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Wall Street se supera: bajos salarios y paro sin subsidio

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En alguna ocasión ya había comentado que a Wall Street le sentaba mal el pleno empleo en los USA. Cuando la tasa de ocupación llega a sus máximos (o lo que es lo mismo, cuando el paro desciende) la Bolsa tiende a bajar. Los especuladores se “desaniman” anticipando que pueden subir los salarios, reducirse los beneficios y con ellos los dividendos, y venden sus acciones. Entonces la Bolsa baja, los “mercados” se ponen de los nervios y tenemos una muestra más del buen corazón de quienes rigen la economía.

La noticia de hoy va en la misma línea, pero en tono mayor. Porque no se trata de desconfiar del pleno empleo, sino de anatemizar incluso las ayudas al desempleo. Textualmente: “La agencia de calificación crediticia Moody’s ha advertido que podría rebajar la calificación Aaa de Estados Unidos en los próximos dos años si la extensión de las rebajas fiscales y las ayudas para el desempleo que ha pactado el presidente Barack Obama con los republicanos finalmente se aprueba.”

Hasta ahora, sus amenazas y sus juegos bursátiles han surtido un efecto espectacular, como se puede comprobar por el comportamiento de los salarios en relación al PNB para el periodo 1981-2011 (como % del PNB a coste de factores) y díganme si encuentran calificativos para quienes niegan un subsidio de paro a las personas cuyos salarios han caído de forma tan vertiginosa en los últimos 30 años en el “reparto del pastel”:

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(Los datos son dela Comisión Europea, Anexo Estadístico de la Economía Europea, primavera del 2010, y se reproducen en el EuroMemorandum 2010-11 en proceso de traducción. La caída de los salarios en los USA está representada por la línea gris).

Si quieren saber más sobre las amenazas de Moody’s, la caída de los bonos del Tesoro y el desplome del dólar respecto al euro hasta cotizar a casi a 1,34, tienen más información en Expansión. com

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Publicat per a 13 Desembre 2010 in Economia crítica

 

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Rumanía, el IVA y los planes de ajuste en la Unión Europea

Ya sé que mal de muchos es consuelo de tontos… pero no debería ser consuelo en absoluto. Cuando se acaba de subir el IVA en España (coincidiendo con el inicio de las rebajas y el redoble de los economistas agoreros preveyendo una mayor caída del empleo y la actividad económica para el otoño, leo en L’Humanité que los hombres y mujeres de Rumanía están finalmente padeciendo los males de su tan deseada entrada en la Unión Europea en forma de unos recortes sociales durísimos, un plan de ajuste que recae sobre los más desprotegidos, y un incremento del tipo de IVA que lo convierte en uno de los más altos de Europa. El artículo original francés en francés  Retour à la pénurie ?,  del periodista Jean-Arnault Dérens, fue traducido ayer por  J.A. Pina.

Rumanía : ¿vuelta a la penuria ?

Estos últimos días, los rumanos han tenido quizás la sensación de regresar a los años duros de penuria. En efecto, el azúcar, el aceite, la harina y todos los productos básicos han comenzado a escasear en las tiendas pequeñas y en los supermercados. Motivo, la decisión, anunciada el 26 de junio por el gobierno de subir, el 1 de julio el IVA del 19% al 24%, lo que hace que sea uno de los más elevados de la Unión Europea.

El gobierno rumano decidió aumentar el IVA al mismo tiempo que el Tribunal Constitucional anulaba la bajada prevista del 25% del salario de los funcionarios. Rumanía, miembro de la U.E. desde 2007, sufre de lleno las consecuencias de la crisis mundial, y debe gestionar un déficit abismal de las finanzas públicas. Debido a ello, el gobierno de centro derecha de Emil Boc acudió al FMI, que dictó un drástico plan de austeridad. Paralelamente a la bajada prevista del salario de los funcionarios, invalidada por el Tribunal Constitucional, las cotizaciones sociales y las pensiones de jubilación van a ser reducidas un 15%. También serán suprimidos decenas de miles de puestos de trabajos en la función pública de aquí a fin de año. El objetivo fijado por el FMI es contener el déficit público al 6,8% del PIB, mientras la economía rumana se ha retraído un 7,9 % en 2009 y todavía no se vislumbra ningún signo positivo. Rumanía ocupa una posición especial en el mapa mundial de la deslocalización : la economía nacional conoció un fuerte crecimiento a principios del milenio, con la llegada de muchas empresas, fundamentalmente italianas atraídas por una mano de obra barata, pero el país está perdiendo competitividad en esta materia, sin que aparezca ningún otro modelo de desarrollo. Desde el anuncio de plan de austeridad, el 26 de mayo, las huelgas y las manifestaciones se suceden.

Sobre el tema, en este blog: La pujada de l’IVA

 
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Publicat per a 4 Juliol 2010 in Economia crítica, Europa

 

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Lourdes Benería i Carmen Sarasúa parlen d’atur, salaris i desigualtat

Amb el títol “La culpa del paro es de los trabajadores”  El País va publicar el passat dia 24 aquest treball de dues amigues i excel.lents investigadores. Es tracta d’una autèntica lliçó de teoria econòmica, de les que rarament s’aprenen a les aules, i que dóna bon suport argumental a la manifestació convocada pels sindicats pel proper dijous, 3 de desembre a les 18h, des de la Ronda de St. Pere fins al Foment del Treball.

Una bona unió de teoria i de pràctica, perquè encara queda molt per aprendre, analitar i comentar en relació a la crisi, el paper dels salaris i el frau social. Moltes es podien aprender en el Manifest de Saramago. Altres, en aquest text. Agraeixo doncs, molt especialment a les autores que permetin que es segueixin difonent les seves idees i propostes a través d’aquest bloc.

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En épocas de crisis, la caída de los beneficios afecta al conjunto de cada empresa, pero los que pierden el trabajo suelen ser los más débiles. Quizá sea hora de plantearse reducir los sueldos de los altos ejecutivos

Tres hoteles de la cadena Hyatt Hotels Corporation de Boston, en Estados Unidos, despidieron recientemente a casi 100 trabajadores de la limpieza, que cobraban 15 dólares por hora y tenían seguro médico, en su mayoría mujeres negras e inmigrantes, que llevaban 20 años en la empresa. A través de una empresa de trabajo temporal, Hyatt ha contratado a nuevas limpiadoras a 8 dólares la hora y sin seguro médico. A las despedidas se les encargó enseñar gratis a quienes iban a reemplazarlas, que les fueron presentadas como sustitutas para vacaciones. La empresa alega que la crisis ha reducido sus beneficios y les obliga a tomar esta medida. Las trabajadoras denunciaron el despido a un sindicato, que ha organizado una formidable campaña de boicoteo a la empresa, a la que exige readmitir a los despedidos. A la campaña se han sumado desde la Asociación de Taxistas de Boston a organizaciones profesionales que están dejando de utilizar estos hoteles, respaldados por el propio gobernador de Massachusetts y el Ayuntamiento de Boston.

La noticia no es que se despida a trabajadores en tiempos de crisis. Ni que se despida a trabajadores veteranos y formados y se les reemplace por jóvenes sin formación. Tampoco es nuevo el secretismo en los despidos, ni obligar a quienes van a perder su trabajo a enseñar gratis a quienes les reemplazan. Lo novedoso es que frente a unos despidos se levante una ola de indignación que ha llegado a los políticos y al mundo académico. La International Association for Feminist Economics (IAFFE) afirma que si la empresa trataba de reducir costes para compensar la caída de beneficios hubiera conseguido una reducción mayor recortando un 1% los salarios de los altos ejecutivos que despidiendo a 100 de los empleados peor pagados.

En todos los países se aprecia un rechazo creciente a las enormes diferencias de ingresos entre los ciudadanos, que con frecuencia no responden a la cualificación ni al trabajo realizado. En España es fácil encontrar titulares denunciando El sueldo escandaloso de los banqueros. En EE UU, sus desorbitantes primas han llevado a The New York Times a afirmar que “no tienen vergüenza”. También los salarios de los altos ejecutivos han generado un debate nacional, culminando con el anuncio del Gobierno de Obama de limitar el sueldo de 175 personas que dirigen empresas rescatadas por el Gobierno. El rechazo social a estos ingresos escandalosos no debería quedarse en una censura coyuntural. La crisis hace políticamente inaceptable la miseria creciente, las desigualdades en las rentas y en el nivel de vida de las personas. Unas desigualdades que durante las últimas décadas de políticas económicas neoliberales han aumentado, no disminuido, como nos prometieron. En nuestra opinión, la indignación contra las diferencias abismales no debe taparse ni desactivarse, sino, al contrario, convertirse en una oportunidad para repensar cómo explicar las desigualdades.

¿Cómo se asignan los salarios? ¿Cómo se decide lo que cobra la gente -los directivos de bancos y empresas, los empleados, los políticos? Una rápida ojeada a cómo ha explicado la Teoría Económica la formación de los salarios desde hace 250 años muestra una combinación de conceptos primarios que seguimos oyendo cada día en boca de los representantes de la patronal y de instituciones del Estado: hay que abaratar el despido, reducir los subsidios al desempleo, bajar los salarios y las cotizaciones a la Seguridad Social, los convenios colectivos y las cotizaciones son los culpables de que no se contrate más… Aunque estos argumentos tienen sentido bajo ciertas circunstancias, es importante que analicemos la teoría que los justifica.

La primera teoría con la que se explicó la formación de los salarios fue la de los “salarios de subsistencia”, sostenida por Malthus a finales del siglo XVIII, y por Ricardo a principios del XIX. Para el párroco Malthus, los trabajadores debían recibir unos salarios equivalentes a lo necesario para cubrir sus necesidades básicas. Cuando se les pagaba de más tenían más hijos, en pocos años aumentaba la oferta de trabajo, había más trabajadores que empleos, y la ley de la oferta y la demanda hacía que los salarios cayesen, provocando hambre y mortandad. Esta visión fue rechazada más tarde por Marx, para quien el que hubiera más trabajadores que empleos no sólo no era negativo para el capitalismo, sino que era lo que garantizaba sus beneficios, al constituirse en un ejército de reserva de fuerza de trabajo que permitía al patrono reemplazar a los trabajadores por otros más baratos. Sólo la negociación colectiva y la unión de los trabajadores en sindicatos podían contrarrestar el juego.

A finales del XIX, y en su afán por justificar la desigualdad salarial, la revolución marginalista explicó el salario como equivalente a la “productividad marginal” del trabajo. Es decir, los salarios igualaban el valor del producto neto que producían, y el desempleo era el resultado de que los trabajadores “costaban” más de lo que “valía” su productividad. En otras palabras, ganamos lo que vale nuestro trabajo. Si los directivos ganan mil veces el salario medio es porque producen mil veces el valor que nosotros producimos. ¿Que han arruinado a su empresa y perdido el dinero de los inversores… y siguen ganando mil veces más que usted? Aun así, dirá un economista ortodoxo. Naturalmente que la crisis económica disminuye el valor del producto marginal de los trabajadores, pero también el de los ejecutivos. La producción de una empresa representa el esfuerzo de muchos trabajadores. ¿Cómo distinguir entre los “productos marginales” de cada uno? Como en el caso de las limpiadoras de los hoteles Hyatt, las pérdidas son del conjunto de la empresa, pero quienes pierden el empleo suelen ser los más débiles.

Además, la teoría económica ortodoxa ignora lo que Lester Thurow ha llamado “the sociology of wage determination”, los factores sociales y políticos que afectan a la remuneración del trabajo, como la existencia de sindicatos, las políticas de promoción de las empresas, o los salarios mínimos. Por el lado del capital, el acceso privilegiado a la información y a relaciones con las élites económicas y políticas, y los privilegios heredados, benefician su capacidad de negociación y sus múltiples fuentes de ingresos. La teoría económica tampoco explica por qué las mujeres y los negros (hombres y mujeres) ganan siempre menos que los hombres blancos. Porque el valor de lo que producen es menor, dirá un economista ortodoxo. Ellas han decidido estudiar menos y en consecuencia están peor formadas, o trabajan menos horas, o insisten en emplearse en sectores menos productivos. Estas explicaciones economicistas prefieren ignorar el racismo, las normas patriarcales o la profunda desigualdad de oportunidades entre grupos sociales.

En definitiva, la teoría económica al uso prefiere no tener en cuenta las diferencias de poder entre trabajadores, y entre éstos (que aceptan lo que les ofrecen porque su subsistencia depende de ello) y el capital (que impone sus condiciones puesto que puede no ofrecer el empleo). Si usted fuera más productivo ganaría más. Las injerencias de sindicatos o gobiernos sólo empeoran las cosas: a cambio de que unos pocos ganen más muchos perderán su empleo, o muchas empresas cerrarán, incapaces de hacer frente a los costes. Sobre los salarios que se asignan a sí mismos estos ejecutivos, directivos, empresarios, sobre cómo pactan sus primas, bonus, incentivos, blindajes, exenciones fiscales…, silencio.

La teoría económica lleva 200 años explicando la asignación de salarios como un proceso eficiente; intentando convencernos de que hay que dejar actuar al mercado. Pero la crisis económica nos está invitando a dudar de ella. La imposición de límites salariales a algunos ejecutivos por parte del Gobierno de Obama plantea el debate de qué consideramos un “salario justo”. Entidades financieras como Credit Suisse están cambiando sus formas de pago y ejecutivos como Kenneth D. Lewis, del Bank of America, renuncian al sueldo (aunque cobrará 60 millones de dólares cuando se jubile en diciembre). No es que estas propuestas solucionen nada, pero reflejan la presión social. Si las empresas fueran más democráticas, los trabajadores podrían negociar y sugerir cambios sin tener que depender del Estado para proteger su empleo y su salario. Las directivas de organizaciones como la OIT son también un punto de partida para un mundo laboral más justo. Si dejamos de considerar aceptables las desigualdades brutales, si dejamos de aceptar que los salarios reflejan lo que vale nuestro trabajo, si presionamos como ciudadanos para que nuestros gobiernos asuman el objetivo político de un trabajo digno para todos, esta crisis se habrá convertido en oportunidad. En todo caso, estos esfuerzos deberán incluir el objetivo de reconstruir una teoría económica fosilizada.

Lourdes Benería es profesora de Economía en la Universidad de Cornell y Carmen Sarasúa es profesora de Historia Económica en la UAB.

Si us interessa el tema: Apuntes del siglo XIX para una directiva europea sobre tiempos de trabajo.

 
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Publicat per a 1 Desembre 2009 in Economia crítica, Gènere

 

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The Economist, MAFO… i Dubai

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Coincidències diàries, que no paren. Fa un parell de dies va ser de nou el Governador del Banc d’Espanya, Miguel Angel Fernandez Ordoñez (MAFO pels enterats) qui repetia (ho va fent habitualment, com un rite gairebé religiós) que a Espanya s’ha de flexibilitzar el mercat laboral (vol dir: fer més fàcil i barat l’acomiadament i baixar sous i salaris).

I ahir  la revista británica “The Economist”  ens volia fer por, dient que España és “el nou germanet pobre d’Europa”, perquè els efectes de la crisi en el mercat de treball són més intensos que enlloc i calen, doncs, que s’emprenguin en el món laboral “reformes radicals”.

MAFO i “The Economist” segueixen les consignes, i no s’adonen ni es volen adonar que la crisi econòmica financera i internacional es deu també, pel que fa al cantó de la demanda, a que la pèrdua de drets i capacitat negociadora de la classe obrera i els seus sindicats que s’ha traduit en una insuficient capacitat adquisitiva de la majoria de la població (és a dir, que els sous no han crescut en els darrers 20 anys com la producció i els beneficis i les famílies no arriben a poder comprar de manera solvent  tot el que aquest sistema produeix, malgrat l’augment de la població assalariada). Però la recepta de MAFO i The Economist és que augmenti la precarietat de les condicions laborals i la inseguretat a la feina. Ens venen a dir, en un deliri neoliberal que no s’ajusta a cap realitat: si  l’atur a Espanya ha arribat al 19%, la segona taxa més alta de la U.E. desprès de Letònia,  el que cal és empitjorar encara més la situació de les persones que tenen feina…

I quin és el motiu que els fa dir el que diuen? I per què s’haurien de seguir els seus consells, que ja s’han demostrat tantes vegades equivocats?  Perquè qui encara té una feina, de la qualitat que sigui,  no s’atreveixi a protestar tot i que empitjorin les condicions de seguretat, les jornades es saltin tots els convenis i els salaris no siguin dignes i no creixin –ni de bon troç– al mateix ritme que els beneficis privats?

“The Economist” parla també encara de que no hem superat  la bombolla immobiliària del 2007, i fa bé, perquè és un gran desajust complex i profund –amb implicacions de corrupció i mala gestió dels cabdals públics– que no permet que l’economia espanyola es recuperi  com ho han fet d’altres… però caldria analitzar el model en el seu conjunt i veure que quan el sistema per al que es vol la recuperació representa uns peus de fang perillosament inestables, més valdria seguir amb les idees de revisió en profunditat que varen caracteritzar les primeres reaccions de polítics i autoritats econòmiques incloses, davant la crisi.  Reaccions que poc a poc han anat reculant en el temps, engroguint en les pàgines dels diaris, per guanyar de nou protagonisme el model d’explotació que arriba als seus límits.

dubai.jpegL’enfonsament de l’economia de Dubai ens hauria de fer veure que la crisi internacional no ha acabat, i que el capitalisme va nu… Les conseqüències per a l’economia mundial tornaran a crear pànic… Però hi ha qui (com The Economist  i el governador del Banc d’Espanya), vol encara salvar el capitalisme a costa de les condicions salarials i laborals dels treballadors i treballadores. I no s’adonen que fenòmens massa estesos com els de “la feminització de la pobresa”, els”treballadors pobres”, i l’increment d’ajudes demanades per part de massa famíles per poder menjar alguna cosa cada dia, vol dir que l’explotació ja està arribant a la seva fi… que no n’hi ha més…. No s’adonen que la llimona no té més suc, i la vaca està seca. Que ja hi ha massa gent al món que mor de desnutrició. Que no podem seguir tolerant que se’ns prengui lo públic perquè les empreses més importants segueixin presentant beneficis i poder gaudir d’una comptabilitat B (la real) d’escàndol, amb tot el botí arrabassat a l’estil de les velles pirataries i els temps d’esclavatge….  I que o repartim millor la renda i la riquesa, regulem a fons i fem callar als poca vergonyes que volen seguir enganyant-nos, o comencem a canviar de model econòmic… i amb una certa urgència.

 
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Publicat per a 27 Novembre 2009 in Economia crítica

 

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Paul Krugman: El síndrome de los salarios menguantes

Extractos del artículo publicado por Paul Krugman en El País el 10/05/2009

Los salarios están bajando a lo largo y ancho de Estados Unidos. Algunos de los recortes salariales, como las devoluciones de los trabajadores de Chrysler, son el precio de la ayuda federal. Otros, como la tentativa de acuerdo sobre un recorte salarial en The New York Times, son el resultado de las conversaciones entre los empresarios y sus empleados sindicalistas. Pero hay otros que reflejan la realidad brutal de un mercado laboral débil: los trabajadores no se atreven a protestar cuando les recortan el sueldo porque no creen que puedan encontrar otro trabajo.

Sean las circunstancias, que sean, la bajada de los salarios es síntoma de una economía enferma. Y es un síntoma que puede hacer que la enfermedad de la economía empeore aún más.
Empecemos por lo primero: las anécdotas sobre las bajadas de los sueldos están proliferando, pero ¿se trata de un fenómeno muy extendido? La respuesta es sí, y mucho. (…).

empleoprecario.jpgPero ¿por qué es eso malo? Después de todo, muchos trabajadores están aceptando recortes salariales a fin de salvar sus empleos. ¿Qué tiene eso de malo?

La respuesta se encuentra en una de esas paradojas que invaden nuestra economía ahora mismo. Padecemos la paradoja del ahorro: ahorrar es una virtud, pero cuando todo el mundo intenta que su capacidad de ahorro aumente radicalmente, la consecuencia es una economía deprimida.

Padecemos la paradoja del desapalancamiento: reducir la deuda y sanear los balances generales es bueno, pero cuando todo el mundo intenta vender valores y saldar deudas al mismo tiempo, la consecuencia es una crisis financiera. Y, dentro de poco, podríamos enfrentarnos a la paradoja de los salarios: los trabajadores de una empresa pueden contribuir a salvar sus empleos accediendo a cobrar sueldos más bajos, pero cuando los empresarios en todos los sectores económicos recortan salarios al mismo tiempo, la consecuencia es un aumento del paro.

Así es como funciona la paradoja. Supongamos que los trabajadores del grupo XYZ aceptan un recorte salarial. Eso permite a la dirección de XYZ bajar los precios, lo que hace que sus productos sean más competitivos. Las ventas aumentan y más trabajadores pueden conservar su empleo. Así que se podría pensar que ese recorte salarial hace aumentar el empleo, lo que es cierto en el caso de la empresa en concreto.
Pero si todo el mundo recorta los sueldos, nadie obtiene una ventaja competitiva. Así que los salarios más bajos no benefician en nada a la economía. Por el contrario, la caída de los sueldos puede empeorar los problemas de la economía en otros frentes.
salarioscrisis.jpgEn particular, la reducción de los salarios, y por tanto, la reducción de los ingresos, agrava el problema de la deuda excesiva: las letras mensuales de la hipoteca no bajan como la nómina. (…) Las cosas pueden empeorar aún más si las empresas y los consumidores prevén que los sueldos seguirán bajando en el futuro. John Maynard Keynes lo expresó con claridad hace más de 70 años: “Las consecuencias de esperar que los salarios vayan a reducirse, por ejemplo, un 2% durante el próximo año son aproximadamente las mismas que tendría un aumento del 2% en la cantidad de intereses a pagar durante el mismo periodo”. Y un aumento del tipo de interés efectivo es lo último que esta economía necesita.

La preocupación por la bajada de los salarios no es solamente teórica. Japón (donde los sueldos del sector privado descendieron como promedio más del 1% al año entre 1997 y 2003) nos brinda una lección práctica sobre la forma en que la deflación salarial puede contribuir al estancamiento económico.

Así que, ¿qué conclusión podemos sacar de la cada vez más evidente reducción de los salarios en Estados Unidos? Principalmente, que estabilizar la economía no es suficiente: necesitamos una recuperación real.
Últimamente se ha hablado mucho sobre brotes verdes y demás, y, de hecho, hay indicios de que el desplome económico que se inició el otoño pasado podría estar ralentizándose. Incluso es posible que la Oficina Nacional de Investigación Económica anuncie el fin de la recesión a finales de este año.

Pero es casi seguro que la tasa de paro va a seguir aumentando. Y todos los indicios apuntan hacia un mercado laboral cuya situación será terrible durante muchos meses o incluso años, lo que es una receta ideal para que continúen los recortes salariales, los cuales, a su vez, seguirán debilitando a la economía.

Para romper ese círculo vicioso, lo que se necesita básicamente es más: más estímulo económico, más medidas decisivas respecto a los bancos, más creación de empleo. Al césar lo que es del césar: el presidente Obama y sus asesores económicos parecen haber alejado a la economía del abismo. Pero el peligro de que Estados Unidos se convierta en Japón (y tengamos que enfrentarnos a años de deflación y estancamiento) parece, como mínimo, que está aumentando.

 
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Publicat per a 16 Mai 2009 in Economia crítica

 

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Crisis y castigo (o tres puntos sobre la crisis)

despiertaipg.jpg1) Como causa y agravante de la crisis es tan importante la desbocada desregulación financiera y el comportamiento de los poderosos que se aprovecharon –y se siguen aprovechando de ella– como el comportamiento restrictivo y a la baja de los salarios, en especial en los últimos veinte años .

2) Ante las acusaciones “urbi et orbe” de despilfarro, es necesario puntualizar que el uso del crédito que infló la burbuja crediticia no fue indiscriminado, y ni siquiera se puede comparar. No fue el mismo el comportamiento de los especuladores o la mayoría de las instituciones financieras que el de las pequeñas y medianas empresas o el de las familias o personas trabajadoras. Los grandes especuladores jugaron con los márgenes, crearon sus “pirámides” más o menos disimuladas, intentaron vender muy caros sus productos financieros basura, y utilizaron a fondo las posibilidades de los paraísos fiscales para ocultar beneficios y escamotear impuestos. Para algunas pequeñas y medianas empresas “profesionales” significó una posibilidad de renovar equipo e intentar campañas comerciales y de exportación; el cambio en las condiciones de financiación cuando el esfuerzo empresarial no había concluido incrementó su necesidad de liquidez y las está poniendo en serios aprietos. Para los trabajadores y trabajadoras, los créditos fáciles y baratos publicitados al lado del detergente y la consola de videojuego significaban el necesario “apaño” a unos salarios menguantes y que permitían un consumo algo menos (pero muy poco menos) restrictivo que el que los salarios y la precariedad laboral permitían.

3) Los esfuerzos que ahora se reclaman para salir cuanto antes de esta crisis no sorprenden a todo el mundo en igualdad de fuerzas –ni, como es obvio, de condiciones. Para los muy poderosos sigue siendo una oportunidad de seguir engordando sus cuentas, rebañando más de los salarios y de las ayudas de los disintos gobiernos. Para los trabajadores y trabajadoras –y muy especialmente para las mujeres trabajadoras– pueden significar el agotamiento de sus fuerzas físicas y mentales… puede significar la pérdida de su empleo, de su casa, y la precarización irremediable de su salud.

¿Algún político podría tener en cuenta los puntos anteriores antes de  insistir en que todos hagamos esfuerzos para salir de esta crisis?

 
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Publicat per a 21 Març 2009 in Economia crítica

 

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Tiempo de chantaje para la clase obrera

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Venció el miedo, venció el chantaje, venció la división sindical al servicio de los intereses empresariales… los trabajadores y trabajadoras de SEAT han aceptado reducir sus salarios en los términos que planteaba UGT (sin demasiadas garantías de nada, por lo que ahora se ve, escucha y se tiene que tragar)… Venció “apretarse el cinturón” por estéril convencimiento o por impotencia, pero no lo suficiente para la avidez de la empresa que ya se relame –sin tiempo de recuperación– con nuevos encarnizamientos.

“Vencida y quebrada la que era considerada vanguardia obrera de Catalunya…”   Así podría rezar el parte de victoria del  presidente del consejo de Seat y vicepresidente del grupo VW, Francisco Javier García Sanz, que según la prensa española obtuvo una remuneración de 9,5 millones de euros el año pasado, frente a los 2,8 millones de 2007, al embolsarse 6,5 millones en stock options. Mientras se redactaban los términos del referendum de la vergüenza sobre la disminución de salarios, el consejo del grupo alemán se triplicó el sueldo el año pasado, pasando de 16,4 a 45,3 millones..

Pero ahora quieren más, al margen de la substanciosa ayuda que desde el Ministerio de Industria y de la Generalitat se les va a ofrecer a fondo perdido (ahora se habla de 100 millones de euros para SEAT, pero hace unas semanas se aseguraba que la cifra era de más del doble… y puede ser que lo sea). Cuanto más consigue la patronal de SEAT, más quiere: más subvenciones, más humillación de los trabajadores y trabajadoras y sus sindicatos… y más insolencia…

Así no se sale de la crisis, y todo el mundo lo sabe… ¿Cómo se les deja –cómo les dejamos– tratar con tanto menosprecio a las personas, al dinero de nuestros impuestos y a los Gobiernos elegidos democráticamente?

 
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Publicat per a 20 Març 2009 in Economia crítica

 

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