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Cuando la vida tiene precio….

Considera el Gran Wyoming que “cuando la vida tiene precio urge otro modelo”. Diría que mucho antes, porque la deriva de una sociedad dominada por los “des-valores de mercado” ha ido abarcando productos básicos para la vida, reduciendo y prohibiendo su acceso, hasta intentar convertir salud y enseñanza en mercancías prostituidas en manos de amigotes, sectas y buitres. Urge otro modelo porque ya hemos entrado en caída libre en la liquidación de los valores reales de convivencia europeos, como que hacer política por el bien común implica priorizar una mejor redistribución de la renta y la riqueza (y no el carnaval de la desigualdad que se hipertrofia en nuestro día a día). O la apuesta por la igualdad de oportunidades, aunque sólo sea para devolver empleo digno a las generaciones más jóvenes, o investigación a las Universidades, o derechos y responsabilidades sin sesgo de género ni de clase para mujeres y hombres en un contrato social que no sancione esta crisis-estafa en vergonzosas enmiendas constitucionales. Y hay que recurrir a las mejores y más descarnadas denuncias para que todo el mundo lo entienda. Las televisiones públicas deberían asumir su función, incluida y en lugar destacado TV3, y poner en horario de prime-time PSICO, de Michael Moore, pero también “La salut, el negoci de la vida” de SICOM… Así entenderíamos mejor las consecuencias de esa piratería obscena que Boi Ruiz nos niega. Por todo ello, textos como el que sigue (y el próximo número de cafeambllet) deberían ser leídos, discutidos y utilizados para defender una convivencia digna y preservar la salud de los buitres que monopolizan Sovaldi u otros fármacos, y de los CAPIO de turno….

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(Ante el error del paciente que abre su boca al máximo, el médico le aclara que lo que debe abrirle es su cartera…)

“Los partidarios y promotores de eso que llaman colaboración público privada, también llamada PPP (Public Private Patnership), han tocado techo. Bajo esa lógica de cooperación que adquiere múltiples formas se esconde también la cesión por parte de la Administración de todo aquello que pueda enriquecer a las grandes empresas en detrimento del bolsillo de los ciudadanos.

Resulta obvio pensar que la iniciativa empresarial sólo “colaborará” con la Administración en aquellos proyectos en los que obtenga beneficio, claro, pero el rédito que obtiene la Administración en esos proyectos, puesto que de colaboración se trata, es más complicado de entender y, en cualquier caso, esa colaboración debería tener un límite, alguna línea roja.

Yo vengo de un mundo donde los grandes descubrimientos científicos pasaban a ser patrimonio de la humanidad al instante. Gracias a ello, muchos de los que defienden a ultranza desde la política y los medios de comunicación la falta absoluta de control por parte del Estado en los negocios irían con muletas a trabajar por no haber tenido acceso en su día a la vacuna de la polio, o no habrían sobrevivido a enfermedades como la viruela, actualmente erradicada, o a infecciones que hoy no suponen el menor riesgo gracias a los antibióticos. ¿Alguien se imagina el precio que podría haber alcanzado en el mercado negro la penicilina si su uso no se hubiera universalizado?

Recuerdo ahora la película El tercer hombre, luego convertida en novela, de Graham Greene, donde el malvado Harry Lime se dedicaba, precisamente, a eso, a hacer negocio con la precaria salud de los austriacos en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial vendiendo medicinas en el mercado negro. Se consideraba entonces el más execrable de los crímenes.

Ahora es un negocio legal. En la moral del siglo XXI es guay. Nadie duda del legítimo derecho en una sociedad llamada de libre mercado a obtener beneficios de una inversión, pero la falta de intervención del Estado en favor del interés general o, mejor dicho, la intervención del Estado para procurar el máximo beneficio a la industria farmacéutica, que en Estados Unidos quita y pone presidentes a través de eso que llaman lobbies, que no es otra cosa que la compra de voluntades desde el mundo del dinero, ha llegado a convertir en cotidiano, a legalizar de hecho, la especulación criminal, dicho en el sentido más literal del término: una especulación que mata. Que priva del recurso necesario para seguir viviendo al que padece una enfermedad crónica. Me refiero, como muchos habrán comprendido, a la hepatitis C. Llamo especulación criminal a lo que sucede porque el precio al que se vende el fármaco nada tiene que ver con la inversión realizada en la investigación para su descubrimiento, sino con la efectividad del mismo y la exclusividad de una marca a la hora de ponerla en el mercado que no deja elección posible. Si tienes dinero, te salvas. Si no, te mueres. Así de sencillo. Esa es la filosofía. Es la ley del libre mercado. Es el paradigma de los que pregonan que la intervención de Estado en la regulación del mercado es un atentado contra la libertad y una forma perversa de totalitarismo. Para los neoliberales es un dogma.

Según varios informes, ya se habría amortizado con creces el gasto en la investigación del fármaco. El alto coste del tratamiento, que se planteaba en 60.000 euros por enfermo, teniendo en cuenta que es una enfermedad que afecta a millones de personas –los cálculos en EEUU estiman en 3,2 millones los que la padecen sólo en aquel país– obliga a la búsqueda de una solución sin demora y sin que tengan que seguir muriendo de forma gratuita miles de seres humanos por la codicia de unos negociantes sin escrúpulos. De demagogia tachan cualquier propuesta los defensores del tráfico de vidas humanas que, dicho sea de paso, ignoran si padecen la enfermedad, ya que pueden pasar hasta veinte años sin que afloren los síntomas.

Hay que indemnizar al propietario de la patente por un precio razonable, ahora que todavía no se ha aprobado el Tratado de Libre Comercio, el famoso TTIP, donde contemplarían en ese pago el “lucro cesante”, es decir el negocio que hubieran hecho si no interviniera el Estado, y poner el fármaco a disposición de los médicos.

Hay que recordarles a los que se escandalizan cuando se plantean estas medidas que el laboratorio propietario de la patente del fármaco no fue el que la descubrió, sino que la compró a los que dieron con él, con la sana intención de forrarse a costa de la vida de los ciudadanos. Pues eso mismo es lo que tenían que haber hecho las Administraciones Públicas si miraran por el interés del personal en lugar de pasarse el día engrasando las puertas giratorias. Así de sencillo. Se enteran de cuánto han pagado por esa patente y se les da un dinero, vamos lo que se llama una expropiación, que es lo que hacen con las propiedades de los paisanos cuando se traza una carretera, una vía del tren o Eurovegas. Ahí no tienen problemas.

La gente está muriendo. Esta cuestión no es broma ni motivo de rifirrafe ideológico; pone en cuestión la esencia de la utilidad del Estado. Con la excusa de salvar la vida de los ciudadanos dilapidamos fortunas en medidas preventivas sintetizadas en la compra de armamento, medidas que se hacen más incomprensibles ahora que el software de nuestros arsenales se queda obsoleto enseguida.

Sólo la lucha del colectivo de afectados por esa enfermedad, que ha desenmascarado la injusticia social, moral, política y religiosa que supone esta verdadera masacre llevada a cabo con la colaboración de nuestros gobernantes, nos ha hecho tomar conciencia de hasta dónde están dispuestos a llegar. Si se hubieran muerto en silencio, sin hacer ruido, como pretende el actual ministro de Sanidad cuando afirma que las acciones de este colectivo son perjudiciales para la negociación, no se hubiera evidenciado en manos de quién estamos y de qué lado están.

Este no es un caso aislado. Es sólo un ejemplo que nos ayuda a comprender el empeño de estos señores neoliberales por exterminar la investigación científica tal y como siempre la habíamos concebido, como un empeño colectivo al servicio de la Humanidad.

Son muchas las investigaciones llevadas a cabo con un gran esfuerzo de dinero público que cuando están tocando a su fin son vendidas a la empresa privada para que exploten los resultados.

Ellos han tocado techo en su desprecio por la vida de los ciudadanos. Nosotros fondo.

No queda otra, a pesar de la apocalíptica imagen del terror y las amenazas de los organismos internacionales “neutrales”, tecnócratas y apolíticos que dirigen nuestras vidas, que tomar impulso y salir a la superficie.”

 
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Publicat per a 14 gener 2015 in Mitjans de comunicaci, Salut

 

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Michael Moore: “Gracias, Clint, me has alegrado el día”

(Michael Moore sobre el discurso ilusorio de Clint Eastwood en la convención nacional republicana)

La leyenda de Hollywood gruñendo a una silla vacía perdurará como el momento infame en que un señor mayor secuestró la reunión más importante de un partido nacional para regañar al Presidente.

Habló anoche con un Obama invisible en una actuación que parecía escrita por Timothy Leary* e interpretada por Cheech & Chong. Clint Eastwood envío al hogar de millones de espectadores el mensaje central de la convención nacional republicana de este año: Somo ilusos y estamos al margen de la realidad, ¡vótanos!

La grabación de Eastwood divagando y farfullando sobre su “Harvey” -el presidente Obama- será reproducida al público dentro de cientos de años como el momento más estrafalario de la historia de las convenciones. La gente del futuro no sabrá nada sobre Dirty Harry, Josey Wales o Million Dollar Baby. Sabrán sobre la noche en la que un señor mayor secuestro la reunión más importante de un partido político nacional para poder decir literalmente al Presidente que se hiciera algo a sí mismo (joderse a sí mismo). En ese breve momento (y hoy en día solo se necesita un momento, véase a Anthony Weiner), Clint invirtió y redefinió cómo será recordado por las generaciones más jóvenes y las futuras.

Hace algunos años, durante los premios cinematográficos National Board of Review celebrados en Tavern on the Green, en New York, yo estaba presente para entregar uno de los honores. Cuando le tocó a Eastwood aceptar el suyo, se dirigió al micrófono y gruñó para la audiencia: “Si alguna vez te presentas en mi casa con una cámara, te dispararé a primera vista”. El público se rió, yo me reí, pero la persona que emitió la amenaza no se estaba riendo. Eso me asustó un poco. Me aseguré de que nunca pisaría el césped de Clint Eastwood.

Pero como ya he dicho, el mejor resultado de anoche es que mostró lo alejados que están hoy en día los republicanos de la realidad. Es como si quisieran divorciarse de nosotros, la corriente central americana para poder irse a vivir al país de las violaciones legítimas y los glaciares que no se derriten. La mayoría de los americanos no viven en ese planeta de locos y dudo que haya muchos que quieran mudarse allí.

Gracias Clint, ¡me has alegrado el día!

………………

*Tim Leary fue el principal gurú de la LSD y la revolución psicodélica de los 60 en EEUU.

**El congresista demócrata por Nueva York Anthony Weiner puso hoy fin a su carrera política y renunció a su escaño en el Congreso de EEUU tras admitir los errores que cometió al enviar fotos y mensajes sexuales a varias mujeres a través de la red social Twitter.

El papelazo de Clint Eastwood

Ayer, de lo único que se hablaba en EE.UU. y quizás también en el mundo, fue de la actuación de Clint Eastwood, el invitado misterioso que terminó siendo un tipo de sorpresa que nadie esperaba.

En la elaborada coreagrafía que armaron para oficializar la candidatura de Romney, se suponía que Eastwood tenía que contribuir al show, no que se lo tenía que robar. Pero ¿quién tiene autoridad para decirle a Clint Eastwood qué puede y qué no puede hacer arriba de un escenario?

Lo cierto es que la conversación que tuvo con una silla vacía en la que imaginó que estaba sentado Obama resultó más absurda y surrealista que el teatro de Ionesco.

Al principio, los más de 10.000 republicanos presentes se entusiasmaron con la idea y lo aplaudieron fuertemente. “Recuerdo cuando Obama ganó las elecciones hace cuatro años y hablaba de cambio y esperanza y Yes, We Can….Yo también lloré la noche que Obama aceptó la nominación de su partido. Ahora hay 23 millones de personas sin trabajo”, afirmó. “Señor presidente, ¿cómo hace usted con las promesas que no ha podido cumplir?”, preguntó Eastwood mirando la silla vacía.

Poco a poco, sin embargo, la conversación imaginaria entró en un terreno donde nadie entendía bien lo que estaba pasando.

“¿Qué quiere que le diga a Romney? No puedo decirle eso, ¡no puede hacerse eso a sí mismo! Es totalmente absurdo”, dijo nuevamente mirando a la silla.

La campaña de Obama reaccionó rapidamente distribuyendo por twitter una foto del respaldo de la silla en la que se sienta el actual presidente en la Casa Blanca, en la que se ve solo la parte de atrás de su cabeza. El epígrafe de la foto, que también es totalmente surrealista dice: “Esta silla está ocupada”.

De momento todos los periodistas en CNN y MSNBC están hablando mucho más de Eastwood que de Romney, algo que no debe hacer nada feliz a su equipo. Twitter, mientras tanto, ya tiene el hashtag #eastwooding, con gente hablando con sillas vacias por todo el país.

Original en The Daily Beast Visto en Cuba Debate
Traducido por TraduccionesPi

 
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Publicat per a 1 Setembre 2012 in Despropòsits

 

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Donna Smith (Sicko) por la sanidad pública

Donna Smith (SICKO) cuenta las víctimas

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Quienes hayan visto la película SiCKO recordarán a Donna Smith (en la foto, de rosa, con Michael Moore y médicos cubanos) y a su esposo, Larry Smith, como la pareja que se vio obligada a vender su casa en Dakota del Sur e irse a vivir con su hija a Denver, Colorado después que los gastos sanitarios les llevaran a la quiebra. A Larry Smith le diagnosticaron una enfermedad coronaria crónica, y a Donna Smith un cáncer de útero. Descubrieron entonces que el seguro sanitario que Donna tenía por su empresa, no era la red de seguridad que creían. Aunque para Donna siempre había sido una prioridad el seguro médico, los recargos fueron en aumento mientras disminuía  la cobertura. Cada vez eran más los gastos no incluidos, los copagos y los desembolsos que debían hacer, y según confiesa, se sintió muy afortunada al ser elegida en un grupo de veinticinco personas que se habían puesto en contacto con Michael Moore contándole sus cuitas sanitarias, para SICKO. Smith es una de las personas que compara la atención médica que reciben los presos en Guantánamo para pasar después a suelo cubano y poder apreciar las ventajas del sistema público de salud de Cuba.

En este artículo, de lectura nada confortable y lleno de amargura, Donna Smith pone de manifiesto la hipocresía de un sistema que sólo rescata del olvido a las personas enfermas cuando las necesita.

¿Quién cuenta ahora las historias de los pacientes que mueren?

por Donna Smith

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(En la foto, Donna Smith testificando ante el Congreso).

Después de la aprobación de la reforma del seguro sanitario en la pasada  primavera se podría llegar a pensar  que de pronto ya no hay pacientes estadounidenses que mueren o sufren un horror difícil de imaginar en manos del sistema del servicio de salud privado de los Estados Unidos. Ahora ya nadie cuenta sus historias. Parece como si hubiera sido necesario contar la realidad en que viven las personas enfermas en su momento, pero ahora, simplemente, ya  no es necesario recordarla.

Sin embargo, se estima que 45.000 muertes evitables ocurren en los Estados Unidos cada año debido a la falta de acceso a la asistencia sanitaria adecuada. No están incluidas las personas que mueren de otras causas que pueden prevenirse, como por ejemplo, los errores médicos. 45.000 cada año. Eso es, 123 personas que mueren todos los días. Hoy mismo han muerto 123 personas. ¿Ha leído la noticia en alguna parte? ¿Cuánta gente murió ayer? 123 personas. ¿Alguien informa del hecho? ¿Cuántas personas morirán mañana? 123. ¿Hay alguien tratando de salvar a esas personas que morirán mañana?

A pesar de que más estadounidenses mueren de muertes evitables cada día por no tener acceso a los servicios de salud en su país de los que mueren en semanas en cualquier campo de batalla extranjero, nadie los está buscando en el desierto de la medicina de la codicia y el afán de lucro. Nadie necesita su dolorosa realidad  en este momento.

123 personas muertas  hoy

Las historias de los pacientes fueron esgrimidas por los políticos, por los medios de comunicación del sistema y los  alternativos, por grupos que luchaban a favor de la reforma y por los “think tanks”.  Los familiares de los pacientes fallecidos eran material muy bueno para los debates. Las mamás y los papás de los niños muertos eran los principales objetivos que se pretendía llevar a todos los escenarios; se les sentó en las mesas como testigos y dieron sus nombres y los datos de la persona amada, y compartieron su  muerte con el mundo. Los pacientes con cáncer que no tienen acceso al servicio de salud también eran muy valorados. Si todavía podían mantenerse en pie, pensar y hablar, los pacientes con cáncer ofrecieron  grandes oportunidades fotográficas para unos y mejores instrumentos de recaudación de fondos para otros.

123 muertos mañana.

Alguien dirá que hay que entender que después de la aprobación de la reforma sanitaria,  la nación se interesa por otras cuestiones, y que ahora estamos preocupados por el paro, el derrame de petróleo, el fanatismo sobre la inmigración en Arizona, la filtración de documentos en la guerra de Afganistán… Todos temas de gran importancia, sin lugar a dudas… Y alguien puede añadir además que  sólo tenemos que esperar y ver si esas cifras disminuyen en el 2014 o el 2016 o el 2018, a medida que se vaya poniendo en práctica  la ley de reforma sobre el seguro de salud.

123 muertos ayer. Estos muertos insistentes no dejan de morir.  Esperan a que surja un tercer partido político: el de  los muertos y los moribundos.

Los pacientes están muriendo y sufriendo cada día en la medida que la recesión continúa y los proveedores de servicios médicos ejercer un control  más estricto  sobre los resultados de su cuenta de explotación. De manera que cuidan sus balances pero dejan sin  atención a los pacientes que acuden sin ninguna forma de pago o sin los adecuados medios de pago. Los pacientes están sufriendo más, no menos. Se exige el pago por anticipado. Y las personas enfermas no pueden  pagar los miles de dólares, ni siquiera los cientos de dólares de su tratamiento. Más de muerte, no menos.

123 personas de hoy que no tienen una muerte plácida, suave, que no se adentran desde el sueño en la muerte con los seres queridos llorando al lado de su cama. Es posible que hayan pasado semanas o incluso meses pidiendo que alguien los tratara. Es posible que hayan estado trabajando hasta hace pòcas semanas o días, pero que a pesar de ello no puede superar el copago ni los gastos extras que no entran en su seguro para obtener un tratamiento a tiempo. Y no pueden ausentarse ni un momento de su puesto de trabajo para no dar oportunidad a su empresario a que los despida en base a excusas que no se hacen explícitas pero se utilizan de forma tácita, como la baja por  enfermedad o las visitas al médico. Y las personas mueren después de discutir con su familia  y luchar a medida que  las presiones financieras crecen y la enfermedad se agudiza.

Busqué en todas las páginas de los medios de comunicación que pude encontrar para ver si había algún informe sobre las personas que murieron ayer. Nadie lo hizo, ningún medio. 123 personas murieron, y poca gente se percató de su paso. Busqué a ver si alguien estaba informando la inminente masacre de 123 inocentes en los Estados Unidos hoy, y tampoco nadie informa al respecto.

Junto con los 45.000 muertos, hemos permitido que 700.000 personas enfermas y sus familias tuvieran serios quebrantos económicos en el 2009. En los EE.UU., las enfermedades son responsables de más del 50 por ciento de las bancarrotas personales (y de esos pacientes, el 75 por ciento disponía de un seguro sanitario). Las bancarrotas personales han tenido un incremento del  31,9 por ciento en 2009,  de manera que queremos mencionar a estos pacientes y  a sus familias en nuestros informes porque aunque estas personas recueren la salud, durante mucho tiempo sufrirán el castigo de haber quebrado.  Tarda muchos años en repararse la pérdida del crédito.

123 muertos de hoy. 1.917 que quebrarán a causas de un problema de salud.  En esta nación.  Y sin embargo, nadie informa. Nadie.

La única cosa que sé con certeza es que las historias de horror de todos esos pacientes fueron  parte integrante del combustible que movió todo el   debate sobre la reforma de salud. Los muertos y los moribundos constituyen un mejor marco para los artículos de la prensa que la simple venta de la reforma de la salud como una manera de poner en libertad bajo fianza lo privado, la industria aseguradora de la salud con fines de lucro,  y poner un collar al complejo médico-industrial en su conjunto. Los pacientes son necesarios en este sistema y en el debate sólo en la medida que sin ellos no pueden funcionar los motores de los beneficios sanitarios.

medicare-for-all.jpg123 muertos. 1.917 personas en el colapso financiero. Hogares perdidos. Futuros desgarrados. Y nadie informa de nada.

Hay quienes todavía claman por una verdadera transformación del sistema de salud de EE.UU. a partir del modelo con fines de lucro que tenemos a un modelo de seguridad social como la ampliación y mejora de Medicare para todos. Pero incluso muchas de esas personas han decidido que sólo se debe hablar de dinero y del beneficio que pueden conseguir los que buscan aumentar sus beneficios… y  de las fortunas que aún pueden conseguir.

No estoy de acuerdo. Creo que alguien debe tener el valor de informar de las bajas de esta guerra. De hecho, creo que sus rostros y sus nombres deberían ser más prominente a medida que sigamos permitiendo que se haga lo mismo con otros  seres humanos en esta nación.

123 muertos ayer. 123 muertos de hoy. 123  que van a morir mañana. Desde la aprobación del proyecto de ley de reforma del seguro en marzo de 2010, ya han muerto 14.670 pacientes estadounidenses. Y nadie pronunció sus nombres. El día en que nos convertimos en una nación que da la espalda a la muerte y el sufrimiento fue el día en que perdimos mucho más que una batalla política:  perdimos nuestra alma colectiva.

donna-and-moore.jpgDonna Smith es organizadora de la comunidad de National Nurses United  (la nueva rama nacional de la Asociación de Enfermeras de California) y co-presidenta nacional de Progressive Democrats of America Healthcare Not Warfare Campaign.

Original en inglés en Common Dreams

Visto en Dempeus per la Salut Pública.

 
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Publicat per a 5 Agost 2010 in Salut

 

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Videoteca bàsica del que ens espera si no ens posem Dempeus!

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A vegades cal presentar un video d’aquest que poso sota l’etiqueta de “videoteca bàsica”. Aquesta vegada no. Tots i totes heu sentit parlar de Michael Moore i de les seves denúncies… I molts i moltes haureu vist la pel.licula quan va passar als cinemes… En qualsevol cas, em semblen bàsics aquests 9 minuts de SICKO amb subtítols en castellà.

Quan la reforma sanitària d’Obama fa aigües i s’enfonsa un projecte de més equitat en salut sota les canonades dels “dolents” de sempre, i quan a diferents Comunitats Autònomes (València, Madrid, Galiza i també a Catalunya) ja han començat a preparar-se mútues i patronals sanitàries privades per dinamitar el sistema públic de salut amb el vist-i-plau de les respectives autoritats sanitàries, mirin el futur que ens pot esperar si no hi fem rès… Si els deixem fer… Si no els hi platem clara. Si no ens posem Dempeus!

S’ho miren i, si volen, m’ho comenten.

I bon diumenge!

http://tu.tv/tutvweb.swf?kpt=aHR0cDovL3d3dy50dS50di92aWRlb3Njb2RpL3MvaS9zaWNrby1zdWJ0aXR1bG9zLWVuLWVzcGFub2wtMi0xMi5mbHY=&xtp=696751

Videos tu.tv

 

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Sicko, y el terrorismo sanitario

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Mi amigo Antoni Domenech me autorizó en su momento a reproducir artículos de la revista sinpermiso, de la que es editor. Dada la temática que me viene ocupando y preocupando no me resisto ante el que firmó Paul Krugman en The New York Times, 9 julio 2007, y que fue traducido por Roc F. Nyerro para http://www.sinpermiso.info.

“Ahora es el terrorismo el primer refugio de los canallas. Cuando las autoridades británicas anunciaron que, detrás del recientemente fallido atentado con bombas, estaba un círculo de médicos musulmanes, tendríamos que haber sabido lo que iba a venir.
“Sanidad pública: ¿vividero de terroristas?”, podía leerse en los titulares de pantalla mientras el invitado al plató de Fox News, Neil Cavuto, y el comentarista de la cadena televisiva, Jerry Bowyer, discutían con ademán solemne cómo la cobertura sanitaria universal puede serlo también del terrorismo.
Aunque eso resultaba grosero incluso para el tipo de discurso político habitual en la era Bush, lo cierto es que Fox no hacía sino seguir una larga tradición. Hace más de 60 años, el complejo médico-industrial y sus aliados políticos se sirvieron de arteras tácticas amedrentantes para evitar que Norteamérica siguiera los dictados de su conciencia y diera a todos sus ciudadanos acceso al cuidado sanitario.
Digo conciencia, porque el cuidado sanitario es un asunto, y el que más, de moral.
Tal se desprende del apabullante eco encontrado por Michael Moore con su Sicko. Los reformadores de la sanidad pública deberían tratar de responder por todos los medios a las ansiedades de los norteamericanos de clase media, a su creciente y justificado temor a hallarse sin seguro médico, o a vérselo negado cuando más lo necesiten. Pero los reformadores no deberían centrarse sólo en el interés propio de las gentes. Deberían apelar también al sentido de la decencia y de la humanidad de los norteamericanos.
Lo que indigna al público de Sicko es la patente crueldad y la manifiesta injusticia del sistema norteamericano de salud: la gente enferma que no puede pagar la factura del hospital, literalmente en la estacada; una niña que muere porque una sala de emergencia hospitalaria que no entraba en el seguro sanitario de la madre se negó a tratarla; norteamericanos extenuados por un duro trabajo, caídos sin embargo en una humillante pobreza por culpa de las facturas médicas.
Sicko es un sonoro rebato a la acción. Pero no hay que olvidarse de los defensores del statu quo. La historia prueba que son excelentes en punto a bloquear una reforma buscando vías de amedrentarnos.
Esas tácticas de amedrentamiento han recurrido a menudo a afirmaciones traídas por los pelos sobre pretendidos peligros de los seguros públicos. En Sicko se muestra parte de una grabación que hizo Ronal Reagan para la American Medical Association, alertando de que una propuesta de programa de cobertura sanitaria para los ancianos –el programa conocido como Medicare— llevaría al totalitarismo.
Precisamente ahora, dicho sea de paso, Medicare –que hizo un enorme bien sin propiciar una dictadura— está siendo socavado por la privatización.
Son, sin embargo, sobre todo los intereses del gran dinero, que tienen pie en el presente sistema, quienes quieren haceros creer que la cobertura sanitaria universal podría llevar a una quiebra fiscal y a una atención médica piojosa.
Ello es que todos los países ricos, salvo los EEUU, tienen ya alguna forma de cobertura sanitaria universal. Cierto que esos países pagan impuestos extras, pero no sin ahorrar en desembolsos por seguros privados y en costes médicos sufragados del propio bolsillo. El coste general de la atención sanitaria en países con cobertura universal es mucho más bajo que aquí.
Por lo demás, cualquier indicador disponible dice que, en lo tocante a calidad, acceso al cuidado necesario y resultados sanitarios, el sistema estadounidense de salud es peor, no mejor, que el de otros países avanzados. Incluso el británico, que gasta sólo un 40% de lo que nosotros gastamos por persona.
Es verdad: los canadienses tienen listas de espera más largas que los norteamericanos en materia de cirugía opcional. Pero, todo contado, el acceso promedio canadiense a la salud es tan bueno como el promedio del norteamericano con seguro, y harto mejor –huelga decirlo—que el de los norteamericanos sin seguro, muchos de los cuales ni siquiera llegan a recibir jamás la atención médica que necesitan.
Y los franceses consiguen proporcionar la que sin disputa es la mejor atención sanitaria del mundo sin ningún tipo significativo de listas de espera. De acuerdo con datos superlativamente contrastados, no nos están contando cuentos. Su sistema es así de bueno.
Todo lo cual trae a colación la pregunta que se hace Michael Moore al comienzo de Sicko: ¿quiénes somos nosotros?
“Siempre hemos sabido que el interés propio sin brida era mala moral; ahora sabemos que, además, es mala teoría económica”. Eso declaraba Franklin Delano Roosevelt en 1937 con palabras que guardan perfecta vigencia hoy para la atención sanitaria. No es éste uno de esos casos en que nos tenemos que enfrentar a decisiones penosas: aquí, hacer lo correcto es hacer también lo eficiente desde el punto de vista de los costes. La atención sanitaria universal ahorraría miles de vidas estadounidenses cada año, ahorrando al propio tiempo dinero.
Se trata de una verdadera prueba de fuerza. Porque la única cosa que se atraviesa en el camino de la atención sanitaria universal son los grupos de interés propagadores del miedo y compradores de influencias. Si no podemos derrotar a esa fuerzas, pocas esperanzas podemos guardar en el futuro de Norteamérica.”

 

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