMS. ¿En qué momento te involucraste en la lucha por la sanidad pública?
AM. Los tijeretazos contra la salud se empezaron a aplicar con fuerza justo antes de que estallara el 15M, en 2011. Hacia finales de 2010, con la llegada de CiU al poder y los vientos austericidas que trajo consigo, mucha gente, entre ellos un gran número de trabajadores de la salud, se levantó contra las medidas implementadas por el conseller Boi Ruiz. Curiosamente, en general creo que no se recuerda bien la cronología. Si le preguntas a alguien por la calle, te dirá que toda protesta masiva se dio tras el 15M, pero lo cierto es que las que estuvimos implicadas en las primeras luchas lo recordamos como un fenómeno de masas que se dio bastante antes del 15 de Mayo. Por ejemplo, “Indignados por los recortes en sanidad” (nacido por iniciativa de los compañeros del Hospital del Mar) éramos originalmente cuatro gatos (asindicales y horizontales) que nos comunicábamos a través de Facebook y organizábamos movilizaciones contra los recortes sanitarios. Conocimos a Democracia Real Ya en los compases previos al 15M y también a algunas compañeras de la PAH, que llevaba más de cuatro años en pie de guerra. Después el levantamiento popular desencadenado a partir del 15 de Mayo nos pasó por encima y nos integramos en él. A veces pienso que entonces se deslizó algo muy profundo, algo que movilizó a ciudadanas y trabajadoras de una forma que no volveremos a ver en Catalunya.

LMS. ¿Cómo nació el libro “Cómo comercian con tu salud?”
AM. El libro se concibe en la indignación, nace en la academia y cuenta con la colaboración de múltiples actores: investigadores, activistas, plataformas, entidades…. Me explico: es la plasmación de un grito, el de las plataformas en lucha por la sanidad, los movimientos sociales, las asociaciones de pacientes y usuarios, canalizado a través del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud (GREDS-EMCONET), con Joan Benach y Gemma Tarafa a la cabeza, frente a la necesidad de hacer un esfuerzo de análisis ante un fenómeno tan difícil de aprehender como es la privatización de la sanidad catalana. Así que se decidió llevar a cabo una colecta pública de dinero (lo que ahora se llama “crowdfunding”, jejeje), a través de un blog y un verkami, para arrancar el proyecto en cuatro fases de las que el libro es sólo la primera. Montse Vergara y yo nos animamos a coordinarlo. Durante su elaboración, el documento ha contado con la estrecha colaboración de las personas, plataformas y entidades en defensa de la sanidad pública, que lo revisaron, aportaron sus notas, modificaciones y dieron su visto bueno. Ha sido un trabajo con mucho feedback.

LMS. ¿En qué consiste cada una de las fases del proyecto?
AM. Dejadme primero aclarar una cosa: la necesidad del proyecto no consiste en guiar la actividad de los movimientos sociales. Se trataba de conseguir una base teórica sólida, de cargarnos de argumentos para defender un derecho. En Catalunya, la información es escasa, los datos se han tratado de ocultar todo lo posible desde el principio. Con más énfasis en los últimos cinco años. Todavía hoy sigue siendo un problema muy relevante, al que la actual administración gira la espalda de manera interesada. Por eso mismo la primera parte del proyecto consistió en hacer un barrido de datos inicial, detectando los “gaps” existentes y aproximándonos a cuál podría ser la investigación ulterior. Esta primera fase responde a dos interrogantes principales: en primer lugar, identificar los elementos de privatización y mercantilización del sistema catalán. En segundo lugar, aproximarnos al mecanismo mediante el cual esas medidas de austeridad (entendidas también como elementos de privatización y mercantilización del sistema) han podido impactar en el sistema de salud y en la salud de la población, tratando de distinguir nítidamente- lo cual no es nada fácil- entre austeridad y privatización. La siguiente fase, en marcha actualmente, es redactar un informe con un carácter más reflexivo, ampliado y propositivo del que generó la primera fase.

imageLMS. En el libro se hace mucho hincapié en la necesidad de diferenciar claramente entre mercantilización y privatización. ¿Por qué?
AM. Es importante distinguir ambos conceptos para conocer el sistema sanitario catalán y poder identificar los mecanismos de su génesis, transformación y ahora destrucción en su vertiente pública. La privatización, más sencilla de definir a pesar de no estar libre de controversias, es la transferencia de recursos de la esfera pública a la privada, en las diferentes funciones que tiene el sistema: gestión, provisión, dirección, formación, etc.; mientras que la esencia de la mercantilización no radica en la titularidad de los recursos, sino que es la introducción de elementos de mercado en el sistema público. Los “elementos de mercado” abarcan desde la conceptualización, que afecta al discurso, de la salud como un producto y no un derecho, hasta la ley, que la privatiza de facto. El ejemplo paradigmático son los entes públicos, empresas y consorcios públicos, de titularidad pública, financiación variable y gestión cada vez más frecuentemente de carácter mixto en la sanidad catalana, en proceso de privatización radical. Todo ello inducido por los cantos de sirena de los adeptos de ESADE & cia., voceros neoliberales, que no paran de insistir, sin fundamento, en que la sanidad pública es insostenible, en la necesidad de implementar mecanismos para aumentar la eficiencia, etc., lo cual entra de lleno, de nuevo, en la ideología que propicia los procesos de mercantilización. Recubierto de tecnicismos y apariencia de objetividad, está el interés puro y duro de convertir la salud en una mercancía más, la sanidad en un negocio. Los procesos de privatización implican siempre mercantilización. La mercantilización, más subrepticia y difusa, no siempre implica privatización o la implica de forma parcial. Aunque a mí me gusta decir que la mercantilización es la antecámara de la privatización.

LMS. Por suerte, pues ¿qué queda hoy sin mercantilizar?
AM. Así es…

LMS. ¿Es el Hospital Clínic un ejemplo de esto?
AM. Es el paradigma del Modelo Catalán. En él se dan los dos fenómenos con una intensidad brutal y, hasta ahora, una falta de consciencia abrumadora por parte de los trabajadores y usuarios. Y no sorprende, pues tras años y años de privatización encubierta y propaganda (mercantilización), durante los que millones de euros se han ido por el sumidero, se han cerrado más de un 20% de camas, se derivan miles de pacientes al ámbito privado (Hospital Sagrat Cor, Hospital Plató, Hospital General de Catalunya, todos de IDCSalud, antes Capio, cuyo actual director de innovación fue el anterior director general del Clínic), la excusa de la austeridad se está usando como ariete justificador del lucro oculto (o no tan oculto). En cuanto a la cooptación de los trabajadores por la élite dirigente, en plena danza centrípeta, como corresponde a toda puerta giratoria, especialmente en el caso de los médicos, el comité de delegados, único sindicato existente para la plantilla médica y del que se pasa a formar parte automáticamente con la firma del contrato, ha jugado un papel importante amedrentando a los pocos que se atrevieron a cuestionar el modelo o las medidas derivadas del mismo. En cuanto a enfermería, ahora se ha creado un comité específico para nosotras, por lo que muchas de mis compañeras callan y sueñan con subir, como hacen los médicos, por la escalera que va de la precarización al estrellato monocorde. Sin contar con el resto de categorías profesionales. Es más, pisándolos si cabe, para defender “lo nuestro” como categoría. Es inteligente por parte de la empresa: divide y vencerás.

LMS. ¿Por qué crees que hoy en día, a diferencia de lo que pasaba hace apenas unos años, en centros públicos los hospitales o la universidad hay tanto miedo por parte de los trabajadores a expresar el descontento? ¿Por qué se hace tan difícil crear redes de solidaridad y acción colectiva en estos lugares?
AM. No hay una sola razón, pero el motivo más importante ahora mismo, a mi parecer, es el miedo. La situación actual produce en todos y todas miedo a perder el trabajo, incluso en aquellos que tienen la suerte de no engrosar la segunda lista más importante de jóvenes en edad laboral después de los parados: los hiperpreparados precarios. Pero siempre hay valientes: en el Clínic, por ejemplo, cuando hicimos la primera acampada, muchas y muchos de los que allí estaban eran suplentes.
En la universidad, creo que probablemente el factor miedo se ve por lo menos equiparado por el individualismo autorrefencial inducido por la hegemonía académica actual, que fuerza a dejar de pensar y actuar colectivamente para encerrarse a escribir papers y solicitar becas a entidades privadas. Un profesor politizado no está bien visto, ni bien entendido, como si los que se las dan de “liberales neutros” no tuvieran una actitud política. Dicho esto, quiero añadir que el desamparo al que se ven abocados los trabajadores en el ámbito privado es mucho peor, pero no se habla de ello porque no interesa. De momento, hay que desacreditar todo lo público y alabar lo privado.

LMS. ¿Qué papel crees que han jugado los sindicatos en todo esto?
AM. La crisis política se manifiesta también en el mundo sindical, de manera triste y perversa. Es una crítica que hace muchos años que se está dirigiendo hacia ellos, pero hace todavía más años (tantos como tiene el bipartidismo) que las cúpulas sindicales hacen oídos sordos. Los sindicatos de clase han sido parte del problema, y otros, más activos y radicales, no han sabido agitar o movilizar a la gente. Estaban cómodos en su posición. El problema es tremendo, porque más allá de su inutilidad actual, no parece que vayan a renacer de sus cenizas aunque tuvieran intención y capacidad de reactivarse y reconstituirse. La intensidad del sectarismo, seguidismo, entreguismo, cainismo, depende, de todas formas, del centro de trabajo del que hablemos. Hay ejemplos recientes muy loables. Sin embargo, la desconfianza que generan, por muy inducida que sea en parte por determinados sectores de la clase política y empresarial, está, en términos generales, justificada. Por eso creo que en el desbordamiento transitorio del sistema que simbolizó el 15M era clave olvidar las banderas. La gente estaba muy cabreada, también con los sindicatos, que por acción o por omisión tenían parte de la culpa.
Por ejemplo, pasa en el comité de empresa del Hospital Clínic: cuando desde el grupo de Tancada Clínic nos presentábamos en las reuniones reclamando nuestro derecho a participar, nos decían literalmente: <<preséntate y que te voten; entonces podrás hablar>>. Lo mismo que nos decían en el Parlament, lo mismo que nos dicen desde el Gobierno. Reproducen las mismas formas vacías y antidemocráticas de eso a lo que llaman sistema de representación. En fin, miedo y mediocridad, como en tantos otros sitios.

LMS. En un mismo orden de cosas: ¿y la academia? ¿Juega toda ella un papel legitimador de las propuestas neoliberales o hay focos críticos?
El pensamiento crítico, por desgracia, ha pasado de ser uno de los leitmotivs de la universidad a un motivo de vergüenza entre la casta académica. Creo que Joan Benach y su grupo de trabajo funcionan de una manera bastante excepcional en la Universitat Pompeu Fabra, donde también trabaja Vicenç Navarro, muy crítico con la austeridad en general y en la salud en concreto. Pocas puertas más allá de sus despachos, están los economistas, los de Andreu Mas Colell, tránsfuga del comunismo al costumbrismo, encabezado el pasillo por un cuadro de Milton Friedman: es un insulto diario.

LMS. ¿Crees que las cátedras de salud pública y preventiva de las facultades de medicina se han opuesto en general a los recortes?
AM. En absoluto. Yo creo que, en cierta manera, Benach se la juega. La sensación que tengo es que la gente que está más comprometida no puede mantener unos principios muy radicales desde la academia. Vicenç Navarro podría ser un ejemplo: en términos políticos se posiciona en la socialdemocracia, aunque tiene claro que hay que frenar la austeridad, no es un radical.

LMS. Has comentado más arriba, y no es la primera vez que lo oímos, que el colectivo médico está impregnado de clasismo. Salvo honrosas excepciones, como ocurrió en la marea blanca de Madrid, los médicos no suelen implicarse en lucha alguna, a no ser que sea puramente gremial. Probablemente esto sea consecuencia de dos fenómenos esencialmente: el papel de clérigo paternalista que se le ha atribuido al médico históricamente, con el mensaje implícito de que, como todo confesor, no debe tener características distintivas que vayan más allá del acento o la marca del reloj y, por otro lado, la carrera por el reconocimiento y/o el enriquecimiento, llena de sacrificios, chanchullos, gestas, competencia irracional, insomnios, calumnias, y otras tantas caras que rebasan lo ético, pero que en ningún lado incluyen la politización explícita (como si lo de Piqué, Boi Ruiz, Lasquetti, Belenes, etc, no fuera político…) y en casi todos los casos conllevan un falso sentimiento de pertenencia a la clase dominante (hace poco Yanis Vaorufakis decía que es una de las tentaciones más habituales y más difíciles de resistir: el discreto encanto de la burguesía). ¿Se podría extrapolar al colectivo de enfermeros y enfermeras?
AM. Menos en términos cuantitativos, pero cualitativamente te diría que el mecanismo se está incorporando en un grado incluso mayor que entre los médicos. Yo veo en mis compañeras el deseo irrefrenable de llegar a la misma posición que el estamento médico. Es decir: situarte siempre por encima del resto de trabajadores.

LMS. ¿Funciona como un sistema de clases?
AM. Sí. Exacto. Enfermería sería la supuesta clase media, que se saca el pañuelo palestino frente a los médicos y las cacerolas para diferenciarse de “los negros de abajo” (compañeros y compañeras de limpieza, camilleros, seguridad, administración, etc.). De hecho, el sistema de promoción profesional no sólo es jerárquico, sino que es claramente clasista. Enfermería tiene un muy buen sistema de promoción. Sin embargo, al resto de estamentos se les dieron las migajas. Cada uno en su sitio, aunque el rasero patine o se acerque, más o menos, según quién acerque la mano. Mirando al colectivo médico, lo dividimos por temor, nos dividimos por envidias, nos separamos de las que realmente son las nuestras.

LMS. ¿Crees que es aplicable una lectura de clase a la evolución de la salud pública? ¿Crees que si, a diferencia de lo que se ha dicho durante los últimos cuarenta años, la transición fue una derrota de los trabajadores y no una victoria, estamos metidos hasta el cuello en el lodo de aquellos polvos?
AM. Es evidente que sí. Es una estrategia para tener controlada a la sociedad, para llevar más allá todavía la “sociedad de los dos tercios” propuesta por Thatcher. Llevamos decenios apuntalando una falacia, con la invención de una supuesta clase media separada de la clase trabajadora, dando por supuesta la “ahistoricidad” del sistema, lo perenne de los derechos, etc. Todos queríamos escalar cómodamente, valga el oxímoron. Acabas pensando que el opresor es el modelo a seguir.

LMS. ¿Esa clase media que se ha visto desprovista de la base económica que permitía su modo de vida, que se sentía identificada con el modelo de crecimiento, accederá a entrar en mutuas privadas o aceptar la privatización?
AM. Espero que no. Por lo menos otras muchas personas y yo trabajamos para impedirlo. Ahora hay más gente despierta, consciente, que cuando empezamos a dar voces en el desierto hace cuatro años. No obstante, que no estemos en el desierto no significa que estemos pregonando frente a las masas. Usamos lengua de signos para sordomudos en mitad de la selva de pantallas y altavoces que repiten el mantra oficial sin parar. Luchar contra eso no será cosa de dos días. Sin embargo, pongo en duda que la gente no reaccione pase lo que pase. Cualquiera se da cuenta de que lo están atendiendo peor, o de que lo han dejado de atender, o de que le cobran por la consulta, o le hacen ir a rehabilitación muy lejos de su domicilio.

LMS. Pero habrá una parte de la gente que, sin formar parte de la élite social, podrá permitirse pagar una mutua y lo haga pensando que es lo que le conviene, aunque hasta ahora haya acudido siempre a la sanidad pública.
AM. “Poder permitírselo” no es una realidad objetiva, es un cambio de prioridades inducido por las necesidades, que a su vez responde al discurso hegemónico. No sé si habéis visto la televisión catalana últimamente, pero los anuncios de mutuas y servicios sanitarios privados se han multiplicado de una manera insultante. Hasta cuando se emitió el documental Ciutat morta, el primer anuncio que pusieron, frente a una audiencia teóricamente crítica pero en todo caso muy amplia, fue el de una mutua de seguros. Pero insisto: hay una parte de la clase media que sí que se ha visto desprovista de todo, incluida la cobertura sanitaria, y a marchas forzadas. Así han despertado. Pastilla roja o pastilla roja, ni elección a lo Matrix ni leches. El ejemplo de la PAH es perfecto para explicarlo.

LMS. ¿Qué son los determinantes sociales de la salud?
AM. No soy una experta en determinantes de salud. Os recomiendo que recurráis a cualquier trabajo de Joan Benach. En todo caso, en síntesis podríamos decir que en nuestra salud no sólo influye el sistema sanitario, también son fundamentales la vivienda, las condiciones de empleo, el entorno familiar y educativo, el nivel socioeconómico, el género, etc. Hay que distinguir la salud de la sanidad. Hasta ahora, con los recortes en los hospitales y en los centros de atención primaria, nos estábamos refiriendo a la sanidad, pero la salud engloba muchos otros factores. Los pobres no solo mueren más, sino que además mueren peor. No es casual que en las zonas más pobres haya más hipertensos, más diabéticos… no porque coman menos sino porque comen peor, porque tienen que priorizar su hipoteca o no tienen tiempo para cuidar de su salud. Tienen menor percepción de su salud, menor conciencia de la misma. Hay ejemplos muy cercanos y sencillos, a la vez que terribles: la esperanza de vida de un vecino de Pedralbes en casi diez años mayor que la de uno de Nou Barris. A los grandes popes de la medicina moderna y a los adalides de la “modernización del sistema”, que tanto se jactan de que sólo tienen en cuenta las propuestas basadas en la evidencia, aquí tienen una evidencia. Lo que les falta es, tal vez, “videncia”.
Hago un paréntesis para poner un ejemplo: cuando se lanzaron las Entidades de Base Asociativa en Barcelona (que permitieron a médicos inversores adjudicarse centros de salud pertenecientes a la red pública), fue casualmente en los barrios más ricos donde se llevó a cabo con más ahínco. Ello pone de manifiesto dónde tenían más oportunidades de negocio estas entidades con ánimo de lucro. El 33% de los pacientes de las EBAS tiene doble cobertura frente al 8% del resto de CAPs. Las EBAS están situadas, principalmente, en zonas muy estratégicas. Dónde van a poder ser más eficientes, es decir, hacer mejor negocio? En una zona de ricos, con doble cobertura… para las “tonterías” se van a la privada
Muchos se apresuran a concluir: entonces que los ricos se paguen la sanidad y que para el resto sea pública. Se equivocan. Primero, por una cuestión de equidad y, segundo, porque al pijo le gusta evitarse las listas de espera y tener una habitación individual con vistas al mar, pero si tiene que escoger entre eso y no morirse de una enfermedad grave, no dudará y acudirá a la pública. En resumen: todos podemos vernos, antes o después, afectados por los recortes y privatización de la sanidad pública.

LMS. ¿Crees que es consecuencia de que el modelo es muy asistencialista, con poco énfasis en las medidas enfocadas a la medicina preventiva?
AM. Ahora nos quejamos de eso, no hemos hecho educación sanitaria ni programas de educación, se ha adelgazado la atención primaria en lugar de robustecerla y la prevención brilla por su ausencia. Es parte de la estrategia neoliberal. Sin programas de educación en salud y prevención conviertes a la población en más dependiente del sistema sanitario. Después, ya puedes culpabilizarla y responsabilizarla. Además, con un sistema preventivista, la industria farmacéutica dejaría de ganar mucho dinero. Hemos convertido a la población en individuos dependientes para poder pedirles que se corresponsabilicen, sobre todo económicamente, obviando completamente los determinantes sociales y acusándolos de abusones que demandan a la primera de cambio. Nos quejamos del sistema. Pues es el mismo sistema que ha provocado esta situación.

LMS. Ahora que comentas que en ocasiones los ricos también prefieren la sanidad pública: este mismo mes, el Parlament ha solicitado una investigación en profundidad de la actividad de Barnaclínic, la parte privada del hospital Clínic. El desencadenante fue una demanda de la patronal de centros privados sanitarios, que acusaba a Barnaclínic de competencia desleal.
AM. Sí, es muy paradójico que quien levante la liebre sea la propia patronal. Sobre todo si tenemos en cuenta que el actual conseller de Sanitat, Boi Ruiz, fue durante largos años director y después presidente de la Unió Catalana d’Hospitals, principal lobby de la patronal privada. No es la primera vez que se pone a Barnaclínic en tela de juicio. El informe de la sindicatura de cuentas de 2012 reveló una deuda importantísima hacia el hospital, cuando la justificación que tienen en boca sus defensores a todas horas es que la actividad privada, no sólo no implica un conflicto ético aunque se dé en las mismas instalaciones, con los mismos recursos y por parte de los mismo profesionales, sino que ayuda a hacer menos deficitaria la asistencia pública porque los beneficios revierten en la actividad pública del hospital. Aunque el actual director general, el Dr Josep Maria Piqué, lo ha repetido hasta la saciedad en diferentes charlas para calmar a los trabajadores, no ha mostrado ni un solo dato convincente que explique, por ejemplo, los sueldos de los principales dirigentes de Barnaclínic y sus vínculos con la junta de patronato del hospital. En todo caso, la investigación a Barnaclínic y su aparición en los medios ha supuesto un verdadero varapalo al ejemplo paradigmático de privatización encubierta que caracteriza al actual modelo sanitario catalán. Mientras tanto, se está sacando a concurso la compra por parte de capitales privados de veinte centros de atención primaria, este año se han operado más de 17.000 pacientes procedentes de la sanidad pública en centros de IDCSalud, que en 2013 facturó 127 millones de euros a la Generalitat, y suma y sigue. CiU, con la ayuda por omisión de ERC, está en plena carrera por completar su modelo antes de las próximas elecciones.

LMS. ¿Podrías resumir en qué consiste la estrategia de CiU?
AM. Es a la vez muy simple y muy complicado. Simple porque en esencia lo que se pretende es sacar tajada de algo que es un derecho universal y, por tanto gratuito; pero a la vez complejo, porque no es una ocurrencia de ahora. No es que, de repente, cuatro iluminados de derechas se hayan despertado y se hayan golpeado la frente recordando los donuts olvidados sobre la encimera de sus ostentosas casas, no: llevan intentándolo más de treinta años, pero hasta ahora la “correlación de debilidades” sólo les ha permitido hacerlo de forma sibilina, disimulada, encubierta por rebuscados acuerdos y triquiñuelas legales. El objetivo es doble: destruir lo público, no por placer si no por interés, parasitarlo, exprimirlo, y convertir la salud en una mercancía con la que poder hacer negocio. Las estrategias van por fases, la primera es destrozar lo público, recortando, adelgazando el presupuesto con las razones más peregrinas, precarizando el trabajo, robando la dignidad, hundiendo la calidad. Después habrá que vender en todos los foros y de todas las maneras posibles que lo privado es más eficiente (y limpio, y educado, y huele mejor, y hay más famosos). Es una guerra de propaganda en la que el enemigo tiene el poder de quitarte los fondos y usarlos en su beneficio, mientras les mina la moral a tus tropas.

LMS. ¿Cómo? ¿De qué manera se mete a los nuestros en el bolsillo?
AM. Responsabilizando o, más bien, acusando, a las personas enfermas de estarlo. Tiene que ser conscientes (sic) de sus propios procesos de salud y enfermedad y, por lo tanto, entender la necesidad y arrimar el hombro para procurar la sostenibilidad del sistema. Se engaña al ciudadano haciéndole creer que se le otorga un papel relevante de decisión y autonomía, cuando en realidad se lo está convirtiendo en una mercancía con la que hacer negocio. Esta vuelta de tuerca se completará con la aplicación del proyecto Visc+, que le va a vender los datos clínicos de los pacientes del sistema catalán de salud a empresas aseguradoras y farmacéuticas multinacionales que, analizando esos datos, pondrán el precio que más les convenga a las pólizas y fármacos que nos endosarán en la siguiente fase. <<No señor, a usted la póliza le sale el doble de cara>>, <<¿Por qué?>>, <<Porque fumó hasta hace 20 años>>, <<Cómo lo sabe, si no se le he dicho?>>, <<Lo pone aquí>>.

LMS. ¿Y cómo es posible con la que está cayendo que la respuesta popular sea tan tímida?
AM. La debilidad de las luchas sanitarias es un fiel reflejo del modelo sanitario catalán, muy desagregado y confuso (titularidad pública del ICS con sistemas mixtos, entes de colaboración privada, las privadas con lucro…). La constitución de la respuesta frente al mismo no ha partido de una marea ciudadana transversal. En los centros sanitarios, la implicación de los trabajadores es muy desigual. En comparación con las luchas de Madrid, aquí hay hasta ahora (el 28 de febrero se constituyó la marea blanca en Catalunya, agrupando a todas las plataformas y colectivos en lucha) un crisol fragmentado de luchas, en la que los ciudadanos y profesionales han coincidido poco. Es verdad que en Madrid fue tan brutalmente abrupto, que la reacción generada fue más compacta y enérgica…

LMS. ¿Qué finalidad persigue en este contexto el plan de reordenación territorial y asistencial (RAT)?.
AM. Con la excusa de repartir de manera equitativa la baja/moderada complejidad y la alta complejidad entre los centros de tercer nivel de Catalunya, lo que se ha hecho ha sido desviar la actividad más lucrativa (la de baja complejidad) hacia el ámbito privado (esencialmente IDCSalud), y la de alta complejidad, mucho más cara, a los grandes centros públicos. Lo peor es que la justificación del plan, en el contexto del plan estratégico de sanidad 2011-15, se basaba en una evidencia contradictoria hasta el tuétano: en el mismo informe figura que Catalunya estaba excepcionalmente bien situada en el conjunto de Europa en aspectos como el porcentaje de hospitalizaciones, el uso de fármacos, el funcionamiento de la atención primaria, por no hablar de la esperanza de vida, que era la mejor. Pocos años después, ésta ha caído estrepitosamente, se ha hecho todo lo contrario a lo que había que hacer (fortalecer la primaria y la educación sanitaria, entre otras cosas), y se han aplicado medidas injustificables para enviar cada vez más pacientes a la privada mientras se cierran pacientes en la pública. Miles de usuarios se han quedado sin especialista, las listas de espera han aumentado en lugar de disminuir, y un largo etcétera de catástrofes y situaciones demenciales propias de un país de pandereta. El objetivo último, como digo, es la reorganización de zonas de para agrupar áreas que se gestionaran desde una misma unidad, con el objetivo final de vender o privatizar estas unidades.

LMS. ¿Qué hay detrás del copago?
AM. Repago.

LMS. ¿Vamos hacia un modelo como el estadounidense?
AM. No exactamente. Siempre digo que es un tremendo error poner el ejemplo estadounidense como el futuro de nuestra sanidad. Aquí es más perverso. Es el negocio redondo para los que se están lucrando: cobertura universal con financiación pública (es decir: todo hijo de vecino es cliente potencial, a excepción de algunos colectivos, como los inmigrantes sin papeles), pero con un porcentaje cada vez mayor de mercantilización de los servicios. Un ejemplo: un paciente consulta en urgencias del Hospital Clínic por una neumonía. Es atendido, y al cabo de pongamos, 14 horas, es derivado al Hospital Sagrat Cor de IDCSalud, donde pasa 48 horas y es dado de alta precozmente. El paciente, al llegar a casa, se complica porque el alta era prematura. Probablemente consulte (o la ambulancia lo lleve por orden “de arriba”) al Clínic o, en caso de que llegue al Sagrat Cor, lo derivarán al Clínic. Además, el precio que IDCSalud cobra cada día a la Generalitat por tener al paciente es casi un 50% más de lo que se le paga a un centro público. Es el negocio perfecto: monopolio con colaboración pública. Infalible.

LMS. Según tú, ¿qué papel debería jugar el estado en la gestión de lo público?
AM. Dos matices: prefiero hablar de lo común más que de lo público. Esto último es lo que se gestiona desde las administraciones, mientras lo común se refiere a aquellos bienes que son de todos y deberíamos poder gestionar entre todos con participación y democracia directa. En realidad, aunque diga esto, no me considero una anarquista (en realidad, prefiero no etiquetarme; se es más libre), pero no soy defensora del papel del estado en la gestión de los bienes comunes. En la fase en la que estamos ahora, en la que se trata de recuperar lo que nos han quitado, lo prioritario es devolver a la esfera pública por lo menos lo que es común y gestionarlo con transparencia.

LMS. En el caso de que los bienes comunes se administrasen a partir de la intervención más activa de la ciudadanía, ¿no deberíamos ser todos mucho más responsables? (eso, al menos, será lo primero que te espete quien se sostenga en el paradigma antropológico liberal).
AM. No creo que me rasgase las vestiduras para tratar de convencer a un tipo así. En todo caso, para no alargarnos, diré que no es lo mismo participación que administración, igual que no es igual ser responsables que corresponsables.

LMS. Con la Ley General de Sanidad de 1986, durante el primer gobierno socialista, ¿hubo una intención real de crear una ley sanitaria que buscaba que la sanidad fuera realmente común, pública, y después no pudo ser? ¿O crees que era una estrategia desde el inicio para generar un sistema universal pero mixto, y que después ha devenido en algo cada vez más privado?
AM. Esa ley tuvo vigencia real 2 o 3 años, luego surgieron informes Abril y otros tantos peros a la idea inicial… estuvo bien como punto de partida, pero no fue más allá. Creo que si se intentó en algún momento, la insistencia se esfumó rápido.

LMS. ¿Cuáles son las vinculaciones entre el poder político y el poder económico en el proceso de privatización de la sanidad?
AM. Dilucidar este punto es el objetivo principal de mi tesis doctoral. El ejemplo más claro son las puertas giratorias, como la que hemos comentado antes del antiguo director general del Clínic. Os recomiendo el video Quién manda en la sanidad de Catalunya de la PARS. En la sanidad catalana, en lugar de puertas giratorias podríamos hablar de autopistas de oro. Antes de abandonar sus cargos políticos ya están en consejos de administración de grandes empresas del ámbito de la sanidad. Es el ejemplo de Josep Prat, Josep Maria Padrosa (el anterior y actual directores del sistema catalán de salud, respectivamente), Boi Ruiz y una larga, larguísima lista. Además, se ven implicados grandes financieros como Isidre Fainé (“La Caixa”), bufetes de abogados, periodistas y por supuesto, la tercera pata del chiringuito de la sanidad privada: el poder mediático. Montamos el modelo y lo difundimos a través de los medios de masas. ASISA lo dice bien claro en su eslogan: <<nuestro beneficio es tu salud>>.

LMS. ¿Te parece que la participación de grandes empresas catalanas en este proceso no ha sido criticada duramente cuando ha salido a la luz porque las mismas han contribuido a generar la imagen ad hoc de la “nació catalana” que defiende Mas y que parece no repugnar demasiado a ERC?
AM. Es un fenómeno muy complejo: generar una conciencia nacional catalana, en la que han conseguido insertar con la aquiescencia de la izquierda, la mentalidad neoliberal en casi todos los ámbitos con la excusa de que <<será mejor que estar al servicio de Madrid aunque tengamos una sanidad privada>>, ha funcionado, pero con sus contradicciones. No obstante, sí creo que el soberanismo sirve como cortina de humo al austericidio y mercantilización de la sociovergencia y ERC. Las competencias en sanidad se transfirieron en 1981, y ahora nos venden la moto de que la reducción de 1500 millones del presupuesto en sanidad durante sus cuatro años de gobierno es culpa de que hay maltrato fiscal impuesto por el gobierno central, que son antiindependentistas y antidemocráticos. No se lo creen ni ellos ni Rajoy, que se ha prestado encantado a seguirles la farsa.

LMS. Curiosamente, el partido que más está haciendo porque se investigue el fraude sanitario son las CUP.
AM. Totalmente cierto. En ese aspecto, nada que reprocharles. Me siento muy afín a la CUP en su programa social. Ello no quita que tenga mi opinión sobre su concepción nacional y sobre a quién le tienden la mano en su afán por priorizarla constantemente por encima de todo. Me gustaba el lema “Independència per a canviar-ho tot”, pero sigo pensando que levantar una frontera y decir que así serás libre, es un oxímoron “como una catedral”. La base social y el discurso social que tienen lo suscribo 100% pero cómo lo pretenden llevar a cabo y con quién se alían creo hace que se diluya su programa y su sentir de izquierdas. En cierta manera, siento que están priorizando la independencia por encima de la izquierda. Sin embargo, Esquerra Republicana de Catalunya, es todavía peor. Aunque ya sabíamos que no eran de izquierdas de antemano. Las CUP, es verdad, defienden mucho la clase trabajadora, se ponen de su lado, pero lamentablemente creo que quien se lleva “al bolsillo” a la clase trabajadora fue el PSC antes de devenir lo que son ahora y Podemos o Podem en la situación actual. El cinturón rojo no es de las CUP, por mucho que se empeñen. Las CUP se nutren básicamente de los hijos díscolos de la burguesía (me lloverán las críticas por esto): universitarios, básicamente, en barrios como Gràcia o Sants, mientras la currante, la clase obrera real, el Hospitalet, Cornellà, Nou Barris… es la de los Podem y los Guanyem en general (bueno: el que tiene más o menos algo de consciencia de clase, porque muchos se desentienden o votan a la derecha). No ha existido independentismo popular como fenómeno de masas; no ha habido obreros independentistas nunca! El noi del sucre no era independentista, ni la CNT, ni el PSUC de la guerra civil, ni el POUM. Els segadors, por mucho que se empeñen, no es un himno independentista, es un clamor popular – catalanista, sí- contra el sistema feudal. Los independentistas eran los burgueses de Cambó.

LMS.¿El 15M ha permitido legitimarse a la izquierda vistiéndose de deseo ciudadano (hablamos de Podemos, claro)?
AM. Para mí el 15M fue un despertar colectivo, desorganizado y precioso, que ha permitido romper con determinados anatemas. No es que sea muy fan de Podemos, pero sí que entiendo el abandono del discurso derecha-izquierda por el del 99% vs. 1%. Hay que cambiar el discurso de vez en cuando. El 15M sentó esas bases. No es lo mismo que lo que propugna Podemos, por mucho que se esfuercen en erigirse como la cristalización de la indignación en las plazas, porque allí gritábamos <<no nos representan>> y ahora nos representan ochocientos. Quizás más que recoger el espíritu del 15M lo han electoralizado. Me acuerdo de una señora al principio del 15M que dijo <<vosotros sois los políticos del futuro>>, pensaba que no se enteraba de nada, pero vaya si tenía razón la señora… lamentablemente.

LMS. Quizás también la clave es que para cada <<no nos representan>> había un significado diferente. Para unos era un hartazgo de la clase política, para otros de los partidos de aquel momento… Y Podemos ha conseguido dar la vuelta a ese discurso y volverlo exclusivamente contra el bipartidismo y no tanto contra el sistema de representación, ¿no?
AM. Este es otro de los riesgos que yo le veo a los nuevos partidos, que no me gusta tener que llamar partidos: que, de hecho, a veces parece que se han conformado con cambiar la cara o presentarse como la pureza delante del sistema bipartidista corrupto, que nadie puede negar que lo es. Me da miedo que se produzca la segunda transición española y volvamos a un sistema de representación partidista en el que damos un cheque en blanco cada cuatro años y no hay cambio de conciencia en la participación y en el ejercicio de un verdadero sistema democrático

LMS. Últimamente se ha hablado mucho de la “Hipótesis del Comunismo Ninja™” en Podemos, es decir, que son gente de izquierda radical que se han dado cuenta que hay que utilizar las herramientas que hay para llegar al poder y a partir de ahí defender una serie de cosas porque no se podrá superar la esfera neoliberal por la correlación actual de fuerzas, ¿te parece descabellada? ¿Cierta? ¿Es viable? ¿Se puede hacer una pedagogía desde arriba para cambiar las cosas?
AM. Creo que lo de pedagogía desde arriba duele a los oídos. La pedagogía se hace desde abajo. No tengo una opinión clara sobre esto, porque recibo mensajes divergentes desde gente muy diferente a la que respeto mucho. No tengo claro que haya que llegar a las instituciones para dinamitar el poder, pero tampoco que se pueda hacer desde fuera. Creo que Podemos es, en el momento de emergencia actual, “el mal menor”.

LMS. Pero tú le recomendarías a un ciudadano de a pie que se ve afectado por los recortes…
AM. …que vote a Podemos? Sí, ¡claro! ¡Votadles! ¡todos! Los males menores a nivel estatal son Podemos y “hasta” IU. O los “Ganemos” municipales. No es que me convenzan absolutamente. Lo que yo querría no es un sistema de representación política, pero “ahora” no me voy a poner muy pejiguera con esto. Los “otros” nos están matando, literalmente…

LMS. Pero Podemos se ha constituido como una agrupación de gente que se ha movilizado y activado, ¿no? O por lo menos en eso basan su autojustificación.
AM. Yo le veo, por supuesto, las potencialidades. Pero hace falta lucha popular y movilización social más allá de que se vote a Podemos, y de momento, lo que sé es que la movilización social ha caído en picado desde que se supone que hemos “asaltado las instituciones”. Existen iniciativas más radicales incluso a nivel de representatividad en las instituciones burguesas, como la que fue la Demo4.0, que reclama la cuota de representación para cada una de nosotras: . De eso me enamoré completamente. Habrán de pasar años para que quizás podamos ver algo similar.

LMS. ¿Piensas que no debe de haber ninguna representación a ningún nivel?
AM. No, no creo eso exactamente. Por eso digo que vivo en una constante contradicción. Te vuelvo a poner el ejemplo de los bienes comunes. Los asuntos que nos afectan a todos deberían poder decidirse entre todas. Yo no puedo delegar mis opiniones sin condiciones por siempre y para siempre en otra persona. Hay cosas de tal importancia que deberían ser consultadas siempre. No conozco a fondo el programa de Podemos, pero no sé si a nivel de calidad democrática y de participación -no solo de cara a la galería- tiene una buena posición respecto a eso. Tal vez sean las prisas, o la potenciales “responsabilidades de gobierno”. Repito que, ahora estamos en una situación muy crítica, y la prioridad es que dejen de matarnos. Pues, bien, mamá, abuela: votad a Pablo Iglesias. O a Ada Colau, en Barcelona.

LMS. ¿Qué perspectiva ves para los próximos cinco o diez años? Pon un vector encima de la mesa.
AM. Tengo miedo de que si hay un cambio de gobierno la gente se moverá menos. Puede haber cambios en general si se completa el tan cacareado fin del bipartidismo; básicamente en cuanto a ponerle fin a las medidas de austeridad, que es lo más urgente. De todas formas, el mismo capitalismo acabará con la austeridad porque después de tantos años de acumulación sin trabas puede permitirse aflojar la soga unos años para seguir con “su paz social”. No sé a qué situación abocará eso en Europa, pero el cambio más profundo que se necesita no será en diez años. Me preocupa que dentro de treinta años nos demos cuenta de que volvemos a estar de nuevo al principio, o al final, según se mire, de una nueva transición democrática que en el fondo encubra un nuevo ciclo del capital. Habremos perdido el tiempo de nuevo y tendremos que andar otra vez ese camino. Y la incertidumbre estará ahí de nuevo: hoy que se puede, ¿cogemos un poco, o nos preparamos para cogerlo todo mañana?

LMS. ¿Qué hacemos?
AM. No tengo recetas. Dentro de poco, como sigamos así, nadie las tendrá…

LMS. ¿A qué persona nos recomiendas que entrevistemos para averiguar más cosas sobre el proceso de privatización de la sanidad?
AM. Os recomendaría a muchas personas. Mis maestras, con mucho cariño: Clara Valverde y Jesús Blanco.

LMS. ¿Cuáles son tus mares del sur y qué música o literatura te llevarías?
AM. Mi nuevo hogar en la montaña, a casi una hora del bullicio de Barcelona. Allí os pondría “Llegan voces”, cantada por Carmen Martín, y os daría a leer “Por qué la austeridad mata” de David Stuckler y Sanjay Basu.

LMS. Muchas gracias, Ana.

 
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Publicat per a 10 Abril 2015 in Salut

 

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El austericidio de la #sanidad muy bien explicado en pocas palabras

La sanidad en Catalunya. Entrevista a Ana Martínez y Montse Vergara

“Sabemos que los determinantes de la salud han empeorado con la crisis”

Entrevista de Sergi Raventós publicada originalmente en VientoSur.

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Recientemente se ha presentado el libro “Como comercian con tu salud” del que me consta que ha requerido de mucho esfuerzo pues ha colaborado mucha gente. En primer lugar felicitaros por el trabajo realizado. ¿En qué consiste este libro?

Este libro surge de la necesidad de entender qué está ocurriendo con la sanidad catalana, intentar esclarecer qué hay detrás de todo aquello que se oye día a día, desde los medios de comunicación, las instituciones y los actores sociales. Entender cómo es la sanidad catalana, si es cierto o no que se ha acelerado un proceso privatizador justificado por las recientes medidas de austeridad y en qué consiste; así como también valorar qué impacto puede llegar a tener todo ello para la salud de las personas.

El primer capítulo trata de los Determinantes de la salud y las políticas neoliberales ¿Por qué son tan importantes los determinantes sociales en un libro que trata de la privatización de la sanidad catalana?

La sanidad es un importante determinante de la salud, pero no el único. Necesitamos un sistema sanitario de calidad cuando estamos enfermas, para que guíe la promoción y la protección de la salud. Pero los motivos por los cuáles enfermamos no sólo se encuentran en la sanidad, sino en nuestro entorno urbano, ambiental, en nuestra manera de vivir y trabajar. Es importante conocer todo aquello que puede afectar a nuestra salud, para poder intervenir y planificar con políticas más eficientes y adecuadas a todos los niveles, no sólo el sanitario. Ahora bien, que la sanidad no sea el único o más relevante determinante de la salud no significa que debamos reducir los recursos destinados en sanidad. Precisamente, en tiempos de crisis, donde los determinantes de la salud se ven perjudicados pues las personas pierden sus viviendas, sus trabajos, su capacidad adquisitiva… y se destinan menos recursos para el bienestar social, existen evidencias científicas y de sentido común que muestran cómo la gente enferma más, y por tanto, va a necesitar planificar mejor la redistribución de recursos, entre ellos los sanitarios.

¿Por qué se establece una diferencia entre privatización y mercantilización cuando os referís a la sanidad catalana?

Es importante distinguir entre ambos conceptos. El proceso de privatización implica mercantilización, sin embargo, mercantilizar no implica siempre privatizar, aunque sí facilita y promueve este proceso. En el libro, consideramos la privatización como la “transferencia o desplazamiento, parcial o total de las funciones o activos públicos (gobierno central, administración pública, agencias y empresas de titularidad pública) hacia el sector privado; mientras que mercantilización hace referencia a la introducción de criterios mercantiles en el funcionamiento y la gestión de las administraciones públicas.

En Catalunya, podemos encontrarnos con estos procesos dentro de la sanidad pública, tanto en la provisión de servicios, como en la gestión de los mismos o en las infraestructuras y recursos. Por ejemplo, algunas de las entidades públicas, aunque sean de titularidad y naturaleza pública, están siendo gestionadas desde el derecho mercantil privado. Otras, también públicas, comparten gestión, titularidad u otras funciones con entidades privadas. Además, hay empresas que forman parte del sistema público, y que tienen financiación pública, que son completamente privadas, y aunque de momento la mayoría de ellas son de carácter benéfico, cada vez más nos encontramos con entidades privadas con explícito ánimo de lucro. El sistema sanitario catalán es muy complejo, la convivencia y colaboración público-­‐privada y los elementos de mercantilización están muy presentes dentro del sistema público y se han visto potenciados en el contexto que vivimos ahora.

Los estragos de los recortes en la sanidad catalana han sido muy considerables ¿Podéis hacer un breve repaso?

Para empezar, hay que entender las “medidas de austeridad” en el sistema sanitario -­‐los recortes, pero también las contrarreformas legales y otros cambios recientes-­‐ como elementos de privatización o de mercantilización del sistema. Todo ello forma parte de un mismo proceso, que en Catalunya sentó sus bases en los años noventa y que se ha visto intensificado desde 2010 en el contexto de crisis económica. El presupuesto en salud se ha reducido, en conjunto, en más de un 15% desde entonces. Y aunque en salud y sanidad, más presupuesto (o más gasto) no es siempre sinónimo de mejores resultados, es interesante señalar que estos recortes, en Catalunya, se han repartido de forma muy desigual. Por ejemplo, aunque la evidencia internacional apunta a que los sistemas sanitarios centrados en la atención primaria son más eficientes, equitativos y obtienen mejores resultados en salud, el presupuesto en atención primaria ha pasado de suponer un 20% del total en 2010 a un 16% en 2014. En especializada la asignación relativa ha aumentado, en el mismo periodo, de un 46% a un 49%.1

Además, lofoto_montse_vergaras centros públicos han sido más castigados en recorte presupuestario que los centros privados y, paralelamente, se está produciendo una redistribución de recursos, precisamente, desde entidades públicas a entidades privadas con ánimo de lucro. Mientras que la literatura internacional señala que las entidades privadas con ánimo de lucro pueden generar mayores inequidades, y en general son de menor calidad y presentan peores resultados en salud /1.

Tampoco debemos olvidar las contrarreformas legales que se han aprobado recientemente. La ley Omnibus, aprobada por el Gobierno catalán en 2011, incorpora distintos elementos de mercantilización dentro de las entidades públicas. Por ejemplo, permite la actividad de las entidades privadas en los centros públicos, con los recursos e infraestructuras públicas. Por su parte, el Real Decreto Ley Estatal 16/2012 y su Instrucción 10/2012 en Catalunya están limitando el derecho de acceso a la asistencia sanitaria a muchas personas y dejando fuera del sistema a muchas otras. Es el fin de la asistencia sanitaria universal, tanto en el estado Español como en Catalunya.

Todas estas medidas, que en el libro definimos como “austericidas”, tienen consecuencias sobre la estructura del sistema y el acceso a la asistencia; y pueden impactar negativamente en la calidad, en la equidad y, a más largo plazo, en los resultados en salud. En el libro, hemos explorado cuáles podrían ser algunas de estas consecuencias e impactos.

Uno de los temas que ha tenido mucha repercusión ha sido el cierre de centros de atención primaria, el cierre de plantas, la reducción de camas, el aumento de las listas de espera y también la reducción de personal sanitario. ¿Tenéis cifras de todo esto?

En efecto, la reducción presupuestaria ha supuesto reducciones de personal, de salarios, cierre de centros de atención primaria y supresión de servicios hospitalarios y extra-­‐hospitalarios. En el libro recogemos algunos ejemplos de los años posteriores a las primeras medidas tomadas.

Así, en 2011, observamos que habían dejado de funcionar las urgencias de 24h en 58 centros de atención primaria, 31 centros habían restringido su horario y 4 habían cerrado definitivamente. Entre 2010 y 2012 se cerraron 1.134 camas y se suprimieron total o parcialmente, varios servicios y actividades. El transporte urgente ha visto reducidas sus unidades en más de un 12% entre 2010 y 2012 /1. En el ICS se perdieron más de 1.500 puestos de trabajo y se han deteriorado las condiciones laborales, con medidas propias de Catalunya y del resto del estado. Y todo esto, en un contexto social y económico que está deteriorando las condiciones de vida de las personas, especialmente de aquellas que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.

Cabe esperar, como ya hemos dicho, que todas estas reducciones puedan repercutir en la salud. Sin embargo, hay otros factores a tener en cuenta. Por ejemplo, el impacto esperado puede ser distinto, si consideramos por ejemplo el cierre de un Centro de Atención Primaria (CAP) en la ciudad de Barcelona, frente el cierre de un CAP en un pueblo que se sitúa a mayor distancia de otros centros sanitarios de referencia.

De momento, todavía es pronto para extraer conclusiones definitivas, pero cabe mencionar un empeoramiento en algunos indicadores intermedios de los procesos de atención. Por ejemplo, el tiempo medio de espera para las intervenciones quirúrgicas no sólo ha aumentado en más de un 50% en intervenciones no urgentes (como prótesis de rodilla o de cadera) sino que también se ha visto incrementado en intervenciones urgentes de corazón o de cáncer. Así, la espera media para intervenciones de cirugía valvular ha pasado de ser de poco más de 2 meses en 2010 a casi 5 en 2013.1 Esta espera puede tener consecuencias, no sólo sobre la calidad de vida de las personas que esperan, sino también sobre el uso que hacen (o harán) de los servicios de salud, y a más largo plazo en la morbilidad o en la mortalidad.

No obstante, el sistema catalán de salud adolece de una enorme falta de transparencia. Es difícil conocer y desagregar indicadores de estructura y financiación, así como otros indicadores de calidad del sistema. Nuestra intención era, como hemos dicho aproximarnos a la situación actual, valorando la información disponible y los vacíos existentes en Catalunya.

En un libro de casi 100 páginas es imposible poder desarrollar muchos temas a fondo pero hay algunos que apuntáis y son importantes. Por ejemplo el papel central de la Atención Primaria. Sobre este tema ¿podeis desarrollar más aspectos como el funcionamiento democrático de los equipos de atención primaria? ¿hay alguna cosa más a añadir sobre los polémicos EBAS?

Como hemos comentado anteriormente, la atención primaria se encuentra en una peor situación respecto a la atención especializada. Y esa peor situación, que se ha visto agudizada por las medidas de austeridad, responde en gran parte al enfoque biomédico de la salud y a los intereses precisamente mercantiles y de negocio que ven mayores beneficios en la inversión en atención especializada, principalmente en la atención hospitalaria. La mayor parte de los recursos y el prestigio se centran en las tecnologías biomédicas y en los grandes hospitales. La salud pública, la atención primaria y comunitaria, los servicios socio-­‐ sanitarios y la participación popular dentro del sistema están claramente infra-­‐desarrollados en Catalunya.

En atención primaria, el 77% se provee mediante el Institut Català de la Salut (ICS), entidad de naturaleza y gestión pública. El 23% restante se reparte entre otras entidades públicas (aquellas que decíamos que podían contener elementos de mercantilización o distintas colaboraciones público-­‐privadas), entidades benéficas y entidades privadas con ánimo de lucro, entre las que encontramos las Entidades de Base Asociativa (EBAs). Las EBAs, implantadas a mediados de la década de los noventa, suponen un 12% de la provisión de la atención primaria.1 Son entidades formadas por profesionales de la atención primaria que gestionan de forma autónoma el presupuesto público que reciben, obteniendo los beneficios resultantes de su gestión (es decir, con ánimo de lucro). Se crearon bajo el principio que podían mejorar la eficiencia y la calidad de la atención, a través de un funcionamiento auto-­‐gestionado y democrático, pero obteniendo beneficios económicos para sus socios. Sin embargo, los pocos estudios realizados hasta la fecha no son concluyentes e incluso apuntan a que estas entidades podrían estar obteniendo peores resultados en las intervenciones de enfermería y en el control de los enfermos crónicos que realizan estas profesionales de la sanidad.

En general, en el sistema sanitario catalán hay pocos estudios que analicen y evalúen la gran heterogeneidad en la titularidad y gestión de los proveedores que ofrecen asistencia pública, con financiación pública, ni en la atención primaria, ni en la especializada (dónde precisamente, estas diferentes formas de titularidad y gestión están más presentes).

¿Cómo son las relaciones entre la industria del medicamento y la sanidad? ¿Cómo está la financiación de la sanidad?

com comercien amb la teva salutNos preguntas por la financiación, y curiosamente la relacionas con la industria del medicamento… ¿Es casualidad? Realmente no es fácil financiar estudios en salud pública, y menos en los tiempos que corren. También ocurre lo mismo en sanidad. La sanidad pública, en el estado español, ha estado históricamente infra-­‐financiada (también en Catalunya); sin embargo, como decíamos al principio, más gasto o más presupuesto en sanidad no es siempre sinónimo de buenos resultados. El problema radica en la priorización de unos temas frente a otros.

El sistema de salud catalán tiene actualmente un enfoque “biomédico” de la salud. Y en ello, la industria farmacéutica juega un papel muy relevante. En un contexto en el que está escasamente regulada, la industria del medicamento, participa no sólo en la formación continuada de los profesionales de salud sino también en muchas otras instancias del sistema. Y es que, este enfoque “biomédico” es un elemento coadyuvante de la mercantilización de la sanidad. La industria farmacéutica obtiene considerables beneficios al “medicalizar” excesivamente a las personas (especialmente a las sanas). En el Estado español se calcula que un tercio de los medicamentos consumidos no son necesarios. En la atención primaria, por ejemplo, se han estimado 18,6 efectos adversos por cada 1.000 visitas (57% leves y 7,3% graves), de los cuales el 70% se consideró evitable y el 5,8% requirió de hospitalización /1.

¿Qué situación ha dejado la crisis y las políticas de recortes y de ajuste en la población? ¿han aumentado los problemas de salud y/o de salud mental?

Como comentábamos anteriormente, todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas. No obstante, sabemos que los determinantes de la salud, que conllevan una peor o mejor condición de vida, vivienda o trabajo han empeorado con la crisis, y también las ayudas sociales propias de un estado del bienestar se han visto reducidas.

De igual forma que en la sanidad de forma general, específicamente vemos como no se están destinando recursos para la atención de la salud mental, otro ámbito históricamente infra-­‐ valorado, infra-­‐ presupuestado y externalizado en Catalunya. Hace unos días, el mismo Boi Ruiz presentaba un informe sobre salud y crisis en el que se ponía de manifiesto que las hospitalizaciones por intento de suicidio habían crecido en Catalunya de un 22,2 por cada 100.000 habitantes a un 26,7 /2.

Estamos viendo casos extremos donde ante la desesperación y el sufrimiento, las personas se suicidan o intentan suicidarse. Es la punta del iceberg, de una realidad invisible, silenciosa, en el interior de algunos hogares, que nos hacen pensar que todo va mejorando, simplemente porque no se sale en los medios, porque aún existe solidaridad, redes familiares y sociales, que las amparan, pero que no por ello, justifican la “no acción” ante este importante problema que nos afecta a todas.

En el libro hay un capítulo dedicado a las luchas y la participación. Hay diferentes modelos de participación democrática de la ciudadanía y de las personas afectadas per problemas de salud. ¿Por qué se ha producido una marea blanca en Madrid y no en Catalunya? ¿Qué pensáis de las luchas que se han dado y se dan en la sanidad catalana?

A veces comentamos que las luchas por la sanidad en Catalunya parecen un reflejo de la complejidad del sistema. Existen numerosergi-raventos2sas luchas porque son muchos los frentes sobre los que luchar: modelo biomedicalizador, desigualdad de recursos según nivel de atención (primaria y especializada), privatización, exclusión sanitaria, cierre de centros, iatrogenia, falta de transparencia o corrupción… Se unen además los distintos intereses corporativos, otra realidad que diferencia Catalunya del resto del estado. Éste podría ser tal vez uno de los motivos que explica por qué en Catalunya no se ha producido la marea blanca, que une profesionales de la salud y ciudadanía. No se identifican claramente los “enemigos” o “causas” comunes o hay mucho por lo que luchar y pocos que luchen por ello. Además, en tiempos de crisis, aún es más difícil preocuparse por ello, cuando son tantas las amenazas sociales que nos acechan.

Otro aspecto a tener en cuenta es que la sanidad, muchas veces, y lamentablemente, no se entiende como un sistema. Es decir, cada quién a lo suyo, y a su manera. Es necesario defender todos y cada uno de sus elementos, de manera conjunta: condiciones laborales de los profesionales, pero también igualdad de acceso de la ciudadanía y calidad de la asistencia con, enfoque integrado que contemple la naturaleza biológica, psicológica y social de la personal, reflejado en la praxis asistencial, para que el sistema funcione, para todos y todas, para que sea eficiente en cuanto a la distribución de recursos y los resultados en salud. Si no entendemos eso, seguramente no podremos avanzar.

¿Queréis añadir algún aspecto que creas importante que nos hemos dejado?

Queremos agradecer el interés de la revista por conocer y divulgar el libro. Y aprovechamos también para agradecer a todas aquellas personas y colectivos que han colaborado, bien en la elaboración de contenidos o para que el libro pudiera salir a luz, gracias a su contribución económica. Esperamos que sea de utilidad como herramienta de conocimiento en la lucha por una mejor sanidad pública para todas las personas.

Notas

1/ Las fuentes de los datos introducidos en la entrevista pueden consultarse en: Martínez A, Vergara M, Benach J, Tarafa G i Grup de Treball sobre l’impacte de la privatització a Catalunya. Com comercien amb la teva salut: Privatització i mercantilització de la sanitat a Catalunya . Barcelona: Icaria; 2014. Páginas (por orden de aparición en el texto): 46, 24, 62, 72, 34, 40

2/ Los intentos de suicidio crecen en Catalunya por la crisis. El Periódico [Internet]. 2014 Oct 9; Disponible en: http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/intentos-­‐suicidio-­‐crecen-­‐ catalunya-­‐crisis-­‐ 3589129

 
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Publicat per a 16 Novembre 2014 in Dempeus per la Salut Pública, Salut

 

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Una convocatoria imprescindible y tres cruzadas fundamentalistas contra la #sanidad

Antes de entrar en tema, una convocatoria tan importante como saludablemente fundamental:

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Y si quieren algunos motivos más para que la convocatoria sea un éxito, entren en la web donde se habla del Hospital Carlos III y del de Fuenlabrada, sin olvidar el cierre del Instituto Cardiológico, ni la situación precaria de los Centros de Salud Mental, la mercantilización de la Atención Primaría o la privatización de la Donación de la Sangre a la Cruz Roja, o la adjudicación de la Lavandería Hospitalaria Central a la ONCE… Por mi parte, y a raíz de lo leído y visto en la prensa este fin de semana, me permito sumar algunos más:

La Cruzada de fundamentalismo religioso, pro domo sua, con cardenal al frente:

imageRouco Valera celebraba esta semana la presentación de Hospitales Católicos de Madrid (HCM) una nueva maniobra de debilitamiento de la sanidad pública: esta vez, con sello rouquense. La intentona lleva años en su intento de firmar un equipo extractivo de “socios estratégicos” del sistema sanitario. Lo integran siete centros de órdenes religiosas de Madrid que naturalmente se constituirán como el primer grupo hospitalario privado intercentros que aborda el cuidado al paciente desde el punto de vista médico y “espiritual”. Son el Hospital Beata María Ana, La Milagrosa, Nuestra Señora del Rosario, San Francisco de Asis,San Rafael, Santa Elena y la VOT de San Francisco, con más de 1.100 camas, 2.926 empleados (de los cuales 1,079 son médicos y 1.370 profesionales asistenciales no facultativos) y 60 quirófanos junto a 12 UCIs (cinco de ellas pediátricas u de Neonatología), y más de 700.000 pacientes atendidos. A partir de la unión, disponen de seis hospitales de Día quirúrgicos y seis hospitales de Día oncológicos pediátricos y de adultos, dos robots quirúrgicos, cinco aceleradores lineales (uno de ellos un True Beam STX, el más avanzado del país), cuatro neuronavegadores, cuatro láseres urológicos, nueve mamógrafos y 44 ecógrafos, entre otros equipamientos.

ROUCO ha querido destacar que la UNIÓN es “PROVIDENCIA” de Dios, pero no ha entrado en cómo se alimentaría de fondos públicos y pacientes derivados a su pesar, y ha recordado que hace 15 años sugirió a la Federación Española de Religiosos de la Sanidad que uniese a los hospitales católicos de Madrid, una propuesta que en su día se vislumbraba como una “utopía” pero que a día de hoy ha sido posible, una iniciativa “muy acertada” que considera “fruto de esa guía de la historia que suele hacer el Señor con su providencia que van más allá de lo que los hombres ven, tocan y palpan”.

El consejero de Sanidad de Madrid no ha quedado atrás: ha destacado el “valor sanitario y social” que aporta este grupo de hospitales a la Comunidad, pues a su calidad asistencial suman un “esfuerzo” de atención al paciente que deviene de los valores humanísticos del cristianismo, advirtiendo que “algunos digieren mal los adjetivos “privado” y “público”, cuando lo importante es la “inserción” de los “valores católicos” en la asistencia y gestión (que aportan, en su criterio, “valor añadido” a la sanidad).

La Segunda Cruzada, de fundamentalismo integrista y malababa que desde el ABC quita protagonismo a la jugada Rouco, facilita la confusión utilizando el saqueo de la sanidad como maniobra de distracción en tierras de “infieles”. La portada del ABC, malvada como la más malvada madrastra de los cuentos de la Botella, nos ofrece una manzana tan envenenada que no debería engañar ni a la más ingenua Blancanieves:

image

Y para no alargar el tema, les remito a lo que escribe sobre este “poema visual” Albano Dante en cafeambllet:

El ABC puede hacer las portadas que quiera, pero el problema de la sanidad pública catalana no es el secesionismo. El problema es que CiU está cerrando hospitales públicos para pasarle el negocio a los empresarios amigos. El problema de la sanidad catalana no es “la consulta” sino la tremenda opacidad que hay en Cataluña en la gestión de los cerca de 10.000 millones de euros del presupuesto sanitario. El problema de la sanidad catalana no es “el secesionismo” sino que CiU –con la ayuda del PSC– ha convertido la sanidad en un nido de corrupción. En definitiva: el problema de la sanidad catalana NO es que “los secesionistas” quieran votar en 9N. El problema es que CiU hace lo mismo que el PP: mangonear, carcomer y destruir la sanidad pública.

Sigan leyendo el texto de Albano que lleva el feliz título de “Otra portada patética del ABC: La sanidad pública bajo el fuego cruzado de las derechas”

.

imageY finalmente, la Tercera Cruzada de integrismo neoliberal que ayer re-protagonizó Enrique Costas que ya en 1991 fue Vicepresidente de la Comisión de Análisis y Evaluación del Sistema Nacional de Salud (conocida como Comisión Abril), encargada de elaborar el Informe Abril donde se recoge lo fundamental del argumentario privatizador y la estrategia mercantilizadora de la Sanidad Pública. (Su argumento estrella, que la Sanidad se financia con impuestos y ¡horror de los horrores! con déficit, cae por su propio y estulto peso si consideramos la sanidad una INVERSIÓN y no un GASTO, y si asumimos de una vez que decidir la cantidad destinada a dotar de financiación suficiente la sanidad pública es una decisión política, dificilmente compatible con permitir que Órdenes rouquistas y Capios disfrazados o fondos buitre hagan sus agostos a nuestra costa.)

¿Y qué se conseguiría si finalmente se impusieran los criterios que tradicionalmente defienden Costas y sus colegas?

1.- Básicamente, y al revés de lo que dicen pretender, en un país de crecientes desigualdades, la sanidad se utilizaría también, y de manera prioritaria, para cercenar la igualdad de oportunidades en atención y cura, y redistribuir la renta de forma regresiva con el cobro de estos REpagos, que son verdaderos impuestos sobre la enfermedad y las personas enfermas. Pero lo más grave y cruel: afectando de manera especial a los más débiles…

2.- Lograr que cada vez más personas con menos recursos y que viven más en precario se abstengan de acudir a un centro sanitario, aunque debieran hacerlo por su salud, “desanimadas” por el desembolso que les puede suponer…

3 – y aunque no acaban aquí las cobsecuencias, también me aterra pensar que aumentará más aún una parte de la burocracia del Ministerio y las distintas Consejerías, que se niegan a rendir cuentas ante la sociedad y que deberían responsabilizarse de una mejor gestión de sus recursos en lugar de pretender incrementarlos de manera vergonzosa a costa de las personas que NO atraviesan los mejores momentos de su vida.

De nuevo, un economista mercenario se ofrece para envolvernos en palabras pretendiendo dejarnos sin oxígeno, e insisten en el copago, repago, “tasa de uso”… insisten en jugar con la equidad y la salud de las personas. Los banqueros de la salud, en busca de nuevas inversiones rentables, quieren también ingresar en Caja sus comisiones aunque suponga mayor morbilidad y mortalidad. Y lo mejor sería, para reprimir su instinto recaudatorio, que los Fiscales y Jueces empezaran a investigar si en todo este saqueo de la salud la mentira, la corrupción y el coste en salud y vidas, no constituye ya un crimen organizado.

 
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Publicat per a 16 Agost 2014 in Salut

 

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Sanidad pública vs. Dictadura sanitaria

imageEn Catalunya, aproximadamente el 30% de los presupuestos de la Generalitat se destinaba a la sanidad. Hasta los presupuestos de 2012, no existe otra partida mayor. Pero la administración final de este presupuesto público —que se origina en los impuestos recaudados a la ciudadanía— depende en gran medida de un complejo sistema llamado mixto, que nos pretende vender la colaboración del sector público de sanidad con el privado a través de los “conciertos”. Sin embargo, lo importante es quién lleva la iniciativa en este proceso y, especialmente, darnos cuenta de que este sistema que nos dicen que es el “tradicional” de Catalunya es muy poco neutral y equitativo. El subsidiario de la sanidad pública no es el sector privado, sino todo lo contrario.

La adjudicación a dedo y de modo oscuro de contratos a fundaciones, agencias y otras formas que se rigen por el derecho privado y de difícil seguimiento es una auténtica embestida de la sanidad privada contra la sanidad pública —hasta ahora puntera en todo el mundo—, no sólo en calidad, investigación y atención a las personas enfermas, sino también como culminación de un derecho universal a la sanidad que nos situaba en el primer nivel de la civilización y del cumplimiento de los derechos humanos.

Hoy, cuando se pretende reducir el debate la sanidad pública vs la sanidad privada es necesario decir alto y claro que de lo que estamos hablando no es sólo de quién gestiona el dinero público, sino de los intereses que se sirven con esta gestión. Dicho de otro modo, cuando hablamos de sanidad privada tendríamos que hablar de aquel sector que, con sus propios medios, y buscando su máximo beneficio, se dedica a la atención de las personas enfermas, que acuden a ella de forma voluntaria, a través de un precio. Y cuando hablamos de sanidad pública, tendríamos que entender aquel sector sanitario de accesibilidad universal que desde su función sirve al bien común, responde a unos valores democráticos, que busca el máximo beneficio social, y que, por lo tanto, más valdría no enturbiar ni confundir, sino preservar y defender… —todo lo contrario de lo que está sucediendo. Porque, de hecho, de lo que estamos hablando es de que, con consejerías de salud como la de Boi Ruiz, se le fomenta a la sanidad —y de manera descarada— la gestión privada de dinero público.

Nadie nos ha preguntado a los ciudadanos y a las ciudadanas si estamos de acuerdo con ceder el control del 30% del presupuesto —de alguna manera equiparable al 30% de la soberanía— a empresas que tienen como objetivo único y prioritario ganar dinero. Si no estamos dispuestos a permitir que un dictador decida autocráticamente qué se hace con el dinero de todos, ¿por qué deberíamos permitir que empresas sin ningún control ciudadano gestionen el 30% de los recursos de todos los ciudadanos?

imageHoy, cuando en Catalunya hace ya demasiados años que estamos con el tira y afloja sobre el futuro de nuestra sanidad —y nos hemos movilizado contra los cierres de los servicios continuados de urgencias, los REpagos indignos, la tasa de la vergüenza de un euro por medicamento—, es necesario reenfocar el debate y decir claramente que la dicotomía no es sanidad privada vs sanidad pública. Sin olvidar que los determinantes sociales de la salud son fundamentales —como lo son también las causas que los originan—, el debate es el de sanidad pública vs dictadura sanitaria, entendiendo este último concepto como la incapacidad del pueblo de ejercer su soberanía en la gestión de su sanidad. Una incapacidad especialmente manifiesta cuando los servicios —y los presupuestos— sanitarios son gestionados de forma privada.

Desde este marco de debate, y asumiendo los discursos de las fuerzas antagónicas en juego, podemos sintetizar los posicionamientos alrededor de la gestión sanitaria del presupuesto sanitario público del siguiente modo:
Público: (universal, de accesibilidad garantizada, no excluyente)
1 / Participación ciudadana.
2 / Orientación al servicio.
3 / Control democrático.

Privado: (excluyente por precio)
1 / Gestión profesionalizada.
2 / Orientación al beneficio.
3 / Consejos de administración.

Participación ciudadana vs gestión profesionalizada

Gestionar un sistema sanitario es una tarea compleja. Es un sistema que mueve un enorme volumen de dinero; que, a la vez, está integrado por multitud de subsistemas; que requiere un despliegue logístico extraordinario, y que debe afrontar una cantidad de demandas casi infinitas y multiformes. Y lo que es más importante: el sistema no puede fallar. Gestionar un sistema sanitario requiere pericia y conocimientos técnicos. Por lo tanto, no resulta extraño que en los últimos años hayan proliferado en nuestro país todo tipo de cursos, seminarios y másteres sobre gestión sanitaria. Teniendo en cuenta la complejidad del sistema, tendría que ser una muy buena noticia que esta gestión esté en manos de profesionales bien formados. Pero ¿es esto así, en la realidad? ¿Tenemos verdaderamente motivos para estar confiados y tranquilos?

La parte más preocupante del caso es que esta profesionalización ha creado una élite de expertos que se comportan como ‘tecnócratas sanitarios’ que presentan sus tesis como si procedieran de más allá del bien y del mal, de un modo muy similar a lo que sucede en materia económica. Pero en realidad, tras las palabras eficiencia y gestión —que pretenden ser tan neutrales y asépticas— se esconden criterios mercantilistas de claro sesgo de clase, que están expulsando de la sanidad a las personas más débiles y desfavorecidas. Hablamos de las personas inmigradas, pero también de las que sufren enfermedades crónicas, complicadas o muy caras de atender y que, además, ahora tienen niveles de renta, condiciones de vida o trabajo muy precarios. Y hablamos también de sesgo de género, en la medida en que las responsabilidades de atención que el sector público abandona recaen de nuevo, en gran medida, en las mujeres.

En cambio, los cuadros más altos de esta élite que sale de las altas escuelas de administración suelen tener un marcado perfil ideológico que se pretende neutral. Dos ejemplos en Catalunya son ESADE e IESE, inequívocamente alineados con posicionamientos neoliberales. Así, la pericia en aspectos técnicos va siempre bien acompañada de posicionamientos claramente liberales, como el ataque constante a la intervención del Estado (en un doble lenguaje engañoso, ya que son los primeros en saber cómo beneficiarse de las ayudas, subvenciones y contratos del Estado), la reiterada petición de la abolición de los procesos de fiscalización gubernamentales y la relajación de los marcos reguladores del sector.

Para acabar de redondear la situación de privilegio de estos expertos, se ha relegado a la ciudadanía y a sus representantes al mero papel de oyentes de sus lecciones. Enredándonos en palabras, jugando de forma interesada con los conceptos, arrugan la nariz y miran por encima del hombro al común de los mortales. Nos quieren hacer creer que lo que ellos hacen es demasiado complicado y demasiado importante para que la gente que paga impuestos (y paga, por lo tanto, su trabajo) pueda opinar…

Como hemos dicho antes, teniendo en cuenta la complejidad de gestión que representa un sistema sanitario, la idea de que éste sea gestionado de manera profesional tendría que ser una muy buena noticia. Pero lamentablemente no es así. Los expertos pueden haber hecho másteres carísimos y disponer de herramientas de gestión de última generación, pero hay que ver cuál es el objetivo de su trabajo: ¿una mejor atención?, ¿una mejora en la calidad del servicio al enfermo?, ¿un ahorro en el gasto que repercuta en la ampliación de la cartera de servicios? Por desgracia, la evidencia demuestra que muy raramente es así; en general, son parásitos que piratean al sector público.

Durante los últimos 30 años, la “tecnocracia sanitaria” no ha parado de ganar terreno en el mundo entero. Lo que ha sucedido en la sanidad catalana y en la británica son dos ejemplos de cómo esta supuesta élite de gestión ha tenido unos intereses muy diferentes a los de los ciudadanos que financian el sistema. En algunas ocasiones, ha podido conseguir ahorros económicos, pero no se ha parado a valorar el coste social —pagado en términos de exclusión—, de salud e incluso de vidas de estos ahorros. Mientras tanto, la ciudadanía ha ido quedando relegada al lugar de espectador-consumidor.

Orientación al servicio vs orientación al beneficio

Imaginemos que el equipo gestor de un hospital consigue, gracias a sus conocimientos, ahorrar un millón de euros mediante un nuevo modo de gestionar, por ejemplo, los residuos hospitalarios. Teniendo en cuenta que este hospital se financia con dinero público, el ahorro de este millón de euros podría ser una muy buena noticia para el ciudadano y la ciudadana que pagan sus impuestos. Pero lo que tenemos que hacer acto seguido es mirar adónde va a parar este millón de euros ahorrado por los gestores. Si se trata de un hospital público gestionado por una empresa privada (a la que pagan una cantidad fija anual para atender a la población de referencia), este millón de euros ahorrado va a parar a la cuenta de resultados de la compañía. Si es un hospital concertado de Catalunya gestionado por una entidad “sin ánimo de lucro”, este millón de euros ahorrado no se devolverá a la Generalitat en un sobre que diga «Nos ha sobrado esto, no lo necesitamos. Gracias.», sino que este millón de euros que se ha ahorrado en el proceso de gestión de residuos irá a parar a otro capítulo de ahorro de ese hospital, y no siempre a favor de la gente enferma a la que atiende. Es más que probable que el abanico de salarios se abra de manera que los sueldos y ventajas del personal de dirección se incrementen, mientras que la gente que realiza los trabajos menos cualificados —pero absolutamente necesarios— ve cómo disminuyen sus salarios, se congelan las plantillas o, incluso, pasan a subcontratación, perdiéndose antigüedades y otros derechos adquiridos.

En ninguna de estas dos opciones existe nada ilegal, pero nos podemos hacer la pregunta de si no hay mucho de ilegítimo. En cualquier caso, es la base del sistema que nos presentan como el único posible y que, sólo por el hecho de ser el que es, consigue siempre mejores resultados que la gestión pública, cooperativa o social. En el caso del hospital privado se asume la búsqueda de beneficio empresarial, y en el caso del hospital concertado catalán, una total autonomía de gestión: hasta el punto de no tener que dar cuentas de nada al municipio (en caso de que se trate de un ente municipalizado), ni al Parlament, ni incluso —difícilmente—, al Síndic de Comptes (ved el caso de Ramon Bagó). Y no hablemos ya de tener que responder a las preguntas de periodistas o de la gente movilizada…

En la inmensa estafa de la concertación a oscuras, de espaldas a la ciudadanía, cada hospital puede destinar los recursos del modo que le parezca más adecuado. Y hasta se pueden permitir, sin coste adicional, pequeñas trampas: la letra pequeña de los conciertos que obliga a compensar por supuestas pérdidas no demostradas (caso de la Comunidad de Madrid).
Vale la pena decirlo alto y claro, porque nos jugamos la salud: la capacidad de la ciudadanía (y del gobierno que la tendría que representar) para decidir el destino del fruto del posible ahorro en la buena gestión es nula: en el caso del hospital privado que ha contratado algunos de sus servicios (demasiadas veces sacándolos de la sanidad pública para justificar despidos, cierre de servicios, de quirófanos o, incluso, de plantas enteras de hospitalización), porque forma parte del acuerdo: «Yo te doy tanto por habitante y todo lo que te puedas ahorrar, te lo quedas»; en el caso del hospital totalmente concertado, porque mientras el centro cumpla con el servicio pactado con la administración, el cómo se gestiona el dinero es indiferente, y es tan indiferente como las condiciones de trabajo de la gente que atiende a las personas enfermas, los colapsos en las urgencias, la desatención que puede suponer para casos muy graves el alargamiento de las listas de espera, la calidad de la comida que se sirve a los pacientes, la falta de instrumentos o, incluso, de medicamentos, el ritmo de vértigo con el que se trabaja en algunos quirófanos… Todas estas cosas juntas pueden representar errores difíciles de resolver. Sería necesario que se hiciesen públicas las tasas de morbilidad y mortalidad por hospitales públicos, concertados o privados para tener una idea más clara de lo que estamos denunciando en este punto, aunque el estudio reciente hecho por la Federación de Servicios Públicos (FSP) de la UGT País Valencià sobre la Comunitat Valenciana estremece: unas 2.700 personas han muerto cada año desde que el “modelo Alzira” coloniza la sanidad valenciana (ved informe de la UGT Cuestión de vida o muerte, 2013).

Cada vez más, los problemas derivados de esta gestión privada de los servicios sanitarios están plenamente documentados. Por un lado, tenemos el problema de cómo se consigue el ahorro, y, por otro, el de adónde va a parar este ahorro. En el caso de hospitales públicos gestionados por una empresa privada, vemos que la presión para maximizar el ahorro se hace incluso a cambio de ofrecer un servicio peor. No es una hipótesis. Y estábamos advertidos: Frank Dobson, miembro del parlamento británico por la demarcación de Holborn y St Pancras y ministro de Sanidad del gabinete de Tony Blair (de 1997 a 1999), explica el descenso social por la privatización de la sanidad en Gran Bretaña, que ha culminado con el escándalo del Mid Staffordshire Hospital —con la muerte evitable de entre 400 y 1.200 persones entre los años 2005 y 2009—, que obligó a David Cameron a pedir disculpas en el parlamento por las «espantosas negligencias» cometidas en el hospital público —pero “gestionado” por una fundación privada que daba prioridad, según el informe de la inspección, «a objetivos económicos por delante de la calidad del servicio».

Para Dobson, a pesar de los problemas que tenía, el National Health Service (NHS) realizaba un buen trabajo, y cada vez lo hacía mejor. Pero su futuro se puso en peligro con la introducción de las “fuerzas de mercado” y los proveedores movidos por el ansia de beneficios privados. Aunque algunos políticos y miembros de los lobbies del sector privado de la sanidad vayan diciendo que la privatización del sistema de salud en Gran Bretaña es un éxito, no hay nada más lejos de la verdad. Gran Bretaña contrata a hospitales privados, al estilo de clínicas quirúrgicas privadas, para encargarse de las operaciones baratas, de menor riesgo, y para pacientes en general acomodados. Para decirlo sin tapujos, se quedan con las intervenciones que dan beneficios y dejan en los hospitales del NHS a las personas con menos posibilidades económicas y todas las intervenciones complejas. Sin embargo, las operaciones en estos hospitales privados cuestan una media de un 11% más que en los hospitales públicos. Y a estas compañías que trabajan para conseguir su beneficio se les garantiza un flujo de financiación. Así, si sus contratos especifican que atenderán a 5.000 pacientes anuales y sólo atienden a 4.500, a los hospitales privados se les sigue pagando la atención de 5.000 pacientes. Y mientras que se garantizan los ingresos de los hospitales del sector privado, a los hospitales públicos se les obliga a competir –y no sólo con los de la privada, sino también entre ellos. Para esto, el gobierno británico ha introducido el pago por resultados —lo que los políticos llaman «financiación centrada en el paciente». El resultado ha sido una confusión: la sanidad británica se ha encarecido y los hospitales han recortado servicios importantes para la población para reducir los déficits de su mala gestión. Pero los problemas no se acaban aquí, porque con la introducción de la financiación centrada en el paciente y en las fuerzas de mercado se ha incrementado la proporción del presupuesto de sanidad destinado a burocracia desde el 4% hasta, aproximadamente, el 15%. Y aunque es absurdo, tiene su lógica: si el dinero se centra en el paciente se debe poner en funcionamiento todo un sistema que siga las huellas de los pacientes y del dinero… Preparar las licitaciones cuesta dinero. Se tiene que pagar a los abogados y contables, incrementar la burocracia. Los hospitales deben hacer muchos cálculos, llevar el registro y codificar los costes de cada paciente, emitir facturas (aunque sea en la sombra, como puede pasar en los hospitales de Girona)… La competencia que se tenía que estimular entre hospitales sólo consigue poner impedimentos a las mejoras y obstaculizar la difusión de nuevas ideas. Y lo más triste: el personal sanitario tiene que dividir su tiempo entre tratar a los pacientes (que es a lo único que debería dedicarse) y hacer todo el papeleo. Y así se desatiende a las personas. Y así se paga un precio demasiado elevado en vidas humanas.

La privatización del NHS y el desastre final descubierto en el hospital de Staffordshire se unen a la barbarie de los hospitales del País Valencià. Y sin embargo, cuando se inició el proceso se presentó como una solución para mejorar la eficiencia, reducir costes y listas de espera. Pero la realidad es demasiado dura y cara de pagar. El daño que causa un sistema de salud privatizado, fragmentado, afecta a toda la sociedad en su conjunto.

¿Y qué sucede en Catalunya?

Tampoco en los hospitales concertados catalanes podemos apreciar ningún beneficio derivado de una supuesta competitividad. Al contrario. Las hipotéticas mejoras, que podrían comportar nuevos y mejores contratos para más personal sanitario, para atender mejor a los pacientes…, pueden ir a parar —y en muchos casos van— a las cuentas de resultados de empresas privadas propiedad de algún amigo. O a las contabilidades B de los corruptos que el sistema conlleva. También en Catalunya, los asesores tecnócratas han sido los que traspasan sin vergüenza alguna las puertas giratorias que confunden el sector privado y el público de la sanidad, y defienden los intereses de las empresas, inversores, corporaciones, laboratorios o industrias farmacéuticas y químicas en la sanidad pública. Durante este año 2012, hemos podido verlo —y sufrirlo— en Catalunya. Hemos visto cómo, en el año 1995, un gestor de una entidad sin ánimo de lucro (Ramon Bagó) cerraba la cocina del hospital de Mataró y la adjudicaba a su propia empresa (el grupo SEHRS). Hemos visto cómo este mismo gestor recibía contratos irregulares por valor de 12 millones de euros de manera irregular. Hemos visto cómo –quizá con el dinero ahorrado gracias a una gestión mejor– un responsable sanitario contrataba informes falsos a la empresa de otro gestor por valor de 800.000 euros. Hemos visto cómo –quizá con el dinero ahorrado gracias a una gestión magnífica– dos hospitales comarcales se gastaban 330.000 euros en alquileres, comisiones, viajes y restaurantes, de los cuales nadie ha podido ver ni una sola factura… Hemos visto tantas cosas, que podríamos llenar unas cuantas hojas más como ésta.

Y a pesar de todas estas evidencias, y llevados por un momento de bondad, supongamos que –tal como ellos mismos pregonan– esta élite en gestión sanitaria tiene la varita mágica de la gestión. Aceptemos, por un momento, que sus conocimientos “de experto” consiguen ahorrar en la prestación de servicios sanitarios. ¿Qué beneficio obtiene el ciudadano de esta supuesta excelencia si, después, los ahorros conseguidos, en vez de repercutir en la mejora de los servicios, se apartan de la gestión de lo que es público, de todas y todos, y van a parar directamente a la cuenta de resultados, o a las empresas privadas, o a las contabilidades B, o a los bolsillos de los amigos, de sus intereses y de la sanidad privada? También en Catalunya, gracias a su docta gestión, las listas de espera se han disparado como nunca, y empeoran las condiciones de vida de la gente que espera entrar en un quirófano. Además, en Catalunya tenemos, desgraciadamente, víctimas de los “ahorros” y de los recortes de la estafa. Lo pueden negar desde la Conselleria de Salut, pero también —como en Valencia— acabarán saliendo cifras y nombres… La lástima es que ya no se podrá evitar el desastre.

Y, por otro lado, ¿qué incentivos tienen estos “expertos” para hacer su trabajo y recomendar, por ejemplo, el desmantelamiento del Institut Català de la Salut? (Hablamos del informe de la consultora PWC, hecho según Boi Ruiz gratis et amore). ¿Qué esperan, a cambio de su asesoría, de sus informes? ¿El reconocimiento de la ciudadanía? ¿La aprobación boquiabierta del Parlament? ¿O, en cambio, el premio es el ascenso, el privilegio, una sensación de poder —que, desgraciadamente, hace que las cosas empeoren— y la presunta comisión furtiva? Estas preguntas nos llevan a la tercera disyuntiva…

Consejos de administración vs control democrático

¿Quién vigila el trabajo de nuestros “expertos”? ¿Quién marca los objetivos de los “expertos” y controla que su gestión sitúe la salud de la ciudadanía en el centro del sistema? ¿A quién tienen que dar cuenta de sus actos y de las consecuencias sociales de éstos? En Catalunya, un diputado del Parlament, la máxima representación del poder popular, no tiene ninguna potestad ni autoridad para pedir explicaciones sobre lo que hacen los gestores de los hospitales concertados. Por ejemplo, si un diputado pregunta por la cuantía de los contratos recibidos por un empresario estrechamente ligado a CiU, la respuesta es: «Estos hospitales no dependen directamente de la Generalitat y, por lo tanto, no disponemos de esta información». Es decir, que la mitad del mayor presupuesto de la Generalitat —la que corresponde al sector concertado— está totalmente fuera del control ciudadano. Y no hablamos de comités de barrio ni de asambleas revolucionarias al estilo chavista. No. Hablamos del Parlament de Catalunya, que, gracias a la privatización de la gestión sanitaria, se convierte en un envoltorio sin capacidad fiscalizadora real y —lo que es aún peor— sin capacidad alguna para imponer directrices ni objetivos. De este modo, nos damos cuenta de que la “política sanitaria” ya no se decide ni en los ayuntamientos ni en los parlamentos, sino en los consejos de administración de entidades donde el interés general aparece siempre —si aparece— después del interés de accionistas o de los empresarios amigos que tienen que recibir su contrato anual.

Para escapar de cualquier control, incluso se escabullen de la Sindicatura de Comptes, porque, si el síndico más honesto consigue superar los “amiguismos” políticos y las sociovergencias que todo lo tapan, se puede encontrar con una formidable muralla legal: el servicio del hospital concertado o contratado puede ser público, pero el contrato se ha firmado acogiéndose al derecho privado. Y, en ese caso, únicamente el Tribunal de Cuentas (otro órgano de dudosa eficacia y escasísima transparencia) pueda quizá decir algo —tarde y, probablemente, mal–, con la tara, además, de que “atenta contra nuestra soberanía”. Porque lo que queda claro en sanidad es que nuestro derecho a decidir, el ejercicio del derecho de autodeterminación, como lo entiende la sociovergencia, pasa necesariamente por el hecho de que el mal gobierno de Catalunya pueda maltratar y privar de sus derechos a nuestros enfermos y a nuestras enfermas. Y si os cuesta creerlo, sólo tenéis que ver en la hemeroteca los aspavientos que se hicieron cuando el Tribunal Constitucional, desde Madrid, derogó, con argumentos que no son los nuestros, el euro por medicamento…

Tendencias deseables

Evidentemente, la actual gestión directa de los servicios sanitarios —representada en Catalunya por el ICS— presenta importantes deficiencias en materia de transparencia. Pero mientras que la capacidad ciudadana de fiscalizar y controlar la gestión que se realiza en el ICS es muy, pero que muy, limitada, controlar lo que se hace en el sector concertado es totalmente imposible. En lo referente a la eficacia —mantra de los “expertos” sanitarios—, es cierto que al sector netamente público le queda mucho camino por recorrer y muchas mejoras por interiorizar. Pero no es menos cierto que es prácticamente imposible medir esta “eficacia” en los centros concertados, que escapan totalmente de la fiscalización de gestión y de resultados de las instituciones democráticas, cosa que convierte en un dogma de fe la mejor gestión que hacen nuestros expertos.
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Pero más allá de esto, hay un aspecto en el cual un sistema de gestión directa, de gestión pública de lo público, siempre será mejor que el más eficaz de los equipos de gestión privada: y es que pase lo que pase, se produzcan los problemas que se produzcan, éstos siempre podrán ser discutidos, debatidos y solucionados de manera democrática, ciudadana y soberana.

Para conseguirlo, sólo nos es necesario ahondar más en el funcionamiento democrático de las instituciones y, sobre todo, necesitamos una ciudadanía empoderada, participativa y que crea de verdad que la política debe velar por sus necesidades, mejorar el ejercicio de sus derechos y responder con claridad y sin excusas delante del pueblo. Nuestra sanidad no tiene sólo que vendar nuestras heridas, sino que debe ayudar a cohesionar a nuestra sociedad, a mejorar la equidad, a reducir las diferencias.

Albano Dante
Fundador y director de la revista Cafèambllet
Àngels Martínez Castells
Presidenta de Dempeus per la salut pública
Publicado originalmente en catalán en Perspectives de Espai Fàbrica. Traducción: Nàdia Subirana

 
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Publicat per a 2 febrer 2014 in Salut

 

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No permitas que conviertan tu sangre en mercancía: ACTUA en la UIMP:

Un poco a vuelta pluma, antes de dirigirme al eropuerto para volar a Santander, quería dejar alguna pequeña idea de la vigencia de ACTUA (el libro colectivo coordinado y prologado por Rosa María Artal) en el que se recogen “12 llamadas a la acción frente a la crisis económica, política y social”. Como mínimo, claro, porque ya sabemos que esta crisis es es una estafa que arrasa nuestros valores y derechos, y si es hay que llamarla así, lo más adecuado sería considerarla CRISIS de CIVILIZACION.

Queda perfectamente claro en la “llamada” sobre sanidad y salud que escribí tanto en nombre propio como por mi compromiso con Dempeus per a Salut Pública. No sólo al releer las páginas de “La salud como mercancía, la salud como botín”, me doy cuenta de su vigencia en lo fundamental (todas las cifras de recortes, desahaucios, pobreza, paro, suicidios, se han dejado atrás de forma vertiginosa), sino que cobra valor la llamada a ACTUAR de los últimos párrafos. Una llama a ACTUAR por la dignidad, y a ACTUAR transformando para no retroceder a los oscuros tiempos donde los seres humanos -súbdito-  no podíamos aspirar sin riesgo a la igualdad, sino a simplemente parecer idénticos e inenditificables  ante los uniformes gris o pardos- Y de nuevo las mujeres, las más idénticas de todas, luchando de nuevo por nuestra libertad a decidir y el derecho a nuestro cuerpo, bajo las impuestas mantillas de mercadillo… Y les doy un sólo ejemplo:

Ernest Lluch fue minsitro de Sanidad de 1982 a 1986. Y es doblemente oportuno recordarle hoy en mi intervención porque también, partir de 1989 y hasta 1995, fue Rector de la UIMP. Destacaré, sin embargo, de su faceta de ministro de Sanidad, una de las tres medidas de las que espero poder hablar con más calma esta tarde: En 1985 consiguió que las donaciones de sangre dejasen de ser remuneradas. Montserrat Lamarca nos explicaba el día de la presentación en sociedad de Dempeus per la Salut Pública hasta qué punto Ernest Lluch estaba contento con la medida, y cómo  -desde que las donaciones de sangre habían escapado de su mercantilziación para covnertirse en un acto generoso de solidaridad-  había aumentando el número de donantes … Pues bien, ahora está también en peligro este logro de civilización, y la Agencia Efe lo advertía el 17.04.2012. ¡Que poco tiempo había transcurrido desde la victoria del PP para que nuestra sanidad se convirtiera en mercancía y nuestra salud (en este caso, nuestra sangre, en un botín).

Esta es la noticia tal como la recogió 20 minutos:

Una empresa pide que se permita vender plasma sanguíneo como ingreso extra para los parados

Donación de sangre

El proceso de donar sangre no dura más de 30 minutos. (ARCHIVO)

El presidente de Grifols, Víctor Grífols, cuya compañía es el tercer productor mundial de hemoderivados, ha pedido al Gobierno que permita el pago por donaciones de plasma -que se extrae de la sangre- en España, como forma incluso de que los desempleados tengan unos ingresos extra.

En 1985 España prohibió el pago por donaciones de sangre, y por extensión de plasma. En una conferencia en la escuela de negocios Esade, el directivo de esta multinacional ha afirmado que si se permitiera el pago de donaciones, Grifols podría pagar “60 o 70 euros por semana” a un posible donante, que, “sumado al paro, es una forma de vivir”, ha añadido.

Ha asegurado que los 147 centros de donación de plasma que Grifols tiene en Estados Unidos, donde sí se abona el plasma a los donantes, podrían tenerse en España y generar 5.000 o 6.000 puestos de trabajo en un momento de crisis como el actual, a lo que hay que sumar “500 o 600 millones de dólares” en pagos a los donantes, ha añadido.

Sin embargo, Víctor Grífols, que ha criticado que en 1985 España prohibiera el pago por donaciones de sangre, y por extensión de plasma, ha asegurado que “España debería espabilarse”, y ha puesto el ejemplo de Alemania, Austria o Chequia, donde el pago por donación sí se permite.

En Alemania, Austria o Chequia, se permite el pago por donación- Grífols ha opinado que en España las donaciones son gratuitas quizá debido a un motivo “romántico” y que tiene su origen en contiendas como la Guerra Civil.

Una madre cuyo hijo luchaba en el frente a 50 kilómetros de casa donaba sangre porque pensaba que así estaba “salvando a su hijo”, ha argumentado.

“Algún día tendrá que acabarse. Si algún día EEUU decide que no exporta plasma, Europa no tendrá plasma“, ha alertado el presidente de Grifols, que en 2011 culminó la integración de la empresa norteamericana Talecris.

 
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Publicat per a 23 Juliol 2012 in Gènere, Salut

 

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