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Los primeros cien días de Syriza contados por Yanis Varoufakis

Para la revista digital italiana L´Antidiplomatico, Alessandro Bianchi entrevista al profesor de Teoría Económica de la Universidad de Atenas, autor del Minotauro global, una vez conocida la fecha de las elecciones griegas, el próximo 25 de enero de 2015.

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Los medios de comunicación europeos hablan de la “recuperación griega” y el aumento de la competitividad del país para intentar persuadir a la opinión pública de la eficacia de la austeridad y las reformas estructurales impuestas por la Troika. Sin embargo, si se consideran los datos macroeconómicos, encontramos un desempleo juvenil de cerca del 50%, una tasa de inflación negativa y una espiral incontrolada de deuda-deflación. ¿Cómo es posible hablar de “recuperación” cuando tres de cada cinco ciudadanos griegos están por debajo del umbral de pobreza?

En los dos últimos años, la máquina propagandística de la UE no ha dejado que se interpusiera ningún dato en su marcha, y hace aproximadamente dieciocho meses, funcionó a pleno rendimiento en un intento de apuntalar al gobierno de Saymaras, aterrada por la perspectiva de un nuevo gobierno en Atenas que porfíe en cantarle al poder las verdades. ¿Se han dado cuenta de cómo se desvaneció el relato del “éxito griego” en cuanto se hicieron inevitable las elecciones? ¿Qué clase de recuperación era esa que se deshizo en una nube de humo en el momento en que asomaron las elecciones en el horizonte?

La respuesta es que la ‘recuperación’ sólo existió en el reino de la propaganda. Una ‘recuperación’ que se maquinó mediante dos nuevas burbujas, una en el mercado de bonos y la otra en el mercado de acciones bancarias griegas, burbujas que reventaron en el momento en que pareció que los griegos iban a tener la oportunidad de expresar lo que opinaban de esa llamada ‘recuperación’ en las urnas. Una ‘recuperación’ que se ha puesto de manifiesto en un crecimiento positivo del PIB de un cuarto (igual a 0,7%), tras siete años de declive continuo, lo que se debió al triste hecho de que cayó el PIB nominal, pero cayó por primera vez menos de lo que cayó la media de los precios medios.

Así que, puestos a ser francos, no ha habido recuperación. Lo que hemos tenido es una monstruosa negación que resultaba funcional para la historia que la señora Merkel quería transmitir a los ciudadanos europeos: si la austeridad ha funcionado hasta en Grecia, tiene que ser la cura correcta para cualquier entorno europeo, y deben aceptarlo sin pensar todos los europeos, sobre todo los italianos.

Habrá elecciones generales en Grecia el 25 de enero de 2015. Según los últimos sondeos, Syriza, principal partido de la oposición crítico con las medidas de austeridad impuestas por la Troika, podría resultar vencedor. Pero la victoria en las urnas podría verse precedida de ataques especulativos de los mercados a la prima de riesgo, destinados a crear un clima de terror entre la opinión pública. ¿Qué queda de democracia en este régimen oligárquico de la Unión Europea? Y ¿podría repetirse esa misma hipótesis en otros países con aquellos partidos críticos con la arquitectura institucional de la UE?

La amenaza a un gobierno de Syriza no vendrá de los mercados. Recordemos que Grecia está en bancarrota y no pide prestado a inversores privados. ¡Y cuando no pides prestado, no te preocupas de la tasa de interés! No, la amenaza viene para Syriza del BCE, de la UE y de Berlín. Pasados unos días de las elecciones, hay grandes probabilidades de que los funcionarios de nuestros socios europeos, violando los principios más básicos de la democracia – y de la lógica – amenacen al nuevo gobierno de Atenas con clausurar el sistema bancario griego mientras no se pliegue a su voluntad y a menos que lo haga. Esto es mucho, pero que mucho peor, y moralmente más censurable que ser aterrorizado por los mercados. Los inversores tienen todo el derecho a exigir altas tasas de interés si van a prestarte dinero. Los demás gobiernos democráticos y los banqueros centrales no elegidos no tienen derecho a amenazar con el Apocalipsis a un gobierno recién elegido si se atreve a pedir una renegociación de un acuerdo insostenible de préstamos con la UE, el BCE y el FMI.

En su programa, Syriza preconiza la anulación del Memorándum, la completa reestructuración de la deuda pública, la negativa a pagar intereses hasta que se produzca una verdadera recuperación económica (suspensión del pago de la deuda) y, por último, que el BCE se convierta en prestamista en última instancia con el fin de garantizar una porción de la deuda griega. Considerando las actitudes hostiles de Berlín, Bruselas y Frankfurt, ¿cómo reaccionaría Syriza frente a una nueva negativa absoluta de las autoridades europeas a sus demandas? ¿Sería el pretexto para contemplar una salida unilateral de la eurozona?

La salida del euro no es una idea que Syriza vaya a contemplar en ningún momento o a utilizar como estrategia negociadora. Si bien está claro que Grecia no debería haber entrado nunca en la zona euro (y, desde luego, que la eurozona nunca debería haberse diseñado del modo en que lo fue), salir de ella causaría ingentes daños a todo el mundo. Al mismo tiempo, la ‘lógica’ del actual acuerdo funciona afanosamente rumbo al desmantelamiento de la eurozona. La economía social italiana, por ejemplo, resulta insostenible con políticas inspiradas en aquellos que primero las ensayaron en Grecia en 2010. Para salvar la eurozona y, ciertamente, para salvar la integridad y el alma de Europa, necesitamos un New Deal para Europa. Syriza está decida a hacer arrancar el diálogo sobre lo que debería ser este New Deal. Naturalmente, el resultado de ese debate será un compromiso. Esto lo sabe Alexis Tsipras, el líder de Syriza: cuando entras en una negociación, tienes como objetivo un compromiso con el que puedan subsistir todas las partes. Para llegar a ello, tienes que tienes que apostar por tu posición inicial, – que es lo que establece el programa del partido – y trazar finas líneas rojas que, en caso de ser rebasadas por la otra parte, hagan que desistas. Una de esas líneas, en el caso de Grecia, debe referirse a la demanda de que Grecia pida prestado, entre otros, al BCE para reembolsar… al BCE los bonos que el BCE compró en 2010 y 2011. Si Berlín sigue insistiendo en transacciones tan ilógicas, el gobierno de Syriza debe decir simplemente que ‘No’ y negarse a hacerlo. Sean cuales fueren las amenazas.

En estos tres años y medio de régimen de la Troika, Grecia ha perdido partes importantes de terreno público y zonas de interés estratégico nacional en un programa de privatización salvaje. ¿Está pensando Syriza en una nueva intervención del Estado para nacionalizar al menos los servicios públicos esenciales que han de proporcionarse a los ciudadanos? ¿Y no constituiría en ese caso una violación del principio de no intervencionismo consagrado por el Tratado de Maastricht?

El programa de privatización ha fracasado de modo espectacular. Hay, desde luego, algunos activos que se han entregado a particulares sospechosos (por ejemplo, la lotería nacional y el sitio de Hellenikon) y a los que el nuevo gobierno debería echar otro vistazo, al menos en lo que se refiere a su legalidad, pues la renacionalización será imposible debido a la falta de liquidez del Estado. Dicho esto, las mayores privatizaciones tuvieron lugar, no entre 2010 y 2014 sino entre 2000 y 2009, implicando bancos, el monopolio de telecomunicaciones del Estado, etc. Respecto a los servicios públicos, el problema no es que los privatizaran. El problema es que los desmantelaron o los estrangularon con la austeridad y unos recortes espantosos.

Sin embargo, la respuesta a la crisis europea sigue siendo clara y se resume en la reducción del gasto público, el aumento de la imposición fiscal y las llamadas reformas estructurales destinadas a rebajar el precio del trabajo, única forma de compensar la brecha de competitividad entre países. Frente a esto, Syriza plantea propuestas muy interesantes, pero se trata de medidas que habían sido rechazadas en el pasado por Bruselas, pues violan las reglas de los tratados existentes, como los eurobonos y el control político de los estados europeos sobre el Banco Central Europeo. ¿Cree usted que es hora de superar Maastricht e inaugurar una nueva fase constituyente que pueda satisfacer las exigencias de los estados con modelos económicos intervencionistas y ya no neoliberales, capaces de garantizar el pleno y el bienestar social, dejando a un lado la independencia del Banco Central Europeo.

Nuestras propuestas se han calibrado de manera que no violen ninguno de los tratados. Por ejemplo, nuestra propuesta de una conversión en bonos europeos con la mediación del BCE para la parte de la deuda que cumpla con Maastricht de cada Estado miembro, que excedan el 60%, sin monetización por parte por parte del BCE o garantías de deuda por parte de los países con superávit. O, para dar otro ejemplo, la propuesta de una forma de facilitación cuantitativa [Quantitative Easing] en la que el BCE compre grandes cantidades de bonos del Banco Europeo de Inversiones con el propósito de financiar un programa de recuperación europeo promovido mediante inversiones. Estas son una serie de ideas que pueden aplicarse mañana mismo, voluntad política mediante. Una vez que estabilicemos Europa por medio de esas medidas políticas, podemos hablar entonces todo lo que queramos de una federación, de futuros tratados, etc. Pero cualquier intento de alterar hoy los tratados, mientras se extiende la crisis, no será más que algo contraproducente.

En caso de que los países del Norte, como ya se ha corroborado en el pasado, se opongan a estos escenarios de cambio necesarios para superar la crisis, ¿deberían los países del Sur, sobre todo aquellas partes críticas con la actual arquitectura institucional, empezar a pensar en una nueva forma de integración basada en la solidaridad económica y social, fundada en el respeto de la soberanía nacional? Debido a las graves condiciones de sus respectivas economías, ¿hay tiempo todavía para redactar un nuevo Tratado basado en esos principios?.

No, no lo creo. Tal como he sostenido antes, no es momento de cambiar el tratado. En primer lugar, debemos detener la fragmentación y sólo entonces discutir la consolidación. Dicho esto, los actuales tratados permiten la llamada ‘cooperación reforzada’ – que permite a nueve estados miembros o más llevar a cabo por su cuenta la aplicación de políticas de la Unión Europea que no serán vinculantes para los demás. Quizás el ‘Sur’ de Europa podría hacer uso de este instrumento institucional.

En el actual contexto geopolítico de profundos cambios, Europa parece encaminarse muy rápidamente por una senda contraria a la delineada por Syriza. Esto resulta claro sobre todo después de las sanciones a Rusia y las interferencias políticas de la OTAN en Ucrania, la inevitable adopción del TTIP, la zona de libre comercio con los Estados Unidos, que las élites europeas quieren aprobar en 2015. ¿Podría una nueva mayoría de Syriza detener la ratificación del TTIP en el Parlamento nacional?

La idea del libre comercio con los Estados Unidos es espléndida. El problema con el TTIP es que en absoluto tiene que ver con el libre comercio sino, más bien, con entregar exorbitantes derechos de propiedad sobre regulaciones medioambientales y propiedad intelectual a grandes empresas multinacionales. De modo semejante, respecto a la cuestión de la seguridad, debería estabilizarse Ucrania y democratizarse Rusia. Por desgracia, el actual punto muerto con Rusia no se refiere a esto sino que forma parte más bien de un sórdido forcejeo geopolítico en el que saldrán perdiendo los ciudadanos de Europa, del Atlántico a los Urales.

Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing.

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Lucas Antón

 
 

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En (mala) memoria de Margaret Thatcher, reina madre de la austeridad

El legado económico de la Sra. Thatcher, reina madre de la austeridad y la financiarización globales

Michel Hudson y Jeffrey Sommers

Thatcher legacyNormalmente observamos la convención de abstenerse de hablar mal de los que acaban de morir. Pero es lo más probable que la propia Margaret Thatcher no tuviera nada que objetar a un epitafio centrado en el legado económico de su profesado objetivo político: desmantelar “irreversiblemente” el sector público británico. Atacando la planificación central estatal, lo que hizo fue desplazar esa planificación para dejarla en unas manos financieras harto más centralizadas: una City de Londres no estorbada económicamente por la regulación financiera y “libre” de cualquier regulación antimonopólica seria de precios.

La Sra. Thatcher transformó el carácter de la política británica encabezando un gobierno parlamentario democráticamente elegido que permitió a los planificadores financieros desbaratar el sector público con el asentimiento popular. Como su coetáneo, el actor Ronald Reagan, narró un atractivo cuento, cuya trama era la recuperación de la economía. La realidad, ni que decir tiene, resultó en un encarecimiento del coste de la vida y del coste de la actividad empresarial. Pero ese juego de suma cero convirtió las pérdidas económicas en inopinadas ganancias para la feligresía del Partido Conservador en el sector bancario británico.

Al poner con precios de barato en almoneda British Telephone y otros grandes monopolios públicos, dio a entender que los consumidores serían los grandes beneficiarios, y no las grandes entidades financieras. Y al dar a los suscriptores una asombrosa comisión del 3% (basándose en el antecedente de la salida a bolsa de empresas incipientes mucho más pequeñas), la Sra. Thatcher presidió el inicio de la Gran Polarización británica entre el 1% acreedor y el 99% crecientemente endeudado.

So pretexto de combatir a los buscadores públicos de rentas, abrió puertas y ventanas a los buscadores de rentas en el sentido económico clásico del término: rentas del suelo en el sector de los bienes raíces (con ganancias de “capital” hinchadas por la deuda), hasta encarecer la propiedad británica a tal punto, que los empleados que trabajan en Londres se ven ahora obligados a vivir fuera y a viajar en unos carísimos ferrocarriles privatizados para acudir a sus puestos de trabajo. La privatización creó también enormes oportunidades nuevas para las rentas monopólicas dimanantes de los servicios público privatizados, además de posibilitar ganancias financieras predatorias a una banca crecientemente predatoria.

La finanza ha sido la madre de los monopolios al menos desde que los holandeses y otros acreedores extranjeros ayudaron a Inglaterra a constituir la Compañía de las Indias Orientales en 1600, el Banco de Inglaterra en 1694 y otros monopolios comerciales que culminaron en la Compañía de los Mares del Sur en la segunda década del siglo XVIII.

En el momento en que Margaret Thatcher llegó a Primera Ministra, en 1979, Gran Bretaña llevaba un siglo de enormes inversiones en infraestructuras públicas. Los ejecutivos financieros vieron esa imponente estructura de mando como un conjunto de potenciales monopolios transformables en una suerte de munificentes vacas muñideras capaces de suministrar torrentes de efectivo y enriquecer a la alta finanza. La Sra. Thatcher se convirtió en la principal animadora de esta orgía, el mayor y más manirroto regalo del siglo: las ganancias de la City de Londres fueron la ruina de la economía industrial. Los señores británicos de las finanzas se convirtieron en el equivalente de los grandes barones ladrones de los ferrocarriles en la Norteamérica del siglo XIX, la elite dominante que hoy regenta el derrotadero de decadencia que es la austeridad neoliberal.

Su desempeño como Primera Ministra parecía emular el papel de Peter Sellers en Bienvenido Mr. Chance. Era resultona en televisión, precisamente porque su filosofía era una secuencia recosida de fragmentos sonoros simplificadores de complejos problemas sociales y económicos, espástica y palabreramente reducidos a banal psicodrama personal. La habilidad de la Sra. Thatcher para ocultar tras ese telón la gran polarización financiera y económica y la “barra libre” financiera en curso le permitió distraer la atención sobre las consecuencias de lo que Harold Macmillan llamó “la venta de la cubertería de plata de la familia”. Era como si la economía fuera una charcutería familiar de clase media tratando de cuadrar la contabilidad del pequeño negocio de acuerdo con los consejos de su banquero y a costa de unos salarios en proceso de contracción a causa de los precios al alza de las necesidades básicas.

La base del poder de la Sra. Thatcher tenía que ver con el hecho de que la economía de Inglaterra se hallaba en una situación harto más desjarretada que la del resto del mundo cuando ella llegó al gobierno. Durante el Invierno del Descontento de 1979 se desarrolló una tormenta perfecta. Incapaz de evitar que los trabajadores se lanzaran a una escalada de huelgas causante de las mayores molestias al conjunto de la sociedad, el Partido Laborista británico sintió poca necesidad de retrasar la participación de Gran Bretaña en el petróleo del Mar del Norte. Esas inopinadas ganancias subsidiarían una década de desmantelamiento de lo que quedaba de la industria británica. Los Estados petroleros no necesitan ser eficientes. No necesitan industria, ni siquiera empleo.

El Primer Ministro laborista James Callaghan hizo un intento simbólico de enfrentarse al problema pidiendo en 1976 al FMI un préstamo para financiar inversiones industriales tangibles como puente financiero hasta que el petróleo del Mar del Norte pudiera empezar a generar comercio exterior. Pero el secretario estadounidense del tesoro, Bill Simon, le leyó la cartilla. La política del FMI y de los EEUU era suministrar crédito sólo para pagar a los tenedores de bonos, no para levantar la economía real. A Gran Bretaña se le harían empréstitos, sólo si reorientaba su economía de modo que la alta finanza pudiera ponerse al mando de la planificación.

El Reino Unido se convirtió entonces en el niño neoliberal modelo del FMI, instituyendo una ventaja comparativa en materia de finanzas deslocalizadas, lo que terminó culminando en el célebre “planteamiento flexible” de[l laborista] Gordon Brown, que trajo consigo los colapsos bancarios de 2008. En este sentido, el papel de la Sra. Thatcher fue el de una Boris Yeltsin británica, patrocinadora del desmantelamiento y saqueo de siglos de inversión pública.

La Sra. Thatcher accedió al cargo de Primera Ministra en 1979, cuando el juego neoliberal estaba ya en marcha. La “hija de charcutero” pintó los problemas británicos como derivados de la arrogancia del mundo del trabajo organizado. Tocó una fibra sensible cuando los dirigentes sindicales llamaron a una serie de huelgas políticamente suicidas que desbarataron la vida cotidiana y llevaron la lucha más allá del punto que podía soportar el grueso del electorado. La economía británica nunca había estado tan madura para la aplicación de una estrategia del divide y vencerás.

La guerra de clases –tal era el nuevo giro operado en la situación— apuntaba a los trabajadores en su calidad de consumidores y deudores, no de empleados. La industria nacional británica fue repetidamente golpeada, y las fábricas fueron cerrando una tras otra en todo el país (pasando las más exitosas a emprendimientos de bienes raíces gentrificados).

La Dama de Hierro estaba convencida de estar reconstruyendo la economía inglesa; en realidad sólo parecía más rica merced a la banca forajida londinense. El daño causado en todo el mundo por esa economía financiarizada ha sido inmenso. Al “liberar” dinero nacional de las restricciones de las autoridades fiscales, el Oriente Próximo frenó buena parte de sus proyectos de desarrollo industrial. Después de 1990, el bloque soviético fue desindustrializado para convertirse en una economía petrolera, gasística y minera. Y en el caso británico, billones de dólares de ingresos fiscales globales, que podrían haberse empleado en el desarrollo industrial y social, se desviaron a Londres, en donde el Reino Unido recogió los honorarios dimanantes de esa barra libre. A despecho de su admiración por Milton Friedman –famoso por su afirmación de que “nada es gratis y no hay nada parecido a una barra libre”-, la Sra. Thatcher hizo todo por reorientar la economía británica a modo de inmensa barra libre al servicio de los ejecutivos financieros de todo el planeta.

¿Qué llegó a entender realmente la Sra. Thatcher de un sector financiero al que nunca se propuso intencionadamente favorecer? Nunca expresó arrepentimiento respecto de sus políticas ni del modo en que esas políticas allanaron el camino para que el Nuevo Laborismo pudiera dar –con botas de siete leguas— el siguiente paso en punto a dotar al complejo financiero de la City de Londres del enorme poder que ha permitido a la desregulada banca privada actuar como catalizadora de un desplome financiero tras otro, llevándose por delante al conjunto de la economía británica.

Cuando la Sra. Thatcher llegó al gobierno, 1 de cada 7 niños ingleses vivía en la pobreza. Al final de sus reformas, ese número había crecido a 1 de cada 3. Polarizó al país con una estrategia de “divide y vencerás” precursora de Ronald Reagan y, más recientemente, de políticos norteamericanos como el gobernador de Wisconsin Scott Walker. El resultado de su política fue la congelación de la movilidad ascendente hacia la clase media que irónicamente creía estar promoviendo con sus acciones de gobierno.

Los mandarines mediáticos de todo el plantea parlotean sobre su papel como “salvadora” de Gran Bretaña, no de su papel en el endeudamiento de la misma: destruyó la economía para salvarla. Su ejercicio del poder marcó una época histórica dejando planteado el paradójico enigma que viene marcando las políticas neoliberales desde los 80: ¿cómo consiguen los gobiernos alimentar y robustecer a los cleptócratas financieros en un marco de poder basado en el asentimiento popular?

Eso sólo puede lograrse violando el primer supuesto de la política liberal clásica: los votantes tienen que estar suficientemente informados para entender las consecuencias de sus acciones. Eso quiere decir que los gobiernos deben abrazar una perspectiva de largo plazo.

Pero las finanzas siempre han vivido en el corto plazo, y en ningún lugar del mundo son las finanzas más cortoplacistas que en Gran Bretaña. Nadie ilustró mejor esa perspectiva estrecha de miras que Lady Thatcher. Su retórica simplista inspiró a un rebaño de simples, empeñados en combatir al conocimiento con sentido pretendidamente común.

Acaso no del todo simple, sino simplemente oportunista. Como santa patrona sin títulos del Nuevo Laborismo, la Sra. Thatcher se convirtió en la fuerza intelectual inspiradora de su sucesor e imitador Tony Blair en punto a culminar la transformación de la política electoral británica para movilizar el asentimiento popular a fin de permitir al sector financiero privatizar y desbaratar las infraestructuras públicas británicas, convirtiéndolas en una amalgama de monopolios privados. Por esa vía, el Reino Unido pasó de ser una economía productiva real a convertirse en una economía hurgadora en el basurero de las rentas mundiales a través de sus bancos deslocalizados. Al final, no sólo se hizo un gran daño a Inglaterra, sino al mundo entero, propiciando la huída de capitales de los países en desarrollo hacia los puertos seguros de la banca londinense. Ahora, los gobiernos de todo el mundo se declaran en “bancarrota”, mientras sus oligarcas son cada vez más ricos.

Michael Hudson es un reconocido analista económico norteamericano, con amplia experiencia en Wall Street. Sus dos últimos libros son The Bubble and Beyond (La burbuja y sus secuelas) y Finance Capitalism and Its Discontents (El capitalismo financiero y sus críticos). Jeffrey Sommers es profesor asociado de economía política en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee y profesor visitante en la Escuela de Economía de Riga. Publica artículos regularmente en Financial Times y The Guardian, entre otros medios.

Traducción para www.sinpermiso.info: Mínima Estrella

 
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Publicat per a 14 Abril 2013 in Economia crítica, Europa

 

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España entra en la espiral de la muerte

Visto en Sin Permiso.

Autores: Antoni Domènech. Gustavo Búster y Daniel Raventós

El pasado viernes, 13 de julio, el Consejo de Ministros aprobó el radical paquete de medidas de austeridad fiscal procíclica anunciadas por Rajoy en sede parlamentaria dos días antes. “No disponemos de más ley ni de más criterio que el que la necesidad nos impone. Hacemos lo que no nos queda más remedio que hacer, tanto si nos gusta como si no nos gusta. Soy el primero en estar haciendo lo que no le gusta”: Palabras literales de un presidente más nervioso, más inseguro y con peor dicción que de costumbre. Es la segunda vez en dos años que una escena así se produce en las Cortes: el 11 de julio de 2012 de Rajoy es el 10 de mayo de 2010 de Zapatero.

Zapatero se dio un autogolpe de Estado para evitar, supuestamente, el golpe de la intervención de la Troika. Con el resultado de todos conocido: todo fue a peor, como no podía ser de otro modo con unas políticas procíclicas de consolidación fiscal y recortes de derechos sociales e ingresos populares en un país, entonces, con un desempleo superior al 20%, el 45% de los jóvenes en paro y la demanda efectiva en rápido proceso de contracción. Ahora se anuncia un recorte anual para los próximos tres años de más del 2% del PIB, en un país con más del 25% de su población activa desempleada, más del 50% de los jóvenes en paro –decenas y decenas de miles convertidos ya en emigrantes— y una demanda efectiva en caída libre.

De ideas milagreras, retóricas electorales y agendas ocultas

Rajoy subió al poder con la idea milagrera  –avalada por toda una corte de tertulianos, todólogos mediáticos y pseudoeconomistas diz-que-profesionales—  de que bastaba poco más que un gobierno conservador de gentes de viso en la Moncloa para recuperar la “confianza” de los mercados financieros internacionales y la benevolencia de los burócratas de Bruselas y de Francfort. Esa era la idea “técnica” básica.

Había, además, una retórica de campaña electoral rectificadora del giro antisocial de Zapatero: no se tocaría a los pensionistas, no se tocaría a los funcionarios públicos, no se recortarían derechos ni en educación, ni en sanidad (¿quién dice copago?), ni en la cobertura del paro;  habría austeridad y consolidación fiscal, por supuesto, pero se trataría de una “austeridad expansiva” (sic), facilitadora del crecimiento económico (no se subiría el IVA, ¡claro que no!). Contra el entreguismo de Zapatero, se defendería la soberanía nacional; España sabría hacerse respetar en la UE y ante la Troika: el Reino, en fin, no sería intervenido, ni informal ni, menos, formalmente. Por fin alguien haría valer la “marca España”.

Y había, por supuesto, una agenda oculta. Con la excusa de la necesidad de bienquistarse a los mercados financieros y recuperar la “confianza” perdida por la calamitosa gestión del PSOE, acometer un conjunto de contrarreformas –incoadas ya por el gobierno Zapatero y largamente anheladas por la derecha social española— que alteraran radical e irreversiblemente la relación de fuerzas. Que reconfiguraran la constitución social del país, particularmente la regulación del mercado de trabajo. Que reordenaran pro domo sua, a favor del poder político-económico del PP, la fatalmente dañada estructura bancaria (lo que pasaba crucialmente por convertir a Bankia en un coloso financiero privado, promiscuamente vinculado al partido). Que terminaran de poner en almoneda y desmantelar el sector público, pusieran proa a la conversión de la vida económica de nuestro país en un rimero interminable de peajes privatizados, cobrables por rentistas improductivos de toda laya, nacionales y extranjeros, y entraran por uvas en la más o menos disimulada tarea de recentralizar administrativamente y jibarizar el “Estado de Medioestar” español, como atinadamente lo ha llamado en alguna ocasión Gaspar Llamazares.

La agenda oculta, en una palabra, consistía en aprovechar la crisis para consolidar hasta las últimas consecuencias el tipo de capitalismo oligopólico de amiguetes políticamente promiscuos construido por el PSOE y el PP en las últimas décadas y reubicar al núcleo político dirigente conservador en la nueva situación. Si se quiere, y por servirnos del neologismo muy a propósito inventado por el académico de la lengua Emilio Lledó, pasar de la economía política del capitalismo oligopólico de amiguetes, al casino de negocios público-privados de los “amigantes” (que rima con mangantes).

Del fracaso, también, de la agenda oculta

En tan sólo 6 meses de gobierno, la realidad de la crisis se ha llevado ya por delante la idea “técnica” básica del programa electoral del PP, la de la “confianza”: la prima de riesgo no ha dejado de subir, la renta variable no ha dejado de bajar, el interés de los bonos españoles se ha disparado hasta rebasar todos los niveles de alarma (7%), y lo que es más grave y perentorio, ha comenzado a acelerarse una fuga masiva de capitales y depósitos bancarios, cuyo ritmo anual se estima ahora mismo en un ¡50% de nuestro PIB! Un pánico bancario desatado, peligrosísimo para España y para el conjunto de la UE, al que no son ajenas las sucesivas torpezas del gobierno Rajoy en el manejo de la crisis de solvencia de la banca española. Y a todo eso, la unión bancaria y la garantía europea de depósitos –única medida eficaz para contener la hemorragia—, siguen ahora tan lejos, si no más, que antes de la famosa cumbre del pasado 28/29 de junio. Han pasado sólo dos semanas, y parecen meses. Tiempo suficiente, en cualquier caso, para que varios sedicentes “europeístas” demostraran una vez más su incapacidad para comprender la naturaleza de la crisis política europea y se cubrieran con el más bobalicón de los ridículos.

Como previsto por todo el mundo, de desmentir la retórica electoral se encargó el propio gobierno no bien entró en ejercicio. Pero lo verdaderamente interesante es la suerte que ha corrido en sólo 6 meses el desarrollo de la agenda oculta del PP. Porque la puesta por obra del “programa oculto” se fundaba también en la necia idea de la restauración de la “confianza” (y en el pésimo diagnóstico –compartido con el núcleo dirigente del PSOE— de la naturaleza de la presente crisis europea que subyace a esa idea). La realización del programa oculto de Mariano Rajoy pasaba decisivamente por evitar la intervención de España por la Troika; intervenido el Reino, todo cambia. No importa el grosero jaleo forofesco de los diputados del PP a cada anuncio de recorte declarado por el jefe, ni siquiera el obsceno “que se jodan” los parados de una pijilla descerebrada que calienta escaño en las Cortes. Harto más significativo se antoja el rostro desalterado del Presidente del gobierno. Porque, si bien se entiende, de lo que verdaderamente se despedía era de su agenda oculta.

Y despedirse de la agenda oculta no era sólo despedirse del verdadero programa partidista con que accedió al gobierno. Es mucho más. Es despedirse de toda una época política y económica que ese programa trataba de salvar, y a su modo, perpetuar, rectificándola por la vía de escorar irrreversiblemente, hasta donde se pudiera, su centro de gravitación hacia la derecha. Es muy significativo que el Consejo de Ministros del pasado viernes comenzara no en Moncloa, sino en la Zarzuela, con el monarca en persona presidiendo la sesión del reconocimiento oficial de todos los fracasos. Como agarrándose a un clavo ardiendo, precisamente al amparo de un Rey de todo punto desacreditado ante la opinión pública y convertido en los últimos meses en la cara visible del fracaso nacional y del fin de época. En el símbolo mismo de la agónica fatiga política, social y moral del régimen de la Segunda Restauración borbónica que fue la Transición democrática.

Res ipsa loquitur: ministros que filtran secretos de su cartera (el escándalo de la ministra Báñez y el ERE del PSOE); una red gigantesca de espionaje a empresas y ciudadanos y compra y venta de datos privados protegidos por la ley con la connivencia de las instituciones privadas y públicas –incluidos los servicios secretos— encargadas de protegerlos; socialización de la corrupción de lo público a lo privado con las preferentes, como se ha visto con la apertura de la causa contra los gerentes de Bankia, la CAM y CaixaNovaGalicia; el bloqueo de un poder judicial incapaz de autogobernarse, carente de la legitimidad democrática que solo pueden otorgarle los ciudadanos, y no el escalafón de la judicatura y los acuerdos bajo mano entre el PP y el PSOE; unos incendios pavorosos que no se pueden extinguir por los recortes del gasto público; amnistía a los depredadores urbanísticos de la propiedad común de las costas; amnistía a los defraudadores fiscales… ¿Qué más?

La espiral de la muerte

Con las medidas de recortes y austeridad fiscal que ha impuesto la Troika al gobierno, España entra en la espiral de la muerte. Es decir, se aventura por la senda que ha llevado al suicidio económico, social y político a las naciones hasta ahora intervenidas (Grecia, Portugal, Irlanda). La dinámica es harto conocida: las drásticas medidas procíclicas de austeridad fiscal encaminadas a reducir la deuda y el déficit públicos generan destrucción de empresas y de empleo, desplome de los salarios, caída de la demanda agregada, descenso de los ingresos fiscales del Estado y, para cerrar el círculo vicioso, ulterior crecimiento del endeudamiento público, acrecida desconfianza de los acreedores internacionales y nuevas y más desapoderadas exigencias de austeridad y consolidación fiscales y consiguiente degradación del Estado social, de la enseñanza, de la sanidad, de la cobertura del desempleo.

En esa perspectiva, perdida la soberanía monetaria y sin autoridad fiscal común en la UE, el círculo vicioso sólo podría romperse con una enérgica mejora de la exportación. Los últimos datos al respecto no son nada halagüeños. Y no cabía esperar otra cosa. Primero, porque a diferencia de Portugal, por ejemplo, en donde el sector exportador representa cerca del 50% de su economía, la exportación española significa apenas un tercio, es decir que al menos dos tercios de la demanda de los productos de las empresas españolas vienen de un mercado interior deprimido por el paro creciente, por el tremendo estado de endeudamiento de las familias y de las empresas españolas, por los recortes salariales públicos y privados, por el terrible aumento del IVA, por las nuevas tasas universitarias, por el copago sanitario, por presentes y venideros peajes de usuario en el acceso a los bienes públicos o comunes; en una palabra, por las extremistas políticas de austeridad fiscal. Y segundo: porque las políticas de austeridad incompetentemente impuestas a escala europea han deprimido la demanda continental, y el grueso de nuestras exportaciones –como las de los alemanes, dicho sea de pasada— van a parar a una eurozona devastada por esas suicidas políticas procíclicas de consolidación fiscal.

Es evidente que el núcleo dirigente del PP es a estas alturas perfectamente consciente de todo eso. El fracaso estrepitoso de Montoro es el fracaso de la agenda oculta de una derecha política española que era todavía orgánica en intereses oligárquicos más o menos nacionalmente arraigados, y que tenía intereses electorales propios. Es aventurado –y acaso necio— decir que estamos asistiendo al triunfo del “independiente” y “cosmopolita” De Guindos, ese fracasado gestor europeo de los intereses del quebrado banco norteamericano Lehman Brothers.

Pero de lo que no cabe la menor duda es de que decidir –o allanarse a— meter a España en la espiral de la muerte trae consecuencias devastadoras para la identidad de quien lo propone (el PP). Para la identidad de quien lo aplaude, jactándose incluso de haberlo propuesto antes (Duran i Lleida). Para la identidad de quien lo tolera “responsablemente” y aun lo acompaña como “inevitable” y “necesario” con dos que tres salvedades y matices y tres que cuatro lagrimitas impostadas (Rubalcaba). Y desde luego para la identidad política de quienes, aplaudiéndolo en el fondo, sólo pretenden aprovecharse del río revuelto para promover aquí o allá su propia agenda superficialmente populista (el desmantelamiento del Estado de las Autonomías, à laRosa Díez; el fantasma del pacto fiscal catalán sin contenido social para justificar, à la Mas, su cruel ofensiva en toda regla contra los derechos de las clases populares).

Como las elites políticas coloniales tradicionales

Las medidas de choque decididas –“sin libertad”— por Rajoy la semana pasada van contra los intereses mediatos e inmediatos de la inmensa mayoría de la población española, incluidas esas clases medias madrileñas abrumadoramente votantes del PP que habrán perdido todos sus ahorros con la estafa de Bankia y Caja Madrid. La espiral de la muerte al estilo griego no sólo tiene consecuencias económicas y sociales devastadoras; tiene también consecuencias para las propias elites políticas que se allanan de mayor o menor grado al suicidio de la nación. Porque pierden su identidad política como representantes fiduciarios más o menos legítimos de distintos intereses sociales más o menos encontrados, para convertirse paulatinamente en castas políticas de tipo colonial, sin arraigo social en la población. Franz Fanon describió hace ya muchos años a ese tipo de elites coloniales en Los condenados de la Tierra, una obra maestra de la literatura anticolonialista de los años 60.

Este era el tenor literal de su descripción: las elites coloniales, cualquiera que sea el matiz de su color político:

– niegan a los pueblos la seguridad en los puestos de trabajo;

– reducen los ingresos del grueso de la población al nivel de subsistencia;

– llevan a los pobres a la desesperación;

– buscan con denuedo desmantelar a los movimientos y a las organizaciones sociales, señaladamente a los sindicatos obreros;

– se empeñan en degradar el sistema educativo, de modo que solo las elites puedan tener acceso a la educación superior;

– hacen leyes a la medida de las empresas transnacionales saqueadoras;

– criminalizan el disenso, la crítica y a la oposición política no acomodaticia.

El corolario de esa clásica descripción del hacer de las elites coloniales era el comportamiento que buscaban inducir en la población: el miedo y la sensación de inestabilidad generados por esas políticas garantizaban la pasividad de la población, forzada a derivar hacia la propia supervivencia personal todas las energías disponibles.

Lo mejor del buen discurso parlamentario de Cayo Lara –convertido de facto en el jefe de toda la oposición en las Cortes, incluidos, verosímilmente, los parlamentarios socialistas desolados por las frívolas payasadas de Rubalcaba— es que entendió perfectamente este punto. No sólo ha traicionado Rajoy a su propio electorado al violar groseramente las promesas de su programa, no sólo, esto es, ha fracasado como político democrático, sino que ha fracasado también en la promoción de su agenda oculta “soberana”, es decir, ha fracasado como político tecnocrático. Doble fracaso. Se impone la consulta popular.

Hasta un periodista tan cargantemente circuelocuente como Pedro J. Ramírez se ha visto en la necesidad de reconocer sin reservas lo obvio, aunque sea para salir cínicamente al paso:

“En otras circunstancias el reconocimiento de esta súbita pérdida de autonomía democrática debería llevar aparejada la dimisión del gobierno de turno, la disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones. Pero nadie está pidiendo que Rajoy haga eso porque su rotundo triunfo electoral ha sido muy reciente y, como indican todos los sondeos, no se percibe ninguna alternativa fiable. Más bien existe el consenso de que al líder del PP le toca cargar con la cruz de lo que será una creciente impopularidad, gestionar con la mayor solvencia posible la ejecución deldiktat de Bruselas y tratar de que la desagradable travesía del desierto concluya cuanto antes.” [“Protectorado de ’soberanía suspendida’”, El Mundo, 15 julio 2012.]

Quien comprenda mínimamente la naturaleza de la crisis política europea, o quien al menos sepa algo de macroeconomía elemental, o quien, si más no, se haya molestado en informarse un poco de la experiencia de Grecia, Irlanda y Portugal desde su intervención, sabe ya que lo que viene no es “una desagradable travesía del desierto” destinada a “concluir cuanto antes”. Sino la entrada en una verdadera espiral de la muerte.

Que la población sea, o no, presa del pánico, que se entregue, o no, a una inerme pasividad política cruzado el portalón de esa espiral, dependerá de la decisión con que el conjunto de la izquierda social y política de este país –sindicatos obreros, 15 M, colectivos de parados y trabajadores precarizados, representantes institucionales (locales, autonómicos y estatales) de las izquierdas federalistas y soberanistas, asociaciones ciudadanas, colectivos culturales, investigadores y académicos comprometidos, grupos de apoyo a los desahuciados, afectados por las estafas bancarias, pequeños comerciantes arruinados por el IVA, autónomos acorralados por la inopinada subida de su IRPF, etc.— sepan aunar voluntades y plantear como una necesidad perentoria la convocatoria de un referéndum democrático que, manifiesta y clamorosamente fracasadas las elites rectoras dominantes, permita a los pueblos de España elegir libremente su destino en uno de los momentos más dramáticos de nuestra historia, que, como bien dijo hace muchos años el poeta, es la más triste de todas las historias.

Antoni Domènech es el Editor general de SinPermisoGustavo Búster y Daniel Raventós son miembros del Comité de Redacción de SinPermiso.

 
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Publicat per a 16 Juliol 2012 in Ciutadania/Política, Europa

 

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Crisis y salud mental

Las políticas de prevención y promoción en salud mental son sólo una declaración de intenciones

Sergi Raventós 28 JUNIO 2009 Revista Sin Permiso

En estos momentos de grave recesión económica, estar en paro o con trabajos precarios, entre muchas otras consecuencias negativas, está ya provocando estragos en la salud mental para miles de personas (1). Es conveniente hacer, entre muchas otras cosas, un repaso a las recomendaciones de las políticas de prevención y promoción de la salud mental que desde años se vienen haciendo desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Europea (UE).

La relación de documentos, resoluciones, conferencias, comunicados, etc. que se han publicado en los últimos años, ya sea de la UE como de la OMS sobre el alcance de los problemas de salud mental son considerables. Y es que los problemas relativos a la salud mental constituyen una preocupación de salud pública de primera magnitud.

A pesar de la calidad y la importancia de estos informes, las concreciones de los mismos han sido escasas. A medida que pasan los años, la salud mental de la población está empeorando cada vez más.

Las estrategias en salud mental y la lucha contra la enfermedad mental

La salud mental suele estar interrelacionada dentro de un complejo cuerpo de políticas sociales, de salud, de bienestar, de vivienda, de justicia, de ocupación, etc. Cuando se formula una política de salud mental es necesario valorar el entorno físico y social donde viven las personas y es imprescindible también la colaboración intersectorial para potenciar sus efectos positivos (2). Como apunta la OMS: “cada gobierno debería disponer de una política de salud mental, pues la salud mental está estrechamente relacionada con el desarrollo humano y la calidad de vida, los trastornos mentales tienen una alta prevalencia y producen una carga de enfermedad significativa a nivel mundial (3), y la puesta en marcha de intervenciones en salud mental requiere de la participación de diferentes instituciones del Estado” (ibíd.).

 Las políticas en salud mental en el siglo XXI

chica-ventanaDesde hace unos años y sobre todo desde inicios del siglo XXI se está dando mucha relevancia a la importancia que tienen las políticas preventivas y de promoción de la salud mental como instrumentos para contribuir a una mejora de la salud mental de las poblaciones y también para disminuir los problemas sociales que giran alrededor de la misma.

La promoción y la prevención representan unas estrategias sanitarias orientadas a la modificación de los determinantes de la salud (pobreza, mala distribución de los ingresos, baja cohesión social, mala alimentación, etc.). La prevención implica actuar sobre las causas de la enfermedad para impedir que ésta pueda actuar. La promoción, en cambio, se ocupa de los determinantes de la salud y pretende capacitar a la población para que sepa cuidar mejor de su salud y evitar que enferme. También busca construir entornos saludables, socialmente (disminución de la pobreza, de las desigualdades sociales, de la precariedad laboral, etc.) y ambientalmente: polución, riesgos ambientales, problemas urbanísticos…(4). La promoción de la salud mental según la Asociación Española de Neuropsiquiatría también implicaría “la creación de condiciones individuales, sociales y ambientales que permitan el óptimo desarrollo psicológico y psicofisiológico…” (5).

salud mental en la infanciaLas actividades para la promoción de la salud mental son principalmente sociopolíticas: reducir el paro, mejorar la escolarización y la vivienda, trabajar para la reducción de los diferentes tipos de estigma y discriminación, etc. pero tienen también como importante resultado la prevención de los trastornos mentales. La evidencia indica que la promoción también es efectiva para prevenir una gama importante de enfermedades y riesgos relacionados con la conducta (6).

El propósito, de forma más concreta, de las acciones de promoción y prevención en salud mental sería la disminución del impacto negativo que el estrés psicosocial tiene en el bienestar individual y colectivo. Este objetivo se conseguiría favoreciendo el desarrollo de factores protectores, modificando los de riesgo y disminuyendo las desigualdades sociales, mediante la incidencia de las acciones en los grupos más vulnerables y con menos recursos.

 El libro verde de la salud mental de la Unión Europea

Hace pocos años, en el 2005, la UE elaboraba un documento importante, conocido por el Libro verde. Mejorar la salud mental de la población. Hacia una estrategia de la Unión Europea en materia de salud mental.

El propósito del documento, expresado claramente en el inicio, es: “iniciar un debate con las instituciones europeas, los gobiernos, los profesionales de la sanidad, las partes interesadas de otros sectores, la sociedad civil, en particular las organizaciones de pacientes y la comunidad investigadora, sobre la importancia de la salud mental para la UE, la necesidad de una estrategia y las posibles prioridades de tal estrategia” (7).

En este informe se destaca que el 27% de los europeos adultos padecen alguna forma de alteración psíquica a lo largo de su vida. En la UE, las formas más comunes de enfermedad mental son la ansiedad y la depresión. Se calcula que la depresión será la primera o segunda causa de enfermedad en el año 2020 en el mundo desarrollado. También se menciona el hecho que los costos económicos llegan al 4% del PIB, sobre todo debido a las pérdidas de productividad; asimismo, los trastornos psíquicos representan una de las principales causas de jubilación anticipada y de percepción de pensiones por discapacidad. Otra constatación de este informe es que las capas social y económicamente más bajas de la población son más vulnerables a les enfermedades mentales, y que los inmigrantes y los grupos más marginados corren un riesgo más alto de padecer enfermedades mentales. Se constata también que unas malas condiciones de trabajo son causas de problemas psíquicos y que un 28% de trabajadores manifiestan padecer estrés en su puesto de trabajo.

El documento considera que la actuación médica, a pesar que es fundamental para hacer frente a los retos planteados, no puede por sí misma abordar y modificar los factores determinantes de orden social. Reconoce también que no hay ninguna estrategia a nivel comunitario sobre salud mental que enlace las diferentes políticas sanitarias con las políticas sociales, de ocupación, educativas, de justicia, etc.

Finalmente, cabe decir que este Libro verde de la salud mental europea ha inspirado la orientación y la Estrategia española en salud mental diseñada en el 2007 (8) y los diversos planes autonómicos, como el Pla Director de Salut Mental i Adiccions de Catalunya (9).

Y entonces… ¿cuándo?

Castilla del PinoEn la conferencia de Helsinki de la OMS del 2005 donde participaron 51 de los 52 estados miembros de la región europea de la OMS, se reconoció a la prevención, la promoción, el tratamiento y la rehabilitación en salud mental como una prioridad para Europa y sus miembros. A pesar de este reconocimiento de los gobiernos, Estados, agencias de salud, expertos, etc. la prioridad de la promoción de la salud mental y la prevención de los trastornos mentales se reduce mucho cuando se trata de trasformar las palabras en acción. Los expertos en salud mental de los países estimaron que la promoción y la prevención eran poco prioritarias y básicamente retóricas (10).

Las razones de este inmovilismo tendrían que ver con una insuficiente financiación. Los recursos destinados al cuidado de la salud mental están lejos de ser proporcionales a los problemas de la población como se esta viendo en las consultas de atención primaria.

Algunos autores ya lo han manifestado en muchas ocasiones (11). Está claro que sin políticas de redistribución de la riqueza y aumento de los impuestos a las rentas más altas se hace complicado que se invierta en más recursos para políticas sociales para reducir la pobreza, luchar contra la exclusión social, reducir el paro y la precariedad laboral y aumentar las políticas a favor de la salud y la enseñanza pública y de calidad.

El problema, una vez más, radica en que si en un contexto de crecimiento económico se ha hecho más bien poco en estos temas de prevención y promoción en salud mental, en una situación como la actual de grave crisis económica, se ve difícil que se puedan destinar recursos económicos a las políticas de prevención y promoción en salud mental, que parecen orientadas a una visión de medio y largo plazo, a pesar del incremento de las problemáticas de salud mental detectadas y de las estimaciones de futuro que hacen las agencias de salud.

Si en épocas de prosperidad no se hacen estas políticas tan manifiestamente importantes para la salud de las poblaciones y en épocas de vacas flacas tampoco se “pueden hacer”, ¿cuándo se van hacer?

Notas

(1)  Según información del periódico barcelonés La Vanguardia del 14 de abril del 2009, el 30% de las consultas en los Centros de Atención Primaria son por salud mental: el 9,6% por depresión, el 7% por angustia, el 6,6% por fobias, el 3,5% por crisis de pánico y el 3,2% por abusos de sustancias.  También recientemente, a finales de mayo, en Catalunya se realizó el VI congreso de atención primaria y salud mental de la sociedad catalana de medicina familiar, donde se puso de manifiesto que una de cada dos personas que acudían últimamente a las consultas no era por enfermedad sino por algún malestar emocional. La crisis y los cambios sociales estarían en el origen de las consultas.

(2) Sobre este aspecto es interesante el articulo de García B. (2007): “¿Dónde se encuentra la prevención y promoción de la salud mental en el momento actual?”. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., vol. XXVII, n.100, pp.355-365.

(3) Espluga J.,Caballero J.(2005): Introducción a la prevención de riesgos laborales. Del trabajo a la salud. Barcelona, Ariel.

(4) Asociación Española de Neuropsiquiatría. (2008): “Consenso sobre promoción de la salud mental, prevención del trastorn mental y disminución del estigma de la Asociación Española de Neuropsiquiatría 2007”. Cuadernos técnicos, 8. Madrid.

 (5) Véase este importante documento de la OMS: Organización Mundial de la Salud. (2004): Promoción de la Salud Mental. Informe compendiado. Ginebra.

(6) Comisión de las Comunidades  Europeas (2005): Libro Verde. Mejorar la salud mental de la población. Hacia una estrategia de la Unión Europea en materia de salud mental. Bruselas. P.3.

 (7) Véase el interesante artículo en Sin Permiso: “Ser negro en Gran Bretaña es malo para la salud mental” de Kwame Mackenzie en http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1226

(8) Se puede consultar en Ministerio de Sanidad y Consumo (2007): Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud. Madrid, Centro de Publicaciones.

(9) Generalitat de Catalunya. Departament de Salut. (2006): Pla Director de Salut Mental i Addiccions de Catalunya. Barcelona. Direcció General de Planificació i Avaluació.

(10) Ver Jané Llopis, E., Anderson P., i Van Alst S. a www.gencat.net/salut/imhpa/Du32/pdf/coun_stories_cap1.pdf). Consultada por última vez el 24 de mayo de 2008. Y también el artículo de Jané-Llopis E. (2004): “La eficacia de la promoción de la salud mental y la prevención de los trastornos mentales”. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Vol. 24. N.89. 67-77.

(11) Un libro que aborda claramente las desigualdades en salud: Benach J. y Muntaner C. (2005): Aprender a mirar la salud. Barcelona, El Viejo Topo.

Sergi Raventós trabaja en una fundación sociosanitaria de salud mental en Barcelona. Actualmente realiza el doctorado en Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona. Una versión de este artículo apareció en catalán en la revista Àmbits de Política y Societat, número 41. Primavera 2009.

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Publicat per a 1 Juliol 2009 in Salut

 

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Barbara Ehrenreich: Los ricos se vuelven más pobres, los pobres desaparecen

barbara_ehrenreich_2_by_david_shankbone.jpg“Siempre buscando la parte positiva de los malos tiempos, me siento tentada a suprimir la “desigualdad de clase” de mi lista de inquietudes. Hace menos de un año, ésta era una de las mayores amenazas económicas que planeaba en el horizonte, e incluso la línea dura de los expertos conservadores se quejaba de que la riqueza estaba fluyendo hacia las cotas altas en una proporción alarmante, dejando a la clase media atascada con rentas estancadas mientras los nuevos super-ricos ascendieron a los cielos con sus aviones privados. Entonces la inestable —por tener tanto peso en la capa superior— estructura del capitalismo de EEUU empezó a tambalearse y ¡plas! toda la desigualdad desapareció del discurso público. Un columnista financiero del Chicago Sun Times acaba de anunciar que la recesión es un “gran nivelador”, que sirve para “democratizar la agonía”, así que todos estamos en peligro de convertirnos en “nuevos pobres…”.

Los medios de comunicación han estado lanzándonos cuentos lacrimógenos acerca del neosufrimiento de los nuevos pobres, o al menos de los hasta hace poco ricos: ¡Ejecuciones hipotecarias en Greenwich (Connecticut)! ¡Un nuevo colapso en el mercado de la cirugía estética! ¡Las ventas de aviones privados, a la baja! ¡Niemen Marcus y Saks Fifth Avenue [tiendas de diseño y de moda para ricachones. N. de los T.], contra las cuerdas! Leemos sobre medidas desesperadas, como tener que recortar dos horas a la semana el tiempo contratado con el entrenador personal. Las fiestas han sido canceladas; a los invitados a cenar se les ha ofrecido —¡oh, horror!— patatas al horno con chile. El New York Times relata la historia de una adolescente de Nueva Jersey, cuyos padres se han visto obligados a recortarle 100 dólares semanales de la asignación y de las clases de pilates [un tipo de gimnasia relajante. N. de los T.]. En uno de los más patéticos cuentos, la neoyorquina Alexandra Penney explica cómo perdió los ahorros de su vida con Bernie Madoff y ahora debe despedir a su criada de la limpieza de tres días a la semana, Yolanda. “Me pongo una clásica camisa blanca limpia cada día de la semana. Tengo cerca de 40 camisas blancas. Me hacen sentirme fresca y dispuesta a enfrentarme a cualquier batalla con la que deba luchar…” escribió; pero, sin Yolanda, “¿cómo voy a planchar estas camisas que me permiten sentirme como una modesta persona civilizada?”. 

Pero los tiempos difíciles no están cerca de abolir la desigualdad de clase, como la toma de posesión de Obama tampoco está cerca de erradicar el racismo. Nadie conoce ahora aún si la desigualdad ha crecido o no a lo largo del último año de recesión, pero los precedentes históricos no son prometedores. Los economistas con los que he hablado (como el principal asesor de Biden, Jared Bernstein) insisten en que las recesiones son particularmente crueles con los pobres y la clase media. La economista canadiense Armine Yalnizuan dice: “la polarización de la renta siempre empeora durante las recesiones”. Tiene sentido. Si el mercado de valores ha reducido tus activos de 500 a 250 millones de dólares, probablemente tendrás que renunciar a la tercera o cuarta casa de vacaciones. Pero si acabas de perder un puesto de trabajo de 8 dólares la hora, lo que tienes por delante es perder el hogar.

Muy bien; soy periodista y sé cómo trabajan los medios de comunicación. Cuando un millonario reduce su consumo de crème fraiche y de caviar, has dado con una historia de interés humano. Pero publica la historia de un techador despedido que pierde su casa remolque, y te arriesgas a provocar un gran bostezo editorial. “Los pobres son más pobres” no es un título para atraer la atención, incluso cuando la evidencia es abrumadora. Las solicitudes de vales alimentarios, por ejemplo, están aumentando a niveles de récord histórico; las llamadas de una línea directa dedicada al hambre de un área del distrito de Columbia han escalado hasta el 248 por ciento en los últimos seis meses, y la mayoría de ellas, procedentes de gente que nunca antes había tenido necesidad de recibir ayuda alimentaria. Y por primera vez desde 1996, ha habido un repunte en el número de personas que buscan asistencia monetaria del TANF (Ayuda Temporal para Familias Necesitadas, por sus siglas en inglés), la versión anémica del bienestar, el residuo de la “reforma” del bienestar. Lástima para ellos, el TNAF es básicamente un programa de suplemento salarial basado en la suposición de que los pobres siempre serían capaces de encontrar un empleo, y que paga, como máximo, menos de la mitad del umbral de la pobreza federal. 

¿Por qué las cuitas de los pobres y de la declinante clase media son más importantes que las minúsculas privaciones de los ricos? Dejando a un lado los argumentos de los socialistas de corazón blando, de tipo cristiano, ello es así porque la pobreza y el estrujamiento de la clase media son una gran parte de lo que nos ha llevado a este desastre. Solamente una cosa ha permitido gastar a los subricos en la primera década de este siglo, manteniendo así a flote a la economía, y fue la deuda: la deuda de las tarjetas de crédito, de los préstamos inmobiliarios con el hogar en prenda, de los préstamos automovilísticos, de los préstamos universitarios y, por supuesto, de las ahora famosas hipotecas “tóxicas” subprime, que fueron empaquetadas y despiezadas, “titularizadas” y comercializadas por el ancho mundo para ricos ávidos de inversiones de alta rentabilidad. La grandísima desigualdad de la sociedad estadounidense no fue sólo injusta o estéticamente desagradable; también creó una situación peligrosamente inestable.

Por lo que cualquier intento del gobierno para reflotar de nuevo la economía —y dejo al margen los intentos poco serios como los rescates bancarios y otros proyectos sociales de las empresas— tiene que empezar por abajo. Obama está comprometido a generar tres millones de nuevos empleos en proyectos “listos para la pala”, y esperemos que no sean todos empleos para jóvenes hombres con fuertes espaldas. Hasta que estos trabajos comiencen a funcionar, y en caso de que dejen fuera a los mayores, las madres solteras y los despedidos trabajadores de oficina, vamos a necesitar una política económica centrada en los pobres: más dinero para vales alimentarios, para Medicaid, para seguro de desempleo, y sí, también asistencia monetaria a lo largo de las líneas de lo que una vez fue el bienestar, de manera que  cuando la gente se caiga, no sea directamente a la tumba. Para quienes piensan que “bienestar” suena demasiado radical, podríamos llamarlo un programa de “derecho a la vida”, el único en el que los objetos de interés ya han nacido.

Si esto suena políticamente inviable, considérese lo siguiente. Cuando Clinton recortó los vales de bienestar y de alimentos en los 90, los pobres eran aún un grupo marginal, sujetos a los estereotipos raciales y sexistas peor intencionados. Eran ociosos, promiscuos, adictos, vagos, según anunciaron los coros de expertos conservadores. Gracias a la recesión, sin embargo –¡ya sabía yo que aquí tenía que haber una parte positiva!— las filas de los pobres están hinchándose cada día con propietarios de negocios fallidos, con oficinistas, con corredores comerciales y con los que fueron por mucho tiempo propietarios de sus hogares. ¡Estereotipo, de qué! A medida que los pobres y los nuevos pobres de la hasta hace poco clase media se conviertan en la mayoría estadounidense, terminarán por ganar la influencia suficiente para lograr que sus necesidades sean satisfechas.”

Traducción para www.sinpermiso.info: Julie Wark y Daniel Raventós

 

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Economía y democracia

La darrera publicació de SINPERMISO reprodueix l’article “El fin del neoliberalismo y el futuro de la democracia: por una política económica alternativa para la izquierda en Europa” de Michael R. Krätke, que va exposar en el Seminari sobre Democràcia i Capitalisme financer organizat per SINPERMISO i la Fundació Pere Ardiaca. Aquí podeu trobar l’article sencer, kratke_0.jpgperò pels impacients i pels que els hi agrada anar de dret a les conclusions, no m’estic de publicar els darrers paràgrafs del seu treball, on es desenvolupa la idea de la democràcia econòmica. Les aportacions de Krätke ajuden i reforcen la construcció d’un pensament tant alternatiu com imprescindible:

Diu Krätke, en concloure les seves reflexions:

“La idea de democracia económica resulta escandalosa, incluso irritante, para las mentes liberales. Lo que está en disputa es el poder, el poder político y económico de los propietarios privados frente a la incapacidad de las masas de clases expropiadas y carentes de toda propiedad (o sólo nominalmente propietarias). Pensar lo impensable ―la democratización de la economía― requiere superar la división radical entre economía y política, tan profundamente arraigada en la corriente dominante del pensamiento económico. El primero es el ámbito de la propiedad y la acción racional, el segundo es el ámbito del poder. Según este punto de vista, la democracia es un concepto puramente político y debe permanecer confinado al ámbito de la política. Aunque la metáfora de la “democracia de los mercados” sea tan del gusto de los (neo)liberales, sólo están contentos en tanto en cuanto prevalezca el supuesto implícito de que deben gobernar los mercados (esto es, los señores de los mercados) en lugar de la democracia. Para un (neo)liberal, la democracia está bien en la medida en que siga confinada al ámbito de la política, y el ámbito de la “economía”, de los mercados y de las empresas, quede bajo el control exclusivo del derecho, esto es, de los actores propietarios.

La democracia económica consiste en reivindicar tanto un concepto político como una estrategia. Inevitablemente, la democracia económica empieza en el ámbito de la fábrica o empresa concreta, pero jamás puede detenerse ahí. La codeterminación de los trabajadores, el derecho a intervenir en los asuntos de la empresa a que pertenecen como empleados, es indispensable para una economía democrática en que los participantes tengan voz. En un régimen de codeterminación, la dirección puede y debe ser elegida por todos los miembros de la empresa, incluyendo tanto a los accionistas privados y/o a los propietarios de capital privado cuanto a los empleados. A fin de establecer una democracia económica que traspase los límites de la fábrica o empresa, “foráneos” como los consumidores y el Estado deben ser incluidos y tener voz. Aun cuando se “democratizaran” todas las empresas, el “mercado” seguiría gobernando en tanto la democratización no se extendiera hasta los niveles intermedio (las interacciones entre empresas y sectores o grupos empresariales) y macroeconómico (el conjunto de la economía regional o nacional y la interacción entre esas unidades económicas mayores y el ámbito mundial). Gobernar los mercados es factible y economías de mercado altamente intervenidas pueden ser muy exitosas, como demuestran claramente los ejemplos recientes de los prósperos “estados en vías de desarrollo” en Asia. La democracia económica en el ámbito macroeconómico sólo es posible si se crean nuevas instituciones, o si las ya existentes, como los bancos centrales, son concienzudamente reformadas. Como estamos ante la perentoria necesidad de un programa europeo de inversiones a gran escala, no sólo para superar la presente crisis, sino también para estabilizar y mejorar el empleo y la calidad del trabajo, para combatir la pobreza y la exclusión social, para posibilitar un cambio radical hacia el desarrollo sostenible, la construcción de esas instituciones es tan urgente como inevitable para la realización de esfuerzos conjuntos y coordinados a escala europea a largo plazo. La transformación democrática de los mercados financieros lleva a la transformación democrática de la economía entera, que a su vez conduce, esperemos, a la propia democracia. Un capitalismo reformado y embridado será harto más compatible con la democracia política, pero que una democracia ampliada que haya aprendido a gobernar los mercados y la macroeconomía pueda seguir soportando al capitalismo, es cosa que está todavía por ver.”

 
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Publicat per a 26 Desembre 2008 in Economia crítica

 

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¿PUEDE SOBREVIVIR LA DEMOCRACIA AL CAPITALISMO FINANCIERO?

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Una de las respuestas obvias que no pueden faltar a la pregunta sobre la quiebra de la cultura democrática es el progresivo sometimiento de la política a la economía. En el proceso se han ido generando tensiones sociales y políticas, pero sobre todo se ha ido retorciendo en la explicación de la realidad, haciendo casi imposible no tropezar una y otra vez con los reflejos distorsionados de los espejos deformantes. Buena parte del montaje académico de la tergiversación se debe a la escuela de la Public Choice, galardonada con el Premio Nobel de Economía en 1986 en la persona de James Buchanan “por su desarrollo de las bases contractuales y constitucionales para la teoría del proceso de las decisiones económicas y políticas”

En tanto se iba afianzando el poder económico, monetario y militar de los Estados Unidos en Europa después de la II Guerra Mundial – con ayuda del Plan Marshall y el silencio sobre la extensión progresiva de las bases americanas– se procedía a la implantación de las políticas de bienestar que no trató a las mujeres en pie de igualdad. El proyecto beveridgiano que pretende acompañar al ciudadano “desde la cuna hasta la tumba” cuenta con el papel subalterno de la madre, esposa, e hija al lado del bebé y del enfermo disponiendo para ello de subsidios, ayudas por maternidad e hijos y compensaciones por rescisiones de contratos que apartarán a muchas mujeres del mercado de trabajo, o bien situarán a otras muchas en una posición inestable con pérdida de derechos económicos, en tanto se las instala en una precariedad precursora de la que después se postulará para el conjunto de asalariados y asalariadas. Con la complicidad remanente del código napoleónico, la manera que economía y política tratarán a las mujeres incidirá de forma clave en el propio desarrollo de la economía y la democracia de las naciones, como ha demostrado sobradamente con sus trabajos Anne Marie Daune-Richard (1991), comparando la evolución de Francia y Suecia a partir de los años 40 hasta este milenio, entre otras investigadoras.

Las ideas de Hayek permanecieron latentes y aparentemente estériles hasta la crisis económica de los setenta cuando empezaron a emerger las voces multiplicadas –cada vez más fuertes y atrevidas– a favor del Estado mínimo privatizador que debía amputar sus funciones de redistribución progresiva y abandonar las transferencias que aseguraban tanto las rentas en los tiempos de crisis como la necesaria Demanda solvente. Las honras fúnebres de las políticas keynesianas se celebraron con incrementos constantes de la inestabilidad y de las tasas de paro, y un factor añadido importante: por primera vez en la fase ascendente del ciclo económico los salarios no aumentan su participación en la distribución factorial de la renta. Este hecho nuevo significa ya el embrión explicativo de la gravedad de la crisis que atravesamos.

Al estancamiento de los salarios se unirá un fenómeno social de lectura doble: La mayor presencia de las mujeres en todos los ámbitos educativos, en especial en las Universidades, se traducirá en una mayor proporción –y visibilidad— de las mujeres en la población activa, con el afianzamiento y extensión de sus derechos individuales, sociales y económicos.

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