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Economía y democracia

La darrera publicació de SINPERMISO reprodueix l’article “El fin del neoliberalismo y el futuro de la democracia: por una política económica alternativa para la izquierda en Europa” de Michael R. Krätke, que va exposar en el Seminari sobre Democràcia i Capitalisme financer organizat per SINPERMISO i la Fundació Pere Ardiaca. Aquí podeu trobar l’article sencer, kratke_0.jpgperò pels impacients i pels que els hi agrada anar de dret a les conclusions, no m’estic de publicar els darrers paràgrafs del seu treball, on es desenvolupa la idea de la democràcia econòmica. Les aportacions de Krätke ajuden i reforcen la construcció d’un pensament tant alternatiu com imprescindible:

Diu Krätke, en concloure les seves reflexions:

“La idea de democracia económica resulta escandalosa, incluso irritante, para las mentes liberales. Lo que está en disputa es el poder, el poder político y económico de los propietarios privados frente a la incapacidad de las masas de clases expropiadas y carentes de toda propiedad (o sólo nominalmente propietarias). Pensar lo impensable ―la democratización de la economía― requiere superar la división radical entre economía y política, tan profundamente arraigada en la corriente dominante del pensamiento económico. El primero es el ámbito de la propiedad y la acción racional, el segundo es el ámbito del poder. Según este punto de vista, la democracia es un concepto puramente político y debe permanecer confinado al ámbito de la política. Aunque la metáfora de la “democracia de los mercados” sea tan del gusto de los (neo)liberales, sólo están contentos en tanto en cuanto prevalezca el supuesto implícito de que deben gobernar los mercados (esto es, los señores de los mercados) en lugar de la democracia. Para un (neo)liberal, la democracia está bien en la medida en que siga confinada al ámbito de la política, y el ámbito de la “economía”, de los mercados y de las empresas, quede bajo el control exclusivo del derecho, esto es, de los actores propietarios.

La democracia económica consiste en reivindicar tanto un concepto político como una estrategia. Inevitablemente, la democracia económica empieza en el ámbito de la fábrica o empresa concreta, pero jamás puede detenerse ahí. La codeterminación de los trabajadores, el derecho a intervenir en los asuntos de la empresa a que pertenecen como empleados, es indispensable para una economía democrática en que los participantes tengan voz. En un régimen de codeterminación, la dirección puede y debe ser elegida por todos los miembros de la empresa, incluyendo tanto a los accionistas privados y/o a los propietarios de capital privado cuanto a los empleados. A fin de establecer una democracia económica que traspase los límites de la fábrica o empresa, “foráneos” como los consumidores y el Estado deben ser incluidos y tener voz. Aun cuando se “democratizaran” todas las empresas, el “mercado” seguiría gobernando en tanto la democratización no se extendiera hasta los niveles intermedio (las interacciones entre empresas y sectores o grupos empresariales) y macroeconómico (el conjunto de la economía regional o nacional y la interacción entre esas unidades económicas mayores y el ámbito mundial). Gobernar los mercados es factible y economías de mercado altamente intervenidas pueden ser muy exitosas, como demuestran claramente los ejemplos recientes de los prósperos “estados en vías de desarrollo” en Asia. La democracia económica en el ámbito macroeconómico sólo es posible si se crean nuevas instituciones, o si las ya existentes, como los bancos centrales, son concienzudamente reformadas. Como estamos ante la perentoria necesidad de un programa europeo de inversiones a gran escala, no sólo para superar la presente crisis, sino también para estabilizar y mejorar el empleo y la calidad del trabajo, para combatir la pobreza y la exclusión social, para posibilitar un cambio radical hacia el desarrollo sostenible, la construcción de esas instituciones es tan urgente como inevitable para la realización de esfuerzos conjuntos y coordinados a escala europea a largo plazo. La transformación democrática de los mercados financieros lleva a la transformación democrática de la economía entera, que a su vez conduce, esperemos, a la propia democracia. Un capitalismo reformado y embridado será harto más compatible con la democracia política, pero que una democracia ampliada que haya aprendido a gobernar los mercados y la macroeconomía pueda seguir soportando al capitalismo, es cosa que está todavía por ver.”

 
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Publicat per a 26 Desembre 2008 in Economia crítica

 

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