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De Main Street a Wall Street (y II). La tasa Tobin más necesaria

De Main Street a Wall Street (y II)

por Ellen Hobson Brown

La tasa Tobin cada vez más necesaria

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El hecho de que las operaciones especulativas sigan libres de impuestos ha hecho que se plantee de nuevo la manera cómo los contribuyentes pueden recuperar, de una manera ordenada, parte del dinero del rescate. La idea de gravar las operaciones especulativas fue propuesta originalmente por el economista laureado con el Premio Nobel James Tobin en la década de 1970, pero en aquellos momentos, el impuesto suponía unos problemas de contabilidad que lo hacían inaplicable. Hoy, sin embargo, la tecnología moderna ha superado el reto planteado por el Premio Nobel, y las propuestas de implantación de una “tasa Tobin” están cobrando aceptación y oportunidad. Los tipos que se barajan, hasta ahora, son muy modestos, ya que oscilan entre el 0.005% hasta el 1% del importe de la operación, mucho menos de lo que tenemos que pagar por un par de zapatos. Los inversores corrientes, que operan sólo ocasionalmente, apenas notarían el pago de la tasa. Sin embargo, se reduciría considerablemente la alta velocidad de las operaciones especulativas orientadas a manipular los mercados para el beneficio privado, al tiempo que podría disuadir completamente a los que operan en el corto plazo, ya que este tipo de operaciones suelen hacerse con márgenes muy pequeños.

En los últimos meses han vuelto a surgir con fuerza diversas propuestas para la implantación de la tasa Tobin. Incluso el Presidente Obama dio su apoyo de forma indirecta en una conferencia de prensa el pasado 22 de julio, cuando recomendó que el Gobierno considere nuevas tasas sobre las empresas financieras que realizan “transacciones fuera de lo normal”. Los líderes de Francia, Alemania, y la Comisión Europea aprobaron que en la agenda de la reunión del G20 en Pittsburgh figurara la propuesta de creación de un impuesto a la especulación. Brasil ha creado lo que puede ser el primer impuesto Tobin sobre los flujos de inversión extranjera. Peter DeFazio propuso el pasado mes de febrero en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos un proyecto de ley que gravara la especulación a corto plazo en determinados valores, llamado “Let Wall Street Pay for Wall Street’s Bailout Act of 2009”. Y el pasado mes de octubre el Comité de Servicios Financieros aprobó un proyecto de ley para regular las diferentes operaciones de derivados.

Los derivados son esencialmente apuestas que se hacen sobre si el valor de las divisas, las materias primas, las acciones, los bonos del gobierno o prácticamente cualquier otro producto subirá o bajará. Las operaciones “de apuesta” en derivados pueden modificar substancialmente el tamaño global del mercado y alcanzar los 40 billones de dólares en un solo día. El poder desestabilizador de esta especulación a corto plazo – y lo lucrativo que podría ser un impuesto sobre la misma – se pone de manifiesto al conocer el alucinante tamaño de ese mercado: 743 billones de dólares a nivel mundial en 2008. Los partidarios del desarrollo internacional han sugerido que una mera tasa del 0,005% podría recaudar entre 30.000 millones y 60,000 millones de dólares al año, es decir, una cantidad suficiente para que los países del G7 pudieran duplicar la ayuda internacional.

Pero más que un sistema de recaudación, el impuesto podría ser un instrumento eficaz para frenar las nocivas prácticas de especulación. En base a la opinión de diversos economistas galardonados con el Premio Nobel, un mercado especulativo reducido favorecería la creación de un sistema financiero más fuerte, y contribuiría a evitar que en el futuro siguieran siendo necesarias las “operaciones de rescate”. Pero si el impuesto es demasiado pequeño, podría no tener el efecto deseado sobre la especulación. Una tasa mayor, de un 1% como propuso inicialmente James Tobin, parece ser la que algunos economistas consideran más adecuada. Y los ingresos que supondría y que tanto necesitan los EE.UU. podrían dividirse entre los gobiernos federal y estatales.

Los que se oponen a la tasa Tobin, liderados por el sector financiero, argumentan que destruiría empleos en la banca, reduciría la liquidez, y propiciaría que los negocios se refugiaran en paraísos fiscales. Los partidarios responden que los beneficios de la tasa Tobin podrían utilizarse para crear nuevos puestos de trabajo, y que un impuesto tan reducido apenas afectaría a los flujos de efectivo – aunque ciertamente contribuiría a disminuir el mercado especulativo. Y los que suelen especular en operaciones de cobertura aseguran que se ha podido “estabilizar” el sistema al permitir que los inversores cubran su riesgo… aunque la reciente crisis financiera ha puesto de manifiesto el poco fundamento de esta defensa.

Los funcionarios del Fondo Monetario Internacional insisten en que la aplicación de la tasa Tobin es logísticamente imposible. Pero Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía y ex líder del Banco Mundial, no está de acuerdo. En Estambul a principios de octubre, dijo que la tasa Tobin no sólo era necesaria, sino que, gracias a la tecnología moderna, sería más fácil de aplicar que nunca. “El sector financiero contaminó la economía mundial, con activos tóxicos”, dijo, “y ahora deben limpiarlo.
Mientras que las reinas del bienestar de Wall Street han estado ocupadas cobrando las generosas aportaciones del gobierno, los 50 Estados que forman los Estados Unidos han sido abandonados a su suerte. En 48 han tenido que hacer frente a crisis presupuestarias en el último año, y se han visto obligados a recortar partidas para bibliotecas, escuelas, y policía. Y a pesar de los recortes, han tenido que aumentar los impuestos sobre la renta y el consumo. Sin embargo, desde hace mucho tiempo debería haberse creado una tasa sobre los productos financieros responsables de precipitar la actual crisis económica.

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Ellen Hodgson Brown JD ha desarrolado la mayoría de sus investigaciones como abogada en litigios civiles en Los Ángeles. En Web of Debt, su último libro, analiza la Reserva Federal y “el trust del dinero”, y explica cómo se ha formado este cártel privado para manipular dinero ajeno, y cómo la gente puede recuperarlo. Sus libros anteriores se centraron en el cártel farmacéutico.
Sus páginas web son www.webofdebt.com y www.ellenbrown.com

 
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Publicat per a 8 Novembre 2009 in Economia crítica

 

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De Main Street a Wall Street (I)

La escritora y abogada Ellen Hodgson Brown ha publicado un artículo en Truthout en el que reivindica la necesidad de poner limitaciones a los grandes bancos inversores y la implantación de la tasa Tobin. Su trabajo es especialmente revelador porque descubre la manera de operar y los mecanismos que utilizan los grandes bancos de Wall Street, y en concreto de Goldman Sachs. Traduciendo el artículo he estado pensando constantemente en Las Vegas y sus sofisticados sistemas para asegurarse de que “la banca siempre gana”… Por su indudable interés, me parece especialmente oportuno dar a conocer sus reflexiones.

De Main Street a Wall Street: ¿Por qué necesitamos un “impuesto Tobin”?

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(Foto Ilustración: Troy Page, Truthout, adaptado de: FrancyFoto, Drifty, ZeroOne / flickr),

“Wall Street tiene el país. Ya no es un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, sino un gobierno de Wall Street, por Wall Street, y para Wall Street. Nuestras leyes son el resultado de un sistema que viste con traje a los bribones con harapos a la gente honesta. ”

(1890)  Discurso de la líder populista Mary Ellen Lease, que se cree inspiró el personaje de Dorothy en El Mago de Oz.

Considere estos hechos:

* El Bank for International Settlements estima que en 2008, el comercio anual de derivados ascendió a 743 billones de dólares a nivel mundial – más de diez veces el producto interno bruto de todas las naciones del mundo en conjunto.
* Sólo cinco bancos super-ricos de Wall Street controlan el 97% del mercado de derivados de EE.UU.: JPMorgan Chase & Co., Goldman Sachs Group Inc., Bank of America Corp., Citigroup Inc. y Wells Fargo & Co.
* Los operadores de Wall Street compiten para diseñar programas de ordenador que puede hacer operaciones en microsegundos, lo que permite a los inversionistas corrientes pulsar el botón de “compra” y manipular los mercados en su propio beneficio.
* Goldman Sachs, el líder indiscutible en este juego, supo en el mes de setiembre que estaba en descubierto por valor de 167 mil millones de dólares. En el mismo mes, las finanzas nacionales informaron que los gobiernos estatales tendrían un déficit presupuestario agregado para el año fiscal del 2010 de 68 millones de dólares – casi la misma cantidad.
* En 2008, Goldman Sachs pagó un insignificante 1% en impuestos sobre la renta – menos que los empleados de los almacenes Walmart.

Los banqueros de Wall Street han sido llamados “las reinas de bienestar” de nuestros días: se alimentan del pesebre público al ritmo de billones de dólares. Se adueñan del dinero de los contribuyentes y no devuelven nada. Estos bancos fueron rescatados para que pudieran hacer préstamos, tomar depósitos, y mantener nuestro dinero seguro. Pero mientras que eso es lo que se supone que deberían hacer esos bancos, el dinero que hoy corre por Wall Street procede de la especulación a corto plazo de las transacciones de divisas, materias primas, acciones, y derivados de los bancos.

Se ha criticado a los que operan en Wall Street por beneficiarse de la “especulación” o de los “juegos de casino”, pero la crítica se queda muy corta. Con programas de ordenador de alta velocidad, genios matemáticos, y contribuyentes que les sacan de apuros cuando se produce un cortocircuito en todo el proceso, no corren ningún riesgo. Su apuesta es segura, mientras que el resto de nosotros jugamos al azar, asumimos riesgos reales para conseguir algún beneficio que seguramente no será gran cosa. Por el contrario, sus beneficios proceden directamente de nuestros bolsillos y de nuestros impuestos.

Mientras tanto, el impuesto que deben pagar todas estas operaciones especulativas es cero. Los jugadores de Wall Street comercian con el único producto que queda en el planeta que no está sujeto a ningún impuesto. Los padres y madres de California pagan ahora un 9% en las mochilas escolares y en zapatos para sus hijos, y las ganancias de las carreras o procedentes de otras apuestas se gravan hasta un 25%. Sin embargo, las transacciones “de los productos financieros de Wall Street “ no pagan ni un céntimo.

Tenemos que conseguir que nos devuelvan algún dinero de nuestros impuestos, y podemos conseguirlo. Pero primero, demos una mirada más atenta a las cuestionables prácticas de Wall Street ….

¿Por qué siempre gana Goldman?

En medio de la peor recesión desde la Gran Depresión, Goldman Sachs está teniendo un año sobresaliente. De acuerdo con un artículo publicado el pasado 16 de octubre por Colin Barr en CNNMoney.com:

“Mientras que Goldman superó la cifra de 3 billones de dólares en beneficios en el tercer trimestre, la economía perdió 768.000 puestos de trabajo, y las ejecuciones hipotecarias establecieron un nuevo récord. Más de un millón de estadounidenses se han declarado en quiebra este año, según el American Bankruptcy Institute.”

Barr escribe que “el alucinante beneficio de Goldman” se debe a que los beneficios de sus operaciones se cuadruplicaron en el último año.”

El motivo por el que Goldman siempre gana se hizo evidente el verano pasado en un incidente revelador, cuando el banco demandó a un ex-programador de Goldman por robo de su software operativo. Bloomberg explicó que el Ayudante del Fiscal Joseph Facciponti había dicho en relación con este caso:

“El banco ha planteado la posibilidad de que existe el peligro de que alguien que sepa utilizar este programa puede manipular los mercados de manera desleal”. La consecuencia obvia es que Goldman tiene un programa que le permite manipular los mercados de forma ilícita. Y Bloomberg siguió informando:

“El código propiedad de la empresa le permite hacer ‘operaciones sofisticadas, a alta velocidad y con un gran volumen de transacciones en diferentes mercados de acciones y productos”. Y cada una de estas operaciones generan “muchos millones de dólares cada año”.

Estos “muchos” millones de dólares provienen de inversores comunes, que caen rendidos ante los sofisticados programas informáticos. En reflexiones de un bloguero:

“¿Por qué tenemos un sistema financiero? Quiero decir, gran parte de su actividad se parece mucho al juego, y el juego no es precisamente un trabajo constructivo. De hecho, mucha gente diría que se trata de un juego destructivo, por lo que generalmente este tipo de juegos son ilegales…

“Lo que hace de manera perversa Goldman Sachs y compañía es ofrecer grandes ingresos a lo mejor y más brillante de nuestra sociedad a cambio de que dediquen su vida a algo no productivo. Me gustaría que nuestros genios demostraran teoremas, curaran el cáncer y desarrollaran reactores de fusión, y no se dedicaran al diseño de algoritmos que permiten cambiar de manos miles de millones de acciones en microsegundos. “

El juego es una adicción, y los adictos necesitan ayuda. Un impuesto sobre las operaciones que realizan en un microsegundo los jugadores de Wall Street podría devolverles la sobriedad y llevarlos de nuevo al trabajo productivo. Con ello, Wall Street pasaría de ser un casino sin control a un lugar donde los inversionistas pudieran utilizar su capital para el desarrollo de productos útiles.

(…)

 
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Publicat per a 8 Novembre 2009 in Economia crítica

 

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