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Aprender de Samir Amin

Samir Amin publicó en febrero del 2003 “La ambición criminal de EEUU: El control militar del planeta” con traducción de Beatriz Morales. A pesar del tiempo transcurrido su lectura hoy tiene un doble interés. En primer lugar, porque da “otras” claves imprescindibles para entender la actual situación de crisis económica y financiera. Y, en segundo lugar, porque permite conocer el pensamiento de un autor muy importante al que se podrá escuchar en Barcelona el próximo día 2 de diciembre dentro de las Jornades GUERRA, PAU i NEOLIBERALISME.

Estos son algunos puntos importantes del artículo de Samir Amin:

1.
Desde los años ochenta, cuando se anuncia el desmoronamiento del sistema soviético, se diseña una opción hegemónica que se brinda al conjunto de la clase dirigente de EEUU (a sus establishments demócrata y republicano). Llevados por el éxito de su potencia armada, que ya no tiene ningún rival capaz de templar sus fantasmas, EEUU elige afirmar su dominio en primer lugar por medio del despliegue de una estrategia estrictamente militar de “control del planeta”. Una primera serie de intervenciones -Golfo, Yugoslavia, Asia Central, Palestina, Iraq- inaugura a partir de los años noventa la puesta en marcha de este plan de “guerras made in USA”, guerras sin fin, planificadas y decididas unilateralmente por EEUU.

La estrategia política que acompaña al proyecto prepara sus pretextos, ya sea el terrorismo, la lucha contra el narcotráfico o la acusación de producción de armas de destrucción masiva. Pretextos evidentes cuando se conocen las complicidades que permitieron a la CIA fabricar un adversario “terrorista” a medida (los talibanes, Ben Laden – los hechos del 11 de septiembre nunca han sido clarificados…), o desarrollar el Plan Colombia dirigido contra Brasil. Respecto a las acusaciones de posible producción de armas peligrosas lanzada contra Iraq, Corea del Norte y en el futuro contra cualquier país, no son nada comparadas con el uso efectivo de estas armas por parte de EEUU (las bombas de Hiroshima y Nagasaky, el empleo de armas químicas en Vietnam, la amenaza reconocida de utilización de armas nucleares en futuros conflictos…) Así pues, se trata sólo de medios que son muestra de la propaganda en el sentido que Goebbels daba al término, eficaces quizá para convencer a la ingenua opinión pública de EEUU, pero cada vez menos creíbles en otros lugares.

La Guerra Preventiva formulada desde ahora como un “derecho” que Washington se reserva de invocar, supone de entrada la abolición de todo derecho internacional. La Carta de Naciones Unidas prohíbe recurrir a la guerra, excepto en caso de legítima defensa, y somete esta posible intervención militar propia a unas condiciones severas, además de establecer que la respuesta debe ser mesurada y provisional. Todos los juristas saben que las guerra emprendidas desde 1990 son absolutamente ilegítimas y que, por lo tanto, sus responsables son, en principio, criminales de guerra. Naciones Unidas son ya tratadas por EEUU, aunque con la complicidad de terceros, como antaño lo fuera la Sociedad de Naciones por los Estados fascistas.

2.
La abolición del derecho de los pueblos, ya consumada, sustituye el principio de su igualdad por el de la distinción entre un Herrenvolk (el pueblo de EEUU, accesoriamente el de Israel) que tiene el derecho de conquistar el “espacio vital” que considere necesario y los demás, cuya existencia misma sólo es tolerable si no constituye una “amenaza” para el despliegue de los proyectos de aquellos que están llamados a ser los “amos del mundo”.

¿Cuáles son, por lo tanto, estos intereses “nacionales” que la clase dirigente de EEUU se reserva el derecho de invocar como le vienen en gana? A decir verdad, esta clase se reconoce sólo en un objetivo -“hacer dinero”- y el Estado estadounidense se ha puesto abiertamente al servicio prioritario de la satisfacción de las exigencias del segmento dominante del capital constituido por las multinacionales de EEUU

Así pues, a los ojos del establishment de Washington todos nos hemos convertido en “Pieles Rojas”, es decir, pueblos que sólo tienen derecho a existir en la medida en que no interfieran a la expansión del capital multinacional de EEUU. Cualquier resistencia será reducida por todos los medios, incluso hasta el exterminio si fuera necesario, como nos asegura EEUU. Quince millones de dólares de beneficios suplementarios para las multinacionales estadounidenses y, en contrapartida, tres cientos millones de víctimas, sin duda alguna. EEUU es, sin lugar a dudas, el Estado canalla por excelencia, por retomar la terminología de los presidentes Bush padre, Clinton y Bush hijo.

Este proyecto es claramente imperialista en el sentido más brutal, pero no es “imperial” en el sentido que Negri da este término, porque no se trata de controlar al conjunto de las sociedades del planeta para integrarlas en un sistema capitalista coherente, sino sólo de apoderarse de sus recursos. La reducción del pensamiento social a los axiomas de base de la economía vulgar, la atención unilateral dada a la maximización de la rentabilidad financiera a corto plazo del capital dominante, reforzada por la puesta a disposición de éste de medios militares conocidos por todos son los responsables de esta bárbara deriva que el capitalismo lleva consigo, puesto que se ha desecho de cualquier sistema de valores humanos que ha sido sustituido por las exigencias exclusivas de la sumisión a las supuestas leyes del mercado. Por la historia de su formación, el capitalismo estadounidense se prestaba a esta reducción mejor aún que el de las sociedades europeas, porque el Estado estadounidense y su visión política han sido formados para servir exclusivamente a la economía, aboliendo con ello la relación contradictoria y dialéctica economía/política. El genocidio de los indios, la esclavitud de los negros, la sucesión de oleadas de emigraciones que sustituían la maduración de la conciencia de clase por la confrontación de los grupos que compartían supuestas identidades comunitarias (manipuladas por la clase dirigente), han producido una gestión política de la sociedad por parte de un partido único del capital cuyos dos segmentos comparten las mismas visiones estratégicas globales (…). Privada de la tradición por medio de la cual los partidos obreros social-demócratas y comunistas marcaron la formación de la cultura política europea moderna, la sociedad estadounidense no dispone de los instrumentos ideológicos que le permitirían resistir a la dictadura sin contrapeso del capital. Por el contrario, es éste el que labra unilateralmente el modo de pensar de la sociedad en todas sus dimensiones y, en especial, produce, reforzándolo, su fundamental racismo que le permite verse como Herrenfolk. El eslogan Play boy Clinton, Cow boy Bush same policy [Play boy Clinton Cow boy Bush, misma política], expresado en “lenguaje indio”, pone con toda justicia el énfasis en la naturaleza del partido único que gobierna la supuesta democracia estadounidense.

Debido a ello el proyecto estadounidense no es un proyecto hegemónico banal que compartiría con otros que se han ido sucediendo a lo largo de la historia moderna y antigua las virtudes de una visión de conjunto de los problemas que permite darles respuestas coherentes estabilizadoras, aunque estén fundadas en la explotación económica y en la desigualdad política. Es infinitamente más brutal por su concepción unilateral extremadamente simple y, desde ese punto de vista, se acerca más al proyecto nazi, fundado también en el principio exclusivo del Herrenfolk . Este proyecto de EEUU no tiene nada que ver con lo que afirman los universitarios liberales estadounidenses, que califican a esta hegemonía de “benigna” (“indolora”).

Si este proyecto se sigue desarrollando durante cierto tiempo, sólo traerá un caos cada vez mayor que apele a una gestión cada vez más brutal por medio de acciones puntuales, sin una visión estratégica a largo plazo. En última instancia, Washington ya no tratará de reforzar unos verdaderos aliados, lo que siempre impone saber hacer concesiones. Unos gobiernos títere, como el de Karzai en Afganistán, son más útiles mientras el delirio del poderío militar permite creer en la “invencibilidad” de EEUU. Lo mismo que pensaba Hitler.

3.
El examen de las relaciones de este proyecto criminal con las realidades del capitalismo dominante constituido por el conjunto de países de la tríada (EEUU, Europa, Japón) permitirá medir sus fuerzas y debilidades.

La opinión general más extendida, dirigida por aquellos media que no llaman a la reflexión, es que el poderío militar de EEUU no constituye más que la punta del iceberg, que prolonga la superioridad de este país en todos los dominios, especialmente económicos, pero también políticos y culturales. Debido a ello la sumisión a la hegemonía que pretende este país sería inevitable.

El examen de las realidades económicas invalida esta opinión. El sistema productivo de EEUU está lejos de ser el “más eficaz del mundo”. Por el contrario, casi ninguno de sus segmentos estaría seguro de superar a sus competidores en un mercado verdaderamente abierto como imaginan los economistas liberales. Prueba de ello es el déficit comercial de EEUU que se agrava cada año: de 100.000 millones de dólares en 1989 ha pasado a 450.000 millones en 2000. Además, este déficit concierne a prácticamente todos los segmentos del sistema productivo. Incluso el excedente del que se beneficiaba EEUU en el terreno de los bienes de la alta tecnología, que era de 35.000 millones de dólares en 1990, se ha convertido actualmente en déficit. La competencia entre Ariane y los cohetes de la NASA, Airbus y Boeing son testimonio de la vulnerabilidad de la ventaja estadounidense. ¡Frente a Europa y Japón para los productos de alta tecnología a China, Corea y otros países industrializados de Asia y de América del sur para los productos manufacturados corrientes, a Europa y al Cono Sur para la agricultura, EEUU probablemente no los superarían sin recurrir a los medios “extraeconómicos” que violan los principios del liberalismo impuestos a sus competidores!

De hecho EEUU sólo se beneficia de las ventajas comparativas establecidas en el sector del armamento, precisamente porque éste escapa ampliamente a las reglas del mercado y se beneficia del apoyo del Estado. Sin duda esta ventaja implica algunas consecuencias para la vida civil (el ejemplo más conocido es Internet), pero también está en el origen de las importantes distorsiones que constituyen desventajas para muchos de los sectores productivos.

La economía estadounidense es una economía parásita en detrimento de sus socios en el sistema mundial. “EEUU depende para el 10% de su consumo industrial de bienes cuya importación no está cubierta por exportaciones de los productos nacionales” (E. Todd, Après l´Empire, pág. 80).

El crecimiento de los años Clinton, alabado por ser producto del “liberalismo” al que Europa, desgraciadamente, se había resistido demasiado, es de hecho muy ficticio y, en todo caso, no generalizable, porque descansa en transferencias de capital que implican el estancamiento de los socios. Para todos los segmentos del sistema productivo real, el crecimiento de EEUU no ha sido mejor que el de Europa. El “milagro estadounidense” se ha alimentado exclusivamente del crecimiento de los gastos producidos por el agravamiento de las desigualdades sociales (servicios financieros y personales: legiones de abogados y de policías privados, etc) En ese sentido, el liberalismo de Clinton preparó claramente las condiciones que permitieron el desarrollo reaccionario y la ulterior victoria de Bush hijo. (…)

El mundo produce, EEUU (cuyo ahorro nacional es prácticamente nulo) consume. La “ventaja” de EEUU es la de un depredador cuyo déficit está cubierto por el aporte, consentido o forzado, de terceros. Los medios puestos en marcha por Washington para compensar sus deficiencias son de distintas naturalezas: repetidas violaciones unilaterales de los principios del liberalismo, exportaciones de armamento (60% del mercado mundial) ampliamente impuestas a aliados subalternos (¡que, además -como ocurre en los países del Golfo- nunca utilizarán ese armamento!), búsqueda de subrentas petrolíferas (que suponen el poner a los productores bajo su autoridad de forma regulada, motivo real de las guerras en Asia central e Iraq). En todo caso, lo esencial del déficit estadounidense se cubre por las aportaciones en capital procedentes de Europa y de Japón, del sur (países petrolíferos ricos y clases compradoras [1] de todos los países del tercer mundo, incluidos los más pobres), al que se añadirá la sangría ejercida a título del servicio de la deuda impuesta a la casi totalidad de los países de la periferia del sistema mundial.

Las razones que dan cuenta de la persistencia de los flujos de capital que alimenta el parasitismo de la economía y de la sociedad estadounidense, y permiten a esta superpotencia vivir al día son indudablemente complejas. Pero en absoluto son el resultado de las supuestas “leyes del mercado”, que son a la vez racionales e ineludibles.

La solidaridad de los segmentos dominantes del capital multinacionalizado de todos los socios de la tríada es real y se expresa por medio de su adhesión al neoliberalismo globalizado. En esta perspectiva EEUU es visto como el defensor (militar, si es necesario) de estos “intereses comunes”. En todo caso, Washington no pretende “repartir equitativamente” los beneficios de su liderazgo. Por el contrario, EEUU se esfuerza por avasallar a sus aliados y, en ese espíritu, sólo está dispuesto a consentir concesiones menores a sus aliados subalternos de la tríada. ¿Acaso este conflicto de intereses del capital dominante está llamado a acentuarse hasta el punto de acarrear una ruptura en la alianza atlántica? No es imposible, aunque sí poco probable.

El conflicto prometedor se sitúa en otro terreno, el de las culturas políticas. En Europa sigue siendo posible una alternativa de izquierdas. Esta alternativa impondría simultáneamente una ruptura tanto con el neoliberalismo (y el abandono de la vana esperanza de someter a EEUU a sus exigencias, permitiendo así al capital europeo librar una batalla sobre el terreno no minado de la competición económica), como con alineamiento a las estrategias políticas de EEUU. El excedente de capitales que por el momento Europa se contenta con “situar” en EEUU podría entonces destinarse a una recuperación económica y social, sin lo cual esta seguiría siendo imposible. Pero cuando Europa eligiera por ese medio dar prioridad a su desarrollo económico y social, la artificial salud de la economía de EEUU se desmoronaría y la clase dirigente estadounidense se enfrentaría a sus propios problemas económicos y sociales. Ese es el sentido que le doy a mi conclusión “Europa será de izquierdas o no será”.

Para lograrlo hay que librarse de la ilusión de que la carta del neoliberalismo debería -y podría- jugarse “honestamente” por todos y que, en ese caso, todo iría mejor. EEUU no puede renunciar a su opción en favor de una práctica asimétrica del liberalismo, porque ésta es el único medio que tienen de compensar sus propias deficiencias. El precio de la “prosperidad” estadounidense es el estancamiento de los demás

¿Por qué, entonces, a pesar de estas evidencias, continúa el flujo de capitales en beneficio de EEUU? Para muchos sin duda el motivo es simplemente que EEUU es “un Estado para los ricos”, el refugio más seguro. Este es el caso de las inversiones de las burguesías compradoras del tercer mundo. Pero, ¿en el de los europeos? El virus liberal -y la creencia ingenua de que EEUU acabará por aceptar el “juego de los mercados”- opera aquí con una fuerza evidente entre las grandes opiniones públicas. En este espíritu el FMI ha consagrado el principio de la “libre circulación de capitales”, de hecho simplemente para permitir precisamente a EEUU cubrir su déficit por medio del bombeo de los excedentes financieros generados en otros lugares por las políticas neoliberales, a las que EEUU sólo se somete selectivamente. Sin embargo, para el gran capital dominante la ventaja del sistema prevalece sobre sus inconvenientes: el tributo que hay que pagar a Washington para asegurar su permanencia.

Existen países calificados de “países pobres endeudados” que están obligados a pagar. Pero también existe un “país poderoso endeudado”, del que debería saberse que nunca va a devolver sus deudas. Debido a este hecho, este verdadero tributo impuesto por el chantaje político de EEUU sigue siendo frágil.

4.
La opción militarista del estalishment de EEUU se sitúa en esta perspectiva. No es otra cosa que el reconocimiento de que EEUU no dispone de otros medios para imponer su hegemonía económica.

Las causas que están en el origen del debilitamiento del sistema productivo de EEUU son complejas. No son, desde luego, coyunturales, y que por ello se podrían corregir, por ejemplo, por medio de la adopción de un tipo de cambio correcto, o por medio de la construcción de relaciones más favorables salarios/productividades. Son estructurales. La mediocridad de los sistemas de enseñanza general y de formación, producto de un prejuicio tenaz que favorece sistemáticamente lo “privado” en detrimento del servicio público, es una de las principales razones de la profunda crisis que atraviesa la sociedad de EEUU.

Así pues, deberíamos sorprendernos de que los europeos, lejos de sacar las conclusiones que impone la constatación de las insuficiencias de la economía de EEUU, se apresuren, por el contrario, a imitarlas. A este respecto tampoco el virus neoliberal lo explica todo, aunque si satisfaga algunas funciones útiles para el sistema, paralizando a la izquierda. La privatización a ultranza, el desmantelamiento de los servicios públicos solo podrán reducir las ventajas comparativas de las que aún se beneficia la “vieja Europa” (como la llama Bush). Pero sean cuales sean los daños que ocasionen a largo plazo, estas medidas ofrecen al capital dominante, que vive en el corto plazo, la ocasión de beneficios suplementarios.

La opción militarista de EEUU amenaza a todos los pueblos. Procede de la misma lógica que antaño fue la de Adolf Hitler: modificar por medio de la violencia militar las relaciones económicas y sociales en favor del Herrenfolk del momento. Esta opción, imponiéndose en el escenario mundial, sobredetermina todas las coyunturas políticas, porque la prosecución del despliegue de este proyecto debilitaría extremadamente todos los avances que los pueblos podrían obtener por medio de sus luchas sociales y democráticas. Por consiguiente, hacer fracasar el proyecto militarista de EEUU se convierte entonces para todos en la tarea primordial, en nuestra principal responsabilidad.

La lucha para hacer fracasar el proyecto de EEUU es ciertamente multiforme. Comporta aspectos diplomáticos (defensa del Derecho Internacional), militares (se impone el rearme de todos los países del mundo para hacer frente a las agresiones planeadas por Washington -no hay que olvidar nunca que EEUU ha utilizado armas nucleares cuando tenía su monopolio y que ha renunciado a ello cuando no lo tenía) y políticas (especialmente en lo que concierne a la construcción europea y a la reconstrucción del bloque de los países No Alineados).

El éxito de este combate dependerá de la capacidad de los espíritus para liberarse de las ilusiones liberales. Porque nunca existirá una economía globalizada “auténticamente liberal”. Y, sin embargo, se intenta y se seguirá intentando por todos los medios hacerlo creer. Los discursos del Banco Mundial, que opera como un especie de ministerio de Propaganda de Washington, concernientes a la “democracia” y al “buen gobierno”, o la “reducción de la pobreza”, tienen esta única función, como el ruido mediático organizado en torno a Joseph Stiglitz, al descubrir algunas verdades elementales, afirmadas con autoridad arrogante, sin sacar sin embargo la menor conclusión que cuestione los prejuicios tenaces de la economía vulgar. La reconstrucción de un frente del Sur, capaz de dar a la solidaridad de los pueblos de Asia y Áfica, y a la Tricontinental, una capacidad de actuar en el plano mundial pasa, también ella, por la liberación de las ilusiones de un sistema liberal globalizado “no asimétrico” que permitiría a las naciones del tercer mundo superar sus “retrasos”. ¿No es acaso ridículo ver a los países del tercer mundo reclamar la “puesta en marcha de los principios del neoliberalismo, pero sin discriminación alguna”, y beneficiarse entonces de los nutridos aplausos del Banco Mundial? ¿Desde cuándo el Banco Mundial ha defendido al tercer mundo frente a EEUU? (…)

Si los europeos hubieran reaccionado en 1935 o en 1937, habrían logrado parar el delirio hitleriano. Al reaccionar solamente en 1939, se infligieron decenas de millones de víctimas. Actuemos para que la respuesta sea más temprana frente al desafío de los neonazis de Washington.

Nota:

1. Clases no productivas que sirven de enlace con el capitalismo exterior

 
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Publicat per a 19 Novembre 2008 in Economia crítica, Pau

 

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