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¿Democracia paternalista o aciago revival del patriarcado?

patriarcado
Introducción quizás innecesaria: entiendo por patriarcado mucho más que el concepto clásico de un sistema social y político en el que la figura del patriarca detenta todo el poder. Las luchas emancipadoras, de las que siempre han formado parte las mujeres hasta incluir reivindicaciones propias, han ido disputando y conquistando la esfera de lo público en un proceso que, sin embargo, no se mantiene lineal ni mucho menos constante en su progreso. Pero el patriarcado, aliado a las nuevas formas del capitalismo, permanece agazapado y avanza cuando el momento le es favorable, siempre en detrimento de las mujeres y la democracia. En la actualidad, en ciertos ámbitos del feminismo se habla de “los nuevos bárbaros del patriarcado” para explicar la especificidad de la violencia sexista en la era de la globalización, para designar el “Estado paralelo” que en determinadas zonas del planeta instituyen las mafias… pero no sólo hablamos de Morelos, ni de las maquilas mexicanas… Ni recordamos tampoco, de manera exclusiva, la lapidación de mujeres bajo leyes fundamentalistas en aplicación de torturas bárbaras que sociedades patriarcales (pero contemporáneas nuestras) justifican y aplauden. También el incremento de la violencia de género en las “democracias paternalistas”, la desposesión y expoliación de amplísimas capas de la población, la negada desnutrición progresiva de niños y niñas en el “mundo desarrollado”, el abandono de las personas dependientes, la acumulación de trabajos, responsabilidades y tensiones en las mujeres que deben suplir los vacíos que van dejando los servicios públicos desabastecidos o destruidos (en especial en sanidad, en cuidados, en atenciones sociales) significan un reforzamiento de ese fundamentalismo patriarcal que el Ministro Gallardón, en España, se está encargando de traducir en leyes retrógradas, y sí, que no nos escamoteen las palabras: sectarias, sexistas y PATRIARCARLES.

En un excelente artículo de Jesús Maraña en InfoLibre en el que se pregunta si abdica la Corona o la democracia, encuentro finalmente un concepto que se acerca a lo que falta en multitud de análisis y opiniones leídos u oídos hasta ahora (y que son muchos, a partir de las servidumbres más vomitivas hasta las portadas censuradas). Maraña habla de “democracia paternalista” y se acerca a la diana. Pero el término “paternalismo” me parece demasiado benevolente, e incluso un pobre sucedáneo del patriarcado que se quiere invisibilizar, mientras se disfrazan y enturbian sus potentes efectos insalubres para nuestra sociedad, agravados con los estragos de esta crisis-estafa.

No quisiera que nos detuviéramos sólo en lo superficial ni nos engañáramos tomando los gobiernos de Margareth Thatcher o Angela Merkel como presuntas esquelas del fenecimiento del patriarcado: mi propuesta es que los consideremos mejor como su necesaria evolución, sofisticada hasta cierto punto, para conseguir que sean unas pocas mujeres las que cumplan las necesarias funciones patriarcales necesarias para el dominio de unos pocos en el siglo XX avanzado y el siglo XXI. Su servicio al patriarcado consiste también, al empequeñecer lo público, que más mujeres se vean expulsadas, relegadas, a la esfera de lo privado donde un desierto de derechos impide la necesaria equidad (a pesar de que es terreno muy fértil para el crecimiento de las desigualdades). Con su acción política, tan neoliberal como patriarcal, se apartan las necesidades más básicas de la población, de las mujeres (y con ellas de los seres desposeídos) de la relevancia en la vida pública, y desaparecen de las agendas políticas las actuaciones que refuerzan los Derechos Humanos y que deberían guiarse por un bien común no misógino, sin sesgos de clase ni género.

El problema de fondo es que si aceptamos substituir, aunque sea por un momento y como factor acelerante en el proceso de comprensión de lo que nos están haciendo, el concepto “paternalismo” por el de “patriarcado”, apenas nos queda lugar para la democracia… Y si no, aunque sea como ejercicio de domingo, les propongo que ahora, y bajo la luz patriarcal, lean el siguiente párrafo del artículo que les comentaba de Jesús Maraña:


“Más allá de las causas concretas que motivan la decisión de abdicar y más acá del legítimo debate entre monarquía y república, lo cierto es que la gestión de la abdicación es sobre todo síntoma de un concepto paternalista, rancio o incluso caciquil de la democracia. Rajoy y Rubalcaba, los mismos que reivindican las virtudes del consenso de la transición y rechazan por injustas y generalizadoras las acusaciones de bipartidismo, han decidido cocinar a solas (con Felipe González como ‘MasterChef’) el menú y el orden de los platos de la sucesión en la jefatura del Estado.

Por supuesto que no es discutible el carácter democrático que la suma de PP y PSOE en el Congreso garantiza para avalar por amplísima mayoría parlamentaria la ley orgánica de abdicación. Pero, ¿acaso no era posible intentar un consenso más amplio, con algún matiz a ese artículo único que convierte en innecesaria a juicio de no pocos juristas la propia ley orgánica? Por ejemplo, algún grupo podría haber condicionado su apoyo a la sucesión a un compromiso del futuro rey Felipe de ejercer su función con absoluta transparencia, austeridad y sometido a un estricto control parlamentario.

Por más que se empeñen ahora Felipe González y Zapatero y Rubalcaba en explicar la histórica prioridad “accidentalista” del PSOE sobre la monarquía, saben perfectamente que en toda agrupación socialista hay una bandera republicana. Y saben que en 1978, cuando se aceptó la monarquía juancarlista, el entonces portavoz parlamentario Luis Gómez Llorente explicó con todo detalle en el Congreso las raíces y convicciones republicanas y las razones por las que el Grupo Socialista se abstendría en la votación de ese artículo de la Constitución.

Rubalcaba decidió por su cuenta (de la mano de Felipe González) acordar con Rajoy la sucesión en la corona del mismo modo que Zapatero y Rajoy pactaron por teléfono una noche de agosto de 2011 cambiar el artículo 135 de la Constitución para introducir el compromiso de estabilidad presupuestaria y la prioridad absoluta del objetivo de déficit. Rubalcaba impuso (otra vez) un congreso interno a unas primarias abiertas, y ha justificado después no haberse ido a casa tras asumir la debacle electoral del 25-M con la excusa de “controlar” a las bases. (…)

Por su parte, el jefe de la patronal, Juan Rosell, preguntado en “La Sexta” por su opinión sobre la abdicación y sobre la conveniencia o no de una consulta popular sobre la monarquía, respondió haciendo un paralelismo significativo: “Los hijos piden muchas cosas e intentan llegar más tarde por la noche y tal… pero en una familia los padres tienen que decidir qué es lo mejor”.

Esa consideración de los ciudadanos como menores de edad y el paternalismo en la forma de administrar la representación democrática es una de las razones de desgaste de la propia democracia. Si hay algo incontestable en la lectura de resultados de las elecciones europeas es el castigo al bipartidismo y la irritación de la ciudadanía contra las élites políticas (los aparatos de los grandes partidos) y económicas, a las que considera en parte responsables de la Gran Recesión y sobre todo privilegiadas en el reparto de las cargas de la crisis. Así lo indican además los más rigurosos estudios sociológicos y así se explica la irrupción de Podemos en el panorama político.(…)

Pues eso, que lo que Jesús Maraña llama paternalismo a mí me parece que significa mucho más. Una nueva embestida del patriarcado, con unos pocos hombres al mando, entre los que no hay que olvidar al misógino ministro Gallardón…. Pero para poder leer todo el artículo, aquí

 
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Publicat per a 8 Juny 2014 in Ciutadania/Política, Gènere

 

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Vaya amigos tiene el Rey

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Los amigos del Rey no son demasiado amigos de España, y en cuestión de días se ha puesto de manifiesto la veracidad de lo que digo en dos cuestiones especialmente sensibles:

Por el lado de las relaciones internacionales, el “amigo” de D.Juan Carlos I, el rey Mohamed VI de Marruecos, nombró ayer defintivamente a Ahmed Ould Souilem embajador de su país en España. La propuesta de este saharaui que hasta hace 16 meses ocupaba un puesto de responsabilidad en el Frente Polisario y nunca ha vivido en Marruecos había preocupado al anterior responsable de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, porque se trata de una persona que, si surge algún problema bilateral, “no siempre sabrá qué tecla tocar ni a quién llamar en Rabat para resolverlo”. Pero quizá de eso se trata, porque con este nombramiento Marruecos hace una jugada de ajedrez, y somete todas las relaciones con España a la cuestión del Sáhara. Y además, bajo un determinado enfoque que naturalmente no podía agradar a Moratinos. En junio de este año el que finalmente ha sido nombrado embajador declaraba a El Pais: “Poco a poco el Polisario que conocí dejó de existir para convertirse en un movimiento que sólo sirve para legitimar las pretensiones hegemónicas de Argelia en la región. Y además tenemos un drama humanitario, el de los refugiados, que urge resolver”. Y concluía “Su sufrimiento es utilizado, de manera inmoral, en provecho de Argelia”. Pero en el mismo artículo se recogen también las declaraciones hechas al semanario Jeune Afrique de su ex amigo Bachir Mustafá Sayed en el sentido de que “Hay que recurrir a psicólogos para diagnosticar y curar esa enloquecida tendencia al suicidio que caracteriza, desde hace unos años, a parte de nuestros cuadros dispuestos a vender su alma a cambio de mezquinos privilegios personales”. Uno de ellos, naturalmente, la codiciada embajada de Marruecos en Madrid.

Y por el lado de las inversiones económicas, el presidente de la mayor gestora del mundo, BlackRock, Laurence Fink decidió la pasada semana reducir “su exposición a la deuda española”, tres semanas después del insólito encuentro que mantuvo con el Rey Juan Carlos en el Palacio de la Zarzuela, con si el monarca fuera algo así como el Ministro de Economía del Gobierno, aunque desde la Casa Real lo justificaron por “las grandes inversiones de BlackRock en España”. Pues bien, de poco han servido las justificaciones, porque los esfuerzos del Rey por “vender” España no han convencido al Imperio BlackRock –con sede en Nueva York pero intereses en todo el mundo gracias a que en el año 2009 había comprado Barclays Global Investors, lo que la colocó en cabeza de los todopoderosos “mercados” que ejercen, para su provecho, una dictadura económica que no respeta ni las cabezas coronadas. El 30 de septiembre del 2010, los activos administrados por BlackRock alcanzaban los 3.446 billones de dólares entre valores de renda fija, inversiones alternativas, en inmuebles, estrategias de inversión, etc…

O sea, por lo que se ve, el Rey Juan Carlos tiene amigos muy poderosos, pero por lo que vienen demostrando, muy poco de fiar.

Una extensa información sobre BlackRock puede encontrarse en esta noticia de Sírius

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Publicat per a 28 Novembre 2010 in Economia crítica, Pau

 

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Y ahora interviene el Rey…

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La audiencia de TV3 está engordando la caja de los productores del programa Els matins, con Josep Cuní, a base esta vez de mandar sms para decir Si o No le parece bien que el Rey medie en un pacto entre partidos, sindicatos, patronal y Gobiernos. En estos momentos la opinión a favor de la intervención real es de un 95%, y creo que estos resultados no muestran tanto una confianza absoluta en las capacidades del Rey sino que deben leerse en clave de desconfianza y desapego de la sociedad hacia los grandes partidos políticos.

Ya lo anticipó el Rey en su mensaje navideño que algunos justamente criticaron…. Pero hoy los periódicos nos recuerdan además que ya ha habido otras intervenciones de Juan Carlos en momentos que se califican de “delicados” (y no me refiero, naturalmente, al 23F). Por ejemplo, facilitó el encuentro en 1995, después del famoso “váyase, señor González”, entre el entonces presidente del Gobierno y el líder de la oposición, José María Aznar, para que hablaran del calendario electoral, en un escenario de serias dificultades ecónomicas a las que se debían añadir los casos de corrupción que habían dejado al PSOE en una situación de descrédito e impotencia considerables. Y ya con Rodríguez Zapatero presidente, volvió a intervenir el Rey para sentar al Presidente de Gobierno con Mariano Rajoy y elaborar una estrategia común frente al primer plan soberanista del entonces lendakari, Juan José Ibarretxe, que “había hecho saltar las alarmas del Estado de derecho y amenazaba con causar una crisis constitucional. Los tres analizaron durante más de una hora el modelo autonómico y la situación de Euskadi y el Monarca instó a los dos políticos a trabajar para defender el orden constitucional”. Bueno, ahora sé que intervino para dar su bendición monárquica al actual pacto de gobierno de Euskadi.

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Acércandose fechas tan señaladas en las que se repiten las alabanzas a Juan Carlos I como valedor de la Constitución y defensor de la democracia, me parece cuanto menos deshonesto recurrir a estos mitos para intentar alumbrar un nuevo pacto social de salida a la crisis: con este anfitrión, difícil será que no recaigan los costes a las espaldas de los y las de siempre. Se repetiría el intento frustrado de hace unos días en los que, a pesar del gran ruido inicial, la montaña parió un ratón… y de paso se nos intentaría demostrar lo tan difícilmente demostrable; que la monarquía es útil, que es neutral, y que vela por igual por los intereses de todos y todas… La prueba de que no es así la habrían filtrado los mismos periódicos al informar de que para esta movida el Rey ha hecho (de entre las primeras) una “discreta” consulta a José Ángel Sánchez Asiaín (Barakaldo, 1929), académico y expresidente del Banco de Bilbao y del Banco Bilbao Vizcaya.

 
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Publicat per a 12 febrer 2010 in Economia crítica

 

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