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Varufakis y Krugman de acuerdo en que el #Grexit de Shäuble estaba escrito: #ThisisaCoup

why-yanis-varoufakis-wants-to-save-european-capitalism.w_hrNos ofrece hoy Yanis Varufakis en su blog un resumen del artículo que se publicará en pocas horas en Die Zeit. En el mismo, confiesa que en los cinco meses de intensas negociaciones entre Grecia y el Eurogrupo nunca tuvieron los negociadores griegos de Syriza -y él entre ellos- ni una sola oportunidad de éxito. Condenados a llegar al estancamiento, el propósito de las eternas conversaciones en la cumbre sólo eran una manera de preparar el terreno para lo que el ministro alemán de finanzas, Wolfgang Schäuble había decidido que era lo “óptimo” mucho antes incluso de que el gobierno de Syriza fuese elegido: que la zona euro debe verse “aliviada” de Grecia con el fin de disciplinar a los estados miembros susceptibles de presentar resistencia a sus planes específicos para la re-estructuración de la zona euro.

Esto no es una teoría, afirma Varufakis. Y pregunta:
“¿Cómo sé que Grexit es una parte importante del plan del Dr. Schäuble para Europa?
Porque él me lo dijo!”

Varufakis ha decidido escribir este artículo no como un político griego crítico con la prensa alemana que denigra las propuestas sensatas de Syriza y harto de que Berlín se niegue a considerar seriamente el plan de deuda griego re-perfilado y moderado; no lo escribe como el que fuera ministro de finanzas, dolido con la decisión altamente política del Banco Central Europeo de asfixiar al gobierno griego con la decisión cómplice del Eurogrupo de dar el BCE luz verde para cortar los fondos a la banca de Grecia…

Varufakis confiesa que escribe este artículo para Die Zeit como un europeo que observa el desarrollo de un Plan especial para Europa: el Plan del Dr. Schäuble.

Y acaba Varufakis haciendo dos preguntas muy sencillas a los lectores informados de Die Zeit:

¿Es éste un Plan que usted apruebe?
¿Considera que el plan de Schäuble es un plan bueno para Europa?

Quizás no habría que limitar la encuesta a los lectores alemanes de Die Zeit. Abriendo el abanico, Paul Krugman ya nos adelanta hoy su opinión en El Pais: De su artículo sobre Grecia “Matar el proyecto europeo” destaca que ser miembro de la zona euro significa que los acreedores pueden destruir su economía si se sale del redil. Pero no sólo es la economía la que sufre: el autoritarismo alemán pisotea la soberanía griega y, por segunda vez, se venga de que la ciudadanía pueda expresarse en referendums. La primera vez, el chantaje y las presiones sobre Yorgos Papandreu acabaron en su exilio antes de poner las urnas. Ahora, cuando Syriza con Alexis Tsipras sí ha realizado la consulta -y con la dignidad democrática del claro triunfo del No- los guardianes de la Troika se lanzan vengativamente a dar un golpe terrible (tal vez fatal, en opinión de Krugman) al proyecto europeo.

Sin embargo, no dejen de leer hasta llegar a sus primeras conclusiones: porque, se piense lo que piense de Syriza, o de Grecia, no fueron los griegos los que han dado el golpe, sino los que lo sufren.

 
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Publicat per a 13 Juliol 2015 in Europa

 

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Los errores de Obama y la economía dual

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Es muy interesante oír hablar a los “insiders” lúcidos e informados sobre lo que está sucediendo en los Estados Unidos. Nada que ver, observaba con cierto enfado una amiga, con los tópicos y lugares comunes que se escuchan en algunas tertulias cuyos participantes sólo se han leído las instrucciones básicas y la lista de “buenos” y “malos” oficiales.

Reconozco que tengo dos hombres “insiders” preferidos (otro día hablaré de las mujeres). Ellos son Robert Reich y Paul Krugman, y he resumido lo substancial de sus análisis de ayer:

Según Robert Reich, no se puede hablar de una sola economía en los USA. Y además, su comportamiento es antitético: una se recupera y la otra se está viniendo abajo. Por eso, aconseja, la próxima vez que escuche a un economista o habitual de Wall Street hablar de la “economía estadounidense” haga por ver su cartera.

Wall Street se reconforta con la política monetaria que lleva a cabo Ben Bernanke en la Fed: tipos de interés de casi cero más la emisión de dinero con tanta rapidez como se atreve (y que supone dinero gratis para la economía de las grandes fortunas). Con ello se pueden recomprar acciones, aumentar los beneficios, pero también ir a por la fusión y adquisición de otras compañías… y por tanto, al despido de más hombres y mujeres de puestos de trabajo comprados o reabsorbidos.

Bernanke favorece un dólar depreciado para que las corporaciones estadounidenses aumenten sus ventas en el exterior (China ya se está quejando). Pero no es de ahora. “El cuarenta por ciento de las 500 corporaciones más grandes según S$P están realizando ahora más del 60 por ciento de sus negocios en el extranjero. Y las inversiones estadounidenses no se quedan atrás: la inversión en el extranjero reporta mejor retribución que invertir en los USA.” ¡Ya se sabe, el dinero siempre tan patriota!

Según una encuesta del Wall Street Journal que se dio a conocer el pasado el jueves, la remuneración global de los servicios financieros se incrementará en un 5 por ciento este año, y las personas responsables de la gestión de activos percibirán aumentos de salario o primas de un 15 por ciento.

Pero hay otra economía estadounidense, y no está en vías de recuperación. Se trata de la economía llamada “del trabajador medio” (siguiendo esta extraña costumbre de hablar también del “votante medio”) Por ejemplo, según el último informe de empleo del viernes se habían creado en el mes de octubre 159.000 nuevos puestos de trabajo en el sector privado, lo que significa un comportamiento del empleo mejor que en meses anteriores. Pero si tenemos en cuenta que se deberían crear 125.000 puestos de trabajo netos al mes sólo para acompañar el crecimiento de la fuerza de trabajo en los Estados Unidos, el “buen comportamiento” del empleo se reduce a la creación de 24 mil puestos de trabajo… Muy poco si tenemos en cuenta que se han perdido 15 millones de empleos desde el inicio de la Gran Recesión…. Y si agregamos el crecimiento de la fuerza de trabajo – incluyendo a las personas demasiado desalentadas para seguir contadas en la población activa – tenemos un déficit real de empleo que podemos cifrar en 22 millones de puestos de trabajo.

Una de cada ocho personas responsables de llevar ingresos a un hogar (breadwinners: quienes ganan el pan) no tiene trabajo. Pero además, según una reciente encuesta del Washington Post, más de la mitad de todos los estadounidenses – el 53 por ciento – están preocupados por seguir pagando su hipoteca. El porcentaje ha subido en dos años; cuando la recesión tocó fondo, el porcentaje de gente preocupada era del 37 por ciento… Y con razón, la morosidad está aumentando… Y a pesar de que los tipos de interés caen, el “trabajador medio” no puede refinanciar su casa. Los bancos no conceden créditos a los “trabajadores medios” porque su empleo está en precario, sus ingresos familiares se han reducido y el valor de su patrimonio (su vivienda) se ha desplomado.

Y mientras los nubarrones se ciernen sobre el “trabajador medio”, la victoria republicana ha llenado de júbilo a las grandes fortunas, convencidas de que se parará la regulación financiera y medioambiental –por no hablar de la sanidad– la disminución impositiva del anterior Presidente Bush cubrirá también al 1% más rico de la población… mientras que a los trabajadores les será cada vez más difícil afiliarse a sindicatos que les defiendan.

Los “trabajadores medios” están enojados y lo demostraron en las urnas, y Krugman da razones adicionales del por qué: El problema de Obama fue su falta de audacia. Al inicio de su administración se estableció un plan económico demasiado débil que se fue agravando a medida que le fue influyendo la retórica de sus enemigos.

Si hubiera sido más consiciente de que la principal secuela de las grandes crisis financieras es tener que hacer frente a varios años de desempleo muy alto, el plan de recuperación de la peor crisis desde la década de 1930 tenía que haber sido realmente ambicioso. Para ello Obama debería haber sido más valiente de lo que ha sido, presentando un paquete de medidas de gran alcance que si los republicanos hubieran torpedeado hubiera dejado claro dónde estaba la responsabilidad del fracaso.

En opinión de Krugman, Obama eligió lo aparentemente más seguro: un paquete de medidas de estímulo de tamaño mediano que no estaba a la altura de las circunstancias. Desgraciadamente, muchos economistas, entre ellos Krugman, ya lo venían advirtiendo de manera constante y hasta compulsiva desde principios del año 2009. Y Obama tuvo tiempo de reaccionar hasta finales de este mismo año, cuando ya era evidente la desproporción de las medidas con la crisis…. Sin embargo, él y sus funcionarios continuaron afirmando que su plan original era justo, y dañaron su credibilidad tanto como la economía de los Estados Unidos (aunque si ahora volvemoa a Reich, la economía dañada fue la del “trabajador medio”, no la del Big Money).

Y Krugman en parte parece reconocerlo al admitir que las políticas y la retórica de apoyo a bancos de la administración – dictadas por el miedo de dañar la confianza financiera – terminó alimentando la ira del “trabajador medio”, paradójicamente en beneficio de los republicanos, todavía más amigos de los bancos. Obama tampoco supo defender el papel del gobierno en una economía deprimida, como demostró en el primer debate sobre el Estado de la Nación, cuando declaró que “las familias de todo el país se están apretando el cinturón y tomando decisiones difíciles. El gobierno federal debería hacer lo mismo”…. aunque no fuera cierto. El gobierno debía recurrir al gasto precisamente porque el sector privado no podía hacerlo. Pero si el Presidente de los Estados Unidos no habla y defiende su filosofía económica, ¿quién lo hará?, se pregunta Krugman, que achaca el fracaso electoral de los demócratas a la falta de coraje de Obama a la hora de defender sus propias convicciones… en la reforma sanitaria, por ejemplo. Aunque en España podemos quejarnos de algo más, y todavía peor. Obama transmitió sus errores por teléfono en un momento crucial para las políticas españolas y la credibilidad de Rodríguez Zapatero.

La política económica de Obama ha acabado en desastre político precisamente porque trató de jugar sobre seguro. Es hora de que intentar algo diferente.

Les recomiento también que lean los análisis de Alberto Garzón sobre el tema.

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Publicat per a 6 Novembre 2010 in Economia crítica

 

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Paul Krugman no ve luz al final del túnel

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Paul Krugman publicó el pasado 7 de octubre, en The New York Times uno de sus artículos más amargos. En él hablaba de lo que había sido en otros tiempos su país: los Estados Unidos que habían creado el canal Erie, la presa Hoover o toda el sistema de interestatal de autovías. Reafirmaba su convicción de que los proyectos públicos visionarios no sólo fromaban parte de la tradición americana, sino que habían jugado un gran papel en el desarrollo económico de su país.

De nuevo, según Krugman, es tiempo para mejorar las infraestructuras públicas de su nación, como los ferrocarrilles, el y sumnistro de agua y alcantarillado, entre otros, porque un millón y medio de obreros de la construcción están en el paro y darles trabajo supone contribuir a la recuperación de la economía a un precio nada desorbitado: el tipo de interés de la deuda federal está en sus mínimos históricos y nunca ha sido un mejor momento para endeudarse en inversiones a largo plazo.

La lógica de Krugman parece no tener fallos. No sólo ha demostrado anteriormente su eficacia, sino que sus “efectos secundarios” desables suponen –además del relanzamiento económico– trabajo y esperanza para un millón y medio de desempleados… simplemente (y eso no lo dice Krugman) que con una fuerte disminución del paro los salarios podrían tender a situarse en un nivel más digno… y los fondos que ahora se dedican a la especulación y el enriquecimiento en manos privadas se destinarían a obras útiles para la sociedad (aparte de crear empleo). Esta función útil del capital la anatemizan como el efecto “crowding out” y en vez de asumir con lucidez y algo menos de egoísmo todo lo que puede tener de positivo, la venden a la opinión pública como contraria al interés de “los mercados”, amenazando con males peores de manera totalmente irracional.

Así lo han hecho los políticos que se han opuesto al modesto plan de infraestructuras del plan Obama, como el gobernador de New Jersey que ha cancelado el proyecto de obra pública más importante en estos momentos: el túnel para el ferrocarril que debía construirse por debajo del río Hudson. Un proyecto absolutamente imperscindible y cuya necesidad nadie discute, ya que el túnel actual está muy por debajo de las necesidades de transporte. New Jersey con casi 1,200 personas por milla cuadrada es el estado más densamente poblado de los Estados Unidos, y supera a cualquier nación europea importante. Y muchas personas que residen en New Jersey trabajan en Nueva York: la no adecuación del tunel condena a muchas de esas personas a renunciar a un transporte público rápido y seguro para recurrir a un medio de transporte privado.

Krugman no duda en calificar esta decisión del gobernador de New Jersey de destructiva e increiblemente desafortunada en múltiples aspectos, pero confiesa que ya no le ha sorprendido. Reconoce que han dejado de ser la nación que asombraba al mundo con proyectos visionarios para convertirse en una arena donde los políticos parecen competir para demostrar quién se preocupa menos por el futuro y quién sirve mejor su miope egoísmo. Pero esa ideología que mina el futuro de su país –y que comparten los republicanos con algunos demócratas– parece remunerar bien, en términos de votos, su obstruccionismo.

Fíjense en la terrible contradicción: al negarse a financiar una obra pública absolutamente imprescindible los políticos perpetuan el paro y sacrifican el crecimiento a largo plazo… Y, sin embargo, ello parece que les permite, a corto plazo, renovar su mandato porque ir contra los intereses de la mayoría se ha convertido en una estrategia electoral ganadora.

Krugman acaba su artículo lamentando no poder decir nada optimista y reconociendo que no ve ninguna luz al final del túnel… Sin embargo, todavía podría ver las cosas peor si viviera en España, donde los políticos no sólo parece que pueden ser recompensados en votos por sus políticas contra la mayoría, sino además recibir un bono extra en las urnas a pesar de la corrupción.

 

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Sicko, y el terrorismo sanitario

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Mi amigo Antoni Domenech me autorizó en su momento a reproducir artículos de la revista sinpermiso, de la que es editor. Dada la temática que me viene ocupando y preocupando no me resisto ante el que firmó Paul Krugman en The New York Times, 9 julio 2007, y que fue traducido por Roc F. Nyerro para http://www.sinpermiso.info.

“Ahora es el terrorismo el primer refugio de los canallas. Cuando las autoridades británicas anunciaron que, detrás del recientemente fallido atentado con bombas, estaba un círculo de médicos musulmanes, tendríamos que haber sabido lo que iba a venir.
“Sanidad pública: ¿vividero de terroristas?”, podía leerse en los titulares de pantalla mientras el invitado al plató de Fox News, Neil Cavuto, y el comentarista de la cadena televisiva, Jerry Bowyer, discutían con ademán solemne cómo la cobertura sanitaria universal puede serlo también del terrorismo.
Aunque eso resultaba grosero incluso para el tipo de discurso político habitual en la era Bush, lo cierto es que Fox no hacía sino seguir una larga tradición. Hace más de 60 años, el complejo médico-industrial y sus aliados políticos se sirvieron de arteras tácticas amedrentantes para evitar que Norteamérica siguiera los dictados de su conciencia y diera a todos sus ciudadanos acceso al cuidado sanitario.
Digo conciencia, porque el cuidado sanitario es un asunto, y el que más, de moral.
Tal se desprende del apabullante eco encontrado por Michael Moore con su Sicko. Los reformadores de la sanidad pública deberían tratar de responder por todos los medios a las ansiedades de los norteamericanos de clase media, a su creciente y justificado temor a hallarse sin seguro médico, o a vérselo negado cuando más lo necesiten. Pero los reformadores no deberían centrarse sólo en el interés propio de las gentes. Deberían apelar también al sentido de la decencia y de la humanidad de los norteamericanos.
Lo que indigna al público de Sicko es la patente crueldad y la manifiesta injusticia del sistema norteamericano de salud: la gente enferma que no puede pagar la factura del hospital, literalmente en la estacada; una niña que muere porque una sala de emergencia hospitalaria que no entraba en el seguro sanitario de la madre se negó a tratarla; norteamericanos extenuados por un duro trabajo, caídos sin embargo en una humillante pobreza por culpa de las facturas médicas.
Sicko es un sonoro rebato a la acción. Pero no hay que olvidarse de los defensores del statu quo. La historia prueba que son excelentes en punto a bloquear una reforma buscando vías de amedrentarnos.
Esas tácticas de amedrentamiento han recurrido a menudo a afirmaciones traídas por los pelos sobre pretendidos peligros de los seguros públicos. En Sicko se muestra parte de una grabación que hizo Ronal Reagan para la American Medical Association, alertando de que una propuesta de programa de cobertura sanitaria para los ancianos –el programa conocido como Medicare— llevaría al totalitarismo.
Precisamente ahora, dicho sea de paso, Medicare –que hizo un enorme bien sin propiciar una dictadura— está siendo socavado por la privatización.
Son, sin embargo, sobre todo los intereses del gran dinero, que tienen pie en el presente sistema, quienes quieren haceros creer que la cobertura sanitaria universal podría llevar a una quiebra fiscal y a una atención médica piojosa.
Ello es que todos los países ricos, salvo los EEUU, tienen ya alguna forma de cobertura sanitaria universal. Cierto que esos países pagan impuestos extras, pero no sin ahorrar en desembolsos por seguros privados y en costes médicos sufragados del propio bolsillo. El coste general de la atención sanitaria en países con cobertura universal es mucho más bajo que aquí.
Por lo demás, cualquier indicador disponible dice que, en lo tocante a calidad, acceso al cuidado necesario y resultados sanitarios, el sistema estadounidense de salud es peor, no mejor, que el de otros países avanzados. Incluso el británico, que gasta sólo un 40% de lo que nosotros gastamos por persona.
Es verdad: los canadienses tienen listas de espera más largas que los norteamericanos en materia de cirugía opcional. Pero, todo contado, el acceso promedio canadiense a la salud es tan bueno como el promedio del norteamericano con seguro, y harto mejor –huelga decirlo—que el de los norteamericanos sin seguro, muchos de los cuales ni siquiera llegan a recibir jamás la atención médica que necesitan.
Y los franceses consiguen proporcionar la que sin disputa es la mejor atención sanitaria del mundo sin ningún tipo significativo de listas de espera. De acuerdo con datos superlativamente contrastados, no nos están contando cuentos. Su sistema es así de bueno.
Todo lo cual trae a colación la pregunta que se hace Michael Moore al comienzo de Sicko: ¿quiénes somos nosotros?
“Siempre hemos sabido que el interés propio sin brida era mala moral; ahora sabemos que, además, es mala teoría económica”. Eso declaraba Franklin Delano Roosevelt en 1937 con palabras que guardan perfecta vigencia hoy para la atención sanitaria. No es éste uno de esos casos en que nos tenemos que enfrentar a decisiones penosas: aquí, hacer lo correcto es hacer también lo eficiente desde el punto de vista de los costes. La atención sanitaria universal ahorraría miles de vidas estadounidenses cada año, ahorrando al propio tiempo dinero.
Se trata de una verdadera prueba de fuerza. Porque la única cosa que se atraviesa en el camino de la atención sanitaria universal son los grupos de interés propagadores del miedo y compradores de influencias. Si no podemos derrotar a esa fuerzas, pocas esperanzas podemos guardar en el futuro de Norteamérica.”

 

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